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Kerygma, Catequesis y Misión

Kerygma, Misión y Catequesis

 

Pbro. Alejandro José Puiggari

alejandropuiggari@fibertel.com.ar

 

I.              A modo de introducción:  el gerundio como un estilo de pastoral

a.     El gerundio

b.    Cambios y acentuaciones del estilo pastoral: ver, juzgar y obrar /// contemplando, dialogando, discerniendo y proponiendo…

c.     Calentando motores para ir abriendo perspectivas...

 

 

II.             Distinguir sin aislar

a.     Una necesidad no exenta de peligro.

·         Riquezas y limites del lenguaje

·         Las tentaciones de la razón

·         Los signos de los tiempos y la sabiduría de la pastoral

b.    Los tres munus, los sacramentos de Iniciación Cristiana, nuevos horizontes de la catequesis y de la evangelización

·         Liturgia, Catequesis y Caridad... que no separe el hombre lo que Dios ha unido

·         Los sacramentos de la Iniciación Cristiana...para superar el “pre” del evento y ahondar el “per” del Acontecimiento

·         De la clase de catequesis al encuentro de catequesis, de la enseñanza de la religión a la catequesis kerygmática

c.     Haciendo un poco de historia.

·         Actualidad del tema en los documentos (DCG y DA)

·         Hacia una catequesis kerygmática.

·         El III Congreso Nacional de Catequesis y el Sínodo para la Nueva Evangelización

 

 

III.           El kerygma., clave de la catequesis y de la misión

a.     Percepciones del Kerygma

·         Acercando una descripción

·         Clarificando el lenguaje

·         Ahondando su significación

La fe es un don destinado a crecer en el corazón de los creyentes. La adhesión a Jesucristo, en efecto, da origen a un proceso de conversión permanente que dura toda la vida. Quien accede a la fe es como un niño recién nacido que, poco a poco, crecerá y se convertirá en un ser adulto, que tiende al estado de hombre perfecto, a la madurez de la plenitud de Cristo.”DCG 561

b.    El kerygma y el dinamismo de la Fe

·         La lección de  I Tesalonicense

·         La conclusión del Catecismo de la Iglesia Católico

·         La propuesta del año de la Fe a la luz de Porta Fidei

c.     Los interlocutores del Kerygma

·         La  Visitación como paradigma del Kerygma que se encuentro, fiesta y anuncio.

·         De un catequista kerygmatizado a un hombre sediento de plenitud

·         La vida como kairos y como Kerygma

 

IV.           A modo de epilogo: bosquejando algunas pistas

a.     La pequeña comunidad como lugar de resonancia de la Buena Noticia

b.    Los dos pulmones de un cristiano de una gran ciudad

c.     La importancia de los segundos lugares

 

 

Textos

 

I-

A) La Iglesia está llamada a repensar profundamente y relanzar con fidelidad y audacia su misión en las nuevas circunstancias latinoamericanas y mundiales. No puede replegarse frente a quienes sólo ven confusión, peligros y amenazas o de quienes pretender cubrir la variedad y complejidad de situaciones con una capa de ideologismos gastados o de agresiones irresponsables. Se trata de confirmar, renovar y revitalizar la novedad del Evangelio arraigada en nuestra historia, desde un encuentro personal y comunitario con Jesucristo, que suscite discípulos y misioneros. Ello no depende tanto de grandes programas y estructuras, sino de hombres y mujeres nuevos que encarnen dicha tradición y novedad, como discípulos de Jesucristo y misioneros de su Reino...”

(Documento de Aparecida 11)

 

B) Para que sirve la utopía

Ella está en el horizonte. Me acerco dos pasos, ella se aleja  dos pasos. Camino diez pasos y el horizonte se corre diez pasos más allá. Por mucho que yo camine, nunca la alcanzaré. ¿Para qué sirve la utopía? Para eso sirve: para caminar."

            (E.Galeano, "Las palabras andantes", ed.siglo XXI, 1993

 

II

A) La Catequesis Kerygmática:

A)La expresión catequesis Kerygmática no se refiere aquí al período o etapa particular del movimiento catequético que, hacia la mitad del siglo XX y principalmente en los países germánicos, propugnó una revisión de los contenidos, superando la enseñanza árida y abstracta por una presentación más vital e histórica del mensaje cristiano9. Quiere, más bien, poner de relieve tanto el acento de primer anuncio (kerigma) que ha de tener esta catequesis como la vuelta a las fuentes de la predicación apostólica para recuperar su fuerza misionera, su capacidad de adaptación a culturas diversas y su concentración en lo esencial.

La catequesis Kerygmática, como «propuesta de la buena nueva en orden a una opción sólida de fe» (DGC 62), se define por su contenido. Comprende una explanación del evangelio (RICA 11) a quienes, ya tocados por el anuncio inicial, muestran interés por conocerlo mejor con vistas a su opción creyente. Se trata de una catequesis que, por ir dirigida a personas que no viven el evangelio, debe presentar con toda su fuerza el anuncio de Jesucristo y la invitación a la conversión: anuncio de lo nuclear cristiano y, al mismo tiempo, respuesta a las dudas, problemas y cuestiones que plantea una reorientación global de la vida.

Con algunas variantes, e inspirados en el kerigma primitivo, se han propuesto síntesis diversas de aquellos contenidos que no deberían faltar en esta catequesis. He aquí un ejemplo:

«La invitación a reconocer la existencia de un Dios creador y padre, salvador y providente; el anuncio de la salvación que Dios ofrece al hombre por medio de su Hijo Jesucristo; la posibilidad de dar plenitud al hombre desde la fe en Jesucristo; la invitación a la conversión, a la adhesión a Dios y a la confesión de fe: la atención a los interrogantes, búsquedas, dificultades y esperanzas que vive el hombre de hoy»10.

                        (Manuel Montero Ruiz, Cf CELAM-CLAF, Evangelización y catequesis, Marova, Madrid 1968, 19 y 113)

 

B) Importancia fundamental del Misterio Pascual, creído, celebrado y vivido, para la Catequesis

En la homilía tercera sobre los Actos de los Apóstoles de San Juan Crisóstomo, comentando el paso de la elección de San Matías al Colegio apostólico, el Crisóstomo hace notar como san Pedro exige del candidato que sea uno que los ha acompañado «durante todo el tiempo que el Señor Jesús ha vivido con ellos, comenzando desde el bautismo de Juan hasta el día en que nos fue llevado para que sea constituido testigo con nosotros de su resurrección» (Hch 1,21). Y comenta san Juan Crisóstomo: «no testigo de todo, sino testigo de su resurrección, simplemente» (Hom. 3; PG 60, 33-36,38).

En efecto, era necesario, para suscitar la fe, uno que fuese creíble sobre este punto: aquel que comía y bebía con nosotros, aquel que fue crucificado es el mismo que ha resucitado. Este es el punto. No era necesario que fuera testigo de todo el pasado de Jesús (vida pública), ni siquiera de los milagros, sino sólo de la resurrección porque los otros acontecimientos eran conocidos de todos. La resurrección, sin embargo, era conocida a aquellos pocos.

El testimonio de la resurrección contiene en sí todo el Misterio Pascual; “Aquel que murió crucificado es el mismo que resucitó”.

Cuando, en el capitulo 15 de la Primera Carta a los Corintios, San Pablo testimonia la resurrección subraya con gran vigor – como lo hace, por lo demás, en el relato de la Última Cena (1 Co 11,23-26) – que no propone palabras suyas: «Porque lo primero que yo os trasmití, tal como lo había recibido, fue esto» (15,3).

Con ello, Pablo se engrana, conscientemente, en la cadena del “recibir y trasmitir”. En esto, tratándose de algo esencial, de lo que todo lo demás depende, se requiere sobre todo fidelidad.

Pablo que, en muchas ocasiones, ha recalcado con vigor su testimonio personal del Resucitado y su apostolado recibido directamente del Señor, mostrando una gran libertad de espíritu, aquí, sin embargo, insiste – y estamos en la confesión más importante en absoluto de los testimonios sobre la resurrección – en la fidelidad literal de la transmisión de lo que ha recibido, en que se trata de la Tradición común de la Iglesia, ya desde los comienzos.

Hay en ello – me parece – una pauta muy importante para la catequesis: una cosa es transmisión de experiencias personales o comunitarias de la fe, que deben estar presentes en la catequesis, y otra es la transmisión fiel de “lo que se ha recibido”, que no depende de estados de ánimo, de cultura diversa, de preparación intelectual, de experiencias personales etc. Sino de algo objetivo, fijado, que esta ahí, independiente de mi persona, podríamos decir.

  (Mons. Celso Morga Iruzubieta, Primera Confernecia en el IIIº Congreso Nacional de     Catequesis, Moron Mayo 2012).

 

III.

A) Todo anuncio transparenta el Primer Anuncio

Nos planteamos, entonces, la redefinición de caminos posibles para los que llegan a un  proceso catequístico sin fe o con una fe pequeña, olvidada, casi “adormecida”. La pluralidad y la diversidad de ofertas de todo tipo, como decíamos más arriba, ponen a la persona en situación de reconfirmar y de validar sus opciones cristianas. Por eso, tal vez, no sólo debamos hablar de un Primer Anuncio, siempre necesario e impostergable en el inicio de un proceso catequístico, sino de una Catequesis siempre misionera y kerigmática, que sale a buscarnos en las distintas etapas de nuestra vida, en las diversas “edades de nuestra fe” y en nuestros distintos lugares de encuentro teológico con Dios.

 Una “Catequesis kerigmática o misionera” es una Catequesis de la propuesta que busca, atrae y propone siempre. No se trata de un discurso doctrinario estampado desde afuera y por la fuerza de la repetición o de la tradición, sino de un camino de experiencias siempre nuevas, que marcan profundamente la vida de las personas. Una Catequesis que se resignifica, muchas veces en Primer Anuncio, para que éste se diferencie y, a la vez, se integre en  todo el proceso catequístico, otorgándole una fuerza renovadora y catecumenal. En una Catequesis en clave misionera todo anuncio transparenta el Primer Anuncio. Él es como una luz siempre viva en el Ministerio de la Palabra: en la conversión primera, en la Iniciación Cristiana y en la Catequesis Permanente.

            (Ana María Cincunegi - Observatorio ISCA, el enlace se encuentra en: http://www.isca.org.ar/obs043.php)

 

 B) La Vida ¿es el sentido de la tarea evangelizadora de la Iglesia?

Una de las imágenes más repetida cuando se piensa en la escuela es la de un patio o aula llena de vida. Es que se nos hace difícil pensar una escuela vacía, muerta. La escuela es vida y por encima de eso es “vida en acción” y debiera ser “vida en proyección”.

Sin embargo, hoy se reprocha desde muchos actores de la educación, que la enseñanza escolar no impregna la vida, que caminan por sendas paralelas. Reproche, que adquiere tono inquisidor y apocalíptico, cuando se refiere a la educación de la fe en la escuela.  Algo semejante podemos afirmar hoy de la pastoral de toda la Iglesia,

Curiosamente, todos los autores coinciden hoy que el tema de  la vida es clave a la hora de leer el documento de Aparecida.  Se hace notar el término “vida”  aparece 632 veces en el texto, y va articulando las distintas partes del mismo.

“.La gran novedad que la Iglesia anuncia al mundo es que Jesucristo, el Hijo de Dios hecho hombre, la Palabra y la Vida, vino al mundo a hacernos “partícipes de la naturaleza divina” (2 Pe 1, 4), a participarnos de su propia vida. DA 348)

Siempre me ha llamado la atención cómo aparece el término vida en el evangelio de San Juan. Aparecen dos términos distintos para hablar de vida. Bios y Zoe, que algunas traducciones los distinguen usando VIDA  (con mayúscula) y vida respectivamente. Bios (vida) se refiere a la vida natural o biológica, que tienen en común todos los seres vivos y que reconoce un inicio (nacimiento) y un final (muerte).  Zoe (VIDA) en cambio es la vida que Dios tiene en sí mismo y que ha sido manifestada por medio de su Hijo Jesucristo al mundo. Es la Vida a la que se refiere el apóstol Juan cuando afirma que todo el que cree tendrá la Vida eterna. (I Jn 1; Jn 5, 26; 3,15-16; 10,10).

Pero esta distinción no puede hacernos perder de vista que la base existencial de todo verdadero proceso educativo es la “vida” que está llamada a ser VIDA.

Todo itinerario de educación y más cuando se refiere a la fe, deberá estar apoyado indefectiblemente en  la vida.  Nada atenta a la más sana ortodoxia de la Iglesia que una catequesis desencarnada, que no acompañe la vida.

“No resiste a los embates del tiempo una fe católica reducida a bagaje, a elenco de normas y prohibiciones, a prácticas de devoción fragmentadas, a adhesiones selectivas y parciales de las verdades de la fe, a una participación ocasional en algunos sacramentos, a la repetición de principios doctrinales, a moralismos blandos o crispados que no convierten la vida de los bautizados…. A todos nos toca “recomenzar desde Cristo”[1], reconociendo que  “no se comienza a ser cristiano por una decisión ética o una gran idea, sino por el encuentro con un acontecimiento, con una Persona, que da un nuevo horizonte a la vida y, con ello, una orientación decisiva”[2]. (DA 12)

 De ahí,  que  nos surja una primera pregunta. La “vida” que transcurre en los distintos ámbitos que nos movemos, ¿cuánta relación guarda con la “VIDA” de la que se habla en el Documento de Aparecida? ¿Es la vida el hilo conductor, el eje trasversal que nos permita hoy educar integralmente?

La vida humana tiene valor en sí, y está llamada a desarrollarse a lo largo del tiempo y del espacio. Pero el hombre sólo adquiere su sentido y desarrollo pleno en Cristo (GS 22), su vida sólo es Vida a la luz del Dios hecho hombre. Y si esto siempre tuvo vigencia, lo tiene hoy de un modo urgente, cuando por muchos motivos la vida del hombre está especialmente amenazada. Amenazada de sentido, de intrascendencia. Amenazada literalmente de muerte, porque la vida es la mercancía más barata, descartable, incluso sobrante.

Y aquí nos puede ayudar el detenernos nuevamente en otro modo de denominar el término vida.  Siempre me llamó la atención, ver a algunos jóvenes judíos llevar colgado al cuello, dos letras al modo de emblema. Es la palabra jai, término con el que el hebreo denomina vida. Y como es el don más preciado se lleva como estandarte, como signo… De la misma manera, que nosotros, los cristianos llevamos la Cruz como símbolo de la Vida, ellos también honran la vida. Pero, “jai” es un vocablo que propiamente, significa “vidas” en plural, ya que no existe el término en singular.  La vida no puede ser entendida como algo aislado, individual. No hay vida, sino vidas; no hay  vida plena sino se vive en comunión con otras.

Por  eso educaren la fe es acompañar la vida, es regalarnos el hermoso ejercicio de crecer en el descubrimiento de una identidad que se hace pertenencia, en un yo que está llamado a ser un yo-tú que permita conjugar el nosotros.

Y eso lo podrá hacer todo agente de pastoral  que más que enseñar desborde vida, un “facilitador de encuentros” más que un enseñante de una doctrina, un “pedagogo en develar” que sea capaz de asombrarse y descubrir con sus ocasionales interlocutores…

 (Alejandro Puiggari, adaptación del articulo en Didascalia de Mayo de 2010)

                             

IV-

A) La Virgen nos dice “Hagan lo que Él les diga” y el Señor dice “vayan”.

Hagan lo que Jesús les diga. Palabras fundantes y paradigmáticas que han permitido a lo largo de estos dos mil años ir haciendo historia de salvación en la pequeña historia humana.

Han hecho lo que Jesús dijo los apóstoles, testigos también de este primer signo revelador del Mesías en Caná y futuros testigos de la manifestación definitiva del vino de la nueva alianza en la mesa de última cena y en el altar de la cruz.

Han hecho lo que Jesús dijo los santos sembrando de gracia la vida de la Iglesia por un evangelio que se animaron a hacer propio con el corazón y en la carne en las coordenadas históricas que les tocó vivir.

Han hecho lo que Jesús dijo infinidad de hombres y mujeres silenciosas que, abrazados por la fuerza del Espíritu, se hicieron discípulos del reino en la cotidianeidad de la vida anónima para el mundo pero bienaventuradas para Dios…

Vayan al mundo como lo hizo el mismo Jesús, sin recetas ni palabras estereotipadas, sino con el corazón abierto para dejarse interpelar y dar una respuesta cargada de compasión y de luz.

Vayan sin otra ciencia más que la que saberse constantemente necesitados del maestro que nos hace discípulos. Cuando el discípulo está enamorado de Cristo no puede dejar de anunciar al mundo que sólo Él nos salva: el discípulo sabe que sin Cristo no hay luz, no hay esperanza, no hay amor, no hay futuro. Ésta es la tarea esencial de la evangelización, que incluye la opción preferencial por los pobres, la promoción humana integral y la auténtica liberación cristiana.

Vayan con el corazón abierto al latir del pueblo de Dios, descubriendo los signos de los tiempos para hacer de cada acontecimiento una epifanía. Encontramos el modelo paradigmático de esta renovación comunitaria en las primitivas comunidades cristianas que supieron ir, buscando nuevas formas para evangelizar de acuerdo con las culturas y las circunstancias-

Vayan como lo hizo el mismo Jesús y lo reafirma Aparecida; con todas sus fuerzas, en un proceso constante de renovación misionera, abandonando las estructuras caducas que ya no favorezcan la transmisión de la fe.

            (Mons. Eduardo García. Homilía con ocasión de la clausura de las XXVII Asambleas         Federales de la Acción Católica Argentina. Luján, Agosto 2012)

B) Elogio a la lentitud Este verano, visitando en el Museo Reina Sofía de Madrid una excelente exposición de la artista Louise Bourgois, leí, y copié, la brevísima pero completa historia que llevaba inscripta uno de sus dibujos:

“Una vez un hombre estaba contando una historia, y en verdad era una historia muy buena, lo que lo ponía muy contento a él mismo, pero la contó tan rápido que nadie la entendió”

Podría haber sido una buena introducción para esa misma muestra, que como casi todas las grandes exposiciones son recorridas por miles de personas tan ávidas por verlas como por decirse rápidamente, a sí mismos y a los demás, que ya la vieron. No es sólo la exposición, también la vida.

Pasamos años esperando momentos, recorremos kilómetros para llegar a una pequeña franja, a una meta, a una llegada. Lo que buscamos está siempre al final de un recorrido, el recorrido puede ser corrido o andado, con paso lento o rápido... viviendo o siendo arrastrado. Recibiendo lo que el camino tiene también de llegada o con los ojos finos en el final, ciegos a todo lo que nos mira pasar de largo.

La vida, como toda obra de arte, necesita que uno se detenga frente a ella, necesita ser contemplada, escuchada; también ella quiere decirse, contarse pero a su ritmo, al ritmo de la lentitud con la que crece todo lo que creciendo también madura.

Es en la medida en que se la mira, en que nos detenemos, que la vida, las cosas, entregan sus matices, sus detalles,  los detalles de lo que todo, grande o pequeño, está hecho.  Los detalles que hacen diferente un rostro de otro rostro,  una vida de otra vida.  Lo que hace que nada sea igual, lo que hace que todo sea diferente, que nada sea indiferente.

            (Hugo Mujica, el articulo completo se puede encontrar en el sitio oficial de Hugo Mujica: http://www.hugomujica.com.ar)

 

 

 



[1] Cf. NMI 28-29.

[2] DCE 1.  

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