100  Palabras para evangelizar la ciudad.

 

Transcribimos el aporte que hace el “Espacio de Pastoral Urbana” de la ciudad de México D.F.

Ellos han hecho un glosario y nosotros, tomamos algunas de las palabras a las que ellos dan contenido. El criterio del recorte, fue seleccionar palabras que nos ayuden en este momento de nuestro camino, es por este motivo, que ustedes podrán descubrir que algunos de los conceptos están faltando.

 

Vivimos en la ciudad. Algunos nacimos en ella, otros migramos a ella desde hace más o menos años. En la ciudad nos vamos desarrollando, en ella encontramos grandes oportunidades... y también enormes dificultades y retos. En la ciudad están los grandes progresos, la técnica avanzada, los servicios mejor organizados, los más exquisitos deleites que causan alegría, éxtasis...  Y también tiene espacios de tristezas, amarguras y muertes prematuras...

La ciudad tiene un carácter muy variado y dinámico, lo cual suele provocar crisis. Muchos pastores las interpretan como amenazas y calamidades; pero consideradas más de cerca también ofrecen oportunidad para superar las deficiencias de nuestras costumbres e instituciones...

Así la ciudad incluye ya dinámicas de salvación junto con otras más ambiguas. De ahí la dificultad que tenemos de encontrar las presencias de Dios en la ciudad, el verdadero sentido por el que seguimos viviendo. La pastoral urbana requiere una sólida capacidad de discernimiento para valorar con mayor lucidez evangélica, consolidar lo ya avanzado e impulsar todo lo nuevo que aún hace falta.

Este libro busca ayudar a los que trabajan en las ciudades a realizar una evangelización más acorde con la realidad urbana.

AGENTE DE PASTORAL 4

AMBIENTE 4

Los creadores de ambientes 4

El Ambiente y la pastoral urbana 4

ANÁLISIS SEMIÓTICO

AGENTE DE PASTORAL

En sentido estricto, es el sacerdote, la religiosa y el laico que trabaja a tiempo completo y casi siempre con una remuneración económica, en una o varias de las etapas del proceso de  evangelización.

En un sentido amplio, es todo bautizado que da una parte de su tiempo al trabajo evangelizador. Es un auténtico voluntariado. Para esto, la única condición para aceptar que alguien tenga una función en la iglesia es que la persona quiera, tenga tiempo y no sea conflictiva.

Las necesidades espirituales ingentes que actualmente padece la urbe, obligan a la iglesia-institución a aceptar como su Agente a todo bautizado que quiera ayudar a la  parroquia territorial, al decanato,  etcétera. La conciencia que existe en el pueblo de que los únicos responsables de la iglesia son el presbítero y la religiosa, debe mover a éstos a fomentar la vocación laical y a no rechazar a bautizado alguno, con las condiciones antes dichas, que quiera prestar un servicio voluntario a la comunidad eclesial y secular.

El agente de pastoral que evangeliza la ciudad debe ser consciente que ésta preferencia el lenguaje simbólico al racional (Símbolo). El citadino busca más que palabras, un sentido para vivir o seguir viviendo con sentido en la ciudad. 

Benjamín Bravo

 

AMBIENTE

Es un conjunto de valores que se están  viviendo en un grupo humano. El valor es “una manera de ser o de obrar que una persona o colectividad juzga ideal y hace deseable o estimables a los seres o a las conductas a los que se atribuyen dicho valor” (Rocher, G.: Introducción a la Sociología General, Herder, Barcelona, 19773, p. 70). El valor se sitúa como ideal. Quien lo vive, lo recrea conciente o inconscientemente; para algunos puede ser un antivalor y tratan de no dejarse contagiar por él, para otros sin embargo, el mismo ambiente es experimentado como valor.

La urbe es por antonomasia generadora de valores. Y dentro de las urbes hay ciudades del primer mundo que son origen de ambientes mundiales (Cultura adveniente).

Las funciones que desempeñan los valores en una colectividad son: a) dar coherencia a reglas, modelos y conductas; b ) ser un elemento de unidad psicosociológica de personas, c) ayudar a la integración social. Aunque hay que subrayar que las opciones de valores son aquellas que más dividen a las sociedades. 

“Los ambientes, según su grado de influencia en el número de personas que alcanza, puede ser: a) masivo:  el ambiente navideño, el día de muertos… casi siempre están manipulados por los medios de comunicación; b) sectorial: abarca  sectores humanos que comparten los   intereses o formas de vida similares: el ambiente obrero, estudiantil, gay…c) particular:  que se da en pequeños grupos: la vecindad, el condominio…”.

 

Los creadores de ambientes

Los medios masivos de comunicación (DP 1241); el intelectual (DP 1239); el político (DP 1238); el pobre (DP 1244, 1245).

El Ambiente y la pastoral urbana

En los últimos años, la iglesia ha empezado a asumir como un valor, al pobre; como el sujeto (Sujeto eclesial, Sujeto social), desde y con el que Dios ha hecho la historia de salvación. El pobre,  valor secundario en nuestras sociedades, es asumido por la iglesia, al menos en sus documentos, como valor primario, aunque no del todo en su práctica. 

La iglesia debe “añadir” los valores del Reino a los valores creados por la sociedad secular que no están en contra del evangelio; por ejemplo: valores democráticos, igualitarios, de limpieza electoral, de justicia distributiva, de erradicación del latifundismo, de solidaridad con los indios…

Asimismo, debe detectar católicos que vivan inmersos en espacios en donde se generan  ambientes, para formarlos  inspirando su práctica con el Evangelio y formar con esos agentes una parroquia personal.

Benjamín Bravo.

 

ANÁLISIS SEMIÓTICO

Es una manera de ver y explicar la realidad  partiendo de la observación e interpretación de los símbolos y rituales, religiosos  y seculares,  a través de los cuales el ser humano   expresa sus anhelos profundos y trascendentes. 

Para tal efecto, observa sistemáticamente dichas expresiones que brotan del inconsciente de las personas y de las colectividades, es decir, del inconsciente colectivo.  Es uno de los tipos de análisis que mejor ayuda a  interpretar la urbe de una manera global. 

El pensamiento moderno ha privilegiado la verdad como punto de llegada; por su parte la experiencia religiosa busca encontrar, en medio del caos y del desorden, sentido para seguir viviendo (Sentido, Búsqueda de), pues no hay que olvidar que el hombre y la mujer, aun encontrando la verdad, seguirán insatisfechos si no encuentran el sentido de vivir; de ahí la necesidad del recurso a los imaginarios, a los mitos llenos de símbolos, que son traducidos en los rituales y en la estética.

Este análisis valora la dimensión no racional de la vida social: el mundo subjetivo de las imágenes, cargadas de sentimientos, de emociones afectivas, producidas y ordenadas por la imaginación. La imagen, en cuanto producida simultáneamente por el pensamiento y la voluntad, impulsa por sí misma a la persona a actuar.

Benjamín Bravo.

 

Aun no tenemos Palabra/s

CIUDAD 5

CIUDAD EN LA BIBLIA 7

La ciudad prostituta 7

La ciudad esperanza 7

CIUDADES  INVISIBLES 8

La Ciudad Invisible y la pastoral urbana 8

CIUDAD MEDIA 8

La ciudad media reto a la Pastoral Urbana 8

COMUNIDAD CRISTIANA 9

COMUNIDAD ECLESIAL DE BASE 9

La CEB en la urbe 10

COMUNIDAD HUMANA 10

CONCIENCIA COLECTIVA 11

Componentes de la conciencia colectiva 11

Naturaleza de la conciencia colectiva 11

CULTURA ADVENIENTE 12

CULTURAS JUVENILES 12

 

CIUDAD

Es imposible llegar a una definición de la ciudad. Sin embargo, todos tienen en la mente cierta imagen que no es tan diversa. Para expresar los caracteres que conviertan a un conglomerado humano en ciudad, no podemos partir del límite inferior  -preguntarnos a partir de que momento una aldea, un pueblo, un conglomerado de casas constituye una ciudad-. Tampoco vale partir del límite superior: a partir de qué momento una gran conurbación humana deja de ser ciudad. Es conveniente partir de la ciudad media. En ella aparece más claramente lo que es una ciudad.

Lo que hace una ciudad es la diversidad de actividades y de funciones. Esto es inherente a la ciudad. Cuando todos hacen lo mismo -por ejemplo, todos son mineros, o agricultores, o soldados-, no es una ciudad, aunque que haya diez mil o cincuenta mil personas reunidas.

La diversidad supone orden y organización. Se necesitan normas,  reglas, leyes que integran a una vida colectiva. Cada uno se siente integrado en un conjunto y necesita aceptar una  disciplina comunitaria. Hay ciudad cuando hay leyes para coordinar las actividades.

Si hay diversidad hay intercambio:  mercado de productos materiales o culturales; intercambio de ideas, imágenes, proyectos, opiniones. Hay una red de relaciones públicas, comenzando por el mercado. No hay ciudad si no hay mercado.

La organización necesita instituciones públicas, asequibles a todos, espacios, lugares abiertos para actividades comunitarias. Los griegos pensaban que una ciudad debía tener baños públicos, teatro, estadio de deporte (circo), plaza pública, templos abiertos a todos. Todo esto necesitaba mandatarios para establecer las leyes, lograr su cumplimiento y castigar a los que no se sometían a la disciplina comunitaria.

La ciudad está basada en una rigurosa distinción entre lo privado y lo público. La ciudad permite el aislamiento de cada ciudadano para su vida privada. Los domicilios son inviolables. La misma ciudad impide que suceda lo que pasa en el campo, en donde todos vigilan a todos y todos saben todo lo que hacen los vecinos. En el campo no hay privacidad, a pesar de las apariencias, porque no hay manera de aislarse de los vecinos. La ciudad ofrece una garantía de privacidad.

Al mismo tiempo, la ciudad requiere de una vida pública desarrollada: espacios públicos, tiempos reservados a la comunidad, como las fiestas, las competencias, las actividades culturales. Las ciudades latinoamericanas contemporáneas a menudo carecen de espacio público, sobre todo en las áreas populares en las que la organización es mínima o casi inexistente. No hay espacio público para los jóvenes ni para los ancianos. Lo privado lo ha invadido todo: por ejemplo, los carros, los medios de transporte o las empresas particulares. En las nuevas ciudades hay pocas actividades comunitarias. También la organización municipal es mínima. Hay municipios inmensos que se supone que gobiernan millones de habitantes. Pero no hay presencia de la organización social y política ni en el barrio ni en las manzanas habitadas.

Hay ciudades de diferente calidad: ciudades humanas y ciudades inhumanas, ciudades malas y ciudades buenas. Aquí no se trata tanto de la organización material, sino de la calidad de vida y de relaciones humanas dentro de la ciudad.

Nuestra concepción de ciudad más cualitativamente humana viene de los griegos. Para los griegos, una verdadera ciudad (polis) tiene por característica que se gobierna a sí misma y está al servicio de la libertad de los ciudadanos. El ser ciudadano es la dignidad suprema del ser humano para los griegos. Hoy día estamos redescubriendo en América Latina lo que es la ciudadanía. Esta se aprende en la ciudad (Democracia, Derecho Humano, Sujeto Social).

Antes de los griegos o fuera del alcance del ideal griego, la ciudad fue -y muchas veces todavía es-  la afirmación de la potencia de un monarca o de una aristocracia. Las primeras ciudades fueron fundadas por reyes para defender su soberanía. Las ciudades eran fortalezas. Una vez consolidada la seguridad del reino, la ciudad fue como una extensión del palacio. Estaba reservada a la aristocracia que servía al rey. La ciudad era una ostentación de la grandeza del rey. Este modelo sobrevivió hasta los últimos tiempos.

En América, los reyes fundaron solemnemente muchas ciudades, porque cada fundación era como una nueva implantación de su dominio. . En tales casos, los ciudadanos no  eran sólo parte del espectáculo o esclavos de la riqueza y del poder del rey.

Hubo ciudades que eran expresión del dominio de una aristocracia económica: del comercio, como los puertos (Buenos Aires), o de la industria (São Paulo), o de las minas (Potosí, Taxco, Diamantina), o de la dominación financiera (Nueva York). Todos los habitantes están al servicio de la riqueza de la aristocracia.

En la urbanización caótica (caos) del Tercer Mundo, lo que predomina es la anarquía. Millones de campesinos dejaron la tierra para concentrarse en ciudades de millones de habitantes;  por ejemplo: en América Latina, todas las capitales y también algunos centros de vida económica. Llegaron a las urbes muchedumbres inesperadas que no encontraron ninguna acogida y se establecieron de modo provisional, provisional que dura muchos años. Formaron favelas, pueblos libres, poblaciones callampas, villas-miseria, asentamientos irregulares, etcétera., que en realidad son conglomerados de habitaciones provisionales sin norma, sin regla, sin organización comunitaria, muchas veces sin leyes. En muchos casos esas muchedumbres caen bajo la dominación de traficantes de drogas que las organizan en forma semejante a la vida política, alrededor de sus intereses (Migración, Globalización).

En América latina, los municipios son pobres porque los ricos no sólo no pagan impuestos, sino roban toda la valoración de las tierras urbanizadas. Además, los ricos monopolizan los pocos recursos públicos (Clase Alta). En esta forma las masas están abandonadas, sin recursos, y luchan para sobrevivir sólo con sus precarios medios. En ellas no se alcanza la realidad de ciudad.

En una auténtica ciudad, lo que prevalece es la libertad de los ciudadanos. Las leyes son hechas por los mismos ciudadanos. Todos los ciudadanos intervienen de modo efectivo en el gobierno de la ciudad (no en modo ficticio como ahora) y hacen leyes que defienden los derechos de todos y hacen que todos los ciudadanos tengan que respetar los derechos de todos. En una ciudad, la justicia es igual para todos los habitantes, y todos pueden lograr que sus derechos sean respetados.

Por eso, en una ciudad se respeta la diversidad. No hay modelo impuesto para todos. Lo único que se impone es que todos respeten los mismos derechos de todos.

Este ideal sólo es posible si hay muchas actividades comunitarias, de tal modo que los ciudadanos se conozcan y conozcan sus diferencias y las acepten. Las actividades sociales tienden a reforzar el intercambio entre todos los ciudadanos sin que haya modelo uniforme (Urbe).

De estas consideraciones se puede concluir que no puede haber una sociedad verdaderamente humana si entre ricos y pobres la diferencia es muy grande. Es impensable que haya igualdad de condición, pero la distancia debe ser tal que todos los ciudadanos puedan relacionarse con todos sin sentirse excluidos. (Exclusión-Participación)

El gran problema de las ciudades latinoamericanas es su dualismo. En cada ciudad hay dos ciudades que prácticamente no se comunican y son totalmente diversas. Parecen pertenecer a dos mundos, o a dos fases históricas, a dos civilizaciones diferentes. Por un lado, hay un sector privilegiado que es igual a los sectores más ricos de las ciudades del Primer Mundo. Por otro lado, hay un inmenso sector que vive en condiciones mínimas, a nivel de sobrevivencia. Hay algunos sectores medios, pero poco expresivos (Clase media). Las municipalidades dedican sus pocos recursos al mejoramiento de las condiciones de vida del sector privilegiado. Éste es el reto de la sociedad latinoamericana: está inscrito materialmente en el cuerpo de las ciudades (Ciudad en la Biblia,  Imaginario, Pastoral Urbana) (Cf AA VV.  La urbe retó a la iglesia, Dabar, México 1998; la Iglesia en la Ciudad, Dabar, México 2000)

José Comblin

 

CIUDAD EN LA BIBLIA

La ciudad prostituta

La Biblia habla de la ciudad más de lo que comúnmente se cree.  En ciertas tradiciones la ciudad aparece como una realidad negativa  pues no es modelo viable para hacer comunidad (Núm 23,9; 1 Re 5,13).

Una de las  grandes ciudades que impactó a Israel fue Babilonia ((Is 13 y 21; Jer 50 y 51; Ap 17 y 18). Es madre de las prostitutas (Ap 17,5); recuerda a Babel (Gen 11), cuyo pecado no fue tanto construir la torre, sino querer construir la ciudad.

En la Biblia lo primero es el jardín (Gén 2,8); fuera del jardín, al ser arrojado el hombre y la hembra primeros, hay violencia. Caín es el fundador de la primera ciudad (Gén 4,17; 20-22; 10,8). La civilización urbana es yugo, sujeción de naciones y de la naturaleza, en contraste con el jardín lleno de armonía (Gén 2). El problema cristaliza en la torre de Babel (Gén 11,1-10): el mandato de “llenar la tierra” de Gén 1,28 contrasta ahora con Gén 11,2, que desaprueba la concentración del pueblo (Cf Gén 11,6 y 3,22; Is 14,12-15). Job 39,5-8 dirá que “subsistir en el desierto es preferible a la vida urbana”.

La Ciudad es, pues, el lugar del caos. Sodoma y Gomorra encarnan corrupción, idolatría, autosuficiencia y orgullo y se aprovechan de otros. Pecado que se acrecienta con la esclavitud y la explotación sobre la que las ciudades son edificadas (Is 12,19; 14,7ss; 23,3.7), y a cuyo servicio se coloca el aparato religioso (Is 21,9; Jer 50, 2.38 51,47.52). Por eso las ciudades deben ser destruidas.

Hay otras tradiciones para las cuales la ciudad es esperanza (Imaginario, Mito Sentido, Búsqueda de): la ciudad es un regalo de Dios (Dt 6,4; 6,10-12); es refugio: (Dt 4,41-43; 19,1-13; Num 35, 9-34); es lugar para alimentarse (Sal 107, 4-9. 37-38); Is 41, 17-20); para instruirse en la Sabiduría y en la Torah (Prov 1,20-21; 8,15-16.20;  Is 2,35-4; Mic 4,1-3).

La urbe es la ciudad de Dios (Sal 46,4-5; Ez 11,22-25). Más impresionante es el regreso de Dios a la Ciudad y en consecuencia a toda la tierra, incluido el desierto (Ez 43,1-5; 47,12). “Portadora la ciudad de las más grandes esperanzas, se convirtió en un instrumento de opresión. La negación de la ciudad por parte de Israel era al mismo tiempo la afirmación de que el sentido de la ciudad era la comunión entre sus habitantes. La superación de esta ciudad es la nueva ciudad escatológica, Jerusalén”. (Comblin José, Théologie de la ville, 135).

La ciudad esperanza

Jesús vivió en un pequeño poblado, Nazaret; a veces iba a pueblos más grandes como  Cafarnaún y Betsaida. Pisó y tal vez permaneció  algunos días  en ciudades como Séforis, Tiberíades y Magdala. También se menciona a Tiro, Sidón y la Decápolis como lugares  por donde Jesús pasó.

No sólo para el mundo campesino, sino para el citadino, Jesús proclama ‘el nuevo orden de Dios’: el Reino de Dios o de los cielos. Con esto, Jesús se mete en la ciudad. Los signos del Reino son en función de los excluidos (Exclusión). El ataque de Jesús se centra en Jerusalén, donde se encuentran todos los poderes.

 

La ciudad, según Lucas, es lugar del Espíritu: Lc 24,49: “Permanezcan en la ciudad hasta que sean revestidos de la fuerza que viene de arriba”; Hech 1,4-5:”… no se alejen de la ciudad de Jerusalén…donde recibirán el bautizo del Espíritu Santo…”.; 2,3-4:…sobre ellos aparecieron unas lenguas de fuego y empezaron  a hablar según el Espíritu…”. Como ciudad de Dios, Jerusalén es  contraparte de Babel.

 

La ciudad, según Juan, es casa de Dios: Ap 21,2-3: “Ésta es la morada de Dios con los hombres; él habitará en medio de ellos; ellos serán su pueblo y él será Dios-con-ello…”, como “la novia de Cristo” (Ap 21,2). Juan pide a los cristianos citadinos, miembros de lo que hoy se da en llamar ‘comunidades alternativas’,  una definición clara de su fe: “…porque eres tibio y no frío o caliente, te vomitaré,,,”(Ap 3,15-16). Más aún, en medio de la ciudad “florece el árbol de la vida”, trasplantado del Edén, dando frutos para la salud de la humanidad (Ap 22,2; cf Ez 47,12).

“El Apocalipsis es un informe de cómo relacionarse la comunidad cristiana con la ciudad. La ciudad es recompensa  para quienes han soportado las pruebas y persecuciones de la vida urbana y se han mantenido fieles en medio de ellas. La posibilidad de entrar a este nuevo orden, se deja a la libre decisión del lector… En la nueva Jerusalén se da una reconciliación del hombre con el hombre, que permite la realización de la vocación originaria de la ciudad: ser mediadora de la unidad entre los hombres”.  (Andrew Davey, Cristianismo  urbano y globalización, Sal Terrae, 2003).

 

A Pablo toca evangelizar las ciudades mediterráneas. Él es un hombre de ciudad. Habla la lengua común de entonces, el griego. Forma comunidades entre gente de bien, pero sobre todo entre la gente pobre. La iglesia paulina usó la casa  y la familia ampliada como lugar y estructura de sus reuniones (Rm 6,5; 1 Co 16, 19; 14,23; 16,19). (Iglesias de casa)

 

Benjamín Bravo.

 

 

CIUDADES  INVISIBLES

Es un término, cada vez más usado en la antropología urbana, que determina aquellos grupos humanos homogéneos que habitan, dispersos, en  una misma megalópolis o ciudad. Dicha homogeneidad consiste en la manera y forma como responden a los distintos estímulos que la existencia presenta al ser humano. Estos estímulos son por ejemplo: el tiempo, la divinidad, el trabajo, el ocio, el esparcimiento, la cultura, la estética,  los demás, la grandeza, la degradación, la dignidad…Se habla entonces de distintas y múltiples ciudades en una misma ciudad, es decir, diferentes identidades en una misma sociedad; distintos mundos dentro de un mismo mundo que es la urbe. “…a veces ciudades diferentes se suceden sobre el mismo suelo y bajo el mismo nombre, que nacen y mueren sin haberse conocido, incomunicables entre sí” (Italo Calvino, Ciudades invisibles, Siruela, Madrid, 1999, 43).  Por eso es legítimo hablar de  pluralismo.

Cada una de las ciudades invisibles, se dice, tiene principios superiores comunes. En la pastoral urbana se prefiere hablar de que cada ciudad invisible es precisamente invisible porque vive y expresa sus imaginarios no conocidos -invisibles-, a través de mitos, símbolos y ritos, condicionados por las situaciones socio-económico-culturales que viven las personas.

Los miembros de cada ciudad invisible poseen características comunes, lo que permite, mediante un análisis semiótico, determinar con cierta aproximación, las búsquedas de sentido que se dan en una determinada ciudad, o sea, el número de ciudades invisibles que existen dentro de ella (Mentalidad urbana, Culturas juveniles).

La Ciudad Invisible y la pastoral urbana

Aunque es difícil determinar, en un momento dado, el número de ciudades invisibles existentes en una misma ciudad, no por eso deja de ser importante  que la pastoral sea consciente de la existencia de ellas y de sus características, a fin de elaborar estructuras y materiales evangelizadores adecuados.  Así, los planes pastorales se harán en función de estas identidades o mundos.  Esto sería un medio eficaz y realista para unificar los planes de las parroquias de una misma ciudad o megalópolis.

Benjamín Bravo

 

CIUDAD MEDIA

No sólo es un espacio en el que habitan entre 300 mil y un millón de habitantes, sino, sobre todo,  es un espacio  habitacional que tiene las características propias de una urbe. De ahí que, pudiendo tener una cantidad menor de habitantes, goce de dichas características. Es el caso de los pequeños poblados del primer mundo. En América Latina, no puede concluirse de la sola cantidad de habitantes, que se trata de un  conglomerado urbano.

La ciudad media reto a la Pastoral Urbana

Para los(las) laicos(as), la ciudad media es una sola comunidad; para los clérigos, sin embargo, con una mentalidad territorialista, está fraccionada en porciones llamadas parroquias. Esto ha provocado divisiones con consecuencias imprevisibles. De aquí la urgencia de superar esta mentalidad. Para esto, es necesario asumir la ciudad media urbana como una sola Iglesia -una ciudad,  una iglesia- con un equipo parroquial que puede vivir en distintos templos, pero que interpretan la ciudad unitariamente. Con este propósito, el decanato es considerado como instancia coordinadora de la pastoral supraparroquial.  Otra solución promisoria es el hecho que el obispo que tenga ciudades medias en su diócesis no admita programas de cada parroquia por separado sino en conjunto.

Un primer paso que debe darse es intensificar una  pastoral misionera y orgánica; por ejemplo: lograr, entre dos o más parroquias ubicadas en la misma ciudad, unidad de criterios para servicios pastorales; establecer servicios interparroquiales para las catequesis presacramentales; unificar aranceles en los servicios pastorales; promover juntas la formación y capacitación de agentes para diversos sectores humanos; reestructurar las parroquias por barrios, más que por límites canónicos; generar  diversos tipos de Iglesias de casa; promover juntos la formación y capacitación de agentes para diversas áreas pastorales; articularse con otras instituciones no eclesiásticas para ‘vertebrar’ a la sociedad y poder tener acciones comunes que vayan en pro de las personas y de cada comunidad (Comunidad cristiana, Comunidad humana).

José Luis Aceves.                                                      

 

COMUNIDAD CRISTIANA

Además de las características de la comunidad humana, hay que añadir algunas peculiaridades que son propias de una comunidad expresamente cristiana, y que se pueden encerrar en tres: el reconocimiento de Jesús como hijo de Dios y nuestro hermano mayor, la vinculación con otros hermanos cristianos y con sus autoridades, y las celebraciones comunitarias.

La comunión y comunicación profundas, propias de toda comunidad, tienen en la fe cristiana una referencia central a Jesús de Nazaret. El conocimiento de su persona, de toda su vida y enseñanzas son la fuente principal de luz y criterio de verdad; su amistad llena de confianza e impulso a todos y cada uno; su perdón sana los corazones y su llamado a colaborar de su misión reanima toda la vida. Por eso son fundamentales la lectura continua y profunda de los evangelios, la oración personal y la participación en la eucaristía, y el descubrir a Jesús en cada uno de los hermanos, en particular los más necesitados.

Sin embargo no creemos en Jesús en forma aislada, sino vinculados unos con otros, precisamente en comunidad. Poniendo en común la fe, la oración, los sacramentos, los bienes materiales y también la búsqueda de la justicia. Ahora bien, esta vinculación eclesial en parte es un ideal y en parte una realización limitada en nuestra vida en la ciudad. Y éste es uno de los grandes retos que tenemos en las urbes: encontrar formas adecuadas de vivencia comunitaria real dentro de la iglesia. Se han intentado varios métodos (Sectorización,  Iglesia de la casa ,Comunidades eclesiales de base).

En esta vinculación hay que destacar debidamente el papel de la autoridad. La autoridad desempeña un papel indispensable dentro de la comunidad cristiana; pero -como muchas veces nos repite Jesús con su palabra y ejemplo- su función no es de imposición sino de servicio. En la ciudad requerimos una autoridad eclesial que sepa coordinar esfuerzos múltiples y creativos, que tenga confianza en sus colaboradores y les ayude a adquirir la capacitación necesaria para un mejor desempeño (Cultura Adveniente).

Dentro de la vida comunitaria tienen un lugar especial las celebraciones. Desde luego las celebraciones sacramentales y en particular la eucaristía, pero también otro tipo de oraciones comunes y otras celebraciones festivas que contribuyen a crear y mantener vínculos sanos y vigorosos. (Iglesia de casa, Tipos de)

Estos tres rasgos, de un modo análogo a lo señalado en la comunidad humana, insisten más en la vivencia al interior de la iglesia misma; pero su dinámica más plena los lleva también a proyectarse en el conjunto de la sociedad. Esta otra dimensión inseparable del ser cristiano y las acciones que de él derivan en función del bien común en toda su amplitud quedan desarrolladas en el término de sujeto eclesial  (Sujeto social).

Sebastián Mier SJ

 

COMUNIDAD ECLESIAL DE BASE

 

Es la estructura eclesial que ha logrado realizar en forma óptima, al menos hasta este momento, lo que debería ser toda Iglesia de casa. Por eso algunos llegan a afirmar que éste tipo de Iglesia es la Iglesia (Iglesia de la casa, Tipos de).

La CEB tiene, por supuesto, características similares a todas los demás tipos de Iglesias de casa: ser una comunidad, el valor de la historia de la salvación contenida en la Biblia,  el compromiso, la oración grupal, la eucaristía como culmen y fuente de vida, entre otras; sin embargo tiene características peculiares, a saber: emplear como método de sus reuniones, el proceso del conocimiento humano, también llamado método del ‘ver, juzgar, actuar, simbolizar (celebrar)’, más conocido como ‘Método de Emaús’, -nombre  dado en el documento de Santo Domingo-; el valor que da al Reino de Dios como principio teológico y objetivo permanente y finalmente su opción clara en favor del pobre y de su mundo –la religiosidad popular, por ejemplo-. Estas tres características llevaron a la CEB, felizmente, a unirse a organizaciones civiles y populares del mundo de los empobrecidos en función de su liberación de toda opresión y esclavitud. Hoy día muchos cristianos que se formaron en una CEB son miembros activos de no pocas de estas organizaciones.

Por todo lo anterior, el modelo eclesiológico de las CEBs induce a una misión de articulación estratégica con otros movimientos ciudadanos que luchan por la misma causa: un mundo con justicia para alcanzar la paz. La espiritualidad y mística de las CEB han enseñado que el actuar en el mundo tiene que ser macroecuménico (Macroecumenismo).

Estas características son su riqueza y también su limitante. La clase alta, la clase media y  aun gente pobre con una mentalidad acrítica y sojuzgada no aceptan fácilmente este tipo de Iglesia, de ahí la necesidad de ofrecer en la parroquia otros tipos de Iglesias de casa, a fin de cooptar el mayor número de bautizados en una comunidad cristiana donde inicien su catecumenado..

Durante una época la CEB fue de las pocas concretizaciones de Iglesia que se reunían fuera del templo. Paso que fue una gran novedad.  Esto llevó a algunos miembros de CEBs a considerarla como el único modelo de Iglesia, que los llevó a actitudes de autosuficiencia y aislamiento. Hoy día la CEB necesita no sólo aprender a convivir con otros tipos de iglesia,  sino promoverlos. Es parte de su propia sobrevivencia,.

 

La CEB en la urbe

La existencia de la CEB en la parroquia de la ciudad es absolutamente necesaria.  Es el tipo de Iglesia de casa que, hasta este momento, ha bebido más riquezas centrales evangélicas, que estaban opacadas en la vida de la Iglesia y la ciudad necesita con urgencia.  A su vez la CEB debe reconocer que no todos los bautizados están en condiciones de asumirla como su camino de conversión. No siempre lo mejor es lo que sirve a la mayoría. Una  manera de evitar competencias y tensiones entre los distintas comunidades, incluida la CEB, que  se reúnen en las viviendas de una misma parroquia es designar a todas con  el  vocablo genérico:  ‘Iglesias de casa’.

 

Benjamín Bravo.

 

COMUNIDAD HUMANA

Una de las dimensiones humanas fundamentales es la comunidad, no podemos desarrollarnos verdaderamente como personas sino dentro de una comunidad. El yo, para ser plenamente yo, requiere del tú y del nosotros. Es necesario insistir en ello porque en el ambiente urbano hay múltiples factores que impiden un sano desarrollo de la comunidad.

Probablemente el principal factor es un tremendo individualismo. Es cierto que la libertad de la persona, para ser él mismo, necesita superar las imposiciones de una estructura colectivista; pero, en nuestras ciudades, hemos llegado al extremo del individualismo en el que se exacerban los intereses personales, no se tiene mucho aprecio por la comunidad, ni se está dispuesto a realizar un sacrificio por el bien del grupo (familia, colonia, escuela, parroquia...) Un síntoma de ello es la tremenda multiplicación de los divorcios.

También va contra la formación de comunidades sanas la enorme cantidad de gente; el mucho tiempo empleado en desplazarse; la diversificación de los lugares de vivienda, estudio y trabajo; la multiplicación de tipo de actividades; la celeridad del ritmo de vida; la intromisión de la televisión; el estilo de lo desechable... Y, a pesar de todos esos obstáculos, seguimos necesitando de una comunidad sana para crecer como personas. Un síntoma de esa carencia es la multiplicación de la necesidad de tratamientos psicológicos  (Caos, Espacio vital)

Podemos hablar a grandes rasgos de dos tipos de agrupamientos humanos: la sociedad y la comunidad. En la comunidad nos encontramos con los otros de una manera personal; conocemos sus nombres, maneras de ser, intereses, inquietudes, problemas... Y, cuando funciona bien, contamos en ella con comprensión, afecto y un espacio para comunicarnos en profundidad. La sociedad es más amplia y compleja, y en ella las relaciones son más impersonales y funcionales

En el párrafo anterior señalo rasgos básicos para que la comunidad cumpla sus funciones hacia su interior, y en ellas quiero insistir. Sin embargo es claro que, tanto cada uno de sus miembros como la comunidad en su conjunto, han de tener también una proyección hacia la sociedad más amplia; pero ello queda más directamente designado con el término de sujeto.  (Sujeto social).

La comunidad es indispensable, requerimos de su atmósfera; pero ésta no se da espontáneamente; necesitamos forjarla con creatividad y constancia, con iniciativa y colaboración; ensayando y corrigiendo... Y, sobre todo, dedicándole tiempo cada día, semana, mes y años.

Hay distintos tipos y niveles de comunidad. Podemos hablar de la familia más cercana y de la más amplia; de grupos de amigos verdaderos; de rasgos comunitarios en la escuela el trabajo o el lugar de vivienda; de comunidades parroquiales reales...

La formación de comunidades sanas es un reto fundamental para todos los habitantes de la ciudad y por lo mismo para los agentes de pastoral. Éstos pueden y deben colaborar en la creación de comunidades simplemente humanas (que incluyen ya muchos valores evangélicos básicos) y -según lo permitan y exijan las circunstancias- proceder desde ahí hacia comunidades cristianas.

Sebastián Mier SJ

 

CONCIENCIA COLECTIVA

Es el conjunto de creencias y sentimientos comunes a los miembros de una sociedad que, formando un sistema, influyen en la misma sociedad. Pablo VI, al describir lo que es la evangelización, expone en qué consiste la conciencia colectiva: "La Iglesia evangeliza cuando …trata de convertir al mismo tiempo la conciencia personal y colectiva de los hombres...de alcanzar y transformar con la fuerza del Evangelio los criterios de juicio, los valores determinantes, los puntos de interés, las líneas de pensamiento, las fuentes inspiradoras y los modelos de vida de la humanidad..." (EN 18-19).

En este texto se distinguen dos dimensiones de la evangelización: la personal e individual y la comunitaria o colectiva. Se trata, en efecto, de transformar la conciencia personal de los hombres y la actividad en que los individuos están comprometidos, pero se trata también de transformar la conciencia colectiva común a un grupo de personas y el ambiente concreto en el que viven (dimensión comunitaria).

Componentes de la conciencia colectiva

La conciencia colectiva de un grupo, de una comunidad, de un pueblo o de la humanidad abarca:

a) el conjunto de pensamientos y conocimientos, ideas, criterios, juicios, opiniones que provienen de experiencias y vivencias comunes a un grupo humano y que son conocidas como comunes al grupo.

b) el conjunto de valores, sentimientos, intereses, reacciones emotivas, actitudes y decisiones frente a los valores que son percibidas por el grupo como comunes a ellos;

c) el conjunto de costumbres, patrones de conducta, modos de actuar y de vivir percibidos como comunes al grupo y que son las reacciones activas -praxis- del grupo frente a situaciones concretas sociales y que generalmente están orientadas por los valores apreciados como comunes al mismo grupo.

Naturaleza de la conciencia colectiva.

¿Cuál es la naturaleza de la "conciencia colectiva" de una comunidad? En la respuesta a este problema hay que evitar dos opiniones extremas: el individualismo y el sociologismo.

El individualismo piensa que la conciencia colectiva no es más que la suma de las conciencias psicológicas individuales.  Pero la conciencia colectiva tampoco es, -como opina el sociologismo-, una gran conciencia superior a las conciencias individuales que se impone a éstas y las domina.

 Las únicas conciencias que realmente existen son las conciencias de los individuos. Así el ser o naturaleza de la conciencia colectiva requiere varios factores:

a) un sujeto social, una comunidad, un grupo o conjunto de individuos que se relacionan establemente entre sí. La sociedad, la comunidad, el grupo es el sujeto de la conciencia colectiva;

b) que los individuos -conciencias individuales- tengan representaciones, valores y modos de actuar similares, de modo que sean comunes al grupo;

c) que los miembros de esa comunidad tengan conciencia -individual- de que se unen entre sí porque tienen en común esas ideas, valores y conductas, y se dejan influir por ellas. Esto último se da cuando la conciencia colectiva está más evolucionada (Cultura Adveniente).

J. Jesús Herrera.

 

CULTURA ADVENIENTE

Cultura es la forma como los individuos se relacionan con la naturaleza, con el mundo, con las demás personas y con la divinidad dentro de un marco de capitalismo salvaje o neoliberal, en un mundo globalizado (Globalización). Algunos se relacionan desde una visión eclesial católica, cristiana  o propia de una secta;  otros,  condicionados por las nuevas coordenadas que la urbe impone sobre  todo por medio de la televisión, reformulan este bagage religioso en prácticas a su medida; otros, finalmente, se relacionan a partir de una visión secular que la misma megalópolis ofrece  por medio de experiencias de purificación, de vivencia de lo sagrado, de trascendencia y de éxtasis. Es entonces cuando se dice que entre esta cultura secular y el Evangelio existe ya "una ruptura", siendo ésta "el drama de nuestro tiempo" (EN, 20).

Esta ruptura  de ninguna manera ha provocado que el hombre y la mujer seculares hayan abandonado la búsqueda de respuestas y de sentido a los más profundos anhelos de todo ser humano, a sus imaginarios; lo que ha cambiado radicalmente son las formas de experimentar dichos imaginarios, celebrados en rituales llenos de símbolos seculares en espacios seculares.

Estos rituales, que son ya práctica normal de los habitantes del Primer Mundo (USA y Europa occidental), llegan, 'advienen', a las sociedades latinoamericanas  por medio de la televisión, el internet, el turismo, los viajes y la llegada de los migrantes que periódicamente regresan de USA, son asumidos especialmente por la clase media y la clase alta. Son rituales y símbolos ligados a la tecnología, a la cibernética, a la parasicología y a las filosofías orientales; con características egocéntricas ligadas al hedonismo, a la droga y al individualismo.

La Iglesia y la cultura adveniente

En las urbes millonarias existen diferentes grupos, significativos en número, cuya relación con la naturaleza, con los demás y con lo religioso son casi idénticos. Son como 'ciudades invisibles' que se extienden por todo el territorio urbano.

La Iglesia debe percatarse de estas ‘ciudades’ que existen dentro de la misma ciudad, a fin de planificar, no sólo en función de territorios (Parroquia territorial) y sectores humanos, sino en función de estas  distintas búsquedas de sentido (Parroquia personal)  a fin de ofrecerles material evangelizador específico.

La Iglesia de la ciudad debería tener para cada 'ciudad invisible' sus propios agentes de pastoral con el fin de: a) favorecer el diálogo entre las distintas culturas, y evitar la dominación de la cultura adveniente sobre las que ya existían tradicionalmente; b) discernir lo que cada grupo cultural puede aportar a la búsqueda del bien común; c) presentar su palabra y su lenguaje simbólico como una voz entre muchas voces; d) ofrecer el mensaje, que es Jesucristo, y lo mejor de su lenguaje simbólico que es la comunidad cristiana (Iglesia de la casa) e) utilizar, en los distintos tipos de Iglesias de casa, metodologías activas donde los catequizandos puedan dar y recibir, escuchar el mensaje evangélico y re-expresarlo en su propio lenguaje cultural.

Benjamín Bravo.

 

CULTURAS JUVENILES

La urbe con toda su pluralidad y riqueza es generadora de nuevas culturas; esto se manifiesta de manera especial entre los jóvenes. Ellos son los que expresan mejor y reciben con más fuerza el mundo urbano (de hecho un 80% de los jóvenes del país se concentran en las ciudades).

En los barrios de nuestras ciudades podemos encontrar una gran variedad de grupos o identidades juveniles; muchos las llaman “tribus urbanas”: los cholos, los góticos o darketos, los skatos, los graffiteros, los punks,  los “rastas”, los “fresas”, “los de la iglesia”….

Estas identidades nacen como defensa a una urbe que despersonaliza y margina; son “identidades en resistencia” frente a las políticas neoliberales que empobrecen y excluyen cada vez más a los jóvenes de las oportunidades de trabajo y educación.  Surgen de la necesidad de pertenecer a un grupo, porque no encuentran su lugar en la familia, en la escuela y, en general, en la sociedad. Así, en estas nuevas identidades, los jóvenes encuentran su “lugar” en la urbe, su espacio de encuentro con otros jóvenes, cara a cara, sin convencionalismos, ni presiones. En la “banda” el joven encuentra el apoyo afectivo que no descubre en la familia y le permite autoafirmarse e identificarse. En general el joven busca en su grupo un “hogar seguro” (aun en los grupos de Iglesia), en donde encontrar acogida y seguridad; lo que está fuera de su grupo o tribu parece en ocasiones amenazante (Espacio Vital, Sentido, Búsqueda de).

Las identidades juveniles están marcadas por un lenguaje propio, el caló de la banda, que crea sus palabras en espanenglish o en el “discurso de onda”. Tienen su música: “hip-hop”, “heavy-metal”, “new wave”, “hard punk”, “pop”, “regaee”, “ska”, “tecno-dance”, etcétera  Sus rituales propios (performance, graffity, aerografía, tatuajes y perforaciones).  Sus lugares: la esquina, los deportivos, las canchas, la plaza comercial, los “raves”, los “antros”, las “discos”, los “bares”, los “tianguis”  o “las tocadas”.  Su propia “facha” o “look”,  que se expresa en su manera de vestir, peinarse o pintarse.  Sus propios procesos de iniciación grupal y sus propios valores (hay una “ética” propia del grupo) (Rito, Símbolo).

Muchos de estos rasgos de identidad tienen un sentido de protesta o rebeldía frente a la sociedad. Son una manera de protestar y llamar la atención a una sociedad en la que no parecen caber los jóvenes. De ahí que algunas de las expresiones de las culturas juveniles lleguen incluso a lo “ilegal” (como el graffity).

Estas “tribus urbanas” se unen unas a otras y se encuentran a la manera de una red. Además, la fugacidad de la vida urbana y su rapidez hacen que estas identidades estén cambiando continuamente.

Hay, además, algunos rasgos que son comunes a estas identidades juveniles (Ciudad Invisible, Pluralismo). 

El cuerpo como lugar propio de expresión (por eso la importancia de las perforaciones, el tatuaje, los bailes propios que usan mucho de la expresión corporal, etc.). En este sentido, el uso de drogas y psicotrópicos es una manera de “jugar” con el propio cuerpo. Lo mismo podría decirse de sus prácticas sexuales (Cultura Adveniente, Éxtasis, Caos,  Desorden).

La desconfianza de los partidos políticos, de la escuela, del gobierno, de la policía, de los padres, de la Iglesia, de los medios masivos de comunicación y en general de todas las instituciones.

Las culturas juveniles están más abiertas a la globalización y al Internet. Así, podemos encontrar expresiones culturales similares (como el graffity) en Guadalajara, Ciudad Neza, los Angeles, California o en Nueva Zelanda. Aunque en cada lugar tengan características propias.

El uso de los nuevos medios de comunicación: bipers, teléfonos celulares, el chat, el messanger o el Internet. El ciberespacio es, en general, un nuevo “lugar” de encuentro, muy importante para las culturas juveniles.

En general prefieren hablar de la experiencia y los sentimientos y con un lenguaje simbólico, que hablar de conceptos y discursos morales con un lenguaje formal.

Las “chavas” van encontrando su lugar en la “banda”. En general va entrando la identificación por género. Las minorías como los homosexuales, los transexuales, los trasvestis, las “lesvis” tienen mejor acogida en el mundo de los jóvenes que en el de los adultos (Homosexualidad, Prostitución)

Carlos Cevallos MSpS.

 

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ESPACIO VITAL 13

El espacio vital y la pastoral 14

EVANGELIZACIÓN 14

Procesos de evangelización en la ciudad

 

ESPACIO VITAL

 

Es el conjunto de satisfactores sociales, económicos, culturales, políticos y religiosos en donde el ser humano busca seguridad, tranquilidad y sentido, en momentos en que le invade una angustia existencial ante el caos de la urbe. La persona crea y cultiva sus propios espacios vitales.

Un primer espacio vital es el pequeño conjunto de relaciones primarias, la familia, que garantiza la seguridad personal. Gracias a ella, el sujeto encuentra un recurso inmediato en medio de la soledad y el anonimato. 

Un segundo espacio es el círculo de amigos  -compadres-  que ofrece una seguridad mayor ante necesidades apremiantes; por ejemplo: un consejo, vivienda transitoria, préstamo de dinero, testimonio en  juzgados,  palanca para conseguir permisos, empleo, solución de líos legales, inscripciones, beneficios de seguridad social…

Un  tercer espacio es el mundo de los compañeros -cuates- que facilitan el desahogo, el deporte, la parranda…

Un cuarto espacio es el que ofrece una seguridad religiosa personalizada para cualquier necesidad que los anteriores no son capaces de resolver: son las personas que ayudan a relacionarse con el “más allá” recurriendo a rituales ancestrales y a nuevos movimientos religiosos o sectas (Religión, Religiosidad popular).

Cada uno de estos cuatro espacios tiene sus propios rituales y símbolos; se entrelazan y así conforman el conjunto vital donde el ser humano resuelve lo que realmente afecta las fibras más sensibles de su persona..

Hay que advertir sin embargo que estos espacios vitales son  ambiguos en su composición ya que  pueden aconsejar  odio o amor, fomentar el egoísmo o la solidaridad. Las actitudes que se manejan, son el resultado de lo que cada uno ha aprendido de la propia existencia diaria  -los golpes de la vida-  y de la observación de lo que otros han hecho en situaciones similares.

El espacio vital y la pastoral

No se puede evangelizar en lo abstracto. La Iglesia en la ciudad evangeliza tomando como punto de partida estas relaciones que la persona valora en forma significativa (Evangelización). Consecuentemente la pastoral urbana debe asumir, al menos, el primer espacio vital, a saber, la familia, en  sus diversos tipos, por medio de la  iglesia de casa  conocida como papás y mamás catequistas (Religiosidad Popular).

 

Alfonso Vietmeier 

 

 EVANGELIZACIÓN

Vocablo introducido en la pastoral por el Papa Pablo VI en la carta Evangelii Nuntiandi, en lugar del vocablo ‘Misión’, usado en el decreto Ad Gentes que  se refiere más bien al trabajo entre paganos. 

Recientemente, al hablar de la evangelización de las megalópolis, vuelve a emplearse la palabra ‘Misión’,  pues  “hoy día cambia visiblemente la imagen de la misión ad gentes: entre los lugares preferidos hay que contar las grandes ciudades, en las que surgen nuevas costumbres y estilos de vida, nuevas formas de la cultura y de la comunicación, que a su vez influyen en la población” (RM 37).

Al enfatizar el vocablo ‘Misión’ se busca establecer dos hechos: que el trabajo pastoral  de la Iglesia tiene su origen en la misma vida de Dios Trinidad y que  la misión de la Iglesia va dirigida especialmente  a aquellos pueblos donde es casi inexistente la Iglesia, como es el caso de las megalópolis (cf AG 6).

No es por demás precisar que el planteamiento de la Redemptoris Missio  antes citado es certero en relación a las ciudades del Primer Mundo (EEUU y Europa central).  El hombre y la mujer de estos países, que en el pasado fueron cristianos, ahora  viven la increencia como una actitud  natural  no sólo respecto al cristianismo, sino a cualquier ritual o práctica religiosa que tenga que ver con la trascendencia. Si aflora en ellos el sentimiento religioso, se da como un retorno a lo sagrado que no tiene que ver con las tradiciones religiosas institucionalizadas en las iglesias cristianas, sino con rituales y símbolos secularizados (Religión)

Otro es el caso en América Latina,  Sin negar que existan estos tipos de increencia en ciertos sectores (Cultura Adveniente, Culturas Juveniles), no llega  a ser, sin embargo, el denominador común de su población urbana (Sentido Búsquedas de, Imaginario Social). La gran mayoría bautizada no evangelizada necesita con urgencia de procesos catecumenales. que le permitan reiniciar su vida cristiana (Catecumenado).

Procesos de evangelización en la ciudad

En la práctica pastoral, los procesos de evangelización -simpatía, convocación, catecumenado, liturgia, mistagogia y minsterialidad (cf  OICA),  se  gestan en las diócesis urbanas a partir de

a) Una verdad teológico-pastoral, como es el caso del vocablo ‘Misión’, del que se deducen ciertos imperativos pastorales que traducen dicho concepto teológico a la práctica, como puede ser: establecer como pastoral ordinaria la Reiniciación Cristiana o asumir alguno de sus aspectos como: salir del templo; buscar a los alejados;  realizar la visita domiciliaria a las familias; formar  iglesias de casa…

b) Un sistema estructurado de evangelización, como es el caso de los sistemas: Nueva Imagen de Diócesis, Nueva Imagen de Parroquia, Sistema Integral de Evangelización, Renew, Catecumenado de Kiko Argüeyo…

c) Una metodología común, por ejemplo: asumir el Método de Emaús, -que propuso la IV Conferencia de la CELAM, en Santo Domingo-,  que no es otra cosa que  la forma como Jesús evangelizó a los caminantes de Emaús: Cristo se acerca a los caminantes y les pregunta '¿qué pasa en la ciudad?';  en seguida, ilumina con la ayuda de los profetas y con su propia luz lo que  está sucediendo en la ciudad; Cristo entonces celebra dicho momento en signos; y finalmente los discípulos salen a comunicar su encuentro con el Resucitado.

Con todo, se debe admitir que el proceso de evangelización es todavía, en muchas parroquias territoriales urbanas, una tarea pendiente. Se añade a esto el hecho de que no se contempla la erección de parroquias personales como un recurso indispensable en la pastoral urbana (Sector humano).

 

Benjamín Bravo.

 

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IMAGINARIO SOCIAL 15

Los imaginarios y la Pastoral Urbana 15

INCULTURACION

 

IMAGINARIO SOCIAL

 Cuando el ser humano vive o experimenta el caos, el desorden, la dis-armonía, las heridas terribles de esta existencia y el sin-sentido, se despiertan en él anhelos de orden, de armonía, de suturas de heridas, de un cosmos-hogar, de ser alguien, de existir de otra forma, de ser reconocido, de entrar en sociedad, de reencontrar el sentido de una vida sin-sentido, de ir más allá de lo que él es aquí y ahora, en una palabra, de vivir ‘un pedazo de cielo’ aquí en la tierra.  Además, aunque tenga dinero, poder y bienestar, anhela experimentar sensiblemente la trascendencia, lo sagrado, lo puro (Clase alta). A estos anhelos fundamentales se les da en llamar “imaginarios”. 

La urbe, espacio caótico para muchos y espacio pleno de satisfactores para muy pocos,   es por lo mismo generadora de Imaginarios.  Aunque el ser humano, en este caso el citadino, no sea consciente de los imaginarios,  vive sin embargo de ellos, los manifiesta y los  realiza por medio de símbolos celebrados en rituales. Gracias a éstos da significado al mundo concreto en que vive y lo comprende. Por eso no es posible conocer los imaginarios sociales sino a través de los símbolos: en todo símbolo subyace lo imaginario

Los imaginarios siempre han estado en los grupos. Cada grupo social, desde su situación concreta, los recrea, haciendo nuevos los viejos mitos. Así,  los grupos, desde su exclusión o participación social, económica, cultural, política, crean imaginarios sociales a su medida.

“El imaginario social es pues una de las fuerzas reguladoras de la vida colectiva…  gracias a él una colectividad designa su identidad…elabora una representación de sí misma; marca la distribución de los papeles y las posiciones sociales; expresa e impone ciertas creencias comunes, fijando esencialmente modelos formados…Así se produce una representación totalizante de la sociedad como un ‘orden’ según el cual cada elemento tiene su lugar, su identidad y su razón de ser” (Baczko, 67).

Los medios de comunicación despiertan los imaginarios colectivos.

Los imaginarios y la Pastoral Urbana

La Iglesia en sus sacramentos, sobre todo en la eucaristía, da al fiel cristiano una prenda de la vida eterna, de la resurrección, de la plenitud de la vida divina. En este contexto se podría afirmar que los imaginarios son los anhelos seculares de trascendencia a los que el ser humano busca acceder. Aunque tal vez no sea consciente de ellos, sin embargo en los rituales seculares se dibuja esta aspiración. El siguiente esquema resume los tres momentos antes dichos:

 

RITUALES

IMAGINARIO

PROMESA CRISTIANA

Compro

Trascender, reencarnar

Resurrección

Me comunico

Estar (influir) en varios lugares

Ubicuidad

Me informo

Dominar

Omnipotencia

Me conservo joven

Vivir muchísimos años (no morir)

Eternidad

Uso tecnología de punta

Progresar

Cielo-Felicidad plena

Soy primero

Ser dios

Divinización

 

Algunos de estos anhelos son, pues, aspiraciones que el cristianismo pone como cualidades de una persona resucitada. Es necesario reconocer que la liturgia carece de rituales ‘modernos’. Corresponde a la pastoral urbana trabajar en este sentido: reconocer que el hombre y la mujer modernos son religiosos, aunque su expresión sea secular. Así mismo le toca a la Pastoral Urbana inventar estrategias pastorales para que, partiendo de los imaginarios, el ser humano llegue a descubrir al Otro distinto que es Dios Trinidad. (Cf Espacio de Pastoral Urbana, Nuestra respuesta, en ‘La ciudad, desafío a la evangelización’, Dabar, México, 2002, 31-62).

Corresponde, además, valorar dichos imaginarios como ‘semillas del Verbo’, como ‘gemidos del Espíritu Santo que sopla donde quiere’, ya que ‘la economía de la revelación se cumple con hechos y palabras trabados entre sí íntimamente…como obras llevadas a cabo por Dios en la historia de la salvación (que) manifiestan y corroboran la doctrina…y esclarecen el misterio en aquellas contenido’ (DV 2) .

Urge buscar la relación de estos imaginarios con la vida verdadera revelada, Jesucristo,  “… pues el hombre es conducido progresivamente, por esta revelación, al descubrimiento del misterio de su propia existencia a lo largo de toda la historia humana’  (DV 11) .

Benjamín Bravo

 

INCULTURACION

No habían transcurrido veinte años de la muerte y resurrección de Jesús, cuando san Pablo y sus compañeros comenzaron sus viajes misioneros y los esfuerzos por presentar  el evangelio en los nuevos ambientes. Fue en Antioquía donde “por primera vez, los discípulos recibieron el nombre de «cristianos» (He 11,26); y allí también surgieron las primeras controversias  entre los apegados a las costumbres judías y los que habían decidido reducir “las cargas” de los cristianos de origen no judío (He 15,1-35). Se suele mencionar el discurso de Pablo “en el Areópago” (He 17,16-34) como el primer texto inculturado del anuncio del mensaje cristiano.

En este intento destacan en la historia de la evangelización grandes nombres, como los de los misioneros de Gran Bretaña y los países eslavos; san Francisco Javier y Matteo Ricci en el Lejano Oriente; y en el mismo siglo, Bartolomé de las Casas, en la costa de Paria (Venezuela, 1520-1521), y más tarde en la actual frontera entre México y Guatemala (1544-1545), donde Tierra de Muerte pasó a llamarse Verapaz. Sin embargo, es claro que, en la larga convivencia de la Iglesia con la cultura grecorromana, se constituyó y consolidó un modelo, el cristianismo occidental o cristiandad. Pocos años antes de la Conferencia de Medellín (1968), la Iglesia latinoamericana, sobre todo los responsables de muchos territorios de misión, volvieron a la opción de los primeros misioneros.

Inculturación es el esfuerzo consciente por asumir las expresiones culturales de un grupo humano que no es el propio, para anunciar el evangelio. Con gran lucidez, De las Casas escribió en uno de sus textos sobre la disponibilidad y límites de cualquier cultura para expresar el mensaje cristiano, que “tan bárbaros como son ellos [los indios americanos] a nosotros [los españoles], somos nosotros a ellos”.

Como puede notarse, cuando se habla de inculturación, lo habitual es que se trate de la evangelización de grupos humanos y culturales nativos o alejados de la vida urbana, que viven en los “territorios misionales”. Pero hace ya muchos años, en Chile (el P. Alberto Hurtado, ya beatificado) y después en Francia (el cardenal Feltin), se propuso que las ciudades podían ser consideradas también como espacios de misión y, por tanto, como espacios de inculturación. Recientemente, al parecer, la Universidad Urbaniana de Roma, considera a las ciudades millonarias y más a las megápolis como misión ad gentes.

En efecto, las ciudades latinoamericanas son centros de “culturas en formación”, en ebullición constante (Cultura adveniente). Las razones son varias: 1) los nuevos mestizajes, como resultado de las migraciones campesinas; 2) la heterogeneidad de las ciudades, donde imaginario,  rituales y símbolos son sólo parcialmente comunes a todos los habitantes; 3) la repercusión de la globalización en la cultura preexistente y en la economía; y 4) el uso relativamente extendido de nuevos medios de comunicación (televisión e internet). En cada urbe se gesta una nueva cultura, desde el habla hasta la “estructura de pensamiento” (Denkform). Los agentes de pastoral urbana, aunque hayan nacido en la ciudad  donde trabajan,  deben hacer frente a nuevos desafíos: sectores humanos  y situaciones culturales inéditas. El esfuerzo de adaptación no puede ser superficial y menos acrítico. Si la cultura “propia” muestra sus limitaciones y hasta sus “estructuras de pecado”, ellas también tienen presencia, en otras formas, en la cultura urbana. Por eso, el proceso de inculturación está absolutamente vinculado al dinamismo evangelizador, y el anuncio cristiano provoca muchas veces exculturaciones necesarias, verdaderas “conversiones” en quienes viven en la ciudad.

Felipe Zegarra

 

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LENGUAJES URBANOS 17

Lenguajes urbanos y la Iglesia 18

 

 

LENGUAJES URBANOS

En nuestro tiempo la comunicación, el lenguaje y el uso de los modernos medios tecnológicos tienen un lugar privilegiado, a tal punto que han generado violentos procesos de cambio cultural en la vida de los pueblos. Hoy se sabe que quien tiene el poder de la comunicación y del lenguaje tiene los demás poderes. El más persuasivo, el que más impacta y seduce con su lenguaje es el verdadero señor del mundo actual. Ahí están para comprobarlo los publicistas, los telecomunicadores, los periodistas, los fotógrafos, los expertos en artes gráficas, los especialistas en Internet... Se diría que hay una verdadera guerra de lenguajes.

Por otra parte el interés por el lenguaje ha dado origen a  numerosas ciencias especializadas, que lo estudian como un hecho humano de alcances ilimitados. Por medio del lenguaje es posible explicar y comprender situaciones, formas de ser y comportamientos de los individuos y de los pueblos. Ciencias como la filología (historia de las palabras), la semiótica (estudio de los signos), la lingüística (la naturaleza del lenguaje), la hermenéutica (la interpretación y la búsqueda de significados), la sicología de la comunicación (los procesos, las reacciones, los impactos del lenguaje), nos hablan de la importancia del lenguaje.

El lenguaje es todo lo que sirve a la relación vital entre personas y al intercambio incesante de la vida, creando vínculos de diversa índole; tiene sus raíces en la experiencia y en el campo de la cultura; está compuesto por un conjunto de signos o códigos de interpretación de la realidad, que se aprenden y se comparten para realizar el acto de la comunicación como horizonte y culmen del encuentro entre humanos. Experiencia, lenguaje y comunicación van siempre de la mano, pero sin perder de vista que el verdadero sujeto y protagonista es la misma persona humana.

Los lenguajes puede ser diversos: los hay verbales (palabra) y no verbales (saludo), simbólicos (bandera) y racionales (fórmula química), naturales (humo) y convencionales (semáforo), ordinarios (risa) y extraordinarios (lágrimas), lógicos (demostración) y narrativos (historia), científicos (universidad) y populares (peregrinación), entre muchos otros. Lo que significa que su campo es de una amplitud prácticamente inagotable.

Los especialistas dicen que todos los lenguajes tienen una estrecha relación y llevan la marca de la cultura, la sociedad, el medio ambiente, los intereses y aun el nivel social al que se pertenece. Según esto, cada persona y cada grupo, en su lenguaje, es portador de una realidad particular y concreta que sólo a él le pertenece: sensaciones, sentimientos, afectos, emociones, percepciones, reacciones, vivencias, pensamientos, esperanzas, frustraciones, éxitos, fracasos y muchas cosas más. Un indígena, un obrero, un campesino, un intelectual expresan con su lenguaje la realidad de su vida. Pueden comunicarse entre sí, pero también pueden tener grandes dificultades para establecer comunicación amplia y profunda, aunque hablen el mismo idioma. Y esto nos hace comprender que la comunicación y el lenguaje no siempre son algo sencillo; pueden ser un problema generador de conflictos.

La ciudad tiene sus propios lenguajes. Sus habitantes llevan inevitablemente la carga vital de su realidad urbana, que desempeña siempre  un papel de fuente y de matriz:

* espacios donde se viven experiencias humanas muy intensas (estadios, discotecas, plazas, barrios, lugares típicos...);

* imágenes que concentran los grandes ideales colectivos (publicidad, espectáculos, paisajes urbanos, arquitectura, monumentos, símbolos...);

* tiempos y eventos que manifiestan el sentido de la historia (fechas conmemorativas, acontecimientos, fiestas, aniversarios...);

* movimientos que reflejan el rumbo de las luchas y aspiraciones (manifestaciones, huelgas, migraciones, transporte, deportes, mítines...);

* formas de expresión oral o escrita que dan un ritmo particular a la vida y proporcionan un sentido de pertenencia a la ciudad (modo típico de hablar, términos de moda, narraciones, historias, rumores, slogans, consignas, propagandas, publicidad...);

* personajes o grupos que se constituyen en puntos de referencia indispensable de los valores que se buscan (estrellas de la canción y del deporte, líderes políticos o populares, maestros del arte, agrupaciones de inspiración diversas...).

Ponerse en contacto con estas realidades de la ciudad es entrar de lleno en la intimidad de su vida.

Lenguajes urbanos y la Iglesia

Si la Iglesia desea proclamar la Buena Nueva a la ciudad o si pretende descubrir esa Buena Nueva en su interior, necesita aprender los lenguajes que circulan dentro de ella. Es fácil constatar las dificultades más frecuentes que tiene la comunidad cristiana:

* Su lenguaje no suele ser de los más fascinantes y persuasivos. Es más bien de otro tiempo, bastante aburrido y adormecedor.

* Existe en ella poca sensibilidad respecto del oficio de la comunicación como exigencia fundamental del ministerio pastoral, a pesar de que la Iglesia en su conjunto y los pastores en particular son comunicadores públicos, como lo fue Jesús, los profetas y los apóstoles.

* Se desconocen frecuentemente las más elementales leyes de la comunicación humana, sus procesos, sus lenguajes, sus impactos,  y se da la impresión de que entre Iglesia y cultura urbana hay un diálogo de sordos. ¿Qué es, por ejemplo, una tradicional misa dominical con pésima predicación, frente a la pasión que se desborda en un clásico de futbol o frente al clima sabroso que se respira en una discoteca?

* Hay poca familiaridad y pericia en la utilización de los modernos medios de comunicación. Son espacios temibles, censurables y llenos de peligros, pero no interlocutores del Evangelio. Las causas de esta situación pueden ser múltiples.

* Finalmente, las orientaciones y documentos sobre comunicación son abundantes, pero no parece que se hayan reflejado mucho en la práctica de la comunicación eclesial y en el papel esencial que ella tiene dentro de la acción pastoral y misionera.

La ciudad es un sujeto colectivo y su lenguaje merece dialogar con el lenguaje colectivo de la  Iglesia (moral, litúrgico, espiritual, teológico, catequético...), de tal manera que puedan existir dos interlocutores que intercambian con el mismo derecho. La ciudad es muy exigente en el lenguaje. Pide que los pastores y agentes de la pastoral estén bien atentos para no dar respuestas que nadie entiende, a  problemas que nadie tiene, dirigiéndose a auditorios que ya no existen.

Francisco Merlos.

 

MEGALÓPOLIS 18

La megalópolis y la Iglesia 19

La megalópolis y la pastoral urbana 19

MENTALIDAD URBANA 19

MITO 20

El mito y la urbe 20

El mito y la pastoral urbana 20

 

MEGALÓPOLIS

También es llamada megaciudad o megaurbe (Ciudad).  Es un conglomerado humano que tiene más de ocho millones de habitantes, número consensado en Naciones Unidas. Además de las características propias de una urbe, es eje de transacciones económicas que se realizan por medio de sistemas digitales de comunicación con redes de alta velocidad (Medios de comunicación). Se ha llegado a estos tamaños poblacionales debido a los procesos económicos, pues en la megalópolis se concentra la inversión extranjera: las transnacionales y el capital financiero. Esta dinámica fomenta estructuras policéntricas porque resultan funcionales y altamente eficaces para su funcionamiento.

En los países del Primer Mundo no es tan  frecuente este fenómeno, porque en ellos hay un desarrollo económico homogéneo y equilibrado, una mejor distribución del ingreso y la extensión de los bienes y servicios a todos los espacios del país. No así en los países subdesarrollados, en los que el crecimiento anárquico de las grandes ciudades es paralelo a los desequilibrios regionales, a la polarización económica y social y a la aparición de problemas sociales, ambientales y culturales: baste citar la demanda de servicios públicos.

Ciertamente las condiciones económicas de las megalópolis de países subdesarrollados son mejores que cualquier otra de sus ciudades del interior; en ellas se tiene mejor calidad de vida, aunque ciertamente los contrastes riqueza-pobreza son más dramáticos.  Esto trae el fenómeno de la migración, al convertirse la megalópolis en un  polo de atracción, pues en ella el migrante espera mejores condiciones de vida, acceder a la educación superior o realizar el mito que la  megalópolis representa. Pronto todo esto se desvanece y entonces el individuo pierde el sentido de la vida y experimenta la exclusión y la corrosión de su estructura familiar. “Las rutas de las zonas rurales hacia las ciudades terminan a menudo en pobreza, desempleo y decadencia social” (Joseph: 1997). Las manifestaciones de esta desintegración tienden por eso a ser más perversas en las megalópolis.

Este crecimiento desmedido ha traído como consecuencia que alrededor de los límites territoriales de las megalópolis haya crecido una mancha urbana llamada zona conurbada o metropolitana. La necesidad de la coordinación de los distintos municipios que componen esta zona es evidente. Hay que añadir a esto los llamados corredores o centros urbanos que es la conexión de la megalópolis con otras ciudades circunvecinas.

La mayoría de las megalópolis latinoamericanas, políticamente,  eran asumidas por la autoridad federal  por medio de un representante. Esto debilitó su soberanía y los derechos políticos de sus ciudadanos. Gracias a la presión ciudadana, a partir de 1980 se han dado pasos, en los últimos años, hacia su democratización. Así los citadinos han llegado a elegir a sus gobernantes. 

Dos son las formas que los nuevos gobiernos impulsan: la participación ciudadana y y el ejercicio de la soberanía democrática a través de la representación y de la participación.

La megalópolis y la Iglesia

En la megalópolis la Iglesia se juega mucho su futuro. Hay que reconocer que este fenómeno ha tomado a la Iglesia por sorpresa, de ahí que no tenga muchas respuestas no sólo en relación a la manera de evangelizarla, sino en relación a su estructura organizativa: la conveniencia o no de dividirla en  varias diócesis y con qué estatutos  a fin de  conservar cierta unidad. 

La megalópolis y la pastoral urbana

Aunque la megalópolis es la conjunción de múltiples culturas, es conveniente que la pastoral  parta, para su proyecto evangelizador, de lo que se da en llamar ‘ciudades invisibles’, es decir, conglomerados, a veces millonarios, de personas que tienen formas similares de relacionarse con la trascendencia, concretamente con la divinidad. Para descubrir estas ‘ciudades invisibles’ es conveniente usar el análisis semiótico, a fin de partir de él para la elaboración de planes pastorales.

(Resumen tomado del artículo 'Megalópolis', bajado de Internet, de autor no identificado; elaborado por Benjamín Bravo)

 

 

MENTALIDAD URBANA

Se entiende como una forma de pensar y de interpretar la vida a partir de la experiencia que concibe a la urbe como espacio vital, campo de trabajo y de lucha cotidiana  y  centro de gravedad de carácter socio-cultural, donde se llevan a cabo los proyectos humanos. La mentalidad urbana se refleja en el tipo de relaciones que se establecen, en los comportamientos y actitudes que se adoptan, en los lenguajes que se emplean, en las formas de organización que se implantan y en otras variadas expresiones de la vida.

Esta mentalidad se llama urbana a causa del entorno en que nace, distinto de otros entornos, como pueden ser, por ejemplo, el rural o el indígena. Está marcada por características que la definen claramente, entre las que cabe señalar el centralismo, el anonimato, la movilidad continua, el mayor grado de escolaridad, la pluralidad cultural, el contraste social, el rigor en los horarios y, sobre todo, el acceso a los servicios y oportunidades que brinda la técnica con sus inevitables impactos. 

Debido al poder de seducción que la ciudad ejerce sobre el resto de la población de un país o sobre una región, la mentalidad urbana suele trazar fronteras con “los de afuera” en casi todos los órdenes de la vida: económico, político, cultural, laboral, lúdico. Surgen así enormes contrastes sociales en las oportunidades, en la participación y en la convivencia.

Los moradores de la urbe suelen pensar en términos de suficiencia, de poder y de prestigio, con respecto a los no urbanos, debido precisamente a la concentración de los bienes sociales, culturales y económicos de la ciudad; esto los lleva a subestimar a quienes no viven allí,  a los que califican como aldeanos o provincianos, como sinónimos de atraso. Igualmente desde los otros espacios se contempla a los habitantes de la urbe con mirada entre respetuosa e irónica,  se les considera como arrogantes e ignorantes de realidades distintas a la urbana. Es el clásico conflicto social entre centro y  periferia.

La mentalidad urbana es un reflejo de la complejidad de la urbe: de sus contradicciones y sus conflictos, de sus aspiraciones y sus temores, de su pluralidad y su solidaridad,  de sus posibilidades y sus límites, de sus valores y sus contravalores, de sus controversias, sus consensos y sus discrepancias,  en fin,  de sus riquezas y sus miserias. El encuentro con la mentalidad urbana de una persona o de un grupo pone en relación con sus centros vitales más profundos: sus convicciones, sus motivaciones, sus criterios de acción, sus enfoques, sus códigos de comportamiento, sus interpretaciones de la vida.

Francisco Merlos.

 

MITO

Es un relato de algo fabuloso que se supone acontecido en un pasado remoto y casi siempre impreciso. Tiene dos aspectos, uno ficticio y el otro real. Lo ficticio consiste en que, de hecho, lo que dice el relato mítico, no ha existido. Lo real consiste en que de hecho lo que dice el relato mítico responde a la realidad. Es, además, el relato que  por medio de personajes e historietas conserva el imaginario de los grupos sociales. Pertenece a la categoría de la esperanza.

"Es más rico que la razón, porque no sólo es anterior a ella, sino que mueve más fuertemente a la persona a actuar. El pensamiento moderno, racional y técnico, tiende a despreciarlo, poniendo la razón, el logos, como la forma perfecta…se ha privilegiado a la razón ante el mito…en la historia habrá que caer en la cuenta de la existencia de otra dimensión aun-no-racional de la vida social.”  (Juán-Luis Pintos, Los imaginarios sociales, la nueva construcción de la realidad, Sal  Terrae, 1995, 132).

El mito y la urbe

La urbe es en sí un mito. Y esto no sólo en cuanto que es una ilusión, sino en cuanto que da cohesión a anhelos profundos que la persona humana ha intuido por siglos y ya los tiene realizados en la urbe, aunque todavía no como él quisiera. La urbe es respuesta a su propia realización plena y también anhelo nunca alcanzable, pues siempre seguirá soñando en 'una ciudad que no se acabe, sin penas ni tristezas, ciudad de eternidad' (Ciudad en la Biblia). 

Sin embargo, para las mayorías, la ciudad-mito en poco tiempo prueba lo contrario. La ilusión se desmorona y la urbe se convierte en un sin-sentido: deja de experimentarla como lugar de realización o al menos se da en la persona un sentimiento ambivalente: 'la urbe me  realiza, pero también  me destruye’. Al darse cuenta de que la urbe no le permite realizar sus anhelos vitales, la gente excluida experimenta un caos, una angustia existencial. La urbe y su dinamismo de inclusión-exclusión la sobrepasan y la obligan a recurrir no a la lógica, sino a arquetipos del pasado para dar sentido a vivir en la urbe. 

El mito y la pastoral urbana

En la pastoral se desprecia el ‘pensamiento mítico’ y se valoran en exceso los conceptos doctrinales y las enseñanzas lógicas. Sin pretender oponerlos, pues todo “lenguaje común es lógico y mítico", la pastoral urbana necesita valorar más los mitos que dinamizan grupos específicos. 

Benjamín Bravo.

 

Aun no tenemos Palabra/s
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PARROQUIA PERSONAL 20

PARROQUIA TERRITORIAL 21

Parroquia 21

La parroquia territorial 21

PASTORAL DE CONJUNTO. 22

PASTORAL INTEGRAL 23

Hacia una pastoral integral 23

El criterio fundamental 23

Otras dimensiones de lo integral 23

Amor y gracia de Dios 24

Énfasis en los sectores urbanos 24

Dinamizar las parroquias actuales 24

Creatividad para co-laborar en los sectores 24

 

PARROQUIA PERSONAL

Grupos de fieles bautizados que son agrupados en parroquias en razón del rito, de la lengua y de la nacionalidad distintas al país donde viven, o incluso por otra determinada razón (c. 518)

En la urbe, la frase “por otra razón” serían los sectores humanos más significativos y los ambientes más impactantes. Estas parroquias no están circunscritas a territorios; su territorio es toda la ciudad. Este tipo de parroquia debe ser prioritaria. Sería la forma de erigir parroquias respondiendo al tejido urbano que la misma ciudad va haciendo.

Lo ideal sería encargar el cuidado pastoral de estos sectores y ambientes, no tanto a equipos de sacerdotes, sino a equipos de laicos(as) que ya trabajen dentro del sector o ambiente que se pretende evangelizar: obreros, indígenas, graffiteros, trabajadoras domésticas, empresarios, inmigrantes, etcétera. Las personas que participan en la cura pastoral de un determinado sector humano o estructura generadora de ambientes viven lo que van a evangelizar. Son, en sus personas, resúmenes vivientes de la urbe con todo lo que esto implica,  y también testigos de su Iglesia (Evangelización).

 Esto es posible gracias al canon  517 & 2  en el que se le otorga  al laico, hombre y mujer, el derecho de   responsabilizarse de la cura pastoral - cura animarum - de sus hermanos: “Si, por escasez de sacerdotes, el obispo diocesano considera que ha de encomendarse una participación en el ejercicio de la cura pastoral de la parroquia a una diácono o a otra persona que no tiene el carácter sacerdotal, o a una comunidad, designará a un sacerdote que dotado de las potestades propias del párroco, modere la actividad pastoral”.  Con esto se otorga  a los(las) laicos(as) una diaconía como servicio que anteriormente era exclusivo del clérigo, la cura pastoral.  En razón del bautismo y la confirmación éstos(as) son aptos(as) para asumir esta tarea central de una parroquia: celebran la palabra el día del Señor presidiendo la asamblea parroquial y la liturgia de la reconciliación sin los ritos propios del orden sagrado, distribuyen la eucaristía,  administran el bautismo, asisten a matrimonio como testigos de la Iglesia, forman las iglesias de casa,  velan por la communio de las comunidades y movimientos de la parroquia, proyectan socialmente el Evangelio, organizan al pueblo en estructuras intermedias. (Pastoral social)

  El presbítero, quien es el párroco, actúa con  estos(as) laicos(as), insertos en su sector y en ambiente específico, como moderador: 

La coordinación de estas parroquias personales debería estar a cargo de vicarías sectoriales, con un nombre genérico que agrupara diversos tipos del mismo sector: por ejemplo: vicaria del pueblo de la calle; vicaria de los migrantes; vicaría obrera…

Hay que reconocer que en algunas diócesis existen ya vicarías sectoriales o funcionales. Esto es un gran paso. Sin embargo, muchas veces carecen de clero propio y de una personalidad jurídica. Esto las lleva a depender, en la realización de sus planes, de las parroquias territoriales, frecuentemente sin éxito.

Benjamín Bravo

 

PARROQUIA TERRITORIAL

Parroquia

Es la estructura pastoral que, al estar más próxima a los fieles, -“pues es, en cierto sentido, la misma Iglesia que vive en las casas de sus hijos y de sus hijas” (CHl 26)-, tiene la tarea de acercarles la vida de Dios Trinidad. Esta vida trinitaria es relación, misión, comunión y  servicio. Por lo mismo tarea central de una parroquia es buscar por todos los medios que el pueblo viva estas dimensiones divinas a través de la martyría (el testimonio), la ekklesía (la convocación), la didaskalía (la catequesis catecumenal) la litourgía (la comunión), la mistagogía (la formación de la comunidad) y la diakonía (la ministerialidad) (Catecumenado).

El CJC la describe como “una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio (c 515 & 1,  cf SC 42) ). No se insiste en la parroquia como edificio, sino en la importancia del valor comunidad. En algunos cánones se afirma que la razón de ser de la parroquia, como la diócesis, es de congregar al pueblo de Dios en el Espíritu Santo por medio del Evangelio y de la Eucaristía (cc 368,369,515,519).

 

La parroquia territorial 

Es la forma habitual de organización de una diócesis (c 518). Tiene tres tareas: dar al fiel el domicilio canónico; la evangelización del espacio territorial por medio del templo y de las iglesias de la casa y, a su vez, evangelizar el tiempo: la religiosidad recibida del pasado (Religiosidad popular) y los acontecimientos de la vida presente, a fin de lograr en sus parroquianos la adhesión a Jesucristo y la conversión del corazón.

La parroquia territorial no sobra en la urbe, pero no es respuesta suficiente. Creer que se hace pastoral urbana erigiendo más y más parroquias de este tipo es un camino equivocado. Aún las parroquias urbanas de la ciudad son grandes para favorecer las relaciones personales. No obstante, al ser la única estructura evangelizadora, es necesario agotar todas sus posibilidades.

Benjamín Bravo.

 

PASTORAL DE CONJUNTO.

La acción pastoral de la comunidad se desarrolla de acuerdo a unos principios fundamentales que le dan unidad. Igualmente se lleva a cabo reconociendo y estudiando las realidades concretas que le otorgan su legítima diversidad. La pastoral ha tenido algunas veces dificultades para armonizar su unidad con su diversidad.  En nombre de la unidad cayó en la uniformidad rígida.  En nombre de la diversidad se deslizó hacia la dispersión y el caos .

La pastoral ha ganado mucho en nuestros días con la nueva teología sobre la Iglesia, entendida como misterio de comunión. A partir de allí se han difundido las ideas de participación, de solidaridad, de complementación y de integración.  Se dice hoy con toda razón que nadie sale sobrando en la comunidad, que todos estamos revestidos de carismas y dones para la utilidad común. En concreto se resalta la presencia de los fieles laicos en la vida de la Iglesia y la valoración de sus ministerios. Es la conciencia de eclesialidad práctica que mira la pastoral como la obra común donde todo tiene relación con todo, todos dependen de todos y todos ne­cesitan de la acción de todos.

Por otro lado, existe también la sana inquietud por hacer una pastoral que responda a las necesidades reales de la gente; para lo cual se hacen análisis y diagnósticos de la realidad, se trazan objetivos, se buscan métodos y se impulsan procesos apropiados. Algunas veces la pastoral adopta formas diversas debido a las tareas especiales y ministerios que cada uno tiene en la comunidad (pastoral profética, litúrgica, social, de comunión, formativa, etc); finalmente la pastoral también se diferencia a causa de los variados carismas recibidos. El resultado de todo esto son las distintas pas­torales especializadas: juvenil, sanitaria,  familiar, indígena, urbana y otras.

Un grave problema surge cuando este conjunto de pastorales, legítimas y necesarias, se cree cada una independiente de las otras, sin relación entre sí y sin interacción,  como si cada una fuera la totalidad de la pastoral,  tomando así la parte por el todo. Esto ha sucedido en el pasado y sigue en el presente, justamente porque se pierde de vista tanto el conjunto de  la pastoral como la pastoral de conjunto, entendida como expresión culminante de la Iglesia entera que es misterio de comunión.

Lo que realmente debería preocupar a todas las pastora­les especializadas es contribuir cada una, desde su propia opción y experiencia, a la edificación común de la comunidad. De no ser así seguiremos padeciendo pastorales yuxtapuestas, contrapuestas, sobrepuestas o impuestas pero nunca pastorales de propuestas comunitarias. 

Por lo mismo es urgente partir  siempre y asumir a la Iglesia como cuerpo orgánicamente constituido. Y sobre todo vivir esta realidad en la práctica pastoral.  Es necesario tener un conjunto de pastorales especiales que respondan a los proble­mas específicos de las personas. Pero es igualmente necesario entender que toda pas­toral especializada sólo le sirve a la Iglesia si se integra en una pastoral de con­junto.

La pastoral de conjunto es la comunión, la interdependencia, la interrelación, la interacción y la articulación práctica por motivos evangélicos, de las diversas personas, ministerios, estructuras, áreas, prioridades, niveles, grupos, movimientos, programas y recursos que integran la pastoral  a fin de expresar el misterio total de la Iglesia en orden a la proclamación y realización del Reino de Dios en el mundo, en la historia y en el corazón de cada persona adoptando el ministerio pastoral de Jesús como regla suprema de toda pastoral.

La urbe en particular necesita entrar por los caminos de la pastoral de conjunto, pues numerosos factores la sustentan y la aconsejan (geográficos, socioculturales, políticos, ambientales, religiosos, tecnológicos, mediáticos, etcétera.).  La complejidad propia de la urbe, la socialización de su problemática y de sus proyectos, la pluralidad y coexistencia de las corrientes que la atraviesan, la alta especialización y el potencial de recursos que posee, la abundancia y el dinamismo de sus diversos sujetos sociales, los análisis que a diario hacen los medios, lo inútil de dar respuestas unilaterales, etc. todo eso lleva a la convicción de que la ciudad sólo puede ser abordada solidariamente por muchas voces, opciones, experiencias, capacidades, especialidades, talentos y tareas, que respeten la conciencia de identidad unitaria que viven sus moradores.

Es importante poner de relieve algunos principios básicos que sustentan la Pastoral de conjunto, especialmente en la ciudad.

* La ciudad es un todo coherente y no se puede fragmentar para servirlo pastoralmente.

* La naturaleza plural de la ciudad aconseja una pastoral bien articulada. (Pluralismo)

* La pastoral de conjunto es el objetivo primordial que ha de perseguir toda comunidad eclesial.

* La pastoral de conjunto depende de cómo veo, interpreto, siento y pertenezco a la Iglesia; lo que significa que mi experiencia de la Iglesia ha de ser amplia, rica e integral.

*En la Iglesia universal, pero principalmente en la Iglesia de la ciudad, se requiere un conjunto de pastorales (diversidad), pero también una pastoral de conjunto (comunión). Es una magnifico espacio para armonizar la necesaria unidad con la legítima diversidad.

*Toda auténtica pastoral debería ser de conjunto, pues expresa el misterio de la Iglesia en plenitud, de lo contrario es pastoral a medias. En rigor siempre es de conjunto. Hemos tenido que agregarle a la pastoral lo  “de conjunto”, porque habitualmente la hacemos olvidándonos que la Iglesia entera es el sujeto primordial de toda pastoral.

*La pastoral de conjunto es una magnífica oportunidad para la interrelación, la interdependencia y la interacción entre todos aquellos que se sienten vinculados a ella por numerosos lazos.

Francisco Merlos.

 

PASTORAL INTEGRAL

Para ubicar de un modo dinámico y renovador los “grandes retos que la ciudad está lanzando a la pastoral” es indispensable tener bien en cuenta ambos polos: la pastoral y la ciudad.

Hacia una pastoral integral

Por lo que toca a la pastoral es indispensable recordar ‑en contra de la tremenda inercia con que nos topamos en general‑ que se trata de una pastoral integral, es decir, que abarca toda nuestra vida y no sólo lo que se realiza en torno al templo o instituciones católicas. Y esto no sólo por gusto personal, para estar en la moda o para responder a inquietudes ajenas a nuestra vocación, sino por la invitación de Jesucristo mismo a participar de toda su misión.

El criterio fundamental

No sólo nos envía a celebrar los sacramentos y enseñar las verdades eternas, sino que nos recuerda el criterio fundamental de salvación: “Tuve hambre y me dieron de comer, tuve sed y me dieron de beber:..” No nos dijo “Tuve hambre y ustedes nunca faltaron los domingos a misa, tuve sed y ustedes se sabían muy bien el credo...” El priorizar el amor afectivo y efectivo, las ‘obras de misericordia corporales’, no es ‘onda de unas teologías secularizantes’; sino que está señalada por el mismísimo Hijo de Dios que nos enseñó a atenderlo y reconocerlo en los necesitados y pobres.

Desde el comienzo de su ministerio, Jesús encargó a sus discípulos ‑como práctica del anuncio del reinado de Dios‑ que curaran a los enfermos y expulsaran a los demonios. Nos recuerda que lo fundamental de toda la Biblia (la Ley y los Profetas) es el doble amor inseparable a Dios y al prójimo y nos lo ejemplifica en la acción misericordiosa de un ‘impío’ samaritano que sí se detiene a atender al asaltado por los ladrones y no como los encargados del templo... (¿Sería muy infiel traducirlo actualmente como obras de justicia?)

De modo que todo lo que ahora llamamos orientaciones de la doctrina social de la iglesia y agrupamos en la (fantasmagórica) pastoral social, no son obras de supererogación para el tiempo que nos quede libre, sino que deben estar en el centro de nuestro trabajo evangelizador.

Otras dimensiones de lo integral

Cierto también, como advierte la Evangelii Nuntiandi siguiendo otras enseñanzas del único maestro, que una evangelización integral incluye necesariamente el anuncio explícito de toda la persona, la vida y el misterio de Jesús el Cristo y nos conduce a la formación de la comunidad de seguidores de Jesús y a la celebración sacramental; pero es claro que tenemos que revisar la jerarquización de estos diversos aspectos ‑tanto en la teoría, como sobre todo en la práctica‑ a la luz de la palabra y las obras de Jesús mismo.

Antes del Vaticano II la gran prioridad era una sacramentalización un tanto precipitada, con muy escaso kerigma y catequesis. A partir del concilio, se ha ido propiciando más el conocimiento de la Biblia y se han generalizado pláticas presacramentales de diversa profundidad. Y más recientemente las programaciones de muchas diócesis y parroquias incluyen también la pastoral social. Pero si examinamos qué porcentajes de nuestro personal, tiempos y recursos dedicamos a cada una de las tres pastorales ¿qué prioridades reales encontraremos? Este proceder tiene razones teológicas y económicas que hemos de revisar.

 

Amor y gracia de Dios

Lo que recordé más arriba sobre lo fundamental de toda la Biblia, tanto de la antigua como de la nueva alianza, el amor, nos da la clave para una mejor comprensión de la vida de la gracia y de su vinculación con los sacramentos. Se afirma con razón que la gracia es un don gratuito de Dios, pero muchas veces no se aborda en qué consiste. Ahora si, como Jesús enseña y Juan lo resume en su primera carta, Dios es amor, entonces lo fundamental de la vida que Él nos regala ha de consistir precisamente en la capacidad de amar; de un modo semejante al de Jesús, superando en mayor o menor medida el pecado que es egoísmo, odio, rencor, injusticia, mentira, envidia... Entendida la esencia de la gracia como el amor que proviene de Dios llega a nuestros corazones y los hace capaces de amar, vemos que los sacramentos tienen una relación estrecha con ese amor divino-humano; pero no tienen la exclusiva, Dios nos comunica su gracia también por otros muchos medios. Y así hemos de dar a los sacramentos su verdadera importancia, sin exagerarla ni disminuirla.

El otro factor que influye no tiene tanta tradición teológica, pero sin duda también tiene su peso en la práctica. Cierto que ‑tal como está organizada actualmente la parte económica‑ los ingresos en buena medida dependen de la administración de los sacramentos; pero eso no constituye una razón determinante, sino más bien un reto que superar: buscar otras fuentes de financiamiento.

Hemos, pues, de esforzarnos porque la evangelización sea integral articulando adecuadamente las obras efectivas del amor y de la justicia, en particular hacia los más necesitados, con un anuncio luminoso e inspirador de la persona y el mensaje de Jesús y la vivencia significativa y alentadora, eclesial y sacramental de la fe y el seguimiento.

 

Énfasis en los sectores urbanos.

En lo tocante a la manera de entender la urbe, hemos constatado que la dinámica de los diversos aspectos de la vida es muy variada, que el lugar donde se habita constituye sólo un polo vital y que hay otros muchos en torno al trabajo, el estudio, el descanso, la cultura, la política, la comunicación, etc. A la zona de habitación responde tradicional y canónicamente la parroquia territorial; pero lo propiamente urbano, cualitativa y cuantitativamente ‑que son los sectores nombrados‑ requiere de una atención múltiple y creativa. Sin embargo, la mayor parte de nuestros esfuerzos pastorales giran en torno a la parroquia territorial. Por eso vamos a insistir aquí en la pastoral sectorial (Parroquia personal).

 

Dinamizar las parroquias actuales

Para transformar pastoralmente la misma parroquia territorial, hay dos líneas básicas: coordinación entre las parroquias limítrofes e impulso misionero.

Es indispensable superar la mentalidad de cotos cerrados de los que cada párroco es el dueño. Hay que abrir la mente y el corazón y aprender a trabajar en equipo entre los sacerdotes mismos y también con los laicos en espíritu de servicio fraternal, en particular con las parroquias más cercanas, ampliándose en círculos concéntricos. En muchas diócesis ya se han creado los decanatos y las vicarías (o sus equivalentes), pero aún falta para que la coordinación entre ellas verdaderamente funcione.

Por otra parte, es ya general el reconocimiento de que no ha contentarse con lo hecho en los templos y capillas; sino que se requiere un impulso misionero que salga a buscar a las personas en sus lugares de encuentro: casas, esquinas, espacios deportivos, mercados... A ello ha ayudado en múltiples experiencias una adecuada división en zonas, sea por tipo de habitación o por número de habitantes. Y tener la sensibilidad para captar el punto de interés aglutinante, sea “social, catequético o litúrgico”, e intentar el método apropiado para llevar adelante el proceso evangelizador (Sectorización, Iglesia de casa).

 

Creatividad para co-laborar en los sectores

Lo que se refiere a los sectores es mucho más variado y amplio. Ante la imposibilidad de abarcarlo todo, habría que tener dos preferencias: los grupos con mayor influjo dentro de la sociedad y los que padecen una mayor necesidad. Entre estos últimos grupos podemos encontrar dos situaciones:  cuando haya quienes estén intentado una solución o cuando el campo esté completamente abandonado. Entre los primeros, nos encontraremos de ordinario con organizaciones más o menos desarrolladas. Cuando ya hay procesos en camino no se trata de inventar otro, sino de ver la manera de dialogar y/o colaborar con los que ya existen (Organizaciones populares y civiles)

Quizá en estos casos el interés más espontáneo de los grupos, incluso en marcha, sea de tipo “social”. Hay que procurar entonces que siga avanzando por los senderos de una auténtica justicia y democracia; con la doble disposición de aprender de ellos cuando cuenten con una mayor experiencia y de dar nuestro aporte con el lenguaje mejor inculturado. Y si ellos perciben en nosotros lucidez, constancia, generosidad... tal vez nos pregunten y entonces tengamos una ocasión más propicia para “dar razón de nuestra esperanza”, y complementar así el proceso evangelizador con el anuncio expreso de la fe en Jesús (Lenguajes urbanos. Inculturación)

Incremento de los agentes de pastoral.

Seguramente al captar la importancia y urgencia de estos campos de pastoral relativamente nuevos, sentiremos nuestra limitación para atender lo que ya llevamos y emprender nuevas labores. Como ya dije antes, es necesaria una jerarquización mejor iluminada teológicamente de los recursos con que ya contamos. Pero eso no bastará, es necesaria la multiplicación y capacitación de nuevos agentes de pastoral.

Este reto de movilización invita a las congregaciones religiosas tanto femeninas como masculinas a recuperar la creatividad de sus orígenes; y también a los presbíteros diocesanos a profundizar su espiritualidad y sus estilos de servicio y organización. Y constituye una oportunidad y desafío en particular para la/os laicos que se desenvuelven de lleno cotidianamente en esos sectores. Un posible semillero de laica/os más plenamente evangelizadores son los grupos de una pastoral parroquial dinamizada. Sin embargo, como es patente por todo lo ya apuntado, no se trata de una tarea fácil; se requiere de una suficiente preparación teológica y sobre todo pedagógica.

En efecto, los retos son enormes y de largo plazo. Ante ellos no podemos responder de inmediato, pero sí hemos de empezar a dar los pasos que nos acerquen procesualmente hacia la meta anhelada.

 

Sebastián Mier SJ

 

 

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TESTIMONIO 25

TESTIMONIO

“¿Cómo vivir el Evangelio sin testimoniarlo? Imposible. Los cristianos, ante todo, no creemos en una doctrina, sino en Alguien. La fe no consiste en el asentimiento intelectual de un conjunto de verdades, sino en un modo de vida, al estilo de Jesús. Así, la tarea evangelizadora, hoy más que nunca, sobre todo en un contexto de crisis de los meta-relatos, debe estar respaldada por el testimonio -¡hablar de Dios sin palabras!-. Mostrar a Dios a través de un modo de ser, de las conductas y de la acción propiamente dicha y no simplemente demostrarlo a través de una evangelización adoctrinadora. La búsqueda de horizontes de sentido, desafía a los cristianos a un testimonio de santidad” (324).

“El testimonio cristiano nace de un discernimiento que entraña la inteligencia, es decir, de una lectura creyente de las realidades de este mundo. Ser testigo es más que cumplir los mandamientos. Ser testigo implica mirar con lucidez las necesidades del mundo en que vivimos y poder ofrecerle un "producto" genuinamente cristiano, una respuesta que apunte directamente a Cristo, de quien somos testigos” (358).

“Evangelizar no es incorporar las personas a la Iglesia, sino encarnar el Evangelio en los ambientes. Sin inserción, respeto y diálogo con las culturas y sus sujetos, la evangelización no será más que un proceso de sometimiento y colonización” (326).

“Una actitud evangélica, por parte de la Iglesia, es dejar a Dios ser Dios y sumarse a todos los creyentes y personas de buena voluntad en la búsqueda de aquella respuesta que da el Evangelio a las nuevas preguntas que se presentan (335). La respuesta la tiene el Evangelio y no la Iglesia, del cual también ella es discípula. Los cristianos comparten el mismo destino de la humanidad. Por eso, diálogo y disposición a aprender de los demás es también testimoniar la fe” (336).

“En un mundo globalizado, la carencia y vacío de experiencia de pertenencia convoca a la Iglesia a dar un testimonio de comunión, a ser una comunidad de fe, esperanza y caridad. Un mundo fragmentado, insolidario, discriminante y excluyente, desafía a los cristianos, desde el Evangelio, a un testimonio de solidaridad, a una reinvención de las formas más adecuadas de vivencia de la caridad en el corazón de la historia. Si la tarea evangelizadora no estuviera respaldada por el testimonio o vivencia de aquello que se predica, no pasará de retórica, vacía y engañosa” (325). (Citas tomadas del documento “Los Desafíos a la Nueva Evangelización ...en el Contexto de la Globalización Mundial”, CELAM 2002)

Alfonso Vietmeier 

 

 

UNIDAD HABITACIONAL 26

URBE 26

UNIDAD HABITACIONAL

Es un conjunto de viviendas construidas en forma casi siempre vertical, cuyo régimen de propiedad es condominal, es decir, cada propietario tiene un derecho singular y exclusivo de propiedad sobre su departamento o local y, además, un derecho de copropiedad sobre las partes comunes del inmueble. Es un tipo de vivienda típico de la urbe y empieza a serlo de las ciudades medias.

A cada vivienda se le llama condominio o departamento. Éste es una habitación que cuenta con 5 paredes delgadas, que son a su vez las mismas paredes de la vivienda colindante; aún la sexta pared, donde está la puerta, está muy cerca de la pared del vecino, realidad que impide la privacidad. A esto se añaden las barreras imaginarias que crea el mismo condómino. Estas situaciones obstaculizan la evangelización en pequeñas comunidades dentro de la misma unidad habitacional. El tipo de iglesia de casa más adecuado es la celebración dominical en espacios abiertos.

Benjamín Bravo.

 

URBE

Es el término que se usa para enfatizar que un conglomerado humano, además de estar formado por una cantidad considerable de habitantes - que merece por lo mismos ser llamada ciudad -,  posee otras características que, al interactuar, generan un tipo peculiar de persona a la que se le da en llamar sujeto urbano o persona urbana. Este  hecho  obliga al agente a plantearse la necesidad de implementar en dicho lugar una específica  pastoral urbana..

 Entre estas características pueden enumerarse las siguientes: la urbanización, no sólo primaria (agua potable, drenaje, luz, pavimento…), sino secundaria (bancos, supermercados, transporte adecuado, universidades…), y terciaria (internet, TV cableada, centros de investigación, centros financieros…), la industrialización, la tensión capital (patrón) -  trabajo (obrero), las relaciones  secundarias -el quehacer- son más importantes que las relaciones primarias: las familiares y vecinales -la vivienda, el barrio-, ser punto de inmigración, la multiplicidad de razas –pluralismo cultural-, las variadas ofertas de realización humana y religiosa (supermercado religioso), la tolerancia -discriminación- entre los diferentes, la existencia de sectores humanos -obreros, vendedores ambulantes, prostitutas…-numéricamente significativos, tener |centrales de comunicación (radiodifusoras y canales de televisión, periódicos…), el hecho de que dicha ciudad sea generadora de ambientes hacia fuera del propio territorio.

En América Latina existen conglomerados humanos con cientos de miles de habitantes, pero sin las características antes dichas. En los países del Primer Mundo en cambio existen pequeños poblados con estas características que, por lo mismo, generan un ser urbano. Por esto se dice que en estos países toda la sociedad es urbana (Megalópolis. Ciudad media. Medios de comunicación social)

Benjamín Bravo.

 

 

VIDA NOCTURNA 26

La pastoral de la vida nocturna 27

VIOLENCIA 27

La violencia y la religión 27

VISITA DOMICILIARIA 27

VIVIENDA 28

Vivienda y Pastoral Urbana 28

 

VIDA NOCTURNA

Es la actividad laboral, cultural y de esparcimiento que se realiza en la ciudad, generalmente, a partir del final de la jornada diurna hasta el inicio del nuevo día.

La primera comprende servicios de limpieza, pavimentación, vigilancia. La actividad cultural nocturna -conciertos, conferencias, actos literarios, artísticos, estéticos- es considerada como cultivo  del espíritu.

Sin embargo, lo que realmente se conoce como vida nocturna es aquella que propicia la diversión, el esparcimiento y el desahogo sexual. Su característica común es el deleite, el placer, la lujuria. La ciudad reserva para este propósito determinadas zonas en las que se multiplican plurales ofertas desde sexoservidoras(es), pasando por sexo vivo, hasta el espectáculo insinuante que busca excitar los sentidos. Los medios masivos, sobre todo la prensa, tienen una sección para este tipo de espectáculos. La propaganda turística ofrece un menú para disfrutar la vida nocturna. La inversión económica que en esta vida se despilfarra es alta; se habla así de una. ‘economía libidinal’.

En años recientes han tomado fuerza, entre la juventud acomodada, los espacios cerrados llamados antros; y para los jóvenes sin recursos económicos ciertas calles y macroplazas. En unos y otros, además de bailar, el joven tiene la posibilidad del ligue, de ingerir alcohol y droga y de actuar sin inhibiciones. Cada expresión tiene distinto nombre:  reventón, fiesta,  raves, concierto, tíbidi

 

La pastoral de la vida nocturna

La noche siempre ha sido relacionada al peligro, al amor, al pecado. La Iglesia ha mostrado muy poco interés en el pastoreo de la vida nocturna en sus tres dimensiones: laboral, cultural y libidinal.

Por regla general, el horario del pastor clérigo, que trabaja en la ciudad, termina mucho antes de que inicie la vida nocturna. Muy pocos son los presbíteros para quienes la cura pastoral se intensifica entre las 8 pm. y la medianoche, único tiempo del que el laico dispone, en días laborables,  para las reuniones de las iglesias de casa y de los sectores humanos.

No es por demás reconocer que la formación pastoral que se imparte en los seminarios no contempla la vida nocturna.  Las prácticas pastorales se centran en la mañana y en la tarde, no así en la noche, mucho menos  en la madrugada.

Esta falta de preocupación por la vida nocturna de parte del presbítero ha llevado a los laicos -a quienes corresponde la evangelización de ésta- a un total desinterés por evangelizarla.

 

Benjamín Bravo.

 

 

VIOLENCIA

La violencia es una fuerza injusta. Es la manifestación desnuda, burda y primitiva de la agresión, se conforma con la emoción, el sentimiento y la voluntad. Es exclusivamente humana. La violencia se remonta a la aparición del ser humano. Sin embargo, la evolución de la especie no hubiera sido posible sin la cooperación física y racional de los miembros de la misma. Afirman los etólogos que el ser humano carece de impulso natural al homicidio, aunque sí es capaz de aprender a matar a otro, por eso se requiere de la inhibición social para controlar su conducta. Es decir, el ser humano no está “naturalmente” diseñado para ser violento pero si se lo propone, puede ser cruel e inhumano. Esto es, el deseo de agresión no es una función propiamente neurológica sino cultural .

El hombre como “animal político” ha evolucionado desde las primeras organizaciones tribales hasta la conformación de las grandes urbes. Las sociedades complejizadas de tal modo, aparecen a los ojos de sus habitantes como una “selva de asfalto” donde es necesario hacer gala de dotes de fuerza y agresión para sobrevivir. Es así que, en las ciudades, se conforman las nuevas tribus que dan identidad a sus moradores. Véase el comportamiento de los jóvenes en las bandas, de los automovilistas como subespecie motorizada, de los vendedores ambulantes en la defensa férrea de su lugar, etcétera. Esos grupos y muchos otros van conformando una ”neurosis colectiva de victimización”: como tribu, cada una es posible víctima de las otras tribus es necesario estar siempre a la defensiva.

La sobreexplotación de la tierra y las pésimas políticas socioeconómicas en las urbes desatan una lucha encarnizada por el territorio, sea como vivienda, trabajo, punto de venta, espacio en el transporte, etcétera. Aunque muchos investigadores sitúan el imperativo territorial como una herencia evolutiva, el consenso actual manifiesta que son las condiciones de hacinamiento y miseria las que engendran la hostilidad y la violencia.

 

La violencia y la religión

El factor religioso, cuando se fanatiza, engendra racismo y xenofobia. En innumerables ocasiones se invoca la defensa de la divinidad para justificar la agresión a los otros, a los paganos. Un análisis fenomenológico de acciones evangelizadoras o, francamente proselitistas de algunas confesiones, mostraría interesantes rasgos de “cruzada” por la defensa de su fe. Sin embargo, el factor religioso puede también constituir un poderoso elemento que otorgue sentido a la vida urbana inmersa en la insatisfacción y la angustia. La religiosidad otorga trascendencia al individuo que se ha anclado en la inmanencia que conduce a la dependencia autodestructiva y de los demás.

Como una totalidad compleja, la conducta humana ha de estudiarse desde diversos enfoques: la biología, la psicología, la cultura y la historia ayudarán a comprender la violencia  de modo más cabal.

 

Rosario Espinoza Martínez

 

VISITA DOMICILIARIA

Es sin duda una de las acciones pastorales que la Iglesia católica tendría que asumir con más empeño, sobre todo en la urbe y en la megalópolis. Desgraciadamente hasta ahora no se le ha dado la importancia debida. Si la Iglesia católica se ha centrado frecuentemente en la etapa de la celebración de los sacramentos, las sectas protestantes lo han hecho en la etapa de la visita domiciliaria. Los resultados de uno y otro énfasis están a la vista.

El Código recuerda esta obligación  (529 & I).  Este ministerio es uno  de los más importantes, si se quiere iniciar una revitalización de la parroquia territorial,  por medio de una sectorización, a fin de formar  Iglesias de casa . 

Aunque existen varios tipos de visitas -la informativa, la participativa, la kerigmática y la concientizadora-, sin embargo, parece que en la  urbe, la visita  más efectiva es la que busca descubrir, en un territorio o sector  humano,  personas abiertas a lo católico o al menos a lo religioso (Parroquia personal).

Por persona abierta se entiende aquel adulto o joven-adulto, hombre o mujer, que abre al visitador su puerta, le pone atención, le da un poco de su tiempo y, a veces, hasta muestra disposición a unirse al proyecto que se le presenta. Entonces el responsable contacta a estas personas abiertas, auténticos 'granos de oro', con el fin de reunirlos y proponerles el plan de trabajo de que se trate,

Benjamín Bravo. 

 

VIVIENDA

La migración del campo a la ciudad y la misma migración interna -crecimiento poblacional- dentro de las colonias tradicionalmente de alta densidad poblacional, dan por resultado una escasez severa de vivienda y la consecuente sobredemanda.

Solamente la clase media y la clase alta logran conseguir una vivienda.  Para la  clase popular se ofrecen dos caminos: a) para los que tienen empleo, el INFONAVIT e INFONAVISSTE con toda la tara de corrupción e influyentismo que esto supone; b) para los que carecen de estos derechos, luchar en una organización popular. 

Ésta, casi siempre, da los siguientes pasos: invadir terrenos baldíos para su posterior regularización (Asentamiento irregular), en las que se dan experiencias de presión - resistencia - negociación; b) conseguir créditos por medio de organizaciones que colectivamente negocian;  esto hace crecer a su vez nuevas formas de relaciones sociales y de expresiones culturales simbólicas (Símbolo).

Debido a la política neoliberal de los últimos 20 años (Globalización) con sus “ajustes estructurales”, la lucha inquilinaria ha tomado nuevas vertientes: la lucha contra el desalojo y contra el alza de la renta. 

Estas dos luchas han creado, a su vez, nuevas articulaciones entre organizaciones vecinales.  

Vivienda y Pastoral Urbana

Una razón clave para por la que la Iglesia se tiene que hacer presente en esta esfera es  que a ella compete la promoción y defensa de los derechos humanos: “…toda persona tiene el derecho a un nivel de vida adecuado que le asegure, así como a su familia, la salud y el bienestar, y en especial la alimentación, el vestido, la vivienda...” (Art 25 de la Declaración Universal de los DDHH).

Y por estar ubicada la vivienda dentro de una parroquia, a ella toca, en su evangelización, despertar este interés, motivar a organizarse a aquellas familias que carezcan de ella y apoyar aquellas organizaciones vecinales cuya lucha es precisamente conseguir vivienda.

Alfonso Vietmeier

 

Aun no tenemos Palabra/s
Aun no tenemos Palabra/s
Aun no tenemos Palabra/s
Aun no tenemos Palabra/s

AA       Apostolicam Actuositatem, 1965

AG       Ad Gentes, 1965

c          canon

Cf        Consulta a

CIC      Catecismo de la Iglesia Católica

CJC     Código de Derecho Canónico, 1983

CT       Catechesi Tradendae, 1979

  Del Encuentro

  Carta Pastoral del Episcopado Mexicano, ‘Del Encuentro con Jesucristo a la Solidaridad con todos, 2002.

DGC     Directorio General de Catequesis

DP        Documento de Puebla (III Conferencia del CELAM), 1979

DV       Dei Verbum, 1965

EA        La Iglesia en América

EN        Evangelii Nuntiandi, 1975

FC        Familiaris Consortio, 1981

GS        Gaudium et Spes, 1965

Med     Documento de Medellín (II Conferencia del CELAM), 1968

OA       Octogesima Adveniens, 1971

OT        Optatam Totius, 1965

PDV      Pastores Dabo Vobis, 1992

RICA     Rito de Iniciación Cristiana de Adultos, 1976

SD        Santo Domingo (IV Conferencia del CELAM), 1992

SRS      Sollicitudo Rei Socialis, 1987

UC       Constitución Apostólica sobre las Universidades Católicas, 1990.