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IMAGINARIOS: CULTURAS URBANAS DE AMÉRICA LATINA Y ESPAÑA

 

Tomado de: SILVA, Armando, Bogotá imaginada, Ed: Convenio Andrés Bello – Universidad Nacional de Colombia – Taurus, Bogotá 2003, 18-25.

 

Durante mucho tiempo, los ciudadanos de América Latina, como vecinos que compartimos destinos similares, hemos querido apreciar cuántos nos parecemos y en qué medida somos diferentes los unos de los otros. Esta colección de libros busca descifrar algunas respuestas a partir de una consideración simple: vivimos no en una sino en varias culturas urbanas, y esto es precisamente lo que debemos distinguir y enlazar. Para ser sincero, no tuve la certeza de que se lograran buena parte de los propósitos que animaban desde el inicio de esta aventura a su principal gestor, el Convenio Andrés Bello (CAB), cuando en 1998 me propuso iniciar una extensa investigación sobre culturas urbanas de los países andinos. Hoy se cumplen más de cuatro años de luchas para lograr una primera mirada de conjunto de tantos y tan diversos modos de ser.

Cuando se redacto el primer documento, que anunciaba el nacimiento del proyecto Culturas Urbanas en América Latina y España desde sus Imaginarios Sociales, expresamos que nos interesaba alcanzar objetivos tanto en los campos investigativos y operativos como en el creativo. Nos propusimos realizar una investigación integral sobre culturas urbanas con el fin de revelar las formas citadinas de <<ser>> que hoy conviven en América Latina. Se trataba, por un lado, rastrear su aporte a la cultura contemporánea y, por otro, concebir modelos comparativos entre ciudades, países y subculturas del globo. De esta manera apuntamos a la constitución de una visión del mundo desde América, lo cual significa avanzar en la tarea de nuestro reconocimiento.

La publicación de libros dedicados a las ciudades constituye la primera aparición pública de elementos de ese conjunto y es la base para la creación de distintas colecciones visuales. Colecciones que podrán ser usadas por ciudadanos del común, investigadores, docentes y organismos públicos de los países que integran y comparten este estudio, y de los que estén interesados en conocer las culturas vivas que habitan las ciudades americanas. Nuestro empeño siempre se ha centrado en conseguir resultados útiles que, además de informar, puedan sensibilizara nuestra sociedades sobre una problemática cultural que se complejiza a medida que el mundo se urbaniza.

El Convenio Andrés Bello me propuso ampliar de modo considerable lo expuesto en mi libro Imaginarios urbanos (1992), en donde usaba una metodología que combina la búsqueda de los datos primarios mediante investigaciones de observación directa con distintos reconocimientos (visuales, auditivos, olfativos y gustativos) de sus ciudadanos. Paralelamente, se elabora material creativo para obtener productos (textos, libros, fotos, videos, etc.) que puedan circular entre el público. De este modo el proyecto busca poner en funcionamiento un aparato teórico y otro creativo con el objeto de medir el significado del aspecto urbano en distintas ciudades emparentadas entre sí por lengua, geografía e historia, y luego considerar muchas otras variantes para constituir un programa que enfoque las variaciones de los elementos urbanos de comienzos del nuevo milenio.

Para alcanzar unos objetivos tan amplios decidí hacer gestión e investigación, dos actividades que cada vez más se tornan una sola. Comencé por pedir auxilio a distintas entidades de las ciudades seleccionadas: Asunción, Barcelona, Bogotá, Buenos Aires, Caracas, Ciudad de México, La Habana, La Paz, Lima, Montevideo, Panamá, Quito, Sao Paulo y Santiago. Busqué a admirados y queridos colegas, con quienes siempre estaré en deuda por su oportuno y decidido apoyo. Ellos habían adelantado trabajos compatibles con mis modos de abordar la investigación social y estaba seguro de que juntos podríamos resolver la pregunta que empezó a rondarnos a todos los que convocados: qué significa el ser urbano en las varias ciudades de América Latina. Pronto supimos que la pregunta había que proponerla en plural, que no podíamos asumir que tantos y tan diversos mundos cabían en un mismo saco, pues no era posible seguir pensando el problema a partir de la larga tradición homogeneizante, que había optado por hablar de <<cultura de un continente>>.

Además de colegas e instituciones, en cada ciudad contactamos a entidades que pudiesen patrocinarnos para lograr lo que parecía imposible: que cada una asumiera la mayor parte de sus costos. Esto engrandecería nuestros propósitos, pues podríamos comprobar que es posible constituir un capital social y económico común capaz de hacer realidad una ilusión colectiva. Las entidades patrocinadoras, en su mayoría de origen académico y gubernamental, así como las fundaciones privadas y os investigadores, tuvimos que afrontar toda clase de dificultades, pero finalmente demostramos que el poder de la voluntad colectiva puede desafiar cualquier limitación cuando se propone adelantar una obra. Así, casi todas las ciudades del estudio presentarán al mundo un libro que las tendrá por protagonistas, formando la primera enciclopedia de culturas urbanas de América Latina  y España.

Bogotá ha actuado como sede de este proyecto. Aquí integré un equipo base que me ha acompañado en tareas indispensables. Desde esta ciudad hemos estado en permanente comunicación con los equipos de las demás regionales, para organizar las distintas modalidades y grupos de trabajo: de una parte, hemos coordinado la investigación bibliográfica y empírica que ha de concluir en la coescritura y entrega de un libro por ciudad; de otra, hemos dado las pautas a las que debe ajustarse la investigación para realizar lo que llamamos material visual, que comprende la producción de varias colecciones de imágenes. Para producir un material tan amplio y complejo hemos contado con la valiosa participación y el apoyo de cerca de cuatrocientas personas a lo largo del continente, cuyos nombres y funciones, en señal de gratitud y reconocimiento, pueden encontrarse en cada libro. Ellas han cumplido funciones esenciales para el logro de nuestros objetivos, como la coordinación de equipos, la recolección de información el análisis de encuestas, tabulaciones de datos y la redacción de los libros, de una parte. De otra, en el aspecto visual, han participado fotógrafos, guionistas, diseñadores, videógrafos y archivistas.

Quizá se trate de uno de los grupos más grande y calificados que hayan trabajado en América Latina, en investigación social, de manera simultánea con miras a concretar un solo propósito. Y no cabe duda de que es el más numeroso –así como si área de operaciones es la de mayor cobertura– dedicado a la investigación urbana en la historia reciente del subcontinente.

Este grupo, con seguridad sobrevivirá al trabajo para el que fue convocado. Todos sus integrantes nos sentimos honrados de haber participado en proyecto, e incluso sorprendidos con los resultados, generosos y abundantes, de la investigación que ahora empieza a circular.

 

Metodología

 

Nuestro trabajo comenzó con la concepción de un cuestionario que sería presentado a los habitantes de las ciudades mencionadas. Luego de varias fases de experimentación logramos un modelo satisfactorio, aplicable a todos los centros urbanos, aunque una parte, desarrollada por los coordinadores regionales, se adaptaría a cada caso particular.

Una vez obtenidos los datos primarios de todos los cuestionarios, Mariluz Restrepo organizó el material para proponer un modelo de construcción de categoría de percepción ciudadana. Los datos recogidos se redistribuyeron en tres secciones, de acuerdo con la lógica trial contemporánea, inspirada en estudios semióticos cognitivos y en el psicoanálisis de los deseos colectivos: la ciudad, los ciudadanos y los otros, división que se refleja en la estructura de todos los libros.

En la primera parte agrupamos las referencias a la ciudad en los sentidos físicos e históricos y las subdividimos tratando de captar las cualidades de cada urbe, las calificaciones que se  tienen de ellas y sus escenarios urbanos reconocidos. Para así revelar las calidades identificatorias de cada ciudad. En el capítulo <<Cualidades>> nos referimos a los signos sensibles que, a juicio de los ciudadanos, representan a la ciudad, la convierten en imagen sensorial, la distinguen y la hacen única. En <<Calificaciones>> nos interesa descubrir cómo la ciudad es marcada por los ciudadanos cuando consideran su entorno, y cómo de esta manera se generan vestigios vernaculares. Por su parte, en <<Escenarios>> nos referimos a la puesta en escena de lugares y sitios de la ciudad y a la urbe como tablado teatral donde suceden hechos cívicos.

En la segunda parte de la obra nos propusimos seguir ya no a la ciudad sino a los creadores de la realidad social, a los constructores de las culturas urbanas, los ciudadanos, con el objeto de comprender los modos como edifican sus realidades. En consecuencia, nos preocupamos por las formas en las que las imaginaciones grupales construyen mundos urbanos a partir de deseos colectivos. Seguimos a los habitantes a través de tres aspectos cotidianos: tiempo, marcas y rutinas. El tiempo responde a la cualidad posibilitadora de la acción ciudadana, íntimamente ligada a las cualidades de la ciudad.

Las marcas señalan al ciudadano a través de los objetos que se le atribuyen, delimitando su urbanización; la gente vive esas improntas en intimidad con las calificaciones de la ciudad. Y, finalmente, las rutinas que nos han permitido agrupar aquellas acciones ciudadanas que se repiten de manera casi sistemática y que caracterizan un estilo o una forma colectiva.

En la tercera parte nos enfrentamos a los otros, a los vecinos, e intentamos averiguar cómo nos imaginan y, a la vez, qué imagen tenemos de ellos. Cada ciudad proyecta sus emociones respecto a las otras según los afectos de reconocimiento, rechazo o indiferencia. Así, las agrupamos en capítulos  de acuerdo con las categorías de: <<ciudades cercanas>>, <<ciudades lejanas>> y <<ciudades anheladas>>. El hecho de utilizar la estrategia de la otredad nos sitúa en un legítimo ejercicio moderno y nos permite definirnos según un proceso en el que el otro sabe y dice mucho de nosotros. En otras palabras, en este apartado nos interesa explorar el modo como los ciudadanos imaginan que los otros lo ven y, al mismo tiempo, cómo efectivamente los vecinos ven e imaginan a las demás ciudades y a sus habitantes.

Así pues, en estos libros los lectores van a encontrarse con diversas formas de percepción ciudadana que evidencian los deseos de sus habitantes y además nos muestran cómo se asume la ciudad desde la perspectiva de la imagen que se tiene del otro. <<Escribir>> cada ciudad nos pone tras las huellas de la construcción imaginaria de los habitantes, bajo el supuesto de que ésta antecede a los modos de usar las ciudades. Los centros urbanos, en su uso, evocación y proyección, corresponden a un efecto ciudadano que dispone de escalas de percepciones cognitivas que son reelaboradas de modo permanente según los puntos de vista de la gente.

Quisiéramos que los paseantes que visitan nuestras urbes pudieran consultar y ver las ciudades imaginadas por sus mismos pobladores.

Quizá ellos les ayude a entrar desde la fantasía colectiva a otra cruda realidad urbana de primera mano. Y no sólo jugamos con datos para acercarnos a esos imaginarios urbanos, también consideramos los actos ciudadanos, las voces, los trayectos, las miradas. Por eso trabajamos con equipos cuya misión fue obtener imágenes de la ciudad. A ellos les debemos los archivos sobre figuraciones ciudadanas, algunos de los cuales sirvieron para dotar de íconos y plasticidad a las publicaciones, y entre los que se encuentran los siguientes materiales:

·        Archivos fotográficos organizados y clasificados por ciudades sobre actos ciudadanos.

·        Series de documentales televisivos que se exhibirán en las cadenas locales de cada país o en cada museo y centros comunitarios

·        Colecciones de rostros de ciudadanos en fotos tamaño pasaporte, que servirán como documentos de información.

·        Tarjetas postales con las cuales trabajaremos la mirada oficial de cada ciudad.

·        Recorte de prensa sobre la imagen de la ciudad extractados de periódicos y revistas.

·        Archivos de programas radiales y televisivos que hayan mostrado imágenes urbanas o hayan tratado sobre ellas.

Estos archivos y colecciones podrán consultarse en Bogotá, en la sede de la Secretaría Ejecutiva del Convenio Andrés Bello y en la Biblioteca Central de la Universidad Nacional, Instituciones que dispondrán de un centro de consulta para que este material esté al alcanza de todos los ciudadanos.

 

Rastros: croquis urbanos

La ciudad de hoy no es sólo un conjunto de elementos visibles, como edificios, calles, parques y plazas, sino también, y de manera muy significativa, una representación que puede encontrarse en los medios. Incluso puede hablarse de una ciudad que, literalmente, no se observa. ¿A cuál ciudad se refiere el ciudadano cuando afirma que su ciudad es muy peligrosa? La televisión, quizá por su naturaleza sintética, exclamativa y comercial, ha favorecido la crónica roja de las ciudades. Este sesgo nos ha motivado a recoger impresiones producidas por este medio para cotejarlas con nuestras bases de datos.

A la realidad de los entornos físicos, los medios aportan un cubrimiento que contribuye a generar juicios que denigran y satanizan ciertos escenarios. Tras examinar los índices de homicidio en ciudades percibidas como las más violentas de Latinoamérica –Bogotá. Caracas, Ciudad de México, Lima y Sao Paulo–, concluimos que la primera de este conjunto presenta los indicadores más bajos, aunque según nuestras encuestas, da la impresión de ser la más violenta (70% de los consultados opinan así). ¿Cuánto tarda un imaginario fatal en ceder para dejar percibir nuevas realidades? No hay, pues, realidades puramente objetivas en las ciudades; todas, en mayor o menor grado, están atravesadas por fantasmas. De este modo se abre un cosmos de figuras opacas  que pueblan las urbes y las conducen a destinos inverosímiles bajo designios espontáneos de sus habitantes. Y así llegamos a los emblemas urbanos, que por sustituciones o analogías representan a cabalidad los lugares, personajes o acontecimientos donde la gente, en altas y concentradas proporciones simbólicas, define y redefine su urbe con su propia visión diaria. Los emblemas  se mueven, se desplazan, se transforman, tienen vida propia en la medida en que los ciudadanos los reinventan. Los estudios de culturas urbanas que  hemos emprendido, como testigo que son del nacimiento de nuevos emblemas en la construcción de las mentes urbanas, reconocen su densidad social. Los emblemas pesan en la gente, pues envuelven su realidad y, dada su condición de blindaje –naturaleza de la que están dotados para funcionar como mitos urbanos–, terminan por hacerse intocables. Parece imposible el pérfido ejercicio de borrar del mapa algunos de estos emblemas: ¿acaso se puede omitir a Gardel en Buenos Aires, a Gaitán en Bogotá, a Bolívar o José Gregorio Hernández en Caracas, a Gaudí en Barcelona, a Diego Rivera en ciudad de México?

La ciudad, a partir de los imaginarios, atiende a la construcción de sus realidades sociales y a sus modos de vivirlas y proponerlas. Lo imaginario antecede al uso social; ésa es su verdad. Si se quiere ser mas determinante podría decirse que los imaginarios sociales son la realidad urbana construida desde los ciudadanos. El mundo se vive según las percepciones que se tengan de él, y cuando éstas participan en conglomerados amplios, complejos y de contacto, como son las ciudades, adquieren mayor contundencia en su definición grupal. Esta manera de entender las ciudades es un signo propio de la modernidad que contradice las definiciones de siglos pasados, donde el poder de los Estados o de las religiones recaía sobre individuos inermes que obedecían en conjunto sus dictámenes, La modernidad desarrolla y propone la capacidad de decisión personal y subjetiva de la humanidad para hacer públicas sus resoluciones al permitirles elegir la convivencia según los propios fantasmas que acompañan y determinan sus visón del mundo.

En mi condición de director y gestor de esta emocionante expedición  por tantas ciudades, quiero expresar gratitud profunda y afecto sincero a todos los colegas, investigadores, patrocinadores, gestores y ciudadanos que nos han permitido soñar impulsados por fantasías colectivas sin las cuales habría sido imposible concluir este trabajo. Este enorme croquis de ciudades que, por aparecer juntas, van a ganar cierta hermandad, nos permitirá hacer nuevos nexos de afinidad y contraste entre uno y otros.

Los imaginarios sociales sueñan hacia adelante. Por esto son diurnos: están dispuestos a ser poblados todos los días y todas las noches, sin término. Es por esta razón el proyecto Culturas Urbanas le apuesta a edificar sobre lo ya hecho, a construir futuro.

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