El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

El contenido de esta página requiere una versión más reciente de Adobe Flash Player.

Obtener Adobe Flash Player

Fieldset colapsables [DevTroce]

Jornada "El Kerigma Urbano"
  • Jornada "El Kerigma Urbano"
  • Material de Lectura
  • Video

Jornada de Pastoral Urbana 

“El Kerigma Urbano”

13 de julio de 2013

Objetivo:

Se trata de continuar con lo reflexionado en el Encuentro 2012 y avanzar sobre mejores prácticas Kerigmáticas.

Tiempo del Encuentro:

Comienzo a las 9.30 hs. y terminamos a las 19.00 hs.

Esquema del Encuentro:

 

Sábado 13 de julio

Mañana

· Oración de comienzo.

· Presentación del Encuentro.

· Memoria de PUBA.

· Memoria del  Encuentro 2012.

· Trabajo por diócesis.

· Plenario.

· (Primera parte de la reflexión)…

 

Almuerzo.

Tarde

· Seguimos reflexionando sobre el kerigma en tres talleres.

    • Video disparador.
    • Nueva reflexión sobre tres tipos de Kerigmas.

· Trabajo por grupos en tres talleres.

· Plenario.

· Misa de cierre.

Fieldset colapsables [DevTroce]
EL KERIGMA URBANO (Reflexiones a partir de las conclusiones diocesanas del Encuentro 2012)

Jornada de Pastoral Urbana 

“El Kerigma Urbano”

13 de julio de 2013

 

EL KERIGMA URBANO

(Reflexiones a partir de las conclusiones diocesanas del Encuentro 2012)

Jorge Eduardo Scheinig[1]

 

Debemos hacer una distinción no menor entre “kerigma en la urbe” y “kerigma urbano”.

La primera proposición podría estar haciendo referencia a un contenido estático propuesto en el contexto urbano, pero como si dicha realidad no ejerciera ninguna influencia en la naturaleza misma del kerigma. Sería lo mismo anunciarlo en la ciudad o en el ambiente rural.

El segundo enunciado, intentaría asumir las particularidades contemporáneas de las dinámicas urbanas y potenciar actualizando tanto el contenido del kerigma como sus mediaciones.[2]

 

Éste ha sido el enorme desafío del Encuentro de Pastoral Urbana 2012 de la Región Buenos Aires: reflexionar sobre la novedad del kerigma urbano.

 

Reflexión pastoral realizada dentro de la perspectiva más amplia que nos ofrece la pastoral urbana y en este sentido, vale la pena hacer un poco de memoria y decir que las 11 Iglesias Particulares de esta región eclesiástica: Avellaneda – Lanús, Buenos Aires, Gregorio de Laferrére, Lomas de Zamora, Merlo - Moreno, Morón, Quilmes, San Isidro, San Justo, San Martín y San Miguel, vienen realizando desde el 2006 una serie de encuentros en los que se fue articulando un tipo de reflexión, que sin llegar a conclusiones clausuradas va alcanzando algunas líneas de pensamiento estimulantes para un camino pastoral situado en la urbe.

 

Mucho ha contribuido el documento de Aparecida, que en sus números 509 al 519, realizó un aporte significativo a la pastoral urbana convirtiéndola ya no en una pastoral específica sino en una pastoral abarcativa, integral y transversal. En el futuro, la pastoral de una ciudad se llamará pastoral urbana.

 

La Pastoral Urbana Región Buenos Aires (PUBA) fue generando su propio marco reflexivo con algunas coordenadas orientadoras como ser: por un lado incorporar nuevas claves interpretativas de la realidad de la ciudad, por otro, procurar alcanzar nuevas actitudes pastorales modificando antiguas prácticas, también una serie de criterios que ayudan al discernimiento evangélico - pastoral y finalmente proponer un modelo de acción pastoral pluriforme.

 

A su vez y dentro de ese gran marco referencial, se fueron trabajando a lo largo del tiempo, los siguientes ejes temáticos:

 

o    Dios vive en la ciudad, la ciudad vive, la Iglesia vive en la ciudad.

o    Impulsar una pastoral urbana y no pastoral “en” la urbe.

o    Una mirada antropológica y sociológica del fenómeno urbano.

o    Una nueva manera de contemplar la urbe.

o    Los imaginarios urbanos.

o    Las ciudades invisibles.

o    Una actitud “simpática” con la vida de la ciudad y no “antipática”.

o    Un modelo de acción pastoral pluriforme o plurimodal.

Deseo destacar y como un hecho determinante, que en los Encuentros de PUBA se ha procurado siempre, hacer una experiencia de “salida a la ciudad”, que colaboró para hacer un tipo de reflexión pastoral situada y no puramente teórica y de distancia con la realidad.

De esta manera se trató de facilitar tanto la contemplación de la urbe —verla, pero también escucharla, olerla, tocarla y gustarla— como el encuentro con la vida y las personas desconocidas que habitan y transitan la ciudad.

No me cabe la menor duda que no se hubiesen alcanzado los mismos frutos, como los que resultaron en cada Encuentro, si sólo se hubiese favorecido un espacio para la teorización de cada tema. Además, como los participantes son agentes pastorales con mucha experiencia y ejercicio práctico, la salida por la ciudad y fundamentalmente el encuentro con personas desconocidas, reavivó la propia memoria experiencial, la estimuló y la ordenó, proveyendo una luz y un enfoque nuevo para razonar los contenidos de la pastoral urbana.

Finalmente y como fruto de estos 6 años de camino, debemos decir que la PUBA va logrando visualizar la necesidad de situarse eclesialmente en la urbe, pero de una manera nueva.

 

Volviendo al tema del Kerigma sabemos que algunos teólogos y pastoralistas están realizando aportes muy fecundos aunque sin la especificidad de lo urbano.[3]

La riqueza de lo que presentaré más abajo, consiste en que se trata de una reflexión realizada por agentes de pastoral (laicos, religiosos y sacerdotes) que por el interés de una mejor evangelización de la ciudad, se animaron a revisar —desde la experiencia pedagógica y los ejes temáticos planteados más arriba— la pastoral de la Iglesia situándola adentro de una comprensión nueva del complejísimo fenómeno urbano.

Tomando entonces las conclusiones a las que arribaron los participantes de las diócesis en el Encuentro 2012, me pareció oportuno optar por un ordenamiento temático, aunque es muy claro que podría hacerse otro distinto

Comienzo por resaltar las ideas que hacen referencia a las actitudes eclesiales y pastorales necesarias para el kerigma urbano, porque me interesa hacer una justa valoración del estilo y de la pedagogía pastoral que muchas veces olvidamos y postergamos a ser como un apéndice de la acción.

Lo actitudinal, el estilo, la pedagogía pastoral que la comunidad eclesial utilice para el kerigma, está en profunda correspondencia con una mística pastoral, es decir, con un modo de vinculación con el Espíritu y con la realidad. No es algo previo, una especie de antesala, se trata de un espíritu, una chispa, una cualidad que permanece, que envuelve y que determina a todo el kerigma urbano.

Luego pasaremos a la necesaria palabra kerigmatica, palabra pronunciada y simbolizada. Aquí hay una serie de ideas muy creativas que van caracterizando y especificando al kerigma urbano.

Por último, nos detendremos en las propuestas de acción significativa, gestual y simbólica, que nos insertan en el mundo de lo vincular y que nos reta a formas pastorales concretas, nuevas e inéditas.

Es de resaltar la importante sintonía que la 11 diócesis de la región tienen sobre el tema, pero también particularidades y acentos que vale la pena señalar.[4]

 

  1. Actitudes eclesiales pastorales

 

Es importante subrayar un primer pensamiento que actúa como una llave de entrada:

 

“Estamos convencidos que el Señor ha puesto en la historia, en las personas y en el mundo ‛semillas de su Verbo’. La cultura en que vivimos es activa, por eso queremos estar atentos y abiertos a los signos que nos revelan el pasaje de Dios y también la cultura de la muerte que atenta contra la misma vida de las personas”.[5]

Y es por este motivo, que “el kerigma urbano toma en cuenta las características de la cultura urbana, que es multicultural e intercultural”.[6]

 

Lo propiamente urbano del kerigma, no es el resultado de un pensamiento abstracto o elaborado en un escritorio, depende de una actitud claramente contemplativa, en donde todo el ser del evangelizador se involucra para detectar el lugar sensible para el anuncio kerigmático, que resultará ser: a todo hombre, a todo  el hombre, varón y mujer que vive en la ciudad y muy especialmente los más pobres y vulnerados que son los que la ciudad excluye injustamente, desconociendo su dignidad humana, pero que necesitamos visibilizar, o mejor, contemplar.

 

“Habiendo contemplado el rostro de Jesús que  se funde entre aquellas miradas cautivas de dolor, en los caminantes de la ciudad, en los trabajadores cansados, en los niños sin techo, en las familias en situación de calle, pudimos desde  allí ver al amado Jesús que camina en medio de su pueblo; aunque muchas veces sea invisible a muchas miradas”.[7]

“Necesitamos usar el lenguaje corporal y mirar”.[8]

 

Esta visión y convicción tiene  incidencia directa en una eclesiología práctica o aplicada:

 

“Para no vivir como una Iglesia que muchas veces se cierra en sí misma, creemos bueno generar oasis espirituales que tengan en cuenta las necesidades intermedias de las personas, respondiendo a lo que les preocupa”.[9]

Y con diferentes términos se siguen destacando actitudes fundamentales:

“Valorar diferencias y diversidad generando encuentro, creando vínculos, cuando hay presencia no hay distancia”.[10]

“Mensaje que incluya a todos, entregado en medio de un diálogo, un intercambio, con alegría, cercanía, coraje, compromiso, respeto, coherencia”.[11]

“Despojarnos de los preconceptos personales y abrirse a lo nuevo. Dejarse cautivar, enamorar de la realidad del otro. Establecer una escucha que exprese cariño y entrega. El objetivo central es de encontrar el OTRO en el otro”.[12] 

“Ante la contemplación de realidades de soledad, de necesidades, especialmente de ser  amado y ama, el kerigma es una respuesta de amor donde el otro se sienta más digno al saberse querido. Incluye en su contenido  sentir paz. El kerigma debe ser un OASIS. Necesita del encuentro casual o provocado, de la cercanía, del dialogo, de la escucha atenta, paciente y  fraterna. Para que haya Kerigma debe haber un corazón convertido, un discípulo y testigo de Jesús que exprese, que viva, que experimente la compasión como Él nos enseñó por eso e kerigma debe estar atento a los signos de los tiempos y  rescatar las semillas que ya están. Los cambios de época no tendrían que empobrecer nuestro espíritu. El anuncio debe estar abierto y dispuesto a responder nuevas preguntas que puedan ser difíciles o incómodas”.[13]

“Pide ruptura de barreras. Está en todos, no es propiedad nuestra. Exige el conocimiento del otro, cercanía, relación, abrazo. Pide salida de uno mismo para encontrarse con el otro. Vínculo, presencia. Lo predispone el saludo, el presentarse con nombre y el diálogo”.[14]

“Una clave es despojarnos del ‛yo’ para ser ‛nosotros’. La escucha y la mirada debe ser renovada para generar un nuevo contacto. Mirar más a los ojos y tener una presencia atenta al otro. El kerigma es encuentro con amor, es acogida. Es desde la pobreza de ser rescatados, ser capaces de dar testimonio que Alguien viene a rescatarnos”.[15]

Iremos a encontrar a las personas ‛saliendo de nosotros’ hacia su libertad, reconstruyendo los vínculos, sanándolos. Salir del yo para tener una experiencia del otro como momento del encuentro con Dios. Deberemos recuperar la imagen del otro como persona, tomándonos el tiempo para dialogar y escuchar, poniéndonos a su disposición, superando los prejuicios hacia lo y los diferentes. Seremos misioneros en medio del mundo con categorías de visitación”.[16]

“El Kerigma se realiza en el compartir y en el dialogo. Se da un enriquecimiento mutuo. Se va dispuesto a dar y a recibir”.[17]

 

Finalmente, el fundamento de estas actitudes, de este estilo y de esta mística pastoral, de la que los evangelizadores deben constituirse en portadores, viene dado por una viva inserción en Cristo:

 

“Queremos estar atentos a que Cristo sea el fundamento de la vida del evangelizador de manera tal que no sea para quien anuncia ‛solo una idea a transmitir’, sino un camino a recorrer. Debemos ir generando el encuentro con su Persona, yendo, saliendo hacia el otro, dejándonos guiar por el Espíritu Santo”.[18]

Por eso “el anuncio no esta hecho por especialistas sino por testigos y por este motivo, todos pueden participar de la transmisión del Kerigma”.[19]

“El anuncio kerigmático incluye despertar nuestra  mística, el gusto interno de compartir con los demás”.[20]

“Es muy bueno que la Iglesia sea la que pregunte siempre y primero: ¿Cómo estás? Sintiéndose así, hermana de todos”.[21]

 

En PUBA estamos reflexionando sobre un tipo de espiritualidad,[22] que nos ayude a ser - estar más y mejor ubicados en la urbe sin necesidad de experimentar en ella ser tragados y/o despojados de nuestra condición de discípulos – misioneros.

Desde ésta búsqueda, es muy relevante la sugerencia a una oración animada por el Espíritu de Jesús:

“La primer herramienta es la oración. El kerigma nace de la oración. Jesús nace en el corazón no de los doctores, sino de los pobres”.[23]

  1. La palabra kerigmatica

En el Encuentro se abordaron tres temas sustanciales como son: “el kerigma en las Sagradas Escrituras”, “el kerigma en su relación con la catequesis y la misión” y “las características existenciales de la persona urbana”; sin embargo, los frutos de la reflexión no resultaron en orden a especificar cuál es el contenido y cuáles son las palabras precisas del kerigma urbano.

Los participantes han intuido que es vitalmente necesario actualizar el mensaje y contenido  del kerigma como así también adecuar las palabras que lo transmite.

En este sentido, ha resultado significativa la valoración de lo simbólico y de los símbolos concretos para su transmisión, prevaleciendo “el testimonio” personal y eclesial, como una clara síntesis entre palabra y símbolo. Cada cristiano y cada comunidad, se convierten en palabra viva del Viviente.

Desde aquí y para pensar la palabra kerigmática, surge un primer interrogante:

 

“Teniendo en cuenta que anunciamos la Buena Noticia, nos deberíamos preguntar si las personas están esperando una salvación… o ¿qué están  esperando? Por eso el kerigma debe ser una respuesta a las situaciones existenciales de las personas,  una buena noticia para su vida, una noticia que dé sentido. Es noticia que valora la dignidad, que tiene en cuenta el tiempo, el ‛momento oportuno’, el momento especial…”[24]

 

Algunas características:

 

“Es Buena Noticia en obras y palabras de AMOR que provocan un cambio hacia el encuentro con Dios. Evidencia la dignidad de hijos de Dios desde el amor. Es un anuncio corto, preciso, que cambia la vida, que suscita alegría. Es el anuncio de Jesús RESUCITADO y de la vida plena en él”.[25]

“Vitalmente actual. Significativo para cada ser humano, al responder a sus inquietudes actuales y necesidades intermedias. Atractivo y movilizador. Revestido de bondad y cercanía. Bello, gustoso, ‛amoroso y cuidador’, fuente de luz, personalizador”.[26]

El kerigma urbano es un anuncio gozoso y esperanzador  que te cambia la vida”.[27]

“Mensaje hecho carne. Es un compartir aquello, Aquel que transformó mi vida: Jesús. Anuncio lo que vivo porque lo creo. Reciprocidad del Anuncio, nos evangelizamos juntos”.[28]

Contiene Amor y Felicidad. En algún momento, aunque imprescindible, no alcanza sólo lo testimonial; pide el anuncio explícito del que vive entre nosotros. Debe ser dicho en un lenguaje de hoy, secular, cotidiano, sencillo, cercano.”.[29]

“Nuestra labor será presentar el Evangelio en forma atractiva, proponiendo la belleza de la persona de Jesús y jamás imponiéndolo. El anuncio del kerigma debe ‛claro y sencillo, pero luego se debe poder reflexionar sobre lo anunciado y vivido.”.[30]

 

La Arquidiócesis de Buenos Aires viene desarrollando misiones callejeras con kerigmas muy claros, atractivos y movilizadores tanto en su contenido, como en sus formas de presentarlos: afiches, teatralizaciones en las calles, bendiciones a los transeúntes, grupos que anuncian con el canto, con gestos.

Posibles mensajes kerigmáticos:

ž   Vos sos importante.

ž   Vos vales.

ž   No estás solo.

ž   Hay alguien que te quiere.[31]

 

Siempre, estos mensajes están acompañados de imágenes oportunas y que también hablan, expresan, orienta, y explicitan el contenido conceptual.

 

  1. La acción significativa,  gestual y simbólica

Los participantes del Encuentro avanzaron sobre las formas de presencia en la ciudad llegando a una serie de criterios que sin llegar a ser propuestas concretas, nos orientan y ayudan para despertar la creatividad pastoral relacionando acción concreta, signos y gestos.

 

“Definimos el kerigma como el dar una buena noticia’, saliendo, involucrándonos, poniendo a la gente en situación de encuentro; que sea con afectos y superando prejuicios.

Aun así vemos que la gente necesita signos concretos en medio de su historia de vida, por eso saldremos con los signos exteriores de la presencia de Dios.

El vínculo será el signo más eficaz del Amor”.[32]

 

“Fuertemente marcado por la visitación y el camino (en la calle).

Su lugar es el público, el de todos y una característica fundamental es estar a la par.

Se expresa más en gestos que en palabras.

No tiene ni tendría que tener espacio ni horario determinado.

Es camino del vivir cotidiano y debemos estar siempre listos para darlo y recibirlo. Debe ser el elogio de la lentitud: paciencia”.[33]

 

“El kerigma que antes era escrito hoy lo experimentamos más  verbal, pero no debe quedar en prédica. La gente necesita más afectividad que doctrina, necesita un kerigma que sea  contacto con el otro”.[34]

“Tiene un carácter misionero, se realiza fundamentalmente fuera del templo, allí donde se encuentra la gente. Es un Kerygma realizado no solo con la palabra sino con signos y con gestos que expresen la presencia y el amor de Dios”.[35]

 

Esta serie de criterios y sugerencias dejan planteadas preguntas que debemos responder:

 

ž   ¿Cuáles son los signos kerigmáticos más atractivos para presentar en la ciudad?

ž   ¿Qué tipo de símbolos evocan y hacen resonar la memoria cristiana colectiva?

ž   ¿Cuáles son los signos-símbolos que provocan a una búsqueda atractiva de Jesús?

ž   ¿Qué signos-símbolos desafían, facilitan e invitan a religarse con Dios y con los otros?

ž   ¿Cuáles son hoy los signos del Amor de Dios y de la fraternidad humana?

ž   ¿Cuáles podrían ser símbolos más permanentes, cuáles más ocasionales?

 

Aquí conviene estimular nuestra creatividad pastoral y decidirnos a generar propuestas concretas. Mucho y variado ya se viene haciendo: generación de imágenes en carteles y  afiches callejeros, iconografías en lugares públicos, emitas de la Virgen y de Santos, peregrinaciones, bendiciones en lugares de alta concentración de personas, la carpa misionera, etc. Y también hay experiencias valiosas en el mundo cibernético y de la web.

¿Cómo podremos mejorar nuestra acción significativa gestual y simbólica? ¿Qué es lo que demos actualizar por medio del lenguaje simbólico? ¿Cómo?

Este es sin duda un muy buen lugar para el diálogo con los comunicadores, que saben cómo transmitir mensajes claros, cortos y ocasionales.

  1. Reflexiones posteriores pero no finales

A la luz de los valiosos aportes del Encuentro podemos preguntarnos con nueva claridad:

¿Qué es el kerigma urbano?

Descubro tres tipos de Kerigma Urbano:

A.    El encuentro personal.

B.    Acciones relámpago, ocasionales, momentáneas, de sorpresa.

C.    Acciones sociales permanentes.

Mientras que el primero sale hacia el otro, persona o grupo, encarando, provocando el encuentro, las preguntas y el anuncio explícito,  muy de acuerdo a su situación existencial, el tercero busca provocar que nos hagan las preguntas.

El segundo es un modo que intenta combinar las dos anteriores.

 

A.    El Kerigma Urbano al modo del encuentro personal

Una posible definición de este estilo de kerigma podría ser:

 

“Es el anuncio corto, claro, sencillo e impactante de la Buena Noticia que es Jesucristo, proclamado testimonialmente, para el cuidado de la vida, la salvación, la liberación y la dignificación de las personas y/o grupos en su situación existencial y que transitan - habitan la urbe”.

 

Detengámonos un instante en algunos puntos que expliciten mejor esta apretada síntesis.

 

  1. La situación existencial

 

En PUBA hemos advertido y reflexionado —a la luz de Aparecida—[36] que en la ciudad se vive una nueva realidad: los habitantes de la urbe estamos atravesados por la multiculturalidad.

Resuenan en nosotros muchas voces con propuestas de sentido para la vida. Voces, palabras, signos, símbolos, rituales y liturgias seculares que ofrecen un relato, un imaginario,  un quicio, un lugar donde apoyar la vida y que exigen un tipo de fe y confianza por parte de aquel que necesitado anda buscando de dónde agarrarse para encontrarle sentido a su vida y a lo que le acontece.

En el fondo de cada una de estas propuestas puede haber una incipiente Semilla del Verbo inconsciente, luminosa y orientadora hacia las búsquedas de un sentido trascendente y pleno de la vida. Estaríamos frente a un primer momento de una serie de momentos vitales y graduales que hay que saber descubrir en los interlocutores ocasionales.

En cada persona que habita la ciudad, muy estimulada por no pocos factores, hay deseos, apetencias, anhelos y una sed genuina que debemos saber detectar y reconocer.

Al mismo tiempo, hay experiencias sentidas de fragilidad, de vulnerabilidad y de pobreza existencial. Frente al dolor, el sufrimiento,  la frustración, el fracaso y la muerte se agudizan las preguntas existenciales.

Todos éstos, los gozos y las esperanzas, las fatigas y la desilusión, son los lugares propios para la proclamación del Kerigma.

 

La ciudad aparece en la vida de los ciudadanos ofreciendo múltiples propuestas y respuestas y no por arte de magia sino con intencionalidad e interés. Algunas de ellas, ayudan a un sano proceso de cuidado de la vida y dignificación de las personas y con esas invitaciones tenemos muchas posibilidades de acordar y caminar juntos.

Pero la ciudad también tiene ofertas para vaciar la existencia. Algunas son ofertas groseras y evidentes, otras sutiles, refinadas y perspicaces, pero todas éstas son trampas para la dignidad de la persona y de la sociedad y con ellas debemos tener una actitud evangélica, profética y de desenmascaramiento, una actitud que por momentos se vuelve contracultual.  En este sentido el kerigma urbano plantea otro estilo de vida.

Una fuerte característica de la ciudad es la generación de profundas y constantes ambivalencias, vividas además en una dinámica rápida, acelerada, de tiempos cortos o sin tiempo, vertiginosa, instantánea, atropelladora y que llaman a un sano y fino discernimiento pastoral.[37]

 

  1. Pasos en la proclamación del Kerigma

El kerigma es un primerísimo momento dentro de un proceso evangelizador y pastoral más complejo y completo, más integral y que comprende otros momentos. El kerigma, por ser un primer acto evangelizador es como las columnas de un edificio, como la puerta de entrada a una casa. Un buen kerigma marca para siempre, cambia la vida.

Si el kerigma impacta en el corazón, se convierte en una primera experiencia fundamental y fundante de una relación con Dios y con los otros, que será capaz de sortear futuras barreras y obstáculos en el camino de la fe.

Debemos ser conscientes que en algunas personas estamos sembrando una pequeña semilla, como la de mostaza, que puede crecer hasta ser un árbol frondoso. Y en otras re-avivando el fuego en las brasas que parecen apagadas.

Al hablar de pasos, intento proponer una guía, un mapa, algunas coordenadas como para no perdernos en el mundo nuevo del encuentro con personas a las que deseamos anunciar por primera vez, o como si lo fuera, la Buena Noticia de Jesús.[38]

ü Primer paso: la actitud

Es necesario que el evangelizador que desea ser una voz nueva, esperanzada, alegre, sencilla, humilde, fuerte y comprometida entre las voces de la ciudad, acierte con sus modos y sus actitudes para que el encuentro sea verdadero y en la verdad del amor.

No puede transmitirse la Buena Noticia del Evangelio sin actitudes evangélicas. Actitudes semejantes a las de Jesús en sus encuentros casuales con las personas diferentes.

Frente a cada persona y cada situación, en ese encuentro entre personas, encuentro de vidas, la misericordia y la ternura deben ser como el aire que se respira.

Todas las actitudes destacadas por las diócesis, son necesarias para una experiencia de kerigma urbano humilde y  de cordial fraternidad.

La actitud, el modo del evangelizador, es en sí mismo una palabra que habla, que proclama.

ü Segundo paso: ubicarse en la existencia del otro

Es esencial saber ubicarse en la circunstancia vital del interlocutor, muchas veces ambivalente. Este saber ubicarse, es una sabiduría que viene del Espíritu que envía y que introduce en la situación y en el momento oportuno.

Es el Espíritu de Dios el que nos ubica en el tiempo y en el espacio del encuentro. El encuentro kerigmático no es un encuentro casual y  aun siendo provocado proviene del Espíritu de Dios al que nada se le escapa y es Señor de la misión de la Iglesia.

Es el Espíritu el que nos re-ubica para saber caminar en sintonía, al ritmo del otro, simpáticamente (en su mismo padecer) y no antipáticamente.

Es fundamental detectar cuál es el campo y cuál es la semilla, es decir, cuál es el verdadero reclamo o anhelo existencial y circunstancial y cuál es el mensaje oportuno para ofrecer de manera clara, sencilla, corta e impactante, de tal manera que cambie la vida generando curiosidad, interés, atracción y adhesión a la persona de Jesús y su Evangelio.

Posiblemente aquí está el talante original del kerigma urbano, la exigencia de descubrir exquisitamente y con máxima ternura el momento existencial del otro, para que dentro de las voces de la ciudad resuene una voz nueva y luminosa que viene a encarnarse en la situación vital del otro.

ü Tercer paso: la transmisión explícita de un contenido evangélico

La delicadeza del evangelizador que piensa en el bien de su interlocutor y no en cumplir con objetivos propios o con algún tipo de obligación moral o pastoral, es la que le dice interiormente si es el momento o no de pronunciar una palabra más atrevida, distinta, explícitamente religiosa y evangélica.

En cuanto al contenido del mensaje podríamos ensayar la siguiente formulación:

“Déjame que te comparta algo personal y esencial para mí: yo también busco el sentido de mi vida y lo hice en muchos lados. Yo también estoy lleno de preguntas, pero te abro mi  corazón y te comparto que he encontrado un camino en el que me siento bien, cuidado y con vida.

No me es fácil hablar de esto, pero te aseguro que lo siento y lo creo.

El camino del que te hablo no son recetas que me digan que hacer en cada circunstancias de mi vida.

El camino es una Persona que está viva. Yo la siento muy viva, camina a mi lado, nunca me abandona, está. Se llama Jesús.

Te invito a que alguna vez te acerques a Jesús.

Te invito a que pongas con mucha confianza tus manos en sus manos.

Te invito a que confíes en él.

Yo confío, le creo, tengo fe en Él y en su mensaje. Sé por experiencia propia que Jesús libera, salva, sana.

Creo que lo que hizo por mí, lo hará por vos. Estoy seguro de su Amor por vos, por mí, por todos.

No hacen falta muchas palabras, solo que tu corazón confíe en él.

Te puede parecer extraño, pero anímate a hacer un momento de silencio, mirá tu corazón, mirá toda tu vida y ponela en el corazón bueno y manso  de Jesús.

Lo que hablamos, lo que me contaste que te alegra… o preocupa… o te angustia… ponelo en las manos del Señor Jesús”.

 

Estamos haciendo así un acto primero y fundamental de fe.

Fe personal y eclesial, porque en ese instante, envueltos en el kerigma, se activa y pone en movimiento mi fe y la fe del otro, pero dentro del misterio de la Iglesia que sostiene la fe de todos los creyentes.

Ningún acto de fe es privado, puede hacerse en lo privado o en lo público, pero siempre es fe de la Iglesia.

En un acto de fe krigmático, casual, callejero, privado, público, rápido, incómodo, etc, pero están máximamente involucrados tanto el evangelizador, el interlocutor ocasional, como el Espíritu de Dios y su Iglesia. Y el protagonismo absoluto de todo ese momento es de Dios. El nuestro es protagonismo real, pero relativo al de Dios, hace referencia a ÉL.

ü Cuarto paso: Invitar a hacer una oración

La oración es seguir en la dinámica del encuentro pero incluyendo ahora de manera explícita al Dios que está presente.

Es un momento fuerte porque es explícitamente religioso y de profunda devoción.

Podría comenzar con preguntas como estas:

¿Querés que hagamos ahora una oración a Dios?

¿Me dejas rezarle a Dios por vos?

Y hacer una oración muy breve y espontánea pidiéndole a Dios sentidamente por esa persona.

 

Puede resultar muy valiosa otra pregunta:

¿Rezarías vos a Dios por mí?

Y si la persona está dispuesta, dejar que rece por uno.

 

De esta manera se intensifica el encuentro y queda en  evidencia que estamos ambos confiando en el Dios que escucha a todos y que la oración de cada uno por los otros es muy valiosa en toda circunstancia.

Esta es también una acción eclesial. Aquí está la Iglesia invisible. Estamos haciendo un acto de fe que para nada es individual, sino un acto comunitario, aunque no lo digamos ni seamos conscientes de que es así, de que somos y está allí la Iglesia reunida en Su Nombre.

ü Quinto paso: invitar a seguir en el camino

Es muy importante dejar la puerta abierta invitando a seguir en el camino.

Nos encontramos frente a un desafío mayúsculo, porque: a dónde invitar, a qué comunidad, a qué Iglesia.

Sabemos por experiencia que no es nada fácil integrar a otros a las comunidades y mucho más cuando son desconocidos. Pero mientras trabajamos por la conversión pastoral de la comunidades parroquiales, al mismo tiempo invitamos a ser parte de la comunidad eclesial, muy conscientes que es el Señor el que completará la obra que él mismo ha comenzado,[39] y lo hará con esa persona, por caminos tan misteriosos como los que uso con nosotros. Aquí también debemos confiar que la semilla sembrada por Dios por él mismo será cuidada.

Podría decirse:

 

ž   Te invito a que te acerque cuando quieras a alguna Iglesia para rezar. Cuando veas un templo abierto, metete y reza un instante.

ž   Si te interesa profundizar en la amistad con Jesús, no dejes de hacerlo. Seguí buscando. Lee la Biblia, la Palabra de Dios, sin miedo. Comenzá por uno de los evangelios.

ž   Si necesitas recibir algún sacramento, acércate a alguna parroquia.

ü Sexto paso: despedirse cordialmente

La despedida debe expresar la intensidad del momento vivido:

El abrazo o saludo cordial. El agradecimiento por el momento vivido. Mirarse a los ojos. Despedirse con la confianza y el reconocimiento que ese encuentro ha sido valioso para ambos y que Dios lo ha querido así. Nos encontramos porque Dios lo quiso.

Puede ser muy provechoso terminar con un gesto simple de bendición haciendo la señal de la cruz en la frente del interlocutor mientras se le die: “Que el Señor te bendiga a vos y todos los días de tu vida”, u otro deseo similar.

  1. La flexibilidad del camino

El camino - esquema que he presentado intenta ser una herramienta concreta y de ayuda para aquellos que se sientan impulsados a la proclamación del kerigma.

Debe ser flexible, adaptado a cada persona, momento y circunstancia.

Depende de la habilidad y la capacidad empática de cada evangelizador.

Pero todos necesitamos mapas y guías que nos orienten y sostengan en el camino, especialmente cuando son caminos nuevos, desconocidos.

El esquema presentado desea ser una guía que cada evangelizador adaptará a sus propias experiencias y necesidades.

Deseo destacar que más allá de la seriedad, la rigurosidad o la exactitud en la realización de los seis pasos en su conjunto y de cado uno de ellos en particular, sí es muy importante asumir una actitud, un modo, un estilo y un espíritu que de vida a este u otro orden o esquema que se proponga.

Necesitamos prepararnos eclesialmente y personalmente para un mejor encuentro que facilite la proclamación del kerigma urbano.

 

Hasta aquí, he tratado de explicitar un tipo de Kerigma Urbano en el que partiendo de la situación existencial del interlocutor, “se despiertan” en él, aquellas potencialidades religiosas presentes en su corazón y que mucho han sido sembradas por una catequesis social o por la tradición familiar o cultural.

 

Debemos indagar desde otra perspectiva, qué posibilidades tiene hoy el misionero o testigo cristiano para suscitar la fe en los citadinos que se encuentran alejados de la persona de Jesús y  del acontecimiento de una fe cristiana, mucho porque no han participado de un nacimiento a la primera fe, al bautismo;  ni tampoco  de un crecimiento catequético, ni de la vida parroquial y sacramental, pero mucho más, por la fractura con una catequesis social, cultural y de tradición.

 

¿Es posible provocar la fe o inquietar interés religioso en estas personas? ¿Cómo?

 

Un camino pastoral posible podría ser el de intentar despertar una pregunta, un interés, una atracción, un estímulo en aquel que ve y palpa a un testigo y/o misionero o a una comunidad misionera.

No se trata entonces de hacer nosotros las preguntas, sino, que se las haga el sujeto destinatario del kerigma y a través de una acción pastoral provocativa e inquietante.

Aquí, el anuncio explícito viene después que el sujeto interlocutor  se acerca a preguntar y al que puedo responderle humildemente algo así: “yo obro de esta manera, porque he descubierto en Jesús y en su evangelio una manera distinta de vivir, de ser, de entender, de obrar”.

 

Dos posibles modos de acciones pastorales:

B.    Acciones relámpago, ocasionales, momentáneas, de sorpresa.

C.    Acciones sociales permanentes.

 

B.    Acciones relámpago, ocasionales, momentáneas, de sorpresa.

 

En cuanto a este tipo de acciones pastorales, pienso en todas aquellas en las que ya vamos haciendo una fuerte experiencia: “gestos  misioneros”, “salidas callejeras”, “misiones barriales”, “carpa misionera”, “carpa de la Virgen”, etc.

Se trata de un conjunto de acciones ocasionales,  que causan sorpresa y cuestionan a los muchos destinatarios que las ven, oyen  y experimentan. Se espera que dicha acción-relámpago les evoque y haga resonar en ellos el amor, la fraternidad, la misericordia, la ternura, la solidaridad. Es ciertamente un tipo valiosísimo de kerigma urbano, momentáneo pero inolvidable, o de cierta permanencia, aunque en algún sentido escaso para producir con él un proceso de conversión. 

También, puede resultarle dificultoso a una persona laica, que a nivel de ciudad es desconocida y cuya identidad es débil en lo público, pues se viste de manera normal, y no con la identidad fuerte que da el hábito. Resulta muy importante y necesaria la acción de la comunidad, en la que un número considerable de testigos – misioneros laicos, juntos, despliegan acciones significativas: reparto de estampas, anotación de intenciones, cantos, presentación de la imagen de la Virgen o de algún santo, escucha, etc.

 

C.    Acciones sociales permanentes.

Cuando me refiero a este tipo de acciones, deseo señalar un conjunto de acciones pastorales llevadas adelante especialmente por laicos.

Es posible que el espacio en el que más se los identifica sea en la calle o en las calles cercanas a su domicilio.

Entonces: ¿qué tendría que hacer el testigo con su vida para que impacte en el círculo reducido del territorio donde vive que es en definitiva donde “más o menos” lo conocen? 

 

Algunas oportunidades:

 

·         Mostrar con hechos que es un tipo de “vecino” distinto al común de los vecinos: es un vecino que une vecinos, vecino que vela por la seguridad vecinal, por el cuidado de la naturaleza, por el embellecimiento de la calle (iluminación, limpieza, organización de fiestas tradicionales),  por su disposición a poner al servicio de los vecinos alguna habilidad que tiene.

 

·         Un vecino que crea o coordina una organización vecinal en función de lo solidario, lo ecológico, lo humano, lo cooperativo, lo reivindicativo, sea con sus mismos vecinos o en forma supravecinal (organización civil).

 

·         Un vecino que es miembro de una organización ya existente.

Esto provoca en quien ve lo que hace el vecino testigo, la pregunta de “porqué hace lo que hace” de manera voluntaria y desinteresada. Es entonces cuando da testimonio, da razón de su fe, explicando que cree en Jesucristo y lo que ha cambiado su vida por Él y por su Evangelio, como así también, gracias a las prácticas concretas de solidaridad. Esto es una acción kerigmática que facilita en el sujeto interlocutor un proceso de conversión.

 

Resumiendo: en el primer modo, el misionero o testigo toma la iniciativa para anunciar el kerigma a las personas que se encuentra de manera fortuita en la movilidad de la urbe. Es muy útil para ejercitar al agente urbano en el anuncio fuera del templo a fin de que descubra la necesidad de hacerlo como actividad de un cristiano(a). Logra superar el miedo y la vergüenza; define y ejercita un kerigma verbal y simbólico qué el mismo explicita.

El segundo modo, se trata de un tipo de kerigma que intenta invitar a las personas a un encuentro más permanente con Jesús, su evangelio y su comunidad, la Iglesia. Se hace por el testimonio comprometido de un misionero-testigo que decide anunciar con su vida cotidiana expuesta.

 

  1. Insistir

Indudablemente el tema está abierto y la pastoral urbana tiene como desafío principal revisar en qué consiste una evangelización completa de la ciudad.

El kerigma urbano asumido eclesialmente y de manera innovadora, puede ser la puerta de entrada al nuevo mundo de la ciudad que requiere ser visitada con la Buena Noticia del Evangelio.

Debemos interesarnos en conocer más y mejor las necesidades, los anhelos, los imaginarios, las angustias, las tristezas, en fin, la realidad de los habitantes de las grandes ciudades. Pero mucho más, necesitamos aprender a interpretar desde Jesucristo resucitado la realidad de la urbe, inteligencia que consistirá en un verdadero discernimiento evangélico y pastoral.

Después, demos sí seguir en la búsqueda creativa de un mejor y más adaptado lenguaje, un modo o estilo más adecuado, una pedagogía y unos métodos más actualizados y formas pastorales apropiadas y oportunas para la transmisión de la fe, aunque nada suplantará el valor del testimonio personal y eclesial que ofrece por sí mismo el primer anuncio de Jesucristo y el clima más favorable para avanzar en los siguientes momentos del ciclo evangelizador.

En todo caso, con ánimo y sentimientos semejantes a los de Pablo, hay que saber insistir siempre: “Yo te conjuro delante de Dios y de Cristo Jesús, que ha de juzgar a los vivos y a los muertos, y en nombre de su Manifestación y de su Reino: proclama la Palabra de Dios, insiste con ocasión o sin ella, arguye, reprende, exhorta, con paciencia incansable y con afán de enseñar”.[40]



[1] Es miembro del equipo regional de pastoral urbana, PUBA; párroco en la diócesis de San isidro, provincia de Buenos Aires y licenciado en Teología Pastoral.

[2] Esta fuera de los alcances de éste artículo hablar de las nuevas dinámicas urbanas y existe variadísima bibliografía al respecto. Mucho han aportado a esta reflexión los Encuentros de Pastoral Urbana que desde el año 2006 viene haciendo la Región pastoral y eclesiástica de Buenos Aires, como así también el “Primer Congreso Regional de Pastoral Urbana: J.M. Bergoglio, G. Söding, C. Galli, V. Azcuy, J. Seibold, J. Mancera casas, J.E. Scheinig, Dios en la Ciudad, Buenos Aires, San Pablo, 2012.

[3] X. Morlans, El primer anuncio. El eslabón perdido, Madrid, PPC, 2009; J. Gevaert, El primer anuncio, Proponer el Evangelio a quienes no conocen a Cristo. Finalidades, destinatarios, contenidos, modos de presencia, España, Sal Terrae, 2004; J.A. Vela, sj, Evangelizar de nuevo. El kerigma cristiano en un mundo roto, Bogotá, Edición: Facultad de Teología Pontificia Universidad Javeriana, 2010.

[4] Las propuestas de los participantes de cada diócesis son textuales y estarán entre comillas, haciendo referencia a quiénes las formularon.

[5] Diócesis de San Justo

[6] Diócesis de Quilmes.

[7] Diócesis de Gregorio de laferrere.

[8] Diócesis de San Isidro.

[9] Diócesis de San Justo.

[10] Diócesis de Avellaneda Lanús.

[11] Arquidiócesis de Buenos Aires.

[12] Diócesis de Gregorio de laferrere.

[13] Diócesis de Merlo – Moreno.

[14] Diócesis de Morón.

[15] Diócesis de San Isidro.

[16] Diócesis de San Justo.

[17] Diócesis de Quilmes.

[18] Diócesis de San Justo.

[19] Diócesis de Quilmes.

[20] Diócesis de Merlo – Moreno.

[21] Diócesis de San Isidro.

[22] Previo al Encuentro para reflexionar sobre el Kerigma Urbano, los agentes de pastoral participaron en una serie de charlas dictadas por Maximiliano Herraíz, sacerdote de la orden de los carmelitas descalzos, experto en los escritos de Teresa de Jesús y de San Juan de la Cruz. En sus disertaciones se plantearon temas relacionados con una espiritualidad urbana.

[23] Diócesis de San Isidro.

[24] Diócesis de Merlo – Moreno.

[25] Diócesis de Lomas de Zamora.

[26] Diócesis de Lomas de Zamora.

[27] Diócesis de Merlo – Moreno.

[28] Diócesis de San Martín.

[29] Diócesis de Morón.

[30] Diócesis de San Justo.

[31] Arquidiócesis de Buenos Aires.

[32] Diócesis de San Justo.

[33] Diócesis de Morón.

[34] Diócesis de Merlo Moreno.

[35] Diócesis de Quilmes.

[36] Documento de Aparecida: 58, 509 a 514.

[37] Uno de los textos más interesantes para saber qué es el discernimiento evangélico es el que se encuentra en la Exhortación Apostólica Postsinodal Pastores dabo vobis, de Juan Pablo II, 1992, nº 10.

[38] X. Morlans, o.c. propone siete pasos: 1. Experiencias positivas, 2. Experiencias negativas, 3. La memoria histórica cristiana, 4. La racionalidad del acto de fe, 5. Núcleo kerigmático: el anuncio de lo que Jesús ha hecho por todos y por el destinatario concreto a quien se dirige el mensaje, 6. Invitación a la aceptación personal de Jesús como salvador, 7. Oferta del itinerario de (re)iniciación cristiana de adultos. (103 – 130).

[39] Filipenses 1,6.

[40] 2 Timoteo, 4,2.


MOMENTO DIOCESANO

Jornada de Pastoral Urbana 

“El Kerigma Urbano”

13 de julio de 2013

­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­­

MOMENTO  DIOCESANO

 

Objetivo:

 

Se trata de continuar con lo reflexionado en el Encuentro 2012 y avanzar sobre mejores prácticas Kerigmáticas.

 

Momento Diocesano: (45 minutos)

 

ü Luego de una breve presentación de los participantes…

 

ü  Algunas preguntas disparadoras como para seguir creciendo en clave de CONVERSIÓN PASTORAL:

 

·         ¿Qué aporto el Encuentro 2012 a la reflexión y a la práctica del Kerigma Urbano?

 

·         ¿Cuáles fueron las nuevas miradas y perspectivas sobre el Kerigma Urbano?

 

·         ¿Cuáles son nuestras dificultades a la hora de llevar adelante el Kerigma Urbano?

 

 

ü  Es necesario que alguien tome nota, para compartir en el plenario los principales resultados a los que ha llegado el grupo.

 

ü  Transcribir en una hoja con letra clara y entregar al grupo coordinador de PUBA

 

TRABAJO POR DIOCESIS

 

Diócesis de Avellaneda Lanús

 

Aportes del Encuentro 2012

·         Hermanos de la parroquia Ntra. Sra. Del Valle de Lanús hicieron una experiencia en noviembre del año pasado. Nos compartieron su emoción, sorpresa, tanto para ellos como para quienes los recibieron. Salieron como “desnudos”, sin imágenes, estar solo dispuestos a recibir al otro. Fue un desafío vencer la presión interna, dejando un poco de lado el modo “tradicional” de misionar.

·         Algunos miembros, que no participaron anteriormente de estos espacios, a través de lo escuchado de los participantes se sintieron motivados y entusiasmados para comenzar a participar.

 

Ideas fuertes compartidas:

·         Ir al encuentro del otro.

·         Escuchar, dejar actuar a Dios

·         Decir “Sos importante para mí, ¿qué necesitas? “

·         El Encuentro representa “ aire nuevo”

·         No se trata de un método, sino de un cambio de mentalidad

·         El kerigma es el encuentro con el otro

·         Aceptar la diversidad hacia afuera y hacia adentro.

·         Concretamos el asado kerigmático

·         Contamos con espacio en el Consejo Diocesano de Pastoral y en la Junta Diocesana del Apostolado Laico

·         La PUBA es un espíritu. Cuidado con caer en convertirla en una nueva estructura.

·         Hay que dejar actuar al Espíritu

·         No hay evangelización sin kerigma.

·         En agosto/septiembre: misión diocesana que se realizará en Villa Corina, habrá una carpa de PUBA.

 

Arquidiócesis de Buenos Aires.

 

Vicarías Devoto y Flores.

·         Conocer y caminar nuestro barrio. Mapa jurisdiccional marcando lo que hay en el barrio: geriátricos, escuelas, sociedades de fomento, casas tomadas etc.

·         Ir al encuentro de la gente de la calle, con la imagen de la Virgen de Lujan, nos sentamos en una plaza o esquina y las personas se acercan.

·         En fiestas importantes (Pascua, Navidad), salimos con los jóvenes a timbrear, dejar estampas y programas.

·         Inyección de energía. Nos permitimos abrir nuestra mente y acciones, sobre todo de la comunidad parroquial.

·         Visitamos instituciones, centros de jubilados, centros culturales, nos abrimos a nuestra pequeña comunidad.

·         Con la inundación tuvimos la oportunidad de la apertura para ayudar a los damnificados.

·         Logramos vínculos a partir de Misas en las calles; breves, pero efectivas. Logramos el seguimiento de un grupo de gente.

·         A partir del conocimiento de la Pastoral Urbana y el “salgan” de nuestro papa Francisco, se nos abrieron los ojos para reconocer las dificultades del barrio.

·         Ministerio de la escucha, somos taxistas católicos y en el asiento de atrás tenemos una imagen de la Virgen y un cuaderno para anotar intenciones y oraciones. Se reza por ellas en la Misa del fin de semana.

·         Cercanía versus hipocresía. La Pastoral Urbana nos hizo dar cuenta de  dos situaciones vivenciales.

·         Nos permitió estar atentos a lo que pasa a nuestro alrededor. Nos sentimos más receptivos a la problemática del barrio

 

Vicaria Centro

 

Lo que se hizo:

·         Misiones permanentes en Estación Constitución, Once, Costanera Sur, organizadas por una parroquia encargada de un día y una noche de una carpa de misión, contando con la participación de las demás parroquias.

·         Misas en la estación Constitución de 25 minutos, las personas que transitan, ya las reconocen y participan de las mismas y se buscan y se quedan charlando después.

·         Algunas parroquias realizan las actividades de los grupos puertas afuera de la parroquia.

·         Se hace presencia concreta, no proselitismo.

Que no se logró:

 

·         Las acciones si bien diversas siguen siendo promovidas por los pastores, faltando la generación de espacios de dialogo de los laicos para que dejen de ser acciones aisladas para tener una coordinación que la potencie.

Vicaria Belgrano

·         Se abrieron espacios de reflexión y dialogo, animados por el obispo convocando a los laicos a una participación activa.

 

De este camino se logró

·        La buena respuesta de la genta, la aceptación

·        Mirar a la Pastoral Urbana como una visión transversal.

·         Ser fermento en otras áreas de misión

·         Una forma de pastoral para salir del individualismo

·         Ver a la Pastoral Urbana como: un marco de referencia para la reflexión, como manifestación del Amor  humano para llegar al amor divino.

·         La Pastoral Urbana nos ayuda a romper con las estructuras caducas volviendo a ser cristianos alegres y cercanos, retomando el estilo de misión de Jesús.

·         Se logró generar un espacio de misión sobre Cabildo y Santa Fe desde General paz hasta Azcuénaga el sábado antes del Domingo de Ramos, logrando ampliar la participación de comunidades, participación por parte de los misioneros y de los misionados a la provocación del encuentro y oración, breve pero fecundo culminando en esta última edición con una Misa comunitaria en Plaza Italia donde todas las comunidades hicieron presente las intenciones recepcionadas en cada  Misa.

·         Se contó con material que permitió abrir el dialogo con quien pasaba y una imagen de Jesús Resucitado que unificaba toda la misión.

·         Se consiguió que una actividad de Decanato del día de los Difuntos en Chacarita se abra a la participación a toda la vicaría

·         En algunas fiestas como San Cayetano, se hicieron “Ferias de Santos” carpas o mesas traídas por distintas comunidades que permanecieron durante la jornada.

 

Que no lograron:

Si bien se logró la participación de los laicos en la reflexión y dialogo nos falta:

·         Cambiar la mentalidad del laico que no participa de los espacios de dialogo y reflexión existentes.

·         Diversificación de acciones e intercambio de experiencias.

·         Entusiasmar a las comunidades que todavía no están participando.

Diócesis de Gregorio de Laferrère

 

Entendemos la Pastoral Urbana como:

·         La necesidad  de conversión dentro de la Iglesia y de la Iglesia hacia el otro.

·         Respuesta a una situación pastoral y eclesial negativa

·         Toma de conciencia: salir de una visión y ver que algo está fallando

·         Una forma de descubrir y vivir en la realidad

·         Una apertura para dejar que hable el Espíritu

·         Un re-descubrir la fe de la gente.

 

Planteamos:

·         La necesidad  de conversión dentro de la Iglesia y de la Iglesia hacia el otro.

·         La alternativa de convertirse en Kerigma simbólico

·         La capacidad de acogida al  mensaje y al mensajero de los pobres

·         No juzgar al destinatario

 

Obstáculos

·         Prejuicios

·         “Espejismos”

Experiencias

 

El obispo promueve la Pastoral Urbana. El grupo se reúne una vez por mes. Realización del 1° Encuentro Diocesano de Pastoral Urbana.  Página web – Facebook – e mail

 

Diócesis de Morón

 

Experiencias:

·         Campamento Urbano, repitiendo el ejemplo de “salir”, se invitó a aquellos que participaron de los encuentros 2011 y 2012 y a otros que no lo habían hecho. No se tuvo la respuesta esperada.

·         Equipo de estudio  Juan XXIII, se realiza la formación y luego se va a lo experiencial en diversas actividades: centros comunitarios, escuelas de educación especial.

·         Personas en situación de calle.

·         Pensar que la urbe no es sólo de las personas que viven en situación de calle; también la habitan las que experimentan el gobierno de la organización eclesial: obispos, sacerdotes, responsables de actividades pastorales, que no son permeables a la vida Santa de la ciudad. Sólo a lo propio.

Dificultades:

·         ¿Es esto una Iglesia disidente?

·         ¿Más trabajo?

·         ¿Qué es eso?

·         Demasiad tarea y poca gente

·         ¿Es un movimiento?

Diócesis de San Justo

 

Aportes del Encuentro 2012

·         Puesta en  marcha de 2 de los 3 proyectos  propuestos en ese Encuentro

·         Intención de salir al Encuentro

·         Valorar los gestos que ya se venían realizando

·         Aprovechar todas las situaciones para evangelizar

·         Contagiar la propuesta

Nuevas miradas y perspectivas

·         La buena respuesta de la genta, la aceptación

·         La admiración ante el hecho que la Iglesia salga a la calle

Dificultades

·         Internas de las comunidades, cuesta la renovación

·         Personales: prejuicios y miedos.

Diócesis de San Martín

 

·         Ejes pastorales diocesanos en clave de Pastoral Urbana

·         Aceptar, acercar, integrar la religiosidad popular (Gauchito Gil- Cruz Gil)

·         Armado y puesta en función del Equipo Diocesano de Pastoral Urbana

·         Salida a la diócesis con distintos gestos misioneros (ej. Carpa Misionera)

·         Fuerte presencia Pastoral en las villas

·         Preparación para el próximo mes de noviembre del 1° Encuentro Diocesano de Pastoral Urbana

Como Aportes del 2012, entendemos que

·         Podemos “salir” al encuentro del otro.

·         Podemos lograr acciones pastorales “conjuntas” hacia los demás.

·         Necesitamos convertirnos en :

                                                           La Palabra

                                                           La acción

                                                           Personalmente

                                                           Institucionalmente

                                                           En la Oración

 

·         Necesitamos prepararnos :

                                                           Espiritualmente

                                                           Intelectualmente (conocer)

                                                           En el Servicio

 

·         Debemos apoyar las iniciativas de las parroquias y las capillas de la periferia.

 

 

Diócesis de Lomas de Zamora, Quilmes, San Miguel.

 

Aportes del Encuentro 2012

Nos hizo cambiar la mirada, tratamos de hacer más escucha y menos prédica.

En el caso de Quilmes y Lomas se hicieron misiones donde se confirmaron y bautizaron comunitariamente.

En Quilmes se formó la carpa del encuentro (carpa móvil x los barrios).

En Lomas misiones en Pascua y Navidad, donde salimos en forma conjunta toda la diócesis en las calle, hospitales, estaciones de trenes.

 

Dificultades

A nivel diocesano no parece haber espacio para desarrollar la Pastoral Urbana, sino solo para parroquias.

La pastoral urbana se aplica en pequeños sectores. Sería bueno lograr una acción diocesana.

    

¿A qué nos ayudó?

·                                 A flexibilizar la llegada a más personas.

·                                 A interpelar el abandono de la comodidad.

·                                 A perder el miedo: a contaminarse, a expresiones de religiosidad.

·                                 A mirar a los ojos al otro y encontrarme con el hermano, a encontrar a

            Dios en él, sin importar quién es.

·                                 Fortalece para seguir caminando.

·                                 Tocar al otro.

·                                 A centrarse más en la escucha.

·                                 Ayuda a salir del prejuicio.

·                                 Nos muestra nuestras carencias.

·                                 Nos ayuda a contener y ocupar el lugar del hermano.

·                                 A fortalecer el lenguaje

·                                 A generar espacios de diversidad cultural.

·                                 A romper barreras de edades.

 

¿Qué le falta?

 

·                     Hablar en el mismo lenguaje del otro.

·                     Provocar un nuevo encuentro.

·                     Conocer en el otro, su historia personal, sus raíces.

·                     Provocar la construcción de un nuevo kerigma.

·                     Preparase para la evangelización previamente con formación, en la oración:

       interiormente.

·                     El gesto tiene que existir.

·                     No se puede abordar a todas las personas del mismo modo. Situacionarme.

·                     Actitud de humildad , escucha paciente, dejándose interpelar.

·                     Autoevaluación. Hacer del encuentro una oración con el Señor, con la

      memoria en el corazón.

 

¿Cómo formar?

·                     Romper los prejuicios.

·                     Con conciencia libre.

·                     En forma experencial.

·                     Formar, pero a la iglesia toda: laicos, sacerdotes y religiosos.

·                     Con la oración, para que el Espíritu santo obre por nosotros.

·                     La iglesia somos todos, salir al encuentro del otro.

·                     Oportunidad de ser Iglesia no excluyente.


CONCLUSIONES DEL TRABAJO POR TALLER

Jornada de Pastoral Urbana 

“El Kerigma Urbano”

13 de julio de 2013

 

CONCLUSIONES DEL TRABAJO POR TALLER

El p. Jorge Eduardo Scheinig presentó tres tipos de Kerigma Urbano, luego de lo cual los participantes se dividieron en tres grupos, trabajándose en cada uno un tipo de Kerigma según la premisa de continuar con lo reflexionado en el Encuentro 2012 y la invitación a avanzar sobre las mejores prácticas kerigmáticas que a cada tipo de kerigma correspondiera.

Talleres por Kerigma

 “El Kerigma Urbano al modo del encuentro personal”.

 “El Kerigma Urbano al modo de acciones relámpago, ocasionales, momentáneas, de sorpresa”.

 “El Kerigma Urbano al modo de acciones sociales permanentes”.


Trabajo por Taller  

1.- Presentación de los participantes.

2.- Preguntas disparadoras:

·         ¿Facilita o dificulta la presentación que hizo Jorge Eduardo? ¿En qué?

 

·         ¿Qué más deberíamos tener en cuenta?

 

·         ¿Cómo formar a nuestros laicos para llevar adelante este tipo de kerigma?


A continuación, transcribimos lo recogido por los secretarios de cada taller, sabiendo que lo que se comparte en esos momentos, es mucho más y no siempre se logra dejar por escrito la riqueza de lo reflexionado por el grupo.

El Kerigma Urbano al modo del encuentro personal.

 

·         El encuentro 2012 nos aportó; nos hizo cambiar la mirada; tratamos de hacer más escucha y menos prédica.

 

·         En el caso de Quilmes y Lomas se hicieron misiones donde se confirmaron y bautizaron comunitariamente. En Quilmes se formó la carpa del encuentro (carpa móvil x los barrios).

·         En Lomas misiones en Pascua y Navidad, donde en forma conjunta toda la diócesis salió a las calle, hospitales, estaciones de trenes.

·         En cuanto a una  dificultad que se encuentra a nivel diocesano es que no parece haber espacio para desarrollar la Pastoral Urbana, sino solo para parroquias.

 

·         La Pastoral Urbana se aplica en pequeños sectores. Sería bueno lograr una acción diocesana.

¿A qué nos ayudó?

ž   A flexibilizar la llegada a más personas.

ž   A interpelar el abandono de la comodidad.

ž   A perder el miedo: a contaminarse y a las expresiones de religiosidad.

ž   A mirar a los ojos al otro y encontrarme con el hermano, a encontrar a Dios en él, sin importar quién es.

ž   Fortalece para seguir caminando.

ž   Tocar al otro.

ž   A centrarse más en la escucha.

ž   Ayuda a salir del prejuicio.

ž   Nos muestra nuestras carencias.

ž   Nos ayuda a contener y ocupar el lugar del hermano.

ž   A fortalecer el lenguaje

ž   A generar espacios de diversidad cultural.

ž   A romper barreras de edades.

 

¿Qué le falta?

ž   Hablar en el mismo lenguaje del otro.

ž   Provocar un nuevo encuentro.

ž   Conocer en el otro, su historia personal, sus raíces.

ž   Provocar la construcción de un nuevo kerigma.

ž   Preparase para la evangelización previamente con formación, en la oración: interiormente.

ž   El gesto tiene que existir.

ž   No se puede abordar a todas las personas del mismo modo. Situacionarme.

ž   Actitud de humildad, escucha paciente, dejándose interpelar.

ž   Autoevaluación. Hacer del encuentro una oración con el Señor, con la memoria en el corazón.

 

¿Cómo formarnos?

ž   Romper los prejuicios.

ž   Con conciencia libre.

ž   En forma experiencial.

ž   Formar, pero a la iglesia toda: laicos, sacerdotes y religiosos.

ž   Con la oración, para que el Espíritu santo obre por nosotros.

ž   La iglesia somos todos, salir al encuentro del otro.

ž   Oportunidad de ser Iglesia no excluyente.

 

El Kerigma Urbano al modo de acciones relámpago, ocasionales, momentáneas, de sorpresa.

 

·         Tener la actitud de salir al encuentro del otro, con un objetivo claro, para que la gente tenga un encuentro con Dios en ese lugar.

 

·         Observar la realidad ¿Qué observar? Por donde pasa la gente, ver el día, la hora, el lugar, no sólo la calle sino también en Internet y especialmente la gente que no se ve.

 

·         ¿Cuál es el gesto que queremos hacer?

o   ¿Dónde lo vamos a hacer?

o   ¿Cómo lo vamos hacer?

o   ¿Cuándo?

o   ¿Con qué medios contamos?

 

Después de realizado el Gesto:

·         Evaluar el gesto y ver si cumplimos con el objetivo.

o   Sin metodología es más complicado lograr el objetivo.

o   Hay que tener creatividad y, si es posible, no hacer siempre lo mismo.

    

El Kerigma Urbano al modo de acciones sociales permanentes.

 

·         El primer momento fue exponer si en este encuentro y en el anterior se pudo comprender y se facilitó a la comprensión del Kerigma.

·         Se concluye que sí se facilitó y comprendió.

·         Fue útil la diferenciación entre metodologías de “nacimiento” y metodologías de “crecimiento”.

·         El no “enchufar” el Kerigma. De la escucha y por el contacto, surge el vínculo.

·         Sirvió para fundamentar acciones que se realizan ya dándoles un marco.

·         El único Evangelio que algunos leerán será tu propia vida.

·         Testimonio que suscita preguntas y luego lleva a que anunciemos el Kerigma.

·         Parroquia es vecindad.

·         No ser diferentes sino hacer la diferencia.

·         “Se hizo hombre cualquiera pasando como uno de tantos”.

 

Acciones:

 

·         Ser creativos, proponer.

·         Organizar la acción comunitaria.

·         Facilitar trabajo en red.

·         Construir lo social desde participación ciudadana en organizaciones sociales y civiles donde hay todo tipo de gente de buena voluntad, trabajar en lo que une (Inundación), Soc. de Fomento, ONG…

·         Actividades: Capacitación de oficios para generar  vínculos y poder anunciar.

·         Buscar acciones que en su repetición tiendan a ser permanentes y a provocar la pregunta que lleva al  anuncio del Kerigma.

·         Pasar de acciones asistenciales (ej: noche caridad) a acciones de promoción que por sí mismas sean kerigmáticas.

·         Deberíamos contar con un Kerigmático en cada lugar de la ciudad.


Video Disparador para trabajo de "Kerigma"


Encuentro sobre Parroquias Urbanas

Las Parroquias Urbanas y el Desafío Pastoral de Ser y Estar en la Ciudad

  • Las Parroquias Urbanas
  • Experiencias Parroquiales
  • Material Complementario
  • Documento
  • Video

LAS PARROQUIAS URBANAS

Y EL DESAFÍO PASTORAL DE SER Y ESTAR EN LA CIUDAD

Pbro. Jorge Eduardo Scheinig

1.     Introducción

La parroquia, sin ser el único medio, es por muchos motivos un lugar especial para una evangelización extensiva e intensiva.  Por tanto, el desafío de renovar pastoralmente a nuestras parroquias urbanas en clave de evangelización sigue siendo una prioridad.

La Pastoral Urbana de la región Buenos Aires, viene promoviendo un camino de reflexión cuyo mayor deseo es: incorporar nuevas claves interpretativas de la realidad de la ciudad; procurar alcanzar nuevas actitudes pastorales, modificar antiguas prácticas y proponer finalmente un modelo de acción pastoral.

Ahora, entre los caminos a seguir y temas a continuar reflexionando, nos preguntamos: ¿puede la PUBA colaborar con un aporte reflexivo al camino de renovación parroquial que ya se está produciendo?

Creemos que sí, porque entendemos que uno de los grandes retos para la evangelización de la ciudad estará en seguir profundizando el camino de renovación de las parroquias pero adecuándolas aún más a las dinámicas urbanas.

Esto no significa que visualicemos cómo deberían ser las parroquias del futuro y cuáles sus estructuras. Sí sabemos que ya existen muchas intuiciones y experiencias relevantes que precisamos conocer y compartir.

Estamos seguros que el camino consiste en insistir en una profunda transformación de nuestra visión, de los paradigmas y de las actitudes, apostando a que si dichos cambios son internalizados y encarnados, aparecerán con más claridad y casi de manera natural las nuevas estructuras y las nuevas formas de organización parroquial. Considero que el camino inverso, es decir, hacer los cambios a partir de la renovación de las estructuras, no será lo que provoque la novedad esperada.

Por otra parte, nos inclinamos a pensar que no alcanzará un modelo uniforme para la evangelización de la multiculturalidad y la diversidad tan propia de las ciudades. Debemos tender hacia un modelo pluriforme o plurimodal.

Es un hecho que actualmente en la ciudad conviven diversos estilos de parroquia y con acentuaciones particulares: más tradicionales, más misioneras, más litúrgicas, más catequísticas, de barrio, de servicio, parroquias santuarios, etc.

Queda claro que a pesar de las limitaciones, las parroquias urbanas tienen un enorme potencial para la adaptación a la vida de la ciudad, potencial que debemos acrecentar pero ya no desde el carisma o capacidad del párroco, sino desde el talante de esa parroquia particular que por diversas razones y junto a otras parroquias con características diferentes, se convierten juntas en lugares aventajados con el que la Iglesia Particular cuenta para la evangelización de la ciudad toda.

 

No se nos escapan las dificultades que existen para que las parroquias impulsen la evangelización. Uno de esos inconvenientes radica en el imaginario tanto popular como eclesial que concibe a la parroquia como un organismo con una “identidad fuerte”, pesada, cerrada, atada a un modo y estilo de tipo tradicional. Es posible que sean hoy las organizaciones con “identidades más débiles”, más pobres y con medios precarios, con mayor capacidad para la apertura y el recibimiento, más permeables y más asociadas a lo testimonial, los organismos más aptos para desatar procesos evangelizadores.

En todo caso, nos preguntamos si esa imagen muy arraigada de la parroquia como estructura u organismo fuerte, asociada a su vez a un pasado pastoral no muy lejano, la incapacita o deshabilita como un lugar favorecido para la evangelización de la urbe.

Creemos que no, pero hay que operar en ella cambios necesarios.

Necesitamos para ello, seguir buscando y animando un tipo de reflexión que oriente posibles cambios pastorales.

 

2.     Aproximaciones para intentar razonar, interpretar y orientar los cambios

 

¿Cómo hacer que la parroquia sea más evangelizadora?, parece ser una pregunta oportuna, pero que al asumirla como un eje central y ordenador de la reflexión, nos lleva necesariamente por un lado a hacer una revisión de lo actuado hasta aquí y por otro a animarnos a dar forma a las numerosas intuiciones que tenemos hacia el futuro, intuiciones que surgen sin duda por el camino experiencial acumulado y del compromiso vital que tenemos con las comunidades parroquiales.

Las parroquias del post Concilio han hecho numerosos esfuerzos de renovación y adecuación, tratando de plasmar fundamentalmente la nueva eclesiología allí propuesta. Esfuerzos de renovación litúrgica, catequética y social que impulsaron un serio trabajo para pasar de una iglesia institución a otra comunidad.

Sin embargo, 50 años después, tenemos la sensación que la titánica tarea no ha dado los resultados deseados. ¿Por no haber captado el fondo de la aquella eclesiología? ¿Por falta numérica de agentes pastorales, o escasamente preparados? ¿Por problemas de organización o de motivación? ¿Falta de espíritu o de espiritualidad? Para encontrar respuestas a las dificultades de un mejor agiornamiento, necesitamos hacer un análisis multicausal.

De todas formas y para salir de cierto círculo vicioso en el que se mezclan, lamentos, criticas, quejas, impotencias, encerramientos, debemos procurar conocer y  valorar los mejores intentos que ya se están haciendo y construir una reflexión pastoral al modo de  un discernimiento pastoral comunitario, que ilumine y fortalezca un posible camino de renovación de las parroquias urbanas.

 

2.1. Primera aproximación

 

Podríamos hacer el esfuerzo de identificar algunas características en un  tipo de análisis comparativo entre dos épocas, tratando de visualizar a simple vista y rápidamente, el entramado complejo y dinámico de los muchos temas que hacen a la vida de nuestras parroquias urbanas.

Me valgo de un cuadro, pero no deseo un esquema encasillado y mucho menos encasillador, en todo caso, un esquema disparador, motivador y provocativo para una reflexión pastoral.

Finalmente no es tan claro que la época a la que en el cuadro llamo “de cristiandad” y con la que deseo generalizar no solo un tiempo cronológico sino fundamentalmente un modo pastoral, haya terminado,  por lo menos sigue latente en el imaginario de un grupo numeroso de nuestro mundo católico.  Considero que puede sernos útil separar pero para distinguir y poder detectar de esta manera, algunos puntos neurálgicos con el afán de abordar este tiempo ciertamente de transición en el que nos toca delinear las directrices para un cambio.

Antiguos paradigmas están sin duda aún presentes y vivos, pero hay nuevos, y la urbe es un enorme laboratorio de nuevas cosmovisiones e ideas que pretenden ser orientadoras y llenadoras de sentido para la vida cotidiana de los citadinos. Se trata entonces de visualizar y conocer los nuevos paradigmas, los nuevos mapas ordenadores del pensamiento y de la vida, con sus coordenadas orientadoras. Conocerlos para descubrir lo que en ellos hay de semillas del verbo  y lo que debemos animarnos a evangelizar desde un dialogo creativo y pastoral. No quisiéramos caer en hacer de esto una intelectualización de la evangelización y de la pastoral aislándola de la realidad.

Pero no alcanza con descubrirlos y conocerlos, necesitamos también interpretarlos y discernirlos a fin de asumir el principal desafío pastoral, es decir, hacer presente a Dios y a su Reino, ayudando a hacer carne el evangelio Jesús.

 

Época  de cristiandad

Época  de multiculturalidad

Misión fundamentalmente geográfica. Implantación de la Iglesia.

Una misión no solo geográfica, también hacia lo multicultural y lo social.

Evangelización de los imaginarios.

Evangelización como configuración de la cultura, es decir, hacerla cristiana.

Mono-cultura.

Acentuación de la Iglesia maestra.

La evangelización como inspiración y animación de la cultura.

Interculturalidad.

Acentuación de la Iglesia servidora del diálogo.

Configuración de la cultura por medio de la doctrina y la ética.

Subordinación de lo religioso a lo ético.

Marcados dualismos.

Propuesta integral e integradora de lo cristiano.

Subordinación de la moral a la experiencia religiosa cristiana.

Iglesia sociedad - jurídica - perfecta.

Cuerpo místico.

Institución.

Iglesia misterio, sacramento, madre de ternura, pueblo de Dios, comunidad de comunidades, servidora, samaritana.

Una catequesis social que transmite la herencia de la tradición.

El catolicismo popular.

Sin catequesis social, sin el peso de la tradición.

Un cristianismo por opción.

El potencial de la religiosidad y mística popular.

Favorecía la centralidad simbólica de la Iglesia.

La parroquia tiene una “identidad fuerte” en el imaginario popular y también eclesial.

Del centro a las periferias.

La Iglesia sacramento, instrumento del Reino.

Descentrada, no autorreferencial.

De las periferias al centro.

La parroquia con “identidad débil”

La evangelización ofrece el mismo espacio existencial a habitar por todos.

La pastoral se diversifica para habitar nuevos espacios existenciales periféricos.

De liderazgo eclesial.

Organizar la Iglesia, la comunidad, lo eclesiástico.

De liderazgo religioso.

Que necesita además del liderazgo  eclesial para recrear a la comunidad, animarla y organizarla.

Desarrollo de las metodologías pastorales de crecimiento.

Desarrollo de las metodologías pastorales de nacimiento.

La parroquia más de tipo rural aprende a autoabastecerse.

Piensa la evangelización en solitario, desde sí misma.

La parroquia en la diócesis, interconectada.

Evangelización y pastoral necesariamente inter-parroquial.

La ciudad tomada como un todo a pastorear.

Una pastoral de modelo único.

Propuestas pastorales uniformes.

Único lenguaje.

Un modelo pastoral pluriforme.

Diversidad de propuestas, diversidad de lenguajes.

Una pastoral a medida, flexible, diversa.

Una catequesis preferentemente de contenidos, instrumento de una dinámica pastoral para la configuración de la cultura.

Una catequesis del itinerario catequético permanente.

Contenidos que ayudan a interpretar, resignificar y orientar nuevos imaginarios, nuevos relatos.

Una liturgia con acentuación en lo ritual y la sacramentalización.

Una liturgia con acentuación en lo celebrativo de los sacramentos.

Un tipo de ejercicio del poder clerical: caudillista, centrado y centralizador.

Otro ejercicio del poder: descentrado, corresponsable con otros,  con delegación.

Poder y liderazgo para el servicio.

Una tipo de pastoral más deductiva.

Una tipo de pastoral más inductiva.

Vínculos radiales con centralidad en el clero.

Vínculos circulares.

Comunión – corresponsabilidad.

La realidad debe adaptarse a la parroquia.

Por ejemplo: horarios acomodados al párroco.

La parroquia se adapta a las dinámicas de la ciudad.

También en los horarios.

 

 

 

En este rápido recorrido quedan en evidencia dos modos o estilos de parroquia y de pastorales bien diferenciados.

Sin pretender simplificar procesos históricos complejos, justamente lo que hace la diferencia está en los paradigmas o mapas orientadores que sustentan ambos modos. Entenderlos nos ayuda a volver a ubicarnos en la realidad presente.

Mientras que el primero se fundaba en un proyecto de configuración de una mono-cultura desde un tipo de cosmovisión cristiana, el segundo necesita moverse en una multiculturalidad que no resiste a ser abarcada, interpretada o expresada por un modo uniforme.

En el primero la comunidad parroquial estaba en el centro del espacio geográfico y cultural, recibía a las personas que en masa adoptaban la propuesta totalizante de la Iglesia y se dedicaba a organizar la vida. En el segundo, la parroquia puede ser significativa en los barrios, pero ya no es el centro de la vida de los citadinos que buscan en más un lugar sus sentidos vitales y de pertenencia.

 

Vale la pena acercarnos a otro tipo de análisis que agudice nuestra percepción haciéndola más amplia.

 

2.2   Segunda aproximación

 

Intentemos ahora sostener el cuadro de épocas, pero cruzándolo con el análisis comparativo de algunos indicadores propios de la estructura y vida de parroquial.

Nos pueden ayudares indicadores tales como: el servicio de la palabra, el servicio litúrgico, el estilo de la comunidad, el compromiso social, las cualidades de los responsables y la financiación económica[1].

Seguramente deberíamos poder hacer matices necesarios, ya que no todo lo que se dice de la parroquia de cristiandad o de la parroquia renovada es necesariamente así. Además, entre una y otra podríamos encontrar situaciones intermedias. Se trata de seguir haciendo el intento de caracterizar a las parroquias a fin de ayudarnos a percibir los procesos y las acentuaciones propias de cada época.

 

 

Indicadores

Parroquia de Cristiandad

Parroquia renovada desde el Concilio

Nueva parroquia

Servicio de la palabra

La homilía y la catequesis son para una transmisión del mensaje cristiano con carácter dogmático, memorístico y a histórico.

Apenas hay Escritura.

Moral rígida, (condenación), fundamentalmente sexual. No hay ética social.

No hay misión. Ni relación con los alejados. 

Importancia en la homilía y la catequesis de la Palabra y de los “signos de los tiempos”.

Se tiene en cuenta la historia de la salvación.

Sentido de catecumenado permanente.

Hay misión evangelizadora.

Del centro a las periferias.

Valoración y promoción de la religiosidad popular.

Servicio litúrgico

Devocional y sacramental. Rubricista.

De catolicismo popular.

Tiene más relieve la devoción al sagrario que la misma celebración eucarística.

Cantos tradicionales

Se procura generar ambiente de celebración, con participación de los laicos en las lecturas, guías, predicación, etc.

Se promueve la celebración de la palabra con administración de la eucaristía.

Nuevo cantoral.

Estilo de la comunidad

No se busca la comunidad sino la institucionalidad. Asociaciones piadosas.

Organización eclesiástica y burocrática sin acogida personal.

Pocas relaciones interpersonales.

Todo lo hace el cura. No hay consejos parroquiales.

Hay comunidad, que gira en torno al culto y a la catequesis.

Organización de servicios y áreas pastorales.

Vivencia de comunión y participación.

Se crean consejos parroquiales de pastoral y de asuntos económicos.

Compromiso social

Servicios asistenciales, ocasionales, paternalistas.

Proselitismo. Templo lleno.

Opción preferencial por los pobres.

Hay sensibilidad con la realidad. Se intenta una pastoral de la promoción.

Hay atención, acogida y escucha de los problemas humanos.

Cualidades de los responsables

Clero más volcado a lo administrativo, y sacramental.

Sostiene a la institución.

Aislado y centralizado.

El clero está mejor preparado para promover una comunidad de comunión y misión.

Se ensayan formas para una buena participación y organización comunitaria.

Hay cercanía al pueblo.

Se procura una atención personalizada y más de acuerdo a las necesidades de la realidad

Financiación económica

Oficio-beneficio.

Sin participación de los laicos.

Economía para beneficio de la institución.

Mayor participación de los laicos en la toma de decisiones.

Se intenta que haya un consejo de asuntos económicos.

Pero es un cambio lento y que cuesta mucho.

 

El cuadro comparativo nos ayudas a observar los cambios realizados en un eje histórico fundamental, que a mi gusto puede señalarse como: “el pasaje de una parroquia institución a otra parroquia de tipo comunidad”.

Los esfuerzos han sido y son innegables, sin embargo, y aceptando que se han alcanzado logros significativos, la parroquia de hoy en general sigue anclada en un paradigma social y cultural de cristiandad.

Entonces, una de las preguntas que debemos hacernos es: los cambios muy serios que se realizaron en este proceso histórico y con la intención de aggiornar, poner al día a la parroquia, ¿alcanzan para que la parroquia sea evangelizadora en la ciudad?

O de otro modo: una parroquia que es comunidad ya no institución, ¿puede evangelizar a la ciudad?, ¿o le está faltando algo?, ¿qué?

¿Cuál sería hoy esa línea fundamental en la que se apoyan todas las transformaciones?, ¿la misión?, ¿de las periferias al centro? Y si fuera así, ¿cómo se realiza?

 

3.     A modo de conclusión

En consonancia con la voluntad de hacer una Iglesia fiel a su identidad que es la evangelización, debemos animarnos a profundizar los cambios hasta aquí realizados.

Pero para ello, necesitamos sentirnos seguros no en los cambios que podríamos llamar periféricos, ocasionales, situacionales, sino en una cierta opción fundamental, un cambio paradigmático y programático.

Nuestro papa Francisco, nos ha dicho que la transformación está en torno a la misión:

La Misión Continental se proyecta en dos dimensiones: programática y paradigmática. La misión programática, como su nombre lo indica, consiste en la realización de actos de índole misionera. La misión paradigmática, en cambio, implica poner en clave misionera la actividad habitual de las Iglesias particulares. Evidentemente aquí se da, como consecuencia, toda una dinámica de reforma de las estructuras eclesiales. El "cambio de estructuras" (de caducas a nuevas) no es fruto de un estudio de organización de la planta funcional eclesiástica, de lo cual resultaría una reorganización estática, sino que es consecuencia de la dinámica de la misión. Lo que hace caer las estructuras caducas, lo que lleva a cambiar los corazones de los cristianos, es precisamente la misionariedad. De aquí la importancia de la misión paradigmática”[2].

Si la misión es la opción fundamental, podríamos pensar que el piso pastoral alcanzado por las parroquias (gracias al impulso conciliar), es decir, ser una parroquia comunidad, nos facilita para dar un salto cualitativo de salida hacia la calle.

Pero cuidado, porque la misión que se nos propone es ir a habitar las periferias existenciales y desde las periferias hacia el centro, evitando todo intento de aplicar un modelo eclesial y pastoral de configuración, por el contrario, misión desde un modelo de animación, inspiración e irradiación.

Por lo tanto, hablamos de una parroquia-comunidad pero con otras características más adecuadas a lo propiamente urbano.

En este diálogo vital con el mundo no cristiano, con lo distinto, con lo multicultural y con las personas desconocidas, que a su vez organizan su vida y su religiosidad tomando y recomponiendo sus creencias desde muchas voces y mensajes, desde diferentes propuestas, símbolos y rituales, debemos preguntarnos: ¿cómo colabora hoy la parroquia para ayudar a organizar el sistema de creencias de sus bautizados, de los que están buscando y de todos?

En la época anterior, más al modo rural, la fe y las creencias nos eran dadas, las heredábamos, con el consiguiente universo verbal, simbólico y ritual, incluso las instituciones que lo aseguraban fundamentalmente el matrimonio y el estado cristiano.

Tal vez, y dejando afuera de este planteo la gesta misionera de América Latina de los siglos XV al XVIII, una de las críticas más serias que podríamos hacernos, es que las creencias se organizaban de manera preferentemente institucional, es decir, lo eclesiástico tenía un papel preponderante y determinante, muy distinto de otro tipo de organización de las mismas creencias, donde el eje central y ordenador se juega en la tríada reino-mundo-Iglesia. De este proceso histórico deberíamos seguir aprendiendo.

En todo caso, hoy ya no es así. Son muchos los actores que intervienen el campo de la formación de las creencias de las personas que habitamos la ciudad. La iglesia católica y su propuesta de fe es una más y la ciudad cuenta con otra tipo de propuestas que suelen habitar con más facilidad las periferias existenciales y las orientan.

El desafío entraña un esfuerzo delicado, esfuerzo que requiere del permanente discernimiento pastoral, porque se trata de pensar cómo ayudamos hoy, en medio de la multiculturalidad, a hacer “nacer la fe” y cómo acompañamos su crecimiento. Esto es lo central y en todo caso desde allí estamos como obligados a revisar y transformar todas nuestras estructuras y la misma organización pastoral de la parroquia.

Nos hallamos urgidos de proponer nuevos caminos de personalización-comunitaria, que es sin duda un actuar pastoral sano y exquisito sobre las creencias de los citadinos. Es estar evangélicamente presentes en la recomposición de las creencias que cada persona va haciendo en el propio camino de la vida.

Lo novedoso y desafiante y lo que a mi gusto nos exige mayor cúmulo de experiencias, ensayos pastorales concretos y profundas reflexiones, es que esta pastoral hay que hacerla en la calle y no en el templo, es decir, que deseamos estar presentes evangelizando las creencias y los imaginarios en la misma calle, ir hacia allí, evitando caer en la tentación de “traer” para hacer ese delicado trabajo en un medio menos hostil como podría ser la comunidad parroquial, pero posiblemente menos fecundo, por ser en algún sentido artificial.

Esto no conspira con la necesaria pertenencia eclesial. Es la misma Iglesia, parroquia-comunidad la encargada de provocar y asegurar tanto el interés, la curiosidad, la atracción y el seguimiento-discipulado del Señor Jesús, como el crecimiento y la maduración, pero ahora en estado de misión, es decir, en la calle, en el mundo.

Aquí se juega a mi gusto nuestro liderazgo religioso y no sólo el liderazgo eclesial del que tenemos mucho habitualidad, porque lo ejercimos durante siglos en el mundo cristiano, en el que lo más común consistió en organizar la fe y la institucionalidad de la religión.

Qué significa ser un líder religioso en la calle, es un camino que tenemos que aprender a transitar.

Claro está, que no cualquier parroquia por más que haya alcanzado muy buenos niveles de comunidad, estará capacitada para este desafío pastoral, será preciso  que continúe en un profundo camino de renovación y transformación. Cuenta con un piso no menor, pero necesita reubicarse en las nuevas dinámicas vitales de la ciudad.

El Papa Francisco nos da una pista clave para tener en cuenta:

La Misión Continental, sea programática, sea paradigmática, exige generar la conciencia de una Iglesia que se organiza para servir a todos los bautizados y hombres de buena voluntad. El discípulo de Cristo no es una persona aislada en una espiritualidad intimista, sino una persona en comunidad, para darse a los demás. Misión Continental, por tanto, implica pertenencia eclesial.

Un planteo como éste, que comienza por el discipulado misionero e implica comprender la identidad del cristiano como pertenencia eclesial, pide que nos explicitemos cuáles son los desafíos vigentes de la misionariedad discipular. Señalaré solamente dos: la renovación interna de la Iglesia y el diálogo con el mundo actual”[3].

Precisamos que las parroquias de las ciudades asuman su rol significativo y colaboren con una nueva misión que ayude a hacer nacer la fe y la sostenga, proponiéndola con nuevos lenguajes y símbolos, sin renunciar a lo esencial, para acompañar las maneras que tienen hoy las personas de organizar su mundo vital y religioso.

Se trata de seguir en el cauce abierto de la conversión pastoral, que es conversión personal, comunitaria e institucional.

 

Finalmente, se me ocurre interesante hacer ensayos pastorales de lo que podríamos llamar “espacios callejeros”, “ermitas callejeras”.

Lugares significativos de la urbe, “territorios humanos”, de alto tránsito, en los que podamos interactuar no solo con algunas imágenes, sino y fundamentalmente con una presencia permanente de personas que sepan “estar” con los citadinos.

Animar y formar a las personas de nuestras parroquias, para que en la calle, puedan intercambiar experiencias vitales procurando hacer vivo “el kerigma urbano”[4], aprendiendo a habitar como hermanos y discípulos-misioneros las periferias existenciales de las personas que viven en nuestra ciudad.

Al cabo de unos cuantos años, esos cristianos callejeros, discípulos-misioneros, más habituadas a hacer nacer la fe, a relacionarse con los desconocidos y diferentes, habrán aprendido lo que significa ser líderes religiosos y eclesiales, desarrollando nuevos saberes y capacidades pastorales. Serán ellos los encargados de impulsar las nuevas formas y estructuras parroquiales.



[1] Me valgo de un artículo de C. Floristan, “Parroquia”, en Conceptos fundamentales de pastoral, C. Floristan, .J J. Tamayo, Ed Cristiandad, Madrid 1983, 696-716.  Coincido con el esquema allí presentado, sin embargo, el contenido está determinado según mi entender, por un análisis demasiado europeo y de laboratorio. En el artículo, se analizan cuatro situaciones de parroquias: “parroquia de antigua cristiandad, autoritaria o preconciliar”, “parroquia de nueva cristiandad, literalmente conciliar”, “parroquia renovada según el espíritu del Concilio”, “parroquia popular, participativa o posconciliar”.

[2] Papa Francisco, discurso al comité coordinador del CELAM, 28 de julio de2013.

[3] Ibid.

Fieldset colapsables [DevTroce]
Parroquia Santurario (San Cayetano, Liniers – Arquidiócesis de Buenos Aires)

PARROQUIA SANTUARIO

Parroquia San Cayetano

 Liniers - Arquidiócesis de Buenos Aires

Pbro.  Jorge Torres Carbonell

1. Contexto socio-cultural

 

San Cayetano de Liniers, el santuario lleva ese nombre no solo por el santo, sino que tiene adosado un barrio como apellido. Este barrio está en el extremo oeste de la ciudad y es puerta de entrada y salida. Aquí convergen los que en tren y otros medios de locomoción, hacen recambio y se trasladan para internarse a uno y otro lado, o sea para el trabajo, cuestiones comerciales, familia, santuario. Aquí está la estación Liniers del ferrocarril y cerca de la avenida Gral. Paz, límite entre provincia y ciudad, hay terminales de colectivos para adentrarse a ambos sectores. O sea hay un fluir cotidiano de gente, que va y viene a lo largo de cada jornada.

 

El barrio tuvo su nota histórica cuando era la estación del ferrocarril descarga de animales que iban hacia el Mercado de hacienda en Mataderos, luego esto cambio con los años y naturalmente la zona ya paso a tener sus lugares residenciales, a uno y otro lado de la Avda. Rivadavia, que a su vez obra como una suerte de referencia, para lo que significa ir hacia el sur de la ciudad, es como un límite y a la zona norte, desde esa avenida, para marcar el otro sector del barrio. Le agregamos aquí el paso de la autopista que definitivamente impacto partiendo el barrio y generando sectores, no solo en Liniers, de mucho abandono, con lo que siempre genera esto.

 

Está el Club Vélez Sarsfield y el estadio, con fuerte presencia social, la estación Parada Liniers, que aporta un permanente flujo de gente y la concentración de inmigrantes bolivianos, que han traído su riqueza, formando parte de la vida cotidiana, en razón de la actividad comercial, pero también en lo religioso, aportaron una grandísima riqueza con sus devociones.

 

2. Adecuación con el contexto

 

Serian dos miradas o referencias. Una que la realidad misma nos vive interpelando; la otra, la resistencia al cambio que genera. Es el adentro y el afuera de la vida en la Iglesia.

Suele haber en la comunidades una resistencia al cambio, pero la realidad está y no cambia, o la asumimos o se cae en un “durar en la pastoral”, en un “tolerar que hay cosas que son así”, o tomar distancia y pasar de largo. Por eso ambos aspectos van relacionados y se potencian para la aceptación o para el rechazo.

En nuestra parroquia- santuario, ha habido y hay permanentes desafíos para que exista esta adaptación. Un desafió es por lo estructural, en el barrio del lado del santuario, las construcciones de las autopistas, afectaron mucho. Familias que tuvieron que emigrar, limites que impuso la traza y un gran abandono de sectores que dieron lugar a baldíos o a estacionamientos que han hecho convivir con una “vecindad  fantasma”, no hubo gente, no hay gente. Esto generó o encierros o alguna suerte de temores, se entiende por lo difícil de una cultura urbana con estos tipos de transformaciones que no aportan a los que allí están o quedaron, lo otro pasa por arriba de la autopista y desde allí no se ve.  O en la Avda. Gral. Paz, que creció desmedidamente y edificios que fueron construidos frente a un parque, ahora tienen un ruido que les viene por los embotellamientos que trajeron un horizonte que ya no es el verde y para atenuar, dobles vidrios y mirar las cosas como si fuera en una pantalla.

Hay lugares, muchos en realidad, donde no se sale a la calle a tomar mate, el vecino está encerrado, se conocen los que pertenecían al barrio de antes, a los otros las construcciones los desalojaron o en casos bajaron los brazos porque el cambio los afectó.

 

Si bien está esta cuestión del cambio en los exteriores, las construcciones y lo dicho al principio, la inmigración en el sector sur de Liniers; esta lo que siempre cuesta como respuesta a la pregunta de la fe ante la realidad, que nos marca una actitud: salir al encuentro. Y salir en la calle, esta es la cuestión y en San Cayetano hay laicos que saben vivir con esta respuesta en el corazón. Viven el barrio y no han tenido dificultades, la fe los marcó y ahí están, en las esquinas, en la barrera del tren los días 7, en salidas que armamos para distintos momentos litúrgicos, o no.

 

El privilegio del santuario está en la misericordia como actitud que se vive y que moldea el corazón y hace que haya un adaptamiento a lo que ocurre y ante circunstancias que hay que atender o cambios que aparecen, no hay problema. Lo veía en un viernes antes de la Navidad pasada, como gente mayor que aquí colabora, fue a estampear junto con los curas a la barrera del tren, que está en la esquina del santuario. Pusimos la Virgen ahí y se pusieron a distancia para repartir una estampa de navidad. Marcó el detalle, a distancia porque refleja una actitud, la Virgen trabaja sola y la gente le va a rezar, la entrega se hace después, no encima del que reza.

Esa actitud es expresión ante la realidad, acompañarla a esta haciendo lo que más conviene, después nos acercamos, pero no invasivamente.

De esto hay mucho y creo que son de los que han ido resolviendo los cambios de época sobre lo que hay que hacer ante una realidad que exige cambios en los modos del anuncio.

 

3. Las fuerzas evangelizadoras de la parroquia

 

Aquí en San Cayetano, la fe del pueblo peregrino es la fuerza evangelizadora, que late y la gran tarea de los que tenemos algún servicio por realizar es de rezar para percibir por donde nos va llevando el Espíritu para recibir, acompañar y descubrir tanto por hacer.

Pero esto sería algo muy propio del interior del santuario, quizás el desafío sea la calle, aun siendo que las características de este santuario nos ponen en permanente contacto con la realidad, el pueblo que anda por la calle – como en muchos o casi todos los santuarios – es afecto a entrar a los santuarios, no solo por su devoción por el santo patrono, sino porque está por lo general todo el día abierto y eso es una invitación.

Un recorrido de esos que decimos que el Espíritu fue haciéndonos descubrir el por dónde ir; y los días 7, que se honra al Santo, nos fue llevando eso de tener que bendecir todo el tiempo, a la esquina del santuario, que está a media cuadra y contra la barrera del ferrocarril, instalar ahí la Virgen de Lujan, San Cayetano, una mesita con agua bendita y cerca servidores entregando la catequesis y alguno que bendiga, diacono, seminarista o cura.

¿Por qué ahí? Porque es el lugar del recambio del transporte, tren y micros, hacia el centro de la ciudad o a los barrios de la provincia, según el momento del día, van y vienen. Pasan lógicamente por donde estamos y como la Virgen, en lo posible es una Imagen de dos metros, como nos ocurrió el 7 de agosto pasado, desde el tren se persignaban.

Ahí recogimos testimonios que nos marcaron: “no sabía que San Cayetano estaba aquí”, “no soy digna de ir a San Cayetano”, “paso muy rápido”.

 

El estar en el lugar adecuado, por ser una esquina de mucha circulación, permite esa compañía al que pasa y que lleve la bendición y un recuerdo del santo.

 

No suponer que todo ya está hecho – no sabía que estaba ahí el santuario – entonces hay que agudizar la mirada, la escucha, para darnos cuenta que hay que hacer, como estar, que decir o callar. Capaz que solo saludar y entregar con un saludo de bendición a quien recibe. La vida tiene tanto de dificultades, de preguntas, de encuentros que no generamos nosotros, en todo caso supimos estar en el momento y el lugar adecuado y allí ocurre lo que Dios querrá que acontezca.

Lo muy básico, fundamental en esto, es que Dios es el que forma los corazones, no soy yo quien va a convertir o reclutar gente. Esos vestigios de proselitismo, hay que desecharlos, son silenciadores del Espíritu.

Y también como se está ahí, con actitud de recibir y rezando también. Creo que es lo que permite que alguien se acerque y diga lo que lleva dentro.

 

El encuentro en la calle es una oportunidad del Espíritu, porque se puede brindar esa ocasión de encuentro con quien vive eso de no saber que podía y que con mucho respeto, pasa de largo. No le llegó su momento y no se permite a si mismo entrar, vaya a saber porque enseñanza mal hecha por la Iglesia misma o por un lenguaje poco claro. Como ser aquello que los divorciados no pueden comulgar, ni que decir que están excomulgados. Los rigorismos han llegado a frenar a muchos.

Y por último, el pasar apresurados, pero alguien salió al encuentro y siguió, pero bendecido.

El denominador común a todo esto es que los que encontramos muchas veces en las esquinas o en la calle misma, no son de concurrir habitualmente y el salir, permite este momento de bendición.

 

4. Dificultades para la evangelización y adecuación al contexto urbano.

 

Viene saliendo de lo anterior, que es pensar que las comunidades las integran los grandes iluminados, con estructuras de muy difícil acceso. Donde el pueblo más simple no tiene ocasión de manifestar lo que le pasa en la vida, porque una comunidad que vive así, suele estar muy encerrada en sí misma – auto referencial, sería la definición perfecta que cabe de Francisco – y de allí, ni observación de la realidad, ni capacidad de decisión para salir de esquemas muy cerrados al encuentro de los que no vienen. A veces, si son así tan cerradas las comunidades tendrían que hacer un proceso de adaptación a la calle, antes de ir al encuentro, porque puede ser contraproducente si no se rompe el encerramiento, que sería el del corazón. Y sanar en definitiva las típicas enfermedades, las que llamaba el actual Papa, “de sacristía”.

Tiene que haber un cambio muy profundo en el modo de vivir la Iglesia, o sea lo que dice Francisco, no solo vivir de las alegrías por lo que él está haciendo, hay que llevar a cabo lo que dice. Y esto supone una conversión más que pastoral, del modo de vivir la fe. Para que no sean nuestras expresiones algo decorativo (EN 20).

 

5. Núcleos pastorales para reflexionar para parroquias urbanas evangelizadoras.

 

En continuidad con lo anterior, mirar las actividades que se realizan y con espíritu de real apertura de corazón y para bien de la gente, llegar a darnos cuenta de qué habría que prescindir para ser más abiertos con el que viene.

Pero también, desde esto, tener suficiente apertura para salir al encuentro, pero para el anuncio, no para “ganar almas” y andar así como a la pesca.

Por eso creo que tiene que haber una gran conversión pastoral y que no se privilegie tanto la organización de lo que hay que hacer, sino se estará mucho tiempo reflexionando, profundizando, reuniéndonos y el tiempo pasa y la realidad sigue pasando, como a cada momento y no hay nadie que acompañe.

Creo que hay que rezar pidiendo este espíritu de apertura, una actitud penitencial para reconocer que es lo que tiene que cambiar. Y gran generosidad para mirar el bien a atender. Donde y como salir.


Parroquia Santurario (Ntra. Sra. del Perptetuo Socorro -Trujui-Diócesis de San Miguel)

PARROQUIA SANTUARIO

Parroquia Nuestra Señora del Perpetuo Socorro

 Trujui - Diócesis de San Miguel

R. P. Julio César Merediz sj

 

1.     Identidad de los barrios y pertenencia al Pueblo de Dios

 

Trujui nace como pueblo el 19 de abril de 1942 cuando se realiza el primer remate de tierras para la instalación de viviendas. Es una localidad asentada en dos Partidos: en Moreno y en San Miguel. Desde entonces comienza a ser misionada por los Padres Jesuitas del Colegio Máximo que mucho colaboraron en la conformación de las primeras comunidades barriales y que finalmente culminaría en la creación de la Parroquia de Nuestra Señora del Perpetuo Socorro (Ciudad Santa María – Diócesis de San Miguel).

 

En la Navidad de 1956 en el club “Almafuerte”, a dos cuadras de la actual sede parroquial, el P. Manuel Ustarroz S.J. celebra la primera Misa de que se tenga noticia en estos pagos y que conste en los archivos históricos. A partir de allí se suceden en 1959 la Piedra Fundamental de la futura Capilla, en 1963 la inauguración de la Capilla y en 1964 la creación de la Parroquia con sede en dicho templo, que con los años fue ampliado y remodelado hasta lo que es hoy.

La acción evangelizadora de la Parroquia se ha ido desarrollando, a través de los años, en los distintos barrios conformando en cada uno de ellos verdaderos “centros comunitarios” que son las Capillas.

Las migraciones internas producidas principalmente desde el norte argentino y las inmigraciones de los países vecinos, sobre todo, Bolivia, Paraguay y últimamente Perú, al segundo y tercer cordón suburbano de Buenos Aires a partir de los años sesenta en “busca de trabajo y progreso para sus hijos” trajo consigo para aquellos jóvenes que formarán sus familias en el llamado Gran Buenos Aires, una pérdida de identidad y de pertenencia que tenían en sus pueblos originarios – mayormente rurales –. Identidad y pertenencia con raigambre cultural propia y sustrato católico indubitable expresado en: su fe bautismal; el amor a Cristo crucificado; la veneración a la Virgen María como Madre; el respeto a cada ser humano como hijo de Dios y posible “hermano”; las novenas y fiestas patronales con sus propias tradiciones culturales; la “memoria” de sus seres queridos que les marcaba una historia, un camino recorrido como familia, como comunidad, como pueblo; la protección de los niños y el respeto por los ancianos con el reconocimiento de su “sabiduría”.

Todo esto nos planteó en aquellos años, cuando recién nacían los barrios, cómo ayudar a estos nuevos asentamientos urbanos populares. En nuestro caso, en lo que hoy es la Diócesis de San Miguel en Argentina, nos pareció que lo esencial estaba en la creación de identidad y pertenencia que, tomando lo mejor de la cultura rural provinciana y los aspectos más valorados del “progreso urbano” ayudaran al crecimiento personalizado, integrado (inclusivo) y comunitario de estos nuevos poblamientos.

Nuestro punto de partida fue el recuerdo de nuestras misiones rurales, muy comunes no sólo en la etapa de la primera Evangelización de nuestro Continente sino en el estilo pastoral de fines del siglo XIX y la primera mitad del siglo XX que marcaron un “ritmo espiritual misionero” en todos nuestros pueblos rurales (El Venerable Cura Brochero es un arquetipo de este estilo apostólico). “Ritmo espiritual” que se ha mantenido, sobre todo, para el tiempo de las novenas, procesiones y fiestas patronales. De allí que podemos afirmar que la “Argentina histórica” sobre todo de Córdoba al norte mantuvo su fe a través de los siglos gracias a la marcada identidad católica y a la “orgullosa” pertenencia a un pueblo localmente caracterizado pero vinculado por la Fe al gran Pueblo de Dios.

Por eso, en nuestro caso con el nacimiento de cada poblamiento o barrio nació también una Capilla.

Nos hicimos entonces una pregunta: ¿qué sentido tiene construir Capillas en cada barrio si no hay ni habrá presumiblemente sacerdotes para atenderlas?

La primera respuesta que se nos ocurre es que las Capillas no son para los curas sino para el pueblo. 

Cuando se recorre cualquier pueblito del norte argentino sus habitantes invitan al visitante a conocer la Capilla de su pueblo y una vez en ella comienzan a narrar historias familiares y comunitarias, de tradiciones y fiestas, de hombres y mujeres preclaros que dieron su vida por el pueblo: esta es su identidad y también su pertenencia más honda que se quebró al migrar a la “Gran Ciudad”. ¿Cómo recuperar esto? ¿Puede recrearse?

Muchos habitantes de nuestras comunidades barriales sueñan con volver a sus pueblos, y son muchos también los que lo hacen, a costa de grandes sacrificios, especialmente para las fiestas patronales de sus pueblos, para los aniversarios de sus seres queridos difuntos, para el “día de la madre”,… 

Es por eso, que consideramos que la presencia de las Capillas (centros comunitarios), en cada barrio, pueden ser la posibilidad de crear esta nueva identidad y pertenencia popular.

En las Capillas de los pueblos del norte rezadoras, bautizadoras y catequistas no sólo han mantenido la fe de los pueblos sino que han ayudado, a lo que hoy llamaríamos, “compromiso laical” de tantísimas personas en un proyecto que los une y, aunque a veces no del todo explícito, los hace vivir como Iglesia, es decir, como Pueblo Fiel de Dios.

 

2.        Parroquia, Comunidad de Comunidades Misioneras.

 

De la concepción apostólica que surge de la experiencia de los Ejercicios Espirituales sobresale el rasgo de “misionariedad” que históricamente ha identificado a nuestra Parroquia.

Del encuentro personal con Jesús vivido en los Ejercicios Ignacianos nace necesariamente la misión marcada por el estilo del Maestro.

La propuesta discipular de Aparecida es central y decididamente misionera. Ésa es su consigna y ése es su proyecto. Son innumerables los textos del documento conclusivo que van en esta dirección. Y buen número de ellos con referencia expresa a las parroquias:

“La V Conferencia General es una oportunidad para que todas nuestras parroquias se vuelvan misioneras. Es limitado el número de católicos que llegan a nuestra celebración dominical; es inmenso el número de los alejados, así como el de los que no conocen a Cristo. La renovación misionera de las parroquias se impone tanto en la evangelización de las grandes ciudades como del mundo rural de nuestro continente, que nos está exigiendo imaginación y creatividad para llegar a las multitudes que anhelan el Evangelio de Jesucristo.” (DA 173)

Renovación, imaginación y creatividad misionera; todo eso pide Aparecida a nuestra parroquia. Sólo así, con gran confianza y convicción, podrá ésta dar una respuesta a la altura de los nuevos e ingentes retos. Respuesta que, otra vez, va a suponer un trabajo perseverante de creación de nuevas estructuras pastorales que superen cualquier clase de burocracia y liberen el potencial misionero con que el Espíritu quiere llenar a su Iglesia:

“Particularmente, en el mundo urbano, se plantea la creación de nuevas estructuras pastorales, puesto que muchas de ellas nacieron en otras épocas para responder a las necesidades del ámbito rural.”

“Una parroquia, comunidad de discípulos misioneros, requiere organismos que superen cualquier clase de burocracia. Los Consejos Pastorales Parroquiales tendrán que estar formados por discípulos misioneros constantemente preocupados por llegar a todos.” (DA 203)

Como parroquia urbana deseamos cumplir la misión que Jesús nos confía, siguiendo sus pasos y adoptando sus actitudes, dentro de una pedagogía del “encuentro” que sólo puede darse “de persona a persona, de comunidad a comunidad” (DA 145), con nuestro testimonio de proximidad, “que entraña cercanía afectuosa, escucha, humildad, solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso con la justicia social y capacidad de compartir, como Él lo hizo” (DA 363).

El Espíritu despertará en nosotros la creatividad necesaria para encontrar formas diversas para acercarnos a los demás, incluso, a los ambientes más difíciles, expresando el estilo de Jesús, siempre accesible y disponible para todos, en “estrategias misioneras”, que pueden ser, entre otras:

-          el deseo de mirar ante todo las cosas positivas de nuestro pueblo;

 

-          la capacidad de adaptarnos más al lenguaje de la gente, tratando de comunicar los valores del Evangelio de manera positiva y propositiva;

 

-          la disponibilidad para repensar las estructuras pastorales, desde la espiritualidad de comunión y la audacia misionera, a fin de convertirlas en estructuras abiertas y flexibles;

 

-          la constante cercanía a lo que constituye para cada persona su cotidianidad;

 

-          los distintos servicios de atención en nuestras comunidades, la acogida personal, la generosidad de tiempo y paciencia en la dirección espiritual y en el sacramento de la reconciliación, sintiendo las necesidades profundas, irrepetibles, únicas, del corazón de cada persona que se nos acerca.

 

3.           Un cambio de mentalidad y de actitud

 

En 1998 el Párroco junto al Consejo Pastoral Parroquial vieron la necesidad de que la Parroquia tuviera, al menos mensualmente, un gran acontecimiento misional: de apertura y salida. Desde un comienzo surgió la figura de la Santísima Virgen María, “Estrella de la Evangelización”, como protagonista principal de éste hecho. Y fue, en el verano de 1999 durante la Semana Brocheriana en Villa Cura Brochero (Córdoba), que el P. Merediz, escuchando a mucha gente de distintas partes del país, experimentó la gran devoción del Pueblo Fiel a “Santa María que Desata los Nudos”. Así, se decidió que ésa era la imagen misionera que María elegía para llevar al pueblo al Corazón de su Hijo Jesús.

Luego de buscar una pintora que hiciese una réplica de María Knotenlöserin que se venera en la Iglesia Jesuita de St. Peter am Perlach de Augsburg (Alemania) y preparado un altar en el Templo Parroquial de Trujui, con la bendición de Mons. Abelardo Silva, Obispo entonces de San Miguel, se entronizó la devota imagen el 8 de Mayo de 1999.

Desde entonces, todos los días 8 de cada mes miles de peregrinos llegados de distintos barrios manifiestan su fe y su esperanza. Misas, confesiones y bendiciones llenan de fervor religioso y popular esa jornada. Una mesa misionera  a la entrada del templo recibe consultas e inscribe adultos para los Sacramentos. Un equipo de voluntarios recibe la ayuda  solidaria en ofrendas de comida y vestido que a través de la Cáritas Parroquial se hace llegar a los ancianos que no tienen ninguna cobertura social ni ayuda.

 

Esto ha significado un cambio permanente de mentalidad y actitud que implica:

 

•  poner en el centro el mandato misionero de Jesús: “Vayan por todo el mundo y anuncien la Buena Noticia a toda criatura” (Mc. 16,15).

 

•  poner la mirada y el corazón en los que están lejos: en la frontera, caídos o decepcionados, resentidos y no escuchados…salir hacia “las periferias existenciales”.

 

•  pensar una Iglesia distinta: que sale a buscar a la oveja perdida, que sale a anunciar a los que están lejos y que no se queda a atender sólo a los que se acercan.

 

4.        La religiosidad del Pueblo

 

A pesar del doloroso contexto social, nuestra Parroquia enraizada en barrios populares está formada por comunidades que al celebrar la vida en la Liturgia, realizan un vigoroso acto de Esperanza en Jesucristo. Nuestro Pueblo fiel no ha dejado que le roben la alegría, la sonrisa, la fiesta, la resurrección.

Por eso gusta de preparar y participar en las fiestas religiosas, donde agradece a Dios el don de la vida, la alaba y le pide tiempos mejores.

En nuestra Parroquia y sus Capillas debemos acompañar, animar y alimentar ese gustar y hacer fiesta a la Vida. Al respecto el documento de Puebla -reafirmando el Magisterio de Pablo VI en  “Evangelii Nuntiandi“- nos dice: “La religiosidad del pueblo, en su núcleo, es un acervo de valores que responden con sabiduría cristiana a los grandes interrogantes de la existencia. La sapiencia popular católica tiene una capacidad de síntesis vital; así conlleva creadoramente lo divino y lo humano; Cristo y María, espíritu y cuerpo; comunión e institución; persona y comunidad; fe y patria; inteligencia y afecto. Esa sabiduría es un humanismo cristiano que afirma radicalmente la dignidad de toda persona como Hijo de Dios, establece una fraternidad fundamental, enseña a encontrar la naturaleza y a comprender el trabajo y proporciona las razones para la alegría y el humor, aun en medio de una vida muy dura. Esa sabiduría es también para el pueblo un principio de discernimiento, un instinto evangélico por el que capta espontáneamente cuándo se sirve en la Iglesia al Evangelio y cuándo se lo vacía y asfixia con otros intereses” (DP 448-449). Para Aparecida la piedad popular es un camino privilegiado. Ella es en el pueblo latinoamericano expresión de la fe católica, contiene la dimensión más valiosa de la cultura latinoamericana, penetra delicadamente la existencia personal de cada fiel y aunque también se vive en una multitud, puede ser profundizada y penetrar cada vez mejor la forma de vivir de nuestros pueblos, es un imprescindible punto de partida para conseguir que la fe del pueblo madure se haga más fecunda, contiene y expresa un intenso sentido de la trascendencia, una capacidad espontánea de apoyarse en Dios y una verdadera experiencia de amor teologal, es una manera legítima de vivir la fe, expresión de sabiduría sobrenatural, un modo de sentirse parte de la Iglesia, y una forma de ser misioneros, es una poderosa confesión del Dios vivo que actúa en la historia y un canal de transmisión de la fe. (DA 258, 259, 261, 262, 263, 264)

 

5.        La “Santuarización” de la Parroquia y sus Capillas

 

El Santuario es el signo de la presencia divina, el lugar de la actualización siempre nueva de la alianza de los hombres con el Eterno y entre sí.

Al ir al Santuario, el israelita piadoso redescubría la fidelidad del Dios de la promesa en cada “hoy” de la historia. El Templo es la morada santa del Arca de la alianza, el lugar en donde se actualiza el pacto con el Dios vivo y el Pueblo de Dios tiene la conciencia de constituir la comunidad de los creyentes, “linaje elegido, sacerdocio real, nación santa” (1Ped. 2, 9).

El Santuario es el lugar del Espíritu, porque es el lugar en el cual la fidelidad de Dios llega a los hombres y los trasforma.

Al Santuario se va ante todo para invocar y acoger la gracia del Espíritu, y para llevarla luego a todas las acciones de la vida.

El Santuario es, por excelencia, el lugar de la Palabra, lugar privilegiado de perdón, reconciliación y acción de gracias. En él, el fiel a través de los sacramentos realiza el encuentro de los vivos con Aquél que da continuamente y alimenta con vida siempre nueva, en el consuelo y la esperanza, a cuantos acuden hambrientos y sedientos.

 

Al Santuario se llega como al templo del Dios vivo, al lugar de la alianza viva con El, para que la gracia de los Sacramentos libere a los peregrinos del pecado y les dé la fuerza de volver a comenzar con nuevo brío y nueva alegría en el corazón para ser entre los hombres testigos transparentes del Eterno. Esta fidelidad de Dios es provocadora de alianzas que son las “promesas” del peregrino.

 

En el Santuario se aprende a abrir el corazón a todos, en particular a los que son distintos de nosotros: el huésped, el extranjero, el inmigrante, el refugiado, el que profesa otra religión y el no creyente.

Así, el Santuario, además de presentarse como experiencia de Iglesia, se convierte en lugar de convocatoria abierta a toda la humanidad. De allí que nuestra Parroquia y sus Capillas en este espíritu deberían encaminarse a una forma de “Santuarización”.

 

Para ello podríamos preguntarnos: ¿qué cosas favorecen la presencia de los peregrinos en los Santuarios? ¿Cuáles nos ayudarían para “Santuarizar” nuestra Parroquia y nuestras Capillas?

 

Algunas respuestas a estas preguntas podrían ser fomentar las actitudes siguientes:

 

·         Recibimiento y acogida cordial y fraterna: “acoger es evangelizar”.

 

·         Ámbito de “encuentro” con Dios y con los demás: la fiesta de encontrarnos para “estar”.

 

·         Lugar en que se siente que se está en la Casa del “Padre de las Misericordias” donde se recibe el perdón (Sacramento de la Reconciliación) y la salud.

 

·         Lugar donde también está la Madre, la Virgen María, como signo principal de protección.

 

·         Espacio donde como con Jesús en casa de Mateo o de Zaqueo, “los pecadores” se sienten cómodos: no son prejuzgados, ni señalados.

 

·         Ámbito donde se encuentra “consolación”: aumento de “Fe, Esperanza y Caridad”, alegría y fortaleza para seguir “andando nomás”.

 

·         Un alto en el Camino de la vida: esperando “en la cola” para tomar gracia, “tocar lo santo”, buscar el “rostro de Dios”, recibir la Eucaristía y dar gracias al ser despedidos con la Bendición.

 

Todo esto enciende el amor a la Iglesia que es esencialmente fervoroso: es el amor del hijo hacia su madre. Supone devoción, la misma que a la Virgen casi. Se sabe fundado en Cristo y contempla con gozo su costado abierto, fuente del desposorio místico con Su Esposa.

 

San Alberto Hurtado fue descrito como “un fuego que enciende otros fuegos” y él mismo nos indicó su fuente cuando escribía: “Tomo el Evangelio, voy a San Pablo, y allí encuentro un cristianismo todo fuego, todo vida, misionero; un cristianismo verdadero que toma a todo el hombre, rectifica toda la vida, abarca toda actividad. Es como un río de lava ardiendo, incandescente, que sale del fondo mismo de la religión”. Este fervor hecho fuego se apoderó de la vida de San Alberto Hurtado hasta tender a decir con San Pablo: “No vivo yo, es Cristo quien vive en mi” (Gal. 2, 20)

 


La Parroquia es el Barrio (Santa Clara de Asís – Diócesis de San Isidro)

LA PARROQUIA ES EL BARRIO

Parroquia Santa Clara de Asís

Diócesis de San Isidro

 

Pbro. Jorge García Cuerva

 

La fuerza de este anuncio de vida será fecunda si lo hacemos con

el estilo adecuado, con las actitudes del Maestro, teniendo siempre

a la Eucaristía como fuente y cumbre de toda actividad misionera.

Invocamos al Espíritu Santo para poder dar un testimonio

de proximidad que entraña cercanía afectuosa, escucha, humildad,

solidaridad, compasión, diálogo, reconciliación, compromiso

con la justicia social y capacidad de compartir, como Jesús lo

hizo. Él sigue convocando, sigue invitando, sigue ofreciendo incesantemente

una vida digna y plena para todos. Nosotros somos

ahora, en América Latina y El Caribe, sus discípulos y discípulas,

llamados a navegar mar adentro para una pesca abundante.

Se trata de salir de nuestra conciencia aislada y de lanzarnos, con

valentía y confianza (parresía), a la misión de toda la Iglesia. Aparecida, 363

 

 

Algunas aproximaciones…

 

I.-  Geográfico

 

El territorio de nuestra parroquia está limitado  por las calles Avenida San Martín, Isla Soledad, Urquiza y Panamericana.

Comprende la población de los barrios de dos localidades del Partido de Tigre: Talar y Don Torcuato. Está constituida por los siguientes barrios:

Localidad de Talar: San Diego- El Perejil- El Embrujo – Alte. Brown San Pablo -San Francisco- Palito- La Esperanza

Localidad de Don Torcuato  Sapito, Atocha, Inmaculada  

Limita al norte y al oeste con el Partido de Malvinas Argentinas, con la Localidad de Villa de Mayo.

 

Espiritualidad y Misión

 

Ser una Parroquia de la periferia, de los márgenes: Estar entre dos localidades, sobre la divisoria de partidos y de diócesis  implica que hay mucha movilidad de población, la gente recurre y circula por muchos lados para satisfacer sus necesidades de acceso al trabajo, a la salud, a la educación, al esparcimiento. Lo geográfico no es significativo  para la gente: nosotros de alguna manera lo traducimos en aquello que la Parroquia es el Barrio. No  algo estático,  físico,  edilicio,  el templo…

A la vez, dada la cantidad de barrios intentamos tener lugares religiosos,  no solo las capillas. La ermita de San Pantaleón.... Las instituciones educativas como lugares de oración y celebración (Fiestas Patronales 2013 en el Jardín de Infantes), la imagen de la Virgen de Luján en La Esperanza, las misas en las calles, en las casas…. 

 

Teniendo en cuenta las dimensiones de nuestras parroquias, es

aconsejable la sectorización en unidades territoriales más pequeñas,

con equipos propios de animación y coordinación que permitan

una mayor proximidad a las personas y grupos que viven en

el territorio. Es recomendable que los agentes misioneros promuevan

la creación de comunidades de familias que fomenten la

puesta en común de su fe cristiana y las respuestas a los problemas. Aparecida, 372

 

 

II.- Poblacional

 

Según el Censo Nacional de Población Hogares y Viviendas - Año 2010 – realizado por Instituto Nacional de Estadísticas y Censos en la localidad de Talar residen  43420 habitantes. La población que habita dentro de nuestra área programática tiene 13.245 habitantes dentro de la localidad de Talar y más de 3.500 del lado de Don Torcuato. Por lo cual en nuestra parroquia residen alrededor de 18.000 habitantes[1]. Debe considerarse aquí también la cantidad de familias que geográficamente ¨no corresponden al territorio parroquial¨, pero que se sienten parte, se acercan, o la parroquia llega a ellos con alguna de las actividades que se realizan, catequesis, comedor, trabajo en prevención y asistencia de adicciones, etc.

La mitad de la población es joven y esto marca nuestra opción pastoral.

 

Espiritualidad y Misión

Jóvenes en Riesgo

 

Por otro lado, constatamos con preocupación que innumerables

jóvenes de nuestro continente atraviesan por situaciones que les

afectan significativamente: las secuelas de la pobreza, que limitan

el crecimiento armónico de sus vidas y generan exclusión; la socialización,

cuya transmisión de valores ya no se produce primariamente

en las instituciones tradicionales, sino en nuevos ambientes

no exentos de una fuerte carga de alienación; su

permeabilidad a las formas nuevas de expresiones culturales,

producto de la globalización, lo cual afecta su propia identidad

personal y social. Son presa fácil de las nuevas propuestas religiosas y pseudo religiosas.

La crisis, por la que atraviesa la familia

hoy en día, les produce profundas carencias afectivas y conflictos

emocionales. Aparecida, 444 

 

Un eje que atraviesa nuestra mirada sobre el contexto social y nuestras opciones pastorales tiene como médula los adolescentes y jóvenes en situación de riesgo Estos no solo se caracterizan por su adolescencia y juventud sino por vivir y crecer en contextos de pobreza.

Si se aborda la adolescencia en su dimensión de construcción de identidad, autonomía puede afirmarse que los jóvenes atraviesan una particular etapa de transición que los hace particularmente vulnerables y esta vulnerabilidad es mayor en los miembros de este grupo etáreo que además son pobres.[2]

Entre estos últimos, las carencias y desventajas que son transitorias para otros se convierten en definitivas (exclusión de servicios de salud, de educación, de acceso a bienes culturales y de acceso al mercado formal de trabajo entre otras) y el vacío de derechos que enfrentan impiden la construcción de un proyecto de vida.

Nosotros comprendemos la pobreza como una frustrada experiencia humana, como una deteriorada calidad de vida, de sujetos que no sólo no logran resolver sus necesidades materiales, sino que esta situación atraviesa y condiciona la satisfacción de sus necesidades psicológicas, sociales, culturales, afectivas. Por esto percibimos que la pobreza se entrelaza con la vulnerabilidad.

A esta situación de crisis de personalidad de los adolescentes –como etapa evolutiva-  se le incorpora transitarla en contextos familiares, sociales y comunitarios adversos dejándolos en escenarios de riesgo y vulnerabilidad.

Ser vulnerable implica debilidad, fragilidad, inseguridad, precariedad, inestabilidad, impotencia, padecimiento. 

Es por esto que como el buen samaritano salimos a su encuentro, viéndolos no medio muertos sino medio vivos. El desafío del cambio de mirada, partir de la propia vulnerabilidad…

 

III.- Características Habitacionales

 

La situación habitacional es de suma complejidad. Dada la extensión de la zona y el número de habitantes: la población reside en condiciones de vulnerabilidad habitacional: eso significa hacinamiento, densidad poblacional, exceso de unidades habitacionales en un mismo lote.

Se evidencian complejos habitacionales pertenecientes a políticas gubernamentales de los años 80 y 90; como así también construcciones pertenecientes al Plan Federal de Viviendas (impulsado desde la Fundación  de Madres de Plaza de Mayo) sin conclusión.

De igual manera, hay barrios construidos con viviendas inseguras construidas sin planificación con materiales precarios y/o inflamables: con malas condiciones de habitabilidad: escasa ventilación, humedad en las paredes, luminosidad. (Construcciones de madera).

 

IV.-Infraestructura- Acceso a los servicios 

 

La zona no posee una infraestructura que garantice los servicios esenciales para favorecer la calidad de vida de la población

 

Acceso a servicios básicos: 

 

Falta de agua corriente: La familias obtienen agua por medio de instalaciones particulares ya sea de motores o bombas propias, cuyas perforaciones alcanzan a napas de escasa profundad las cuales son pueden garantizar la potabilidad del agua.

De igual manera los complejos habitacionales poseen tanques comunitarios no se puede verificar el mantenimiento de los mismos. Debido a la escasa presión de la red de cañería del barrio, en época estival el agua no llega a las viviendas más periféricas.

 

Falta de red cloacal: Debido a esto se debieron construir pozos ciegos en los terrenos que deberían ser vaciados periódicamente por camiones atmosféricos.  Con el incremento poblacional se hace necesaria en los lotes la construcción de nuevos pozos no contando los terrenos con espacio suficiente para ello, situación que provoca el drenaje de los residuos sanitarios y aguas servidas en  las zanjas del barrio.

 

Falta de gas natural: La población utiliza para la calefacción de las viviendas se utiliza artefactos eléctricos o en su defecto salamandras o braseros de carbón. De igual modo para la cocción de los alimentos, gas envasado. 

 

Esta falta de infraestructura básica en la zona implica residir en condiciones de vulnerabilidad social.

La vulnerabilidad social, es un complejo síndrome de desventajas socio económicas, de comportamientos socio demográficos y de factores o características de estructuración familiar disfuncionales, asociados habitualmente pero no únicamente a la pobreza, que posiciona a un segmento de la población con mayor o menor permanencia al borde de la exclusión. Implica la potencial carencia o riesgo de pérdida de cualidades o valores cuya posesión es socialmente apreciada...[3]

 

Con relación a la accesibilidad a la zona, la misma es favorable por estar circundada por una zona fabril: la cual significó el asfalto en la mayoría de sus calles.  Asimismo limitada  por la cercanía a la Ruta Panamericana y la Ruta Provincial 197 facilita el  paso de líneas de colectivo que permiten la posibilidad de la comunicación con otras zonas del partido y del Gran Buenos Aires.

Esta accesibilidad al mismo tiempo tiene un aspecto muy negativo: el barrio es un centro de comercialización de drogas muy importante, se compra y se vende en grandes cantidades, y la posibilidad de entrar y salir del barrio rápidamente favorece esta actividad ilegal de la que viven muchas familias.

 

El problema de la droga es como una mancha de aceite que invade

todo. No reconoce fronteras, ni geográficas ni humanas. Ataca

por igual a países ricos y pobres, a niños, jóvenes, adultos y ancianos,

a hombres y mujeres. La Iglesia no puede permanecer indiferente

ante este flagelo que está destruyendo a la humanidad,

especialmente a las nuevas generaciones. Aparecida, 422

 

Espiritualidad y Misión:

 

Desde la parroquia se anima y acompaña el compromiso laical en las diversas instancias de participación democrática; delegación municipal, partidos políticos, elecciones de consorcios en los complejos habitacionales, agentes territoriales, red de las instituciones del barrio, mesa por la vivienda digna, organizaciones barriales relacionadas con la vivienda, con la lucha contra las adicciones, etc.

Se forja una espiritualidad de la participación como modo de ser agentes de cambio por una vida digna para todos desde las parábolas del Reino; la semilla de mostaza, la levadura en la masa…

 

Su misión propia y específica se realiza en el mundo, de tal modo

que, con su testimonio y su actividad, contribuyan a la transformación

de las realidades y la creación de estructuras justas según

los criterios del Evangelio. Aparecida, 210

 

IV.- Escuelas 

 

Si bien la zona posee establecimientos públicos de todos los niveles de enseñanza obligatoria, los mismos no cuentan con cupos para incluir a toda la población local, quedando especialmente los jóvenes (15 a 18 años) sin cupo por falta de escuelas con los últimos años del secundario. De igual manera a los problemas del sistema educativo se agrega la baja calidad educativa, falta de docentes, falta de organización de las familias para reclamar.

 

Espiritualidad y Misión:

 

Opción pastoral Espacios de Educación Jardín Maternal- Jardín de Infantes- Apoyo Escolar Primario- Secundario. Escuelas para padres; entendiendo la educación como un modo de desarrollo integral de la persona, no sólo aporte de conocimientos académicos.

Educar a partir de su sentido etimológico: educere, sacar de adentro; estamos convencidos que todos los niños y adolescentes de nuestros barrios, más allá de todas sus dificultades de comportamiento y estimulación, tienen un héroe dormido[4] en su interior que desde la educación queremos despertar para que se despliegue y desarrolle.

 

La Iglesia está llamada a promover en sus escuelas una educación

centrada en la persona humana que es capaz de vivir en la

comunidad, aportando lo suyo para su bien. Ante el hecho de que

muchos se encuentran excluidos, la Iglesia deberá impulsar una

educación de calidad para todos, formal y no-formal, especialmente

para los más pobres. Educación que ofrezca a los niños, a

los jóvenes y a los adultos el encuentro con los valores culturales

del propio país, descubriendo o integrando en ellos la dimensión

religiosa y trascendente. Para ello, necesitamos una pastoral de la

educación dinámica y que acompañe los procesos educativos,

que sea voz que legitime y salvaguarde la libertad de educación

ante el Estado y el derecho a una educación de calidad de los

más desposeídos. Aparecida, 334

 



[1] Datos aportados por EL Centro de Salud Almirante Brown (Secretaría de Políticas Sanitarias y Desarrollo Humano) del Municipio de Tigre

[2] Kessler, Gabriel, Sociología del delito amateur, Buenos Aires, 2004, Paidos.

 

[3] “Contextualización  de las condiciones sociales asociadas a la problemática del trabajo infantil en la

     Argentina”.- Dirección Nacional de Políticas de Seguridad Social.

      Ministerio de Trabajo, Empleo y Seguridad Social   

[4] El concepto fue elaborado por el equipo de reflexión de adolescentes y jóvenes en riesgo y en contexto de pobreza Talitá Kum; se refiere al convencimiento que más allá de los diversos condicionamientos sociales, los adolescentes tienen un potencial posible de desplegar y desarrollar. Esa es la misión de la educación.


Parroquia de Barrio (Sgdo. Corazón de Jesús - Villa Ballester - Diócesis de San Martín)

PARROQUIAS DE BARRIO

 Parroquia Sagrado Corazón de Jesús

 Villa Ballester - Diócesis de San Martín

Pbro. Guillermo Vido

Introducción

     A modo de introducción es importante señalar que la parroquia está en un proceso de conversión y renovación pastoral. Se vio la necesidad de serias y profundas modificaciones eclesiales y pastorales que la vayan adecuando para este tiempo y para la nueva evangelización. Esto la pone en un estado de transición que no siempre da resultados positivos y que, al mismo tiempo, nos hace pasar por momentos de entusiasmos y otros de cierta decepción. La opción fundamental es la apertura de la comunidad parroquial a su gente; es asumir un protagonismo en el barrio promoviendo la amistad social y la construcción desde el bien común. Es una actitud de escucha a la realidad que vive nuestro pueblo y es un esfuerzo para un anuncio actual de Jesucristo y un servicio al hombre concreto.

     Este esfuerzo de renovación está fundado en líneas maestras que surgen de la Palabra de Dios, del espíritu y letra del Concilio;  tiene como luz principal pastoral la inspiración de Pablo VI en EN, y quiere sumarse a las orientaciones de LPNE y NMA. (Obviamente no se abandona otras fuentes magisteriales). Pero todo leído en clave de encarnación y servicio, de testimonio y promoción. Por eso estamos aprendiendo a leer (o al menos tratando de aprender) los signos de los tiempos en los cambios de este momento.

 

1.   Contexto socio cultural de la parroquia

 

     Nuestra parroquia está ubicada en el Partido de General San Martín. Su territorio es relativamente chico, ya que tiene poco más de 1 km cuadrado. La población aproximada seria de 20 mil personas.

 

     No tenemos datos exactos en muchos temas; la mayoría están tomados del censo del 2010 y del trabajo pastoral que venimos haciendo.

 

Lectura socio – cultural

 

     Desde la perspectiva económica, decimos que tenemos una población de clase media, pero en la oscilación típica de este tiempo. Solemos hablar de sectores: zonas en donde se ve diversas formas de vida: desde una situación más hasta zonas más sencillas. No tenemos villas de emergencia, pero sí algunas situaciones de pobreza. La población, podemos decir, es despareja: mayoría de gente adulta en el centro y más jóvenes y niños en la periferia. Ritmos muy distintos: gente que está mucho en su casa y gente que no aparece hasta muy tarde.  

    

En lo que hace a la formación consideramos que tenemos un prisma complejo; calculamos que hay una importante cantidad de profesionales; la mayoría ha terminado los estudios básicos. Pero hoy la crisis educativa se ve seriamente: jóvenes que no terminan la secundaria.

 

Lectura eclesial:

 

     La parroquia ha sido creada en el año 1952. En el esquema clerical que suele tener la mirada sobre las parroquias transitamos el cuarto párroco (el primero 17 años, el segundo 25 y el tercero 9). Estilos pastorales muy disímiles, con episcopados muy diversos. Un estilo muy marcado por lo sacramental y con cierta influencia de cristianos pertenecientes a organismos de iglesia sin conexión con la vida de la parroquia. En la opinión de muchos, una cantidad importante de gente de la zona, pero de paso. La participación de la gente en la vida de la comunidad es variada, aunque pensamos que el porcentaje es más bien bajo. Aunque es muy variada la forma de comunicación: litúrgica, sacramental, comunicacional (periódico, radio, web), eventos, cultura, misión. La parroquia está adquiriendo más protagonismo en la vida del barrio.

 

     En este momento la parroquia está organizada fundamentalmente sobre el esquema de áreas pastorales: Una planificación general que da la clave de comunión general y canales (áreas pastorales) a través de los cuales pretendemos llegar a todas las personas, familias e instituciones, en sus ámbitos, lugares y situaciones. El modelo tiene sus desafíos, porque no es fácil, ni el sentido de pertenencia a la gran familia, ni la integración pastoral de las áreas. Pero al mismo tiempo, se confirma que cuando se resuelven estos desafíos la tarea pastoral se hace más fácil y efectiva; sobre todo porque se constata que llega a todos (o casi todos).

Además se ha logrado una seria disminución en la edad de los principales responsables de la vida y de la pastoral de la parroquia; esto presenta un logro importante para hacer más joven la comunidad, pero un desafío grande: el ritmo de vida de la gente es más complicado y hace más difícil los encuentros.

 

2-   Adecuación al contexto

 

     Estando la parroquia en este momento de transición percibimos las dificultades para este agiornamiento, pero al mismo tiempo un horizonte de renovación eclesial y parroquial.

    

2.1. Logros

 

2.1.1. Mayor presencia en el barrio: La teología de la visitación (Cfr. Lc 1, 68.78; 7, 16; 19,44) nos ha movido a ir al encuentro de las variadas realidades de nuestro barrio. Instituciones y familias están siendo el objeto de un acercamiento y de un diálogo. Esto pretende tener un protagonismo positivo, generador de diálogo en la comunidad social y alentar los valores del Reino.

 

2.1.2. Esfuerzo por adaptación en el lenguaje y en los gestos. Tanto en lo litúrgico como en los MCS se trata de encarnarse lo más posible. Se busca un permanente discernimiento para encarnar el mensaje en la realidad de nuestra gente. Sobre todo se busca responder a la situación y a los desafíos personales y sociales.

 

2.1.3. Rejuvenecimiento de los agentes de pastoral: Ha crecido el número de los agentes de pastoral con edades de adultos no ancianos. Un cambio importante que, más allá de la dificultad por horarios, permite un cambio de mentalidad y de testimonio.

 

2.2. No logros:

 

2.2.1. Seria dificultad para el cambio de paradigma eclesial y espiritual: Se nota que muchos en nuestra comunidad tiene problemas para repensar el modo cristiano de la vida. Se sigue viendo clericalismo, no compromiso social y político, cierta espiritualidad desencarnada. Causado por nuestra historia y por los diversos modelos eclesiales cuesta que se sumen a un proyecto pastoral integrador.

 

2.2.2. Problemas en la integración pastoral: Se hace complicado para mucha de nuestra gente entender y asumir el desafío y la necesidad de una pastoral de conjunto que integre las diversas áreas y servicios. Tanto en lo que hace a la gente que ya participa en la vida y en la tarea pastoral, como, y mucho más, en la gente que tiene un acercamiento limitado.

 

2.2.3. Insuficiente preparación de los agentes de pastoral: El cambio necesario que se está promoviendo no siempre cuenta con los agentes capacitados, tanto teológica como pastoralmente. Hay voluntad y generosidad, pero muchas veces nos encontramos con problemas de tiempo y de idoneidad.

 

2.2.4. Estructuras deficientes: La estructura y organización parroquial (unida a los  temas anteriores) hacen más difícil la tarea pastoral orientada al acercamiento a todos. Desde horarios, metodologías, formas de comunicación, vocabulario; muchas de estas realidades están caducas o al menos no tienen peso y relevancia en la cultura del argentino de nuestro barrio. Sumado al tema de las nuevas generaciones, con sus cambios de paradigmas, de valores, de hábitos, de lenguaje.

 

3-   Fuerzas evangelizadoras de la parroquia

    

Dentro del proceso pastoral parroquia

 

3.1. La Palabra de Dios: Promover el encuentro de cada persona con el Dios que se hizo Palabra. Es la experiencia del Cristo vivo que sigue hablando al hombre llamándolo a seguir y a evangelizar. La Palabra que reúne a la comunidad, la Palabra que enseña un nuevo modelo de vida, la Palabra que tiene la fuerza para cambiar la inteligencia y el corazón del hombre.

 

3.2. La pastoral popular. Hemos iniciado un trabajo de sensibilización a la realidad popular de la fe. Esto nos exige un cambio de actitud: escuchar las expresiones religiosas de nuestro pueblo. Esto nos obliga a repensar nuestro lenguaje y nuestros gestos, esto nos desafía a discernir de qué manera anunciar al Cristo de siempre en las culturas nuevas.

 

3.3. La pastoral misionera: La clave que estamos descubriendo es salir: nos dimos cuenta de que la gente está afuera, pero que además no tienen interés en venir. Salir implica toda forma de acercamiento, toda manera de hacernos presente, es la actitud y acción de pensar en el otro, de llegar al otro, de tocar el corazón del otro.

 

3.4. La pastoral social: Siendo la fe la experiencia del Dios que se hace servicio (“Cómo el Hijo del hombre que no ha venido a ser servido sino a servir y dar la vida en rescate por una multitud” Mc 10, 45), entendimos que es esencial a nuestra vida parroquial el compromiso real con todas las realidades que vive nuestra gente. Pensamos que la pastoral social, no apunta solo a las necesidades, sino a la construcción de redes, vínculos y trabajos en favor de la convivencia, de la promoción y de la dignidad.

 

3.5. La formación permanente: Desde la verificación de que la mayoría de nuestros agentes de pastoral no estaban maduros para la evangelización, se ve la necesidad de motivar a actitudes y acciones permanentes de crecimiento en la fe y en la pastoral. Incluye una fuerte promoción de la pertenencia a la comunidad. Pero al mismo tiempo es potenciar los vínculos y las relaciones de los miembros de las áreas o espacios pastorales. Es impulsar un compromiso y un trabajo real de preocupación y ocupación por los hermanos en la fe. Además de motivar y estimular la creatividad y la iniciativa pastoral.

 

4.   Trabas a la evangelización

 

4.1. Problemática teológico – espiritual: El estilo católico tradicional está muy atado a modelos duros que no permiten una profunda renovación eclesial y pastoral. La concepción y la vivencia de “lo espiritual cristiano” mantienen lastres de otras épocas que hacen, sino imposible, muy difícil la renovación de la parroquia. Muchos de los pocos que forman parte de la comunidad eucarística (sobre todo) y muchos de los muchos que se llaman católicos tienen una imagen religiosa de lo cristiano; en donde el compromiso social y político es casi, no solo desconocido, sino desvalorizado.

 

4.2. Falta de dirigentes: No falta gente (aunque podría haber mucha más). El problema radica en la motivación, formación y delegación real en la vida de la comunidad y en la tarea pastoral. Y obviamente la capacitación, en todos los órdenes, de los que llamamos agentes de pastoral. Es más, suele darse que mucha de nuestra gente tiene una muy buena formación en lo profesional, pero muy pobre en la comprensión y vivencia de la fe.

 

4.3. Ausencia de una pastoral de conjunto: Sea por tema de concepción pastoral o por cuestiones prácticas, suene verse dificultada la acción pastoral. El problema de la “quinta propia”, del “espacio mío”, se prolonga en debilitamiento en la acción evangelizadora, que disminuye las personas y los recursos; y que muchas veces superpones actividades.

 

4.4. Falta de ardor evangelizador: Por diversas causas, que habrá que analizar, son muchos los miembros de nuestras comunidades que viven con apatía y frialdad su fe, que no sienten la alegría de creer ni entusiasmo por pertenecer a la comunidad cristiana. Es la negación a salir a las calles, a las casas, a los hombres para simplemente anunciar a Jesús, su evangelio.

 

5.   Núcleos pastorales a reflexionar

 

5.1. Una seria renovación espiritual y teologal en la iglesia: El anuncio kerigmático y la enseñanza evangélica, no solo tienen que ser el núcleo y primer anuncio, sino que deben marcar la vida de la comunidad y de las persona. Es el tema de la vida teologal. Es necesario revisar lo esencial de la vida y de la misión de la comunidad parroquial: Presencia entre la gente; servicio al hombre, anuncio de Jesucristo: hombre y Dios; testimonio de una vida nueva.

 

5.2. La realidad del párroco: Un estilo sacerdotal acorde a la vida de la gente: la concepción del sacerdocio, su formación, su espiritualidad y su modo concreto de vida, tienen que estar discernidos y enfocados a la vida pastoral. La caridad pastoral tiene que ser, de verdad, la clave de lectura y de vida de los presbíteros. El que asume la vida de la parroquia no puede estar en muchas cosas más y pasar a ser funcionario de un modelo religioso, sino pastor con y para la gente. Pero además esto implica una profunda comprensión, valoración y participación real de los laicos en la vida del párroco y en la vida y misión de la parroquia.

 

5.3. La presencia eclesial: lugares, modos, gestos y lenguaje: Es el traspaso de la comprensión geográfica de la parroquia a la comprensión presencial de la misma. Es el cambio de paradigma de la pastoral de lo doctrinal (intelectual) a la pastoral integral (total del hombre). Es la Iglesia que se manifiesta de muchas maneras, de todas las maneras necesarias para llegar a todos. Es la universalidad territorial pero desde la universalidad humana y social. Es el pueblo de Dios que acompaña toda la vida del pueblo de Dios. “Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo” (GS 1).

 

5.4. Integración pastoral: La parroquia necesita de la parroquia: la dimensión comunional entre comunidades. La movilidad y la problemática de la gente y la realidad teológica de la iglesia nos desafía a pensar en grande. Pero esto es un desafío a la comprensión y vivencia de lo diocesano. Revisión de la figura episcopal, de las estructuras y de los ritmos eclesiales diocesanos.

 

NOTA:

Transcribo el texto de la ponencia del Cardenal Martini al Sínodo de Europa del año 1999. Creo que es luminoso para toda reflexión sobre la renovación eclesial y en particular la parroquial. Para nosotros es otra fuente de reflexión espiritual, teológica y pastoral. 

 

Mis tres sueños

Intervención del Card. Martini, arzobispo de Milán, en el Sínodo de los obispos europeos el 7.10.99, traducida del italiano y publicada en Razón y Fe 240 (1999) 356-358.

 

He escuchado con vivo interés todas las intervenciones hechas hasta aquí, intentando entender de qué modo pudieran responder a la pregunta: cómo Jesucristo, vivo en su Iglesia, es hoy fuente de esperanza para Europa.

Pero antes de expresar mi propio parecer, querría evocar a una persona que muchos de nosotros recordamos como presente en esta aula y que el Señor ha llamado junto a sí el pasado 17 de junio: se trata del cardenal Basil Hume, arzobispo de Westminster. Más de una intervención realizada por él en el Sínodo comenzó con las palabras: I had a dream, «he tenido un sueño». También yo en estos días, escuchando las intervenciones, he tenido un sueño, más todavía, varios sueños. Traigo a colación tres.

1. Sobre todo, el sueño de que, a través de una familiaridad cada vez más grande de los hombres y mujeres europeos con la Sagrada Escritura, leída y rezada en la soledad, en los grupos y en las comunidades, se reavive aquella experiencia del fuego en el corazón que tuvieron los dos discípulos en el camino de Emaús (Instrumentum laboris, 27). Me remito para todo esto a lo que ya ha dicho Mons. Egger, obispo de Bolsano-Bressanone. También por mi experiencia, la Biblia leída y rezada, en particular por los jóvenes, es el libro del futuro del continente europeo.

 

2. En segundo lugar, el sueño de que la parroquia continúe actualizando, con su servicio profético, sacerdotal y diaconal, aquella presencia del Resucitado en nuestros territorios, que los discípulos de Emaús pudieron experimentar en la fracción del pan (II, 34, 47). En este Sínodo, ya se han manifestado diversas opiniones para evidenciar el papel de los movimientos eclesiales en orden a la vivificación espiritual de Europa. Pero es necesario que los miembros de los movimientos y de las nuevas comunidades se incardinen vitalmente en la comunión de la pastoral parroquial y diocesana, para poner a disposición de todos los dones particulares recibidos del Señor y para someterlos al examen del entero pueblo de Dios (II, 47). Hasta que esto no suceda, resulta perturbada la vida entera de la Iglesia, tanto la de las comunidades parroquiales como la de los mismos movimientos. Donde, por el contrario, se realiza una eficaz experiencia de comunión y de corresponsabilidad, la Iglesia se ofrece a sí misma como signo de esperanza y propuesta alternativa creíble a la disgregación social y ética lamentada por tantos. 117

 

3. Un tercer sueño es que el retorno festivo de los discípulos de Emaús a Jerusalén para encontrar a los apóstoles se convierta en estímulo para repetir de vez en cuando, en el curso del siglo que se abre, una experiencia de confrontación universal entre los obispos, que sirva para escoger alguno de los temas disciplinares y doctrinales que, quizá, han resultado poco evocados en estos días, pero que reaparecen periódicamente como puntos calientes en el camino de las iglesias europeas y no sólo europeas. Pienso, en general, en las profundizaciones y en los desarrollos de la eclesiología de la comunión del Vaticano II. Pienso en la carencia, de algún modo ya dramática, de ministros ordenados y en la creciente dificultad para un obispo de proveer al cuidado de almas en su territorio con suficiente número de ministros del evangelio y de la eucaristía (II, 14). Pienso en algunos temas referentes al papel de la mujer en la sociedad y en la Iglesia, la participación de los seglares en algunas cuestiones como la responsabilidad ministerial, la sexualidad, la disciplina del matrimonio, la praxis penitencial, las relaciones con las iglesias hermanas de la ortodoxia, y, más en general, la necesidad de reavivar la esperanza ecuménica; pienso en la relación entre democracia y valores, entre leyes civiles y leyes morales.

No pocos de estos temas ya emergieron en Sínodos precedentes, sea generales o especiales, y es importante encontrar lugares e instrumentos adecuados para su atento examen. Para esto, no son ciertamente válidas ni las investigaciones sociológicas ni las recogidas de firmas. Ni los grupos de presión. Y puede que ni tan siquiera un Sínodo pudiera ser suficiente. Algunos de estos puntos probablemente necesitan de un instrumento colegial más universal y autorizado, donde puedan ser afrontados con libertad, en el pleno ejercicio de la colegialidad episcopal, en la escucha del Espíritu y teniendo presente el bien común de la Iglesia y de la humanidad entera.

Nos sentimos llevados a interrogarnos si, cuarenta años después del comienzo del Vaticano II, no está madurando poco a poco, para el próximo decenio, la conciencia de la utilidad y casi de la necesidad de una confrontación colegial y autorizada entre todos los obispos, sobre algunos de los temas medulares surgidos en estos cuatro decenios. Aumenta la sensación de hasta qué punto sería hermoso y útil para los obispos de hoy y de mañana, en una Iglesia ahora cada vez más diversificada en sus lenguajes, repetir aquella experiencia de comunión, de colegialidad y de Espíritu Santo que sus predecesores han desarrollado en el Vaticano II y que hoy solamente es memoria viva desde contados testimonios.

Roguemos al Señor, por intercesión de María, que estaba con los apóstoles en el Cenáculo, que nos ilumine para discernir si, cómo y cuándo, nuestros sueños pueden convertirse en realidad.


Parroquia de Barrio (Ntra. Sra. de la Paz - Arquidiócesis de Buenos Aires)

PARROQUIA DE BARRIO

Parroquia Nuestra Señora de la Paz

Arquidiócesis de Buenos Aires

 

Pbro.  Gastón Lorenzo

 

1.  Contexto sociocultural en el que está inserta la Parroquia.

 

La parroquia Nuestra Señora de la Paz está situada en la calle Pergamino 53, en el tradicional barrio de Floresta. Erigida canónicamente el 24 de julio de 1954, se encuentra próxima a celebrar 60 años de presencia en un barrio que ha tenido varias transformaciones considerables a lo largo del tiempo. Originalmente familiar, de casas bajas, y constituida por una población residencial integrada de emprendedores profesionales con estudios universitarios, el barrio recibió en las últimas décadas la irrupción de gran cantidad de habitantes de “tránsito”, ya que al hallarse en él importantes avenidas con negocios (Rivadavia, Nazca, Alberdi, Directorio, Mariano Acosta), la zona aumenta su población notablemente en el horario laboral, sea por los comerciantes, sea por los clientes que concurren a los mismos. Las vías del ferrocarril “Sarmiento”, que abrazan uno de los límites del radio parroquial, colaboran en el aumento de los transeúntes que circulan ocasionalmente. De la misma manera, el estilo de las viviendas ha experimentado una notable mutación. Sin dejar de existir –totalmente– aquellas casas bajas de habitantes con formación profesional, fue albergando, progresivamente, numerosas casas tomadas con inmigrantes de países limítrofes, sobre todo de Bolivia y, en menor grado, de Perú, que han sumado su propia impronta cultural a la vida del barrio en todas sus dimensiones, también en lo que respecta a la vivencia religiosa. La inestabilidad de estos “nuevos habitantes” que cambian continuamente en sus viviendas, más la construcción de algunos edificios estimulada por la próxima llegada de la línea “A” del subterráneo, favoreció cierta pérdida del sentido de pertenencia y arraigo que caracterizaba a los vecinos. Hay que sumar, en los últimos años, la llegada de numerosos “boliches” bailables y de recitales que han invadido la avenida Rivadavia, factor determinante para la emigración de cuantiosas familias a otras zonas de la ciudad, ya que junto a la creciente inseguridad generada por al alcoholismo y la proliferación de la venta y consumo de drogas, algunas calles del barrio se han convertido en una zona “roja” fomentada por la edificación de departamentos de alquiler  transitorio para el ejercicio de la prostitución, realidad no sólo observada en horario nocturno, sino también durante el día. El mismo templo parroquial se levanta en una cuadra que, en una esquina funciona un “boliche” con actividad incluso durante los días de semana, y la otra esquina es punto de referencia para la prostitución. Así las cosas, la parroquia lleva adelante su misión evangelizadora en un contexto sociocultural multifacético, condicionado por nuevas realidades difíciles de abordar, y potenciado por parroquianos de clase media, sencillos, con extraordinaria devoción mariana, y deseosos de trabajar por el bien común.

 

2.- ¿En qué se nota la adecuación de la Parroquia?

      Aggiornamiento con el contexto

 

ü  Pastoral escolar

ü  Pastoral sacramental

ü  Testimonio de la Misericordia

ü  Testimonio del Kerygma

ü  Profundización de la fe

 

 

3.- ¿Cuáles son las fuerzas evangelizadoras de la Parroquia?

 

ü  Vida espiritual.

ü  Misericordia.

ü  Educación.

ü  Vida comunitaria.

 

4.- ¿En qué se perciben las trabas para la evangelización y para la adecuación

      al contexto urbano?

       (dificultades, estructuras caducas, modelos, formas, fondos)

 

ü  Externos.

ü  Internos.

 

 

5.- ¿Cuáles son a tu parecer aquellos núcleos pastorales que necesitamos

  reflexionar en el futuro a fin de alcanzar Parroquias urbanas evangelizadoras?

 

ü  Identidad de la parroquia (paroikia) urbana, en clave dinámica (movimiento), no sólo territorial (estática).

ü  La organización de la pastoral ordinaria en la diócesis

ü  Formación de agentes pastorales (pescadores-pastores) preparados para el anuncio (kerygma) y la catequesis (didaché)

ü  Fortalecimiento de la pastoral familiar y juvenil (cristianos orantes, fraternos, misioneros)

ü  El surgimiento de “espiritualidades importadas” y ajenas a la fe cristiana, que plantean una especie de “nihilismo”, y exigen fortalecer el anuncio de lo propiamente cristiano, entre otras cosas, renovando el ejercicio de la misericordia, es decir, la comprensión del amor que se conmueve ante la debilidad.

ü  La utilización de las nuevas tecnologías y redes de comunicación social


Parroquias Animadas por Laicos (San Martín de Porres - Diócesis de Merlo-Moreno)

PARROQUIAS ANIMADAS POR LAICOS

Parroquia San Martín de Porres

Moreno Sur  -  Diócesis de Merlo-Moreno

 

Contexto socio-económico

 

El Partido de Moreno se encuentra ubicado en la región oeste de la Provincia de Buenos Aires, a 37 kilómetros de la capital federal con una población actual de aproximadamente 450.000 habitantes, de los cuales viven dentro del territorio que ocupa la parroquia alrededor de 42.000 personas.

 

Históricamente el crecimiento demográfico se asentó en un proceso de migraciones internas y se incrementó con extranjeros venidos de países limítrofes como Chile, Perú. Bolivia y Paraguay, alentados por la búsqueda de trabajo y acceso a servicios públicos.

 

Lamentablemente las transformaciones económicas y sociales que caracterizaron a nuestro país y a Latinoamérica de los últimos 30 años tuvieron gran influencia en el deterioro del nivel de ingresos de la  población, de modo que crecientes grupos sociales se vieron excluidos de la posibilidad de cubrir mínimamente sus necesidades básicas.

 

En los barrios de la parroquia la situación  social es compacta y muy concentrada en gran parte de su territorio. Varios de los barrios tienen cierta normalidad urbana. Pero en la periferia, aparte de la miseria de las viviendas: casas, ranchos con chapas con deficiente suministro eléctrico,  madres solteras con 5,7,9 o 10 chicos , con un mínimo de personas con empleo, la gente no tiene dinero, ni ingreso fijo con que contar y planear mensualmente.

Muchos niños no van al colegio o se quedan muchas veces en la casa por falta de calzado (algunos no tienen siquiera un par de zapatos buenos), viven en la calle, nadie se dedica a ellos, nada les espera en la casa – muchas veces, ni una comida. La violencia está presente: en la casa, en la calle, los robos son hechos cotidianos.

No solamente los niños y jóvenes, sino también las mamas y papas toman drogas, hay peleas entre familiares y vecinos.

¿Cuáles son las perspectivas que tiene un joven, sí no estudia y le espera el desempleo?

Una encuesta y reflexión que se hizo a nivel diocesano de Merlo-Moreno para un proyecto para la catequesis dice:

 

  • Necesitamos agua corriente por la gran contaminación de los pozos porque hay perforaciones no tan profundas y, entonces, el agua está contaminada.
  • Cloacas, porque la contaminación de las napas produce enfermedades
  • Un asfalto en serio – no esos mejorados que se rompen de nada – porque el mal estado de las calles muchas veces impide la entrada de ambulancias, transporte público o remises y también las patrullas.
  • Necesitamos organizaciones vecinales responsables, sin banderías políticas, sin beneficios para nadie en particular
  • Un espacio donde todos expongamos las necesidades del barrio y podamos trabajarlas juntos.
  • También necesitamos salitas de salud gratuitas que cuenten con el personal suficiente para la adecuada atención y bien equipadas que se mejore el servicio de las que ya están funcionando, con médicos de guardia las 24 horas
  • El problema de inseguridad es grave porque a policía no llega a cubrir todos los barrios
  • Y otras cosas como la red de gas, el alumbrado de las calles, el transporte, tener algún teléfono público, más presencia municipal en el cuidado y arreglo de las calles, recolección de basura, limpieza de terrenos baldíos, etc.

 

La Iglesia en Moreno Sur:

 

En nuestros barrios, la actividad de la Iglesia se viene desarrollando desde hace aproximadamente 30 años, con encuentros de catequesis en distintas escuelas; este trabajo se fue consolidando año a año y dando origen a distintas comunidades, que en ese entonces integraban la Parroquia Nuestra Señora del Rosario de Moreno (hoy Catedral de nuestra Diócesis de Merlo-Moreno ).

Con el paso del tiempo, el crecimiento de los barrios y la vida de las comunidades, se presentó la necesidad de un mejor acompañamiento pastoral; entonces se decide la creación de una nueva parroquia.

La parroquia San Marín de Porres fue erigida el 7 de noviembre de 1998. Con una misa celebrada por nuestro Obispo Fernando María, sacerdotes de Moreno y hermanos y hermanas  de otras parroquias.  Esta misa se celebró en la carpa misionera del decanato de Moreno que venía realizando misiones populares desde 3 años atrás.

Celebrar la misa de creación en la carpa fue  una opción de las 8 comunidades que integraban la parroquia en ese entonces. Un fuerte signo de iglesia misionera que se animaba a salir desde dentro de los templos y encontraba su identidad misionera en la búsqueda de la gente. Para llegar al acontecimiento de la creación dimos varios pasos antes:

 

*      Conocernos y encontrarnos como comunidades hermanas: a partir de asambleas y reuniones de preparación fuimos descubriendo que cada comunidad no estaba sola sino que en el barrio vecino existía otra comunidad que muchas veces tenía los mismos problemas y desafíos. Esto nos fue animando a descubrirnos como compañeros de camino, fuimos dejando de lado competencia o rivalidad y de a poco fuimos soñando con ser una nueva parroquia.

 

*      Conocernos y encontrarnos como comunidades cristianos: inspirados en los textos de Hechos de Apóstoles(2,42-47)   

 

“Todos se reunían asiduamente para escuchar la enseñanza de los Apósteles y participar en la vida común, en la fracción del pan y en las oraciones. Un santo temor se apodero de todos ellos, porque los Apóstoles realizaban muchos prodigios y signos. Todos los creyentes se mantenían unidos y ponían lo suyo en común: vendían sus propiedades y sus bienes, y distribuían el dinero entre ellos, según las necesidades de cada uno. Íntimamente unidos, frecuentaban a diario el Templo, partían el pan en sus casas, y comían juntos con alegría y sencillez de corazón, ellos alababan a Dios y eran queridos por todo el pueblo. Y cada día, el Señor acrecentaba la comunidad con aquellos que debían salvarse.”

 

Descubrimos la profunda vocación de compartir la vida, el tiempo, el trabajo, el compromiso, las fiestas, etc. Y así nos sentíamos iglesia, iglesia de Jesús. Al mismo tiempo descubrimos una imagen de un Jesús itinerante y peregrino, un Jesús que no tenía donde reclinar su cabeza (Lc 9,58)

 

“Mientras iban caminando, alguien le dijo a Jesús: ¡Te seguiré adonde vayas! Jesús le respondió: los zorros tienen sus cuevas y las aves del cielo sus nidos. Pero el Hijo del hombre no tiene donde reclinar la cabeza”

 

Lo cual nos llevó a soñar una iglesia peregrina, caminante que no se encierra en el templo, que se anima a vivir la fe en la vida cotidiana, en el barrio, en el trabajo, etc. Una iglesia que está donde está la gente, y que con las misiones de la Carpa Misionera fue haciendo realidad otras nuevas comunidades.

Así poco a poco fuimos encontrando juntos, el rostro de iglesia que Jesús nos iba inspirando. En discernimiento con nuestro Padre Obispo y el Padre Tito llegamos a concretar en la realidad, lo que veníamos soñando desde hacía tiempo atrás. Para esto descubrimos que no necesitamos un templo parroquial que concentre todas las actividades, sino que cada comunidad a su vez es centro parroquial con su propia identidad. Todo esto nos llevó a vivir el estilo de comunidad de comunidades de una manera concreta y cotidiana. De a poco fuimos sintiendo que cada comunidad era nuestra casa, que no estábamos de visita sino que es un miembro más de nuestra misma familia que nos recibe.

Elegimos a la comunidad María Auxiliadora como Sede Administrativa, lugar donde se guardan los archivos parroquiales de bautismos, confirmaciones y matrimonios.

La elección de nuestro patrono también fue un paso importante en la conformación de la parroquia. Para esto elegimos 4 santos latinoamericanos (Santa Rosa de Lima, San Roque González, Santa Mariana de Jesús y San Martin de Porres). Durante un mes (y por propuesta de nuestro obispo) realizamos las elecciones de nuestro patrono con urnas en las comunidades con la breve reseña de la vida de cada uno de los santos. Así la gente era invitada a elegir el santo que prefería. La mayoría de los votos fueron para San Martin de Porres, un religioso dominico, mulato, que vivió en Lima, Perú y que se dedicó hacer presente la ternura y la misericordia de Dios entre los más pobres. Actualmente es patrono de la justicia social en Perú.

En la parroquia hay mucha vida, muchas ganas de trabajar, que se expresan en

Ø  La presencia de muchas personas con un gran espíritu de servicio que trabajan y se entregan por los demás.

Ø  Los servicios concretos que responden a las necesidades que tiene la gente de nuestros barrios

Ø  Un gran acercamiento de la gente a las comunidades y de los agentes pastorales a la gente. Las celebraciones compartidas, lo que expresa un gran hambre de Dios y un deseo de crecimiento espiritual.

 

La comunidad de comunidades pone todo su esfuerzo para ser una iglesia comprometida, acogedora y misionera  donde haya unión, comunión, solidaridad, justicia social.  Semilla que crece fuerte, donde el tronco sea Jesús y nosotros las ramas.

 

ESQUEMA ORGANIZACIONAL:

 

Desde 2006 la parroquia es animada por un equipo conformado por 4 personas, el párroco (Tito Benítez) y tres laicos que canalizan las actividades a través del Consejo Pastoral Parroquial. (Un promedio de 22 personas, en su mayoría mujeres)

Cuando en 2010 el Padre Tito renuncia, el Obispo Fernando María Bargalló  encomienda la tarea a tres de esos laicos y suma una más. Esto afianzó la corresponsabilidad de los agentes pastorales en todas las comunidades. Cada uno en su comunidad, sin desánimo y con perseverancia: alentó, animó e intensifico las celebraciones de la Palabra, la visita a los enfermos, la oración por las casas, la catequesis y el encuentro con Jesús.

Compartimos las fiestas patronales. Durante las novenas recorremos las casas del barrio. En semana Santa realizamos  las celebraciones en diferentes barrios. El Viernes Santo rezamos una estación en cada comunidad, caminando durante todo el día. Realizamos permanentemente talleres de formación pastoral, catequística, para el acompañamiento en la pastoral del alivio.

Antes de dejar su cargo, el obispo coloca como moderador del equipo al Padre Michael Schrode. En la actualidad el Equipo está conformado por siete laicos y un sacerdote. (6 mujeres, 2 hombres)

Cuatro personas tienen responsabilidades fijas y las otras cuatro hacen las veces de apoyo donde sea necesario.

Economía: Liliana Ortiz (Ana María Balanda, Lita Romero, Guillermo Carrera)

Cáritas: Cristina Huber (Cristina Stadelman, Ana María Balanda, Guillermo Carrera, Lita Romero)

Secretaría: Cristina Stadelman

Pastoral de Jóvenes: Patricia González /Liliana Ortiz

Liturgia y pastoral del alivio: todos.

Catequesis: Padre Michael, Liliana Ortiz, Cristina Stadelman, Cristina Huber

Comunicación: Cristina Huber/ Liliana Ortiz. Y todos.

 

Con la incorporación del Padre Michael, hemos profundizado la llegada a los hogares, él realiza misas semanales por las casas y diferentes encuentros para el crecimiento de  la fe en comunidades y casas. Tareas que se vienen haciendo desde siempre por los laicos, aún antes de la creación de la parroquia y fueron apoyados y sostenidos por nuestro primer párroco Tito Benítez.

Este año la catequesis en toda la parroquia comenzó en agosto. Ya que luego de la evaluación del año catequístico en 2012, decidimos hacer un taller de formación para tod@s los catequistas y consensuamos que la catequesis de comunión, a partir de 2013 sería únicamente Familiar en todas las comunidades.

Hoy la parroquia está formada por 14 comunidades. (8 capillas y 6 ermitas) más los grupos pequeños que se reúnen en las casas, en diferentes barrios.


Comunidades Eclesiales de Base (Ntra. Sra. de las Lágrimas - Diócesis de Quilmes)

COMUNIDADES ECLESIALES DE BASE

Parroquia Nuestra Señora de las Lágrimas

Diócesis de Quilmes

 

Pbro.  Félix Enrique Gibbs

1.- CONTEXTO SOCIO – CULTURAL

 

San Francisco Solano incluye distintos barrios y asentamientos poblacionales marginales en el oeste del partido de Quilmes, en el sur del Gran Buenos Aires.

 

Hay  zonas donde la  urbanización  y servicios son muy precarios, especialmente en los asentamientos más recientes  que, sin embargo, tienen la característica de tender a ser barrios organizados en el corto y mediano plazo. Asentamientos como La Matera que tienen más de 2000 familias se van conformando progresivamente en barrios por la organización vecinal y la intervención del municipio y de la nación en estos últimos años. En nuestra zona ha sido un gran avance en cuanto a salud la instalación de las cloacas en gran parte de los barrios que conforman la jurisdicción de la parroquia. Esto fue reduciendo el problema de las aguas servidas y la basura, aunque los sectores ribereños de los arroyos aún sufren las consecuencias de la falta de urbanización y la carencia de servicios de mejor calidad.

 

En cuanto a la situación laboral si bien se nota el crecimiento del empleo y la contención en distintos planes sociales especialmente para las mujeres en situación de vulnerabilidad, persiste el empleo informal y el trabajo por cuenta de los “cartoneros” especialmente localizado en las riberas de los arroyos.

 

El fenómeno de las adicciones al alcohol y la droga se ha expandido de la mano de esta sociedad de consumo e insatisfacciones. Golpea fuerte en los jóvenes pero también en los adultos. Una adicción que crece cada vez más en los barrios es la del juego. 

 

La inseguridad es otra preocupación constante de todos los vecinos y vecinas. El robo a la hora de ir o volver del trabajo genera un malestar sordo y constante que no sale en los medios de comunicación pero no por eso es menos dañino para las relaciones y el bienestar de las familias.

 

La intolerancia y con frecuencia los hechos de violencia entre los vecinos es un tanto preocupante. Se percibe una ruptura de las relaciones de vecindad que  hasta no hace mucho tiempo se caracterizaban por el respeto, la solidaridad y la ayuda mutua y hoy están marcadas por un creciente clima de intolerancia, falta de consideración hacia el otro y hasta estallidos de violencia por causas banales.  La naturalización de este tipo de relaciones signadas por la violencia refuerza los esquemas culturales ya vigentes de relaciones machistas y de violencia sobre todo contra la mujer y los niños. 

 

Un dato más en la situación social y cultural es la desunión y aislamiento que se percibe en el tejido social. El crecimiento y el mejoramiento de las oportunidades para la gente de los barrios pobres tiene el aspecto positivo de que derechos como el trabajo y la vivienda digna, el acceso a una alimentación más completa, a las vacaciones y la recreación entre otros derechos, hayan llegado en estos últimos años a mayor cantidad de personas. Esto trae aparejado un visible mejoramiento en la calidad de vida de muchas familias. A la vez se va generando -por las exigencias de horarios laborales y la cultura del “consumo”- una reducción de los tiempos para el descanso diario o semanal y también para servicios gratuitos y de participación voluntaria.  La indiferencia o indolencia, la falta de compromiso con el otro y la dificultad para aunar esfuerzos para el bien común, son algunos de los síntomas de esta situación.

 

La asignación universal por hijo e hija fortaleció notablemente la vida en los barrios, sacando del lugar de vulnerables a muchísimas familias. Esto aumentó la escolarización de los niños y niñas y la atención de la salud, sin embargo el problema del abandono de la escuela persiste. La desintegración familiar como consecuencia de la pérdida del trabajo y de la destrucción de los sistemas de seguridad social (jubilación, salud, empleo, vivienda, educación…) a consecuencia de los planes de ajuste de los noventa, aún persiste en sus consecuencias. Un ejemplo claro es que muchos de los niños y niñas, adolescentes y jóvenes que tienen entre 14 y 25 años hoy no estudian ni trabajan. Los datos estadísticos en la provincia de Buenos Aires son alarmantes.

 

Es paisaje corriente ver a niños (más que niñas) y jóvenes reunidos a todas horas del día y la noche en las esquinas consumiendo alcohol y drogas, especialmente “paco” o pasta base de cocaína con agregados nocivos, que deterioran vertiginosamente la salud. De todas las situaciones de vulnerabilidad que se viven en San Francisco Solano la más preocupante por lo que significa como hipoteca para el futuro y la más dolorosa desde el punto de vista humano es la de jóvenes, niños y niñas y, dentro de este segmento de la población, el de las mujeres; en ellas se concentran tres factores determinantes de la más cruda exclusión: la pobreza, la edad y el género.

 

Hay muchos de estos jóvenes que terminan en “situación de calle”, con embarazos prematuros y no deseados, en situación de “pasividad” y abandono o incluso  “judicializados” (mayormente los varones). Hay situaciones claras en que sus derechos no son reconocidos y viven faltos de afecto y contención.

 

El abandono de la escuela es un problema grave, una situación que hipoteca a futuro una saludable inserción social y laboral y, lo que es más grave, afecta su desarrollo y crecimiento en el presente con la carga de sufrimiento y desvalorización que trae aparejado el no reconocimiento de sus derechos como niños, niñas y jóvenes.

 

Las agrupaciones de jóvenes empobrecidos que se van conformando en “bandas” y que se enfrentan entre sí en disputas por el territorio o por cuestiones de pertenencia y “afiliación”, se cobran algunas vidas en estas disputas territoriales (los de la calle tal con los del fondo… etc.). En el curso de este año hubo al menos 15 adolescentes de 14 a 19 años muertos de forma violenta en el ámbito de la parroquia.

Hay un importante porcentaje de padres y madres analfabetos o semi-analfabetos con un nivel muy bajo de estudios por lo que no pueden colaborar con la función educadora de la escuela. El FINES en este tiempo también está realizando un cambio positivo en este aspecto, aunque aún no se puede percibir en toda su dimensión.

 

2.- ADECUACIÓN CON EL CONTEXTO

 

La parroquia que sostiene como modelo eclesial a las CEBs se encuentra en un contexto que la desborda ampliamente. Está inserta en un contexto de marginalidad social, de violencia social, de fragilidad de los vínculos, de ausencia de l@s vecin@s que trabajan la mayoría del día y de la semana.

Las CEBs se han ido adecuando a un  contexto donde los principios que han sostenido el modelo se ven seriamente comprometidos y hay una urgente necesidad de adecuarse al conurbano bonaerense, sus ritmos y demandas.

Desde una adaptación activa a la realidad, que permite que la pastoral se mantenga mínimamente saludable, hay muchas modificaciones que se han debido implementar y aceptar:

 

-    Las integrantes de las CEBs son mayormente mujeres de mediana edad en adelante. No es posible plasmar el ideal de familias de un determinado sector del barrio nucleadas en una CEB, donde conviven todas las franjas etarias de la familia. Hay que aceptar las familias tal como son hoy. Muchas de ellas alrededor de la mujer sola. Contar con la dificultad de los jóvenes a nuclearse con adultos en un mismo grupo y que exija un compromiso con la justicia y el bien común como militancia evangélica. La presencia juvenil en las CEBs se reduce prácticamente a los catequistas y catecúmenos de Confirmación y a los auxiliares de la Catequesis Familiar.

 

-    La catequesis familiar también se ha adaptado al contexto, mutando prácticamente en una Catequesis maternal o tutelada (tutores de niños que acompañan el proceso. La CAFA siempre fue un pilar fundamental para fomentar el crecimiento de las Comunidades. La mayoría de las integrantes de las CEBs son mujeres al servicio de la Catequesis.

 

-    Otra adaptación al contexto social ha sido la pérdida de la fuerza profética de las Comunidades de hace 30 años. Con el advenimiento de la democracia se abrieron barrialmente espacios de participación política y social que fueron suplantando el rol de las CEBs en la dictadura, donde la gente tenía un espacio de participación y de demanda de sus necesidades económicas, sociales, culturales.

 

-    Las CEBs se fueron reciclando hacia una misión más catequística (Pre bautismal; CAFA; Confirmación; Adultos; Pre matrimonial) y de cuidado de la vida amenazada: enfermos, y niños especialmente, poniendo a disposición sus espacios físicos para el funcionamiento de emprendimientos asistenciales: comedores, guarderías, casas del niño, casa de tránsito.

 

-    Las CEBs se han adecuado fundamentalmente a la flexibilidad para aceptar lo nuevo. Si bien esto las lleva a una gran crisis, sin embargo es un signo de los tiempos. Es estar viviendo no sólo una época de cambios sino un verdadero cambio de época, frente al cual, como todos, están poco preparadas. Sin embargo se van dejando los dogmatismos pastorales que las han sustentado y hay posturas más permeables y con capacidad de relativizar y negociar.

 

-    La democratización de la sociedad en general en estas 3 décadas de democracia, lleva a que un modelo eclesial descentralizado y no clericalista se afirme más en estas convicciones. Por ello en ambas parroquias donde vivo mi ministerio, lo hago, además que con mi compañero cura, con un Equipo de diáconos permanentes y laicos y laicas, que tenemos la responsabilidad compartida de la animación pastoral de las parroquias. En el Equipo funcionamos desde la horizontalidad de los vínculos tomando las decisiones por consenso y no por la autoridad clerical. A su vez, los Consejos Pastorales Parroquiales funcionan de manera Asamblearia, donde se toman las decisiones fundamentales de la pastoral. Y cada CEB tiene a su vez el rol de la Animadora o Animador, que anima, acompaña y fomenta la vida de su sector territorial con sus compañeras y compañeros.

 

-    Las adultas y los pocos adultos de las CEBs van aceptando que los jóvenes participen esporádicamente en sus Comunidades, sin la exigencia de una permanencia indefinida en las mismas. Anteriormente no se permitía sin una afiliación clara y definida. Es tan compleja la realidad juvenil en los barrios (droga, delito, alcohol, muertes) que las Comunidades intentan todos los caminos para cuidar de ellos.

 

-    Van apareciendo en el horizonte pastoral nuevos temas a considerar desde el contexto geográfico y social: la basura; la contaminación; el narcotráfico; la prostitución infanto-juvenil; la violencia de género; la violencia social; los nuevos asentamientos; la alfabetización y educación para adultos.  Son temáticas que se van integrando en la reflexión de las CEBs, en las reuniones, Asambleas, Consejos pastorales, Catequesis. Se va participando en los CIC, Centros de Integración Comunitaria, donde se nuclean las organizaciones e instituciones barriales para abordar estas temáticas. Se van generando Defensorías Barriales para las mujeres que sufren violencia de género. Incipientes emprendimientos de prevención de las adicciones, especialmente la droga, para niños y jóvenes. El trabajo en red con otras instituciones con las que se interactúa en la comunidad barrial. El plan FINES que se implementa en muchas CEBs y la educación formal para muchos de sus integrantes.

 

-    Por otra parte, debido al pluralismo y la no discriminación de la época, las CEBs han podido integrar las expresiones más genuinas de la religiosidad popular. Algo impensado hace algunas décadas. Sin embargo, se ve necesario revisar y discernir acerca de algunas experiencias que no son genuinamente eclesiásticas: devociones al Gauchito Gil; a San La Muerte; expresiones sanadoras desenfocadas, etc.

 

3.- FUERZAS EVANGELIZADORAS DE LA PARROQUIA

 

-       El ideal de las primeras comunidades cristianas como modelo eclesial motoriza una dinámica solidaria en los integrantes de la CEB. El cuidado de los miembros sufrientes despierta la más genuina mística evangélica en los comunitarios.

 

-       La centralidad de la Biblia como corazón de la Comunidad. La lectura orante y popular comunitaria de la Palabra de Dios que lleva a vivir el lema de Angelelli: “un oído en el Evangelio y otro oído en el pueblo”

 

-       La ministerialidad de los laicos ante las necesidades del barrio. Desde su origen las CEBs han promovido los ministerios laicales: animadores; lectores; promotores bíblicos; ministros de los enfermos; promotores de pastoral social; diáconos permanentes…

 

-       Esto va unido a la conciencia de una Iglesia con una fuerte impronta laical, donde se vive la comunión y participación efectiva de los laicos en el discernimiento y en la toma de decisiones pastorales.

 

-       La capilaridad de la presencia de los integrantes de la CEB en su territorio de base. Referentes barriales de la fe para los vecinos.

 

-       La clara opción por los más pobres que hacen los integrantes de las CEBs y el acompañamiento de personas y familias en situaciones particulares: muerte de jóvenes, ayuda a los que no tienen vivienda, preocupación constante por la situación de los vecinos y vecinas en situación de mayor vulnerabilidad...

 

-       La desburocratización de las estructuras pastorales.

 

-       La posibilidad de una presencia eclesial extendida en el territorio parroquial que ha sido sectorizado para ese fin.

 

4.- TRABAS PARA LA EVANGELIZACIÓN

 

-       La perversión del modelo de la Iglesia en la base por la tendencia al “capillismo”, y pasar de una experiencia de religión del libro a la religión del templo y su consecuente caída en el modelo tridentino: clericalismo. La transformación de los salones multiuso en capillas para el culto ha ido comprometiendo las fuerzas de una Iglesia laical en una Iglesia sacramentalista que centra sus fuerzas en la catequesis sacramental, descuidando los demás aspectos de la evangelización.

 

-       El clericalismo de los laicos, sea por reclamar que el cura ejerza su poder a favor de intereses de facciones; sea porque los laicos  adoptan posiciones clero - dependientes.

 

-       Posturas “conciliaristas” que amenazan a veces la conveniencia desde el proyecto de Dios: no confundir la voz de la mayoría con la voz de Dios. Difícil tensión.

 

-       Posturas autoritarias de los laicos que detentan responsabilidades en la Comunidad que no permiten o comprometen la circularidad de la comunión y participación.

 

-       La dureza de la vida del pobre asociada a la palabra ordenadora “compromiso”, lleva muchas veces a posturas muy duras en los vínculos comunitarios y con el barrio. Se cae en una suerte de “pelagianismo” o “voluntarismo” sin una mística más evangélica de ternura, compasión y escucha. Dogmatismos vitales y pastorales.

 

-       La falta de espacios para ahondar una espiritualidad de discípulos de Jesús. Una espiritualidad de confrontación de la propia vida y de la Comunidad con el espejo del Evangelio; de poder experimentar la gratuidad y la ternura de Dios que nos envía a una misión de compasión para con los hermanos y con el barrio.

 

-       La ausencia de jóvenes en las CEBs. No acertar con el lenguaje propio de ellos, distanciamiento de su cultura, ignorancia de la tecnología…

 

-       A veces la falta de una revisión profunda y posibilidad de transformación de los “dogmas” fundacionales de las CEBs.

 

-       La falta de recursos económicos para el sostenimiento de la vida del cura; para la formación pastoral; para las mínimas herramientas tecnológicas: internet; cañón de proyecciones; calefacción; salones….

 

5.- TRABAS PARA LA ADECUACIÓN AL CONTEXTO URBANO

 

-       La desconfianza general entre instituciones y personas lleva muchas veces a la resistencia a trabajar en red en el barrio. Trasfondo “purista” de la mirada eclesiástica de la realidad.

 

-       El repetir un discurso “mediático” que responsabiliza y criminaliza la pobreza(especialmente a los jóvenes) no pudiendo encontrar caminos de acercamiento pastoral a los jóvenes fundamentalmente, desde la paradoja que son los mismos hijos y nietos de los integrantes de las comunidades.

 

-       La polarización y enfrentamiento de pobres contra pobres, también desde una fuerte influencia mediática. Quienes trabajan; quienes integran cooperativas; quienes pagan impuesto a las ganancias;  quienes reciben la asignación universal; quienes están en el plan FINES; quienes tienen familiares adictos al alcohol y / o la droga; quienes tiene familiares presos. Todo este mundo integra las Comunidades.

 

-       El consumismo de este sistema capitalista y materialista que lleva a que la gente tenga menos tiempo para voluntariados y aproveche todo espacio que le reditúe ganancia económica para mejorar su calidad de vida material: mejoras de la vivienda; viajes a ver parientes al interior o países limítrofes; escuelas pagas para procurar una supuesta mejor educación. 

 

6.- NÚCLEOS PASTORALES

 

-       La recuperación del Concilio Vaticano II como nutriente eclesiológica y pastoral de la parroquia y su encarnación en América Latina a partir del Magisterio de las Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano, hoy fundamentalmente APARECIDA.

 

-       Conversión de las estructuras pastorales:

 

1-    La posibilidad de generar UNIDADES PASTORALES desde la transversalidad de áreas pastorales animadas por Equipos conformados por laicos, diáconos permanentes y presbíteros.

 

2-    Que las CEBs puedan prepararse para acompañar temáticas específicas que perfilen la identidad de cada comunidad, su presencia eclesial en el barrio y su misión evangelizadora de la cultura a través –por ejemplo- del trabajo con los Jóvenes, en las actividades artísticas y deportivas para la promoción y desarrollo de los niños y niñas, en la defensa y cuidado del medio ambiente; en la promoción de una salud integral, con la presencia en las redes sociales y en los medios de comunicación locales o barriales, en el acompañamiento de las expresiones populares de la fe, los santuarios, las celebraciones litúrgicas, los sacramentos.

 

3-    Generar experiencias donde Equipos laicales sean responsables de la pastoral parroquial dejando a los presbíteros una misión más “episcopal” en extensos y complejos territorios parroquiales que abarcan muchos barrios y muchos centros de presencia eclesial.

 

-       Desafío fundamental: LA MISÓN, salir al encuentro de LA REALIDAD DE LOS JÓVENES  Y SU CULTURA, presente y futuro de la sociedad y de la Iglesia.


Unidad Pastoral (Medalla Milagrosa Diócesis de Morón)

UNIDAD PASTORAL

“MEDALLA MILAGROSA”

Diócesis de Morón

Pbro. Juan Ramón Bravo

Origen:

Es un proyecto pastoral que nació a partir de la reflexión que veníamos haciendo en las reuniones de presbiterio de la diócesis de Morón con nuestro obispo Luis Guillermo durante el año 2011. En estas reflexiones nos planteamos como atender a nuestras comunidades, de una forma distinta, sobre todo que comprometiera más a sacerdotes y laicos, ante la falta de vocaciones.  A partir de estas reflexiones y en el compartir tres sacerdotes Carlos, Juan y Jorge  nos  animamos a fines del año 2011 a presentar  la  propuesta a nuestro Obispo Luis que involucraría a tres sacerdotes a cargo de cuatro parroquias, (ya dos sacerdotes Juan y Carlos siendo párrocos de una parroquia cada uno atendíamos una tercera, la parroquia Madre Dios). En el nuevo proyecto Somos tres sacerdotes que estamos presentes, acompañamos y conducimos cuatro parroquias con sus correspondientes capillas y zonas y sectores pastorales. Uno de los tres sacerdotes es el Párroco moderador. Así mismo contamos con dos Diáconos Permanentes Daniel, Mario y muchos laicos de estas comunidades que se sumaron “Al Proyecto pastoral de atención de las Parroquias  Medalla Milagrosa-Madre de Dios-Cristo Obrero-San Martín de Porres”.

Así es que desde marzo del año 2012 estamos llevando adelante este proyecto de presencia y atención pastoral.

Es un proyecto que quiere animar a que sacerdotes, diáconos y laicos trabajemos en forma solidaria y saliendo del clericalismo, y  mejorar la llegada (MISION) y atención de la gente de esta zona de la localidad de Villa Teseí en el partido de Hurlingham. En orden a una mejor presentación del proyecto les aclaramos un poco más la realidad de nuestras comunidades. La unidad pastoral llamada “Unidad Pastoral Medalla Milagrosa” abarca las cuatro parroquias con sus correspondientes capillas. Parroquia “Medalla Milagrosa” con una capilla “Santo Tomas”, Parroquia “San Martín de Porres” con una capilla “San José Obrero”, Parroquia “Madre de Dios” y Parroquia “Cristo Obrero” con tres capillas “San Cayetano”, “Nuestra Señora de los desamparados” y “Nuestra Señora de la Ermita”. 

 

Realidad Socio-Cultural:

La “Unidad Pastoral Medalla Milagrosa” tiene una realidad Socio-cultural muy variada, desde una parroquia Medalla Milagrosa que es Santuario Diocesano, con mucho movimiento de personas durante el día ya que se encuentra por en el centro de la localidad de la Villa Teseí, donde se encuentra el centro cultural del partido.

Y es además lugar de paso de Hurlingham a Morón,  parte de la parroquia es  vecina a los barrios de Hurlingham que son de clase media alta, hasta los recientes asentamientos detrás de la fábrica de Fargo (lotes tomados por familias) cercanos a la Capilla Santo Tomas. La parroquia san Martin de Porres,  y su capilla San José Obrero son comunidades integradas por barrios compuestos por familias de inmigrantes Italianos-Españoles y sus hijos y nietos, que hoy son profesionales, este barrio tiene muchas pequeñas Pymes que fuente de trabajo para muchas familias de la zona. Como así también el barrio cuenta con muchas familias del interior del país.  Barrió como el de la Juanita cercano a la capilla San José Obrero, donde se destaca una fuerte presencia de inmigrantes paraguayos  que son obreros. La parroquia Madre de Dios, es una comunidad que está en el barrio progreso este tiene como limites el Carrefour de Villa Teseí- la curtiembre ex CIDEC (tomada por un movimiento de trabajadores) y el Acceso Oeste- Cementerio parque de Hurlingham, es un barrios de muchas familias obreras. Junto al barrio el progreso se encuentra el barrio Mitre donde se encuentran la parroquia Cristo Obrero y sus Capillas Ntra. Sra. De los desamparados, San Cayetano, y Ntra. Sra. De la Ermita todas estas comunidades hacen parte de barrios de obreros e hijos de obreros, y comerciantes con muchas posibilidades. Si destacamos la realidad del barrio de la capilla San Cayetano que está compuesta por familias muy humilde, muchas provenientes del interior del país, y viviendo en un asentamientos donde ahora se han convertido en casas de material, y donde hay un buen numero familias que viven del cantoneo. En este barrio se han construido recientemente un nuevo barrio desde los planes sociales, donde están viviendo muchas familias de otras partes de Hurlingham.   

 

Realidad evangelizadora “En que estamos”:

En este proyecto de Unidad Pastoral estamos haciendo camino y como dice el poeta: “Caminante no hay camino se hace camino al andar…” una previa es que el padre Carlos y el Padre Juan ya estaban trabajando en tres parroquias: San Martin de Porres-Madre de Dios-Cristo Obrero, cabe destacar que en la historia de estas parroquias que ya tienen más 35 años, fueron históricamente, tres capillas que pertenecían a la parroquia Medalla Milagrosa y que en su historia hubo una etapa muy fuerte donde las mismas eran atendidas pastoralmente por varios sacerdotes conocidos como los valencianos y eso dejo un buen recuerdo en la gente. En lo que se refiere a la evangelización tratamos desde el vamos de potenciar las riquezas de cada una de las comunidades, respetando su idiosincrasia, y compartiendo las riquezas que puedan ser útiles para el conjunto,  un tema importante son los laicos que creemos están en la etapa de toma de conciencia de lo que significa ser partes de una unidad pastoral, aquí no les vamos a chamuyar encontramos riquezas y pobrezas, las riquezas ya las estamos compartiendo y las pobrezas superándolas, en esta toma de conciencia con los sacerdotes y diáconos permanentes, estamos ayudando a que el laicos (no todos) salgan del clericalismo y se comprometan y responsabilicen en una pastoral a la luz de los documentos de “Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización”-“Navega Mar Adentro”-y el reciente “Documento de Aparecida”. Esto requiere una gran claridad de parte de nosotros los sacerdotes y Diáconos permanentes, en poner mucha confianza en los laicos. En este primer año ya cumplido de la Unidad Pastoral nos importó mucho la formación de los laicos, y a partir de la riqueza que ya poseía la parroquia San Martin de Porres con la ESCUELA DE EVANGELIZACION SAN ANDRES,  ya que la misma tiene como misión formar a laicos para que formen a otros laicos desde lo Kerigmático y la Palabra de Dios. La misma la hemos empezado a integrar a la formación de los laicos de la unidad pastoral, con muy buenos resultados ya que la escuela responde ampliamente al espíritu de Aparecida. Por otro lado tenemos muchos espacios fuertes de evangelización: tres que llamamos de recibimiento y acogida donde la gente viene sola, y en cantidad: al Santuario Diocesano Medalla Milagrosa todos los días 27 de cada mes, los días 19 de cada mes San Expedito en la Parroquia San Martin de Porres, las misas organizadas por la Renovación Carismáticas  (Estas se celebran en las parroquias un domingo al mes en cada parroquia). Estos tres espacios son de devoción popular, de mucha participación de la gente que requieren de parte de sacerdotes, diáconos y laicos una atención especial en el recibimiento, y de escucha, ya que a través de estos espacios mucha gente toma contacto con la comunidad y se va integrando a las mismas.  Otro ámbito es la catequesis, la cual cuenta con mucha participación de la gente, aquí estamos en una etapa de igualarnos en toda la unidad pastoral, en las comunidades donde ya está la Escuela de Evangelización san Andrés (San Martin de Porres y Medalla Milagrosa) ya la hemos integrado para darle a padres y chicos antes de la catequesis el Kerigma a través del curso NUEVA VIDA y una introducción a la Palabra de Dios con el curso EMAUS. En las demás comunidades nos encontramos avanzando hacia integrar a la Escuela de Evangelización San Andrés.

Otro ámbito que ya  venimos animando desde que el P. Carlos y el P. Juan compartían la atención de Madre de Dios, Cristo Obrero y San Martin De Porres es la misión descartando de que un solo grupo (Ej. las misioneras de la Virgen) tengan a su cargo toda la responsabilidad, sino que toda la comunidad se anime a ser misionera sobre todo en los momentos litúrgicos importantes, ya llevamos varios años con estas tres últimas comunidades nombradas (y ya hemos incorporado a Medalla Milagrosa y su capilla) por ejemplo en gestos sencillos donde todos puedan participar Ej. Un niño de catequesis con su mama, llevando el olivo y programa de semana santa casa por casa, lo que ha cambiado la participación de la gente en nuestras semanas santas, así mismo una misión casa por casa con la participación de toda la comunidad en el tiempo de Adviento-Navidad la que llamamos: “La Misión del Niño” a la vez que estamos buscando en este último año, lugares de la unidad pastoral que necesitan ser reforzadas con la presencia y llegada de una misión con la ayuda del equipo diocesano de Misión,  las ultimas zonas fueron el asentamiento del barrio que llamamos  de Fargo (cercano a la Capilla Santo Tomas), el barrio de San Cayetano. Podríamos enumeras otros ámbitos pastorales  que están en algunas comunidades y que ya están prendiendo en otras comunidades (gracias a la generosidad de algunos laicos) un ejemplo es el funcionamiento del EPPA (Equipo Pastoral Paraguayo en la Argentina) que nos ayuda a llegar a la colectividad paraguaya,  está pastoral ya está   funcionando en San Martin de Porres, y está empezando a funcionar en otros lugares ejemplo asentamiento del Barrio Fargo donde hay muchas familias paraguayas. Como así también la IAM. Sin contar varias actividades que ya hacemos juntos como Unidad Pastoral. Ej. Peregrinaciones a Santuarios Nacionales, el apoyo en la Peregrinación a pie a Luján, los cursos de la ESSA para la unidad.  Y otras más.

Unos de los ámbitos en el que estamos trabajando en estos meses y a pedido de nuestro Padre obispo Luis es el “Consejo General de la Unidad Pastoral Medalla Milagrosa” con 2 representantes de cada comunidad, que nos ayudará a pensar la vida de la unidad Pastoral con los desafíos que se nos van presentando, en este momento estamos haciendo un relevamiento de toda la zona de la unidad pastoral, en su situación socio-cultural-religioso con el propósito de tomar conciencia de nuestra realidad para luego responder a la misma; también con este Consejo estamos esperando que se realice en la diócesis de Morón la Asamblea Diocesana de Pastoral para empezar a bajar a la práctica  las conclusiones de esta asamblea, A la cual la unidad ha aportado mucho con la reflexión. 

 

El hacia adelante… Y pensando en lo Urbano:

Un hacia adelante que nos cuestiona es la formación de los laicos para nuestra variada realidad urbana, y  para este tipo de parroquia donde el sacerdotes no está tanto (“Entiéndase bien esta frase”). En algunos ámbitos seguimos respondiendo con el mismo modelo de la parroquia de campo, y respondiendo a una cultura que no existe (Ej: la nueva realidad  de  familias “familias ensambladas”, la realidad juvenil, la presencia fuerte de los migrantes) en esta formación  también los sacerdotes nos incluimos, pero la realidad  urbana nos está convirtiendo … A la Unidad  Pastoral  le está faltando la reflexión de lo urbano, si bien estamos respondiendo, como contábamos más arriba, ya que a veces nuestra practica va primero que la reflexión, y  no siendo indiferentes a lo que también está buscando la gente. Insisto en la preparación  y reflexión con  los laicos  y también de la nuestra como sacerdotes, para responder a las diferentes realidades que nos presenta la vida urbana.

Una preocupación que estamos trabajando es el anuncio “Kerigmático” de toda la comunidad hacia la urbe especialmente respondiendo al Documento de  Aparecida y atendiendo a la insistencia de nuestro Obispo Luis, esto requiere la formación  de  los laicos, ayunado a tomamos conciencia del significado del primer anuncio, que  deben  conocerlos todos, más aun ayudar a los laicos a iniciar la misión /servicio (desde Kerigma), esta forma la queremos profundizar como compartimos, ya con el método de la Escuela de Evangelización san Andrés, el cual ya está dando muchos frutos, por lo cercano y sencillo que es el método. Una actitud clara que, que nunca nos deja de sorprender es la de acogida de la comunidad, la gente de nuestra urbe no deja de volver y sentirse parte a partir ella.         


Fieldset colapsables [DevTroce]
Discurso del Papa Francisco al Comité Coordinador del CELAM

 DISCURSO DEL PAPA FRANCISCO

 AL COMITÉ DE COORDINACIÓN DEL CELAM

 

Centro Estudios de Sumaré, Río de Janeiro
Domingo 28 de julio de 2013

 

1. Introducción

 

Agradezco al Señor esta oportunidad de poder hablar con ustedes, hermanos Obispos, responsables del CELAM en el cuatrienio 2011-2015. Hace 57 años que el CELAM sirve a las 22 Conferencias Episcopales de América Latina y El Caribe, colaborando solidaria y subsidiariamente para promover, impulsar y dinamizar la colegialidad episcopal y la comunión entre las Iglesias de esta Región y sus Pastores.

Como Ustedes, también yo soy testigo del fuerte impulso del Espíritu en la Quinta Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y El Caribe en Aparecida, en mayo de 2007, que sigue animando los trabajos del CELAM para la anhelada renovación de las iglesias particulares. Esta renovación, en buena parte de ellas, se encuentra ya en marcha. Quisiera centrar esta conversación en el patrimonio heredado de aquel encuentro fraterno y que todos hemos bautizado como Misión Continental.

 

2. Características peculiares de Aparecida

 

Existen cuatro características que son propias de la V Conferencia. Son como cuatro columnas del desarrollo de Aparecida y que le confieren su originalidad.

 

1) Inicio sin documento

Medellín, Puebla y Santo Domingo comenzaron sus trabajos con un camino recorrido de preparación que culminó en una especie de Instrumentum laboris, con el cual se desarrolló la discusión, reflexión y aprobación del documento final. En cambio, Aparecida promovió la participación de las Iglesias particulares como camino de preparación que culminó en un documento de síntesis. Este documento, si bien fue referencia durante la Quinta Conferencia General, no se asumió como documento de partida. El trabajo inicial consistió en poner en común las preocupaciones de los Pastores ante el cambio de época y la necesidad de renovar la vida discipular y misionera con la que Cristo fundó la Iglesia.

2) Ambiente de oración con el Pueblo de Dios

Es importante recordar el ambiente de oración generado por el diario compartir la Eucaristía y otros momentos litúrgicos, donde siempre fuimos acompañados por el Pueblo de Dios. Por otro lado, puesto que los trabajos tenían lugar en el subsuelo del Santuario, la “música funcional” que los acompañaba fueron los cánticos y oraciones de los fieles.

 

3) Documento que se prolonga en compromiso, con la Misión Continental

En este contexto de oración y vivencia de fe surgió el deseo de un nuevo Pentecostés para la Iglesia y el compromiso de la Misión Continental. Aparecida no termina con un Documento sino que se prolonga en la Misión Continental.

 

4) La presencia de Nuestra Señora, Madre de América

Es la primera Conferencia del Episcopado Latinoamericano y El Caribe que se realiza en un Santuario mariano.

 

3. Dimensiones de la Misión Continental

 

La Misión Continental se proyecta en dos dimensiones: programática y paradigmática. La misión programática, como su nombre lo indica, consiste en la realización de actos de índole misionera. La misión paradigmática, en cambio, implica poner en clave misionera la actividad habitual de las Iglesias particulares. Evidentemente aquí se da, como consecuencia, toda una dinámica de reforma de las estructuras eclesiales. El “cambio de estructuras” (de caducas a nuevas) no es fruto de un estudio de organización de la planta funcional eclesiástica, de lo cual resultaría una reorganización estática, sino que es consecuencia de la dinámica de la misión. Lo que hace caer las estructuras caducas, lo que lleva a cambiar los corazones de los cristianos, es precisamente la misionariedad. De aquí la importancia de la misión paradigmática.

La Misión Continental, sea programática, sea paradigmática, exige generar la conciencia de una Iglesia que se organiza para servir a todos los bautizados y hombres de buena voluntad. El discípulo de Cristo no es una persona aislada en una espiritualidad intimista, sino una persona en comunidad, para darse a los demás. Misión Continental, por tanto, implica pertenencia eclesial.

Un planteo como éste, que comienza por el discipulado misionero e implica comprender la identidad del cristiano como pertenencia eclesial, pide que nos explicitemos cuáles son los desafíos vigentes de la misionariedad discipular. Señalaré solamente dos: la renovación interna de la Iglesia y el diálogo con el mundo actual.

 

Renovación interna de la Iglesia

 

Aparecida ha propuesto como necesaria la Conversión Pastoral. Esta conversión implica creer en la Buena Nueva, creer en Jesucristo portador del Reino de Dios, en su irrupción en el mundo, en su presencia victoriosa sobre el mal; creer en la asistencia y conducción del Espíritu Santo; creer en la Iglesia, Cuerpo de Cristo y prolongadora del dinamismo de la Encarnación.

En este sentido, es necesario que, como Pastores, nos planteemos interrogantes que hacen a la marcha de las Iglesias que presidimos. Estas preguntas sirven de guía para examinar el estado de las diócesis en la asunción del espíritu de Aparecida y son preguntas que conviene nos hagamos frecuentemente como examen de conciencia.

 

1. ¿Procuramos que nuestro trabajo y el de nuestros Presbíteros sea más pastoral que administrativo? ¿Quién es el principal beneficiario de la labor eclesial, la Iglesia como organización o el Pueblo de Dios en su totalidad?

 

2. ¿Superamos la tentación de atender de manera reactiva los complejos problemas que surgen? ¿Creamos un hábito pro-activo? ¿Promovemos espacios y ocasiones para manifestar la misericordia de Dios? ¿Somos conscientes de la responsabilidad de replantear las actitudes pastorales y el funcionamiento de las estructuras eclesiales, buscando el bien de los fieles y de la sociedad?

 

3. En la práctica, ¿hacemos partícipes de la Misión a los fieles laicos? ¿Ofrecemos la Palabra de Dios y los Sacramentos con la clara conciencia y convicción de que el Espíritu se manifiesta en ellos?

 

4. ¿Es un criterio habitual el discernimiento pastoral, sirviéndonos de los Consejos Diocesanos? Estos Consejos y los Parroquiales de Pastoral y de Asuntos Económicos ¿son espacios reales para la participación laical en la consulta, organización y planificación pastoral? El buen funcionamiento de los Consejos es determinante. Creo que estamos muy atrasados en esto.

 

5. Los Pastores, Obispos y Presbíteros, ¿tenemos conciencia y convicción de la misión de los fieles y les damos la libertad para que vayan discerniendo, conforme a su proceso de discípulos, la misión que el Señor les confía? ¿Los apoyamos y acompañamos, superando cualquier tentación de manipulación o sometimiento indebido? ¿Estamos siempre abiertos para dejarnos interpelar en la búsqueda del bien de la Iglesia y su Misión en el mundo?

 

6. Los agentes de pastoral y los fieles en general ¿se sienten parte de la Iglesia, se identifican con ella y la acercan a los bautizados distantes y alejados?

 

Como se puede apreciar aquí están en juego actitudes. La Conversión Pastoral atañe principalmente a las actitudes y a una reforma de vida. Un cambio de actitudes necesariamente es dinámico: “entra en proceso” y sólo se lo puede contener acompañándolo y discerniendo. Es importante tener siempre presente que la brújula, para no perderse en este camino, es la de la identidad católica concebida como pertenencia eclesial.

 

Diálogo con el mundo actual

 

Hace bien recordar las palabras del Concilio Vaticano II: Los gozos y las esperanzas, las tristezas y las angustias de los hombres de nuestro tiempo, sobre todo de los pobres y de cuantos sufren, son a la vez gozos y esperanzas, tristezas y angustias de los discípulos de Cristo (cf. GS, 1). Aquí reside el fundamento del diálogo con el mundo actual.

La respuesta a las preguntas existenciales del hombre de hoy, especialmente de las nuevas generaciones, atendiendo a su lenguaje, entraña un cambio fecundo que hay que recorrer con la ayuda del Evangelio, del Magisterio, y de la Doctrina Social de la Iglesia. Los escenarios y areópagos son de lo más variado. Por ejemplo, en una misma ciudad, existen varios imaginarios colectivos que conforman “diversas ciudades”. Si nos mantenemos solamente en los parámetros de “la cultura de siempre”, en el fondo una cultura de base rural, el resultado terminará anulando la fuerza del Espíritu Santo. Dios está en todas partes: hay que saber descubrirlo para poder anunciarlo en el idioma de esa cultura; y cada realidad, cada idioma, tiene un ritmo diverso.

 

4. Algunas tentaciones contra el discipulado misionero

 

La opción por la misionariedad del discípulo será tentada. Es importante saber por dónde va el mal espíritu para ayudarnos en el discernimiento. No se trata de salir a cazar demonios, sino simplemente de lucidez y astucia evangélica. Menciono sólo algunas actitudes que configuran una Iglesia “tentada”. Se trata de conocer ciertas propuestas actuales que pueden mimetizarse en la dinámica del discipulado misionero y detener, hasta hacer fracasar, el proceso de Conversión Pastoral.

 

1. La ideologización del mensaje evangélico

Es una tentación que se dio en la Iglesia desde el principio: buscar una hermenéutica de interpretación evangélica fuera del mismo mensaje del Evangelio y fuera de la Iglesia. Un ejemplo: Aparecida, en un momento, sufrió esta tentación bajo la forma de asepsia. Se utilizó, y está bien, el método de “ver, juzgar, actuar” (cf. n. 19). La tentación estaría en optar por un “ver” totalmente aséptico, un “ver” neutro, lo cual es inviable. Siempre el ver está afectado por la mirada. No existe una hermenéutica aséptica. La pregunta era, entonces: ¿con qué mirada vamos a ver la realidad? Aparecida respondió: Con mirada de discípulo. Así se entienden los números 20 al 32. Hay otras maneras de ideologización del mensaje y, actualmente, aparecen en Latinoamérica y El Caribe propuestas de esta índole. Menciono sólo algunas:

a) El reduccionismo socializante. Es la ideologización más fácil de descubrir. En algunos momentos fue muy fuerte. Se trata de una pretensión interpretativa en base a una hermenéutica según las ciencias sociales. Abarca los campos más variados, desde el liberalismo de mercado hasta la categorización marxista.

b) La ideologización psicológica. Se trata de una hermenéutica elitista que, en definitiva, reduce el ”encuentro con Jesucristo” y su ulterior desarrollo a una dinámica de autoconocimiento. Suele darse principalmente en cursos de espiritualidad, retiros espirituales, etc. Termina por resultar una postura inmanente autorreferencial. No sabe de trascendencia y, por tanto, de misionariedad.

c) La propuesta gnóstica. Bastante ligada a la tentación anterior. Suele darse en grupos de élites con una propuesta de espiritualidad superior, bastante desencarnada, que termina por desembarcar en posturas pastorales de “quaestiones disputatae”. Fue la primera desviación de la comunidad primitiva y reaparece, a lo largo de la historia de la Iglesia, en ediciones corregidas y renovadas. Vulgarmente se los denomina “católicos ilustrados” (por ser actualmente herederos de la Ilustración).

d) La propuesta pelagiana. Aparece fundamentalmente bajo la forma de restauracionismo. Ante los males de la Iglesia se busca una solución sólo en la disciplina, en la restauración de conductas y formas superadas que, incluso culturalmente, no tienen capacidad significativa. En América Latina suele darse en pequeños grupos, en algunas nuevas Congregaciones Religiosas, en tendencias exageradas a la “seguridad” doctrinal o disciplinaria. Fundamentalmente es estática, si bien puede prometerse una dinámica hacia adentro: involuciona. Busca “recuperar” el pasado perdido.

 

2. El funcionalismo. 

Su acción en la Iglesia es paralizante. Más que con la ruta se entusiasma con la “hoja de ruta”. La concepción funcionalista no tolera el misterio, va a la eficacia. Reduce la realidad de la Iglesia a la estructura de una ONG. Lo que vale es el resultado constatable y las estadísticas. De aquí se va a todas las modalidades empresariales de Iglesia. Constituye una suerte de “teología de la prosperidad” en lo organizativo de la pastoral.

3. El clericalismo es también una tentación muy actual en Latinoamérica. Curiosamente, en la mayoría de los casos, se trata de una complicidad pecadora: el cura clericaliza y el laico le pide por favor que lo clericalice, porque en el fondo le resulta más cómodo. El fenómeno del clericalismo explica, en gran parte, la falta de adultez y de cristiana libertad en parte del laicado latinoamericano. O no crece (la mayoría), o se acurruca en cobertizos de ideologizaciones como las ya vistas, o en pertenencias parciales y limitadas. Existe en nuestras tierras una forma de libertad laical a través de experiencias de pueblo: el católico como pueblo. Aquí se ve una mayor autonomía, sana en general, y que se expresa fundamentalmente en la piedad popular. El capítulo de Aparecida sobre piedad popular describe con profundidad esta dimensión. La propuesta de los grupos bíblicos, de las comunidades eclesiales de base y de los Consejos pastorales va en la línea de superación del clericalismo y de un crecimiento de la responsabilidad laical.

Podríamos seguir describiendo algunas otras tentaciones contra el discipulado misionero, pero creo que éstas son las más importantes y de más fuerza en este momento de América Latina y El Caribe.

 

 

5. Algunas pautas eclesiológicas

 

1. El discipulado-misionero que Aparecida propuso a las Iglesias de América Latina y El Caribe es el camino que Dios quiere para este “hoy”. Toda proyección utópica (hacia el futuro) o restauracionista (hacia el pasado) no es del buen espíritu. Dios es real y se manifiesta en el ”hoy”. Hacia el pasado su presencia se nos da como “memoria” de la gesta de salvación sea en su pueblo sea en cada uno de nosotros; hacia el futuro se nos da como “promesa” y esperanza. En el pasado Dios estuvo y dejó su huella: la memoria nos ayuda a encontrarlo; en el futuro sólo es promesa… y no está en los mil y un “futuribles”. El “hoy” es lo más parecido a la eternidad; más aún: el ”hoy” es chispa de eternidad. En el “hoy” se juega la vida eterna.

El discipulado misionero es vocación: llamado e invitación. Se da en un “hoy” pero “en tensión”. No existe el discipulado misionero estático. El discípulo misionero no puede poseerse a sí mismo, su inmanencia está en tensión hacia la trascendencia del discipulado y hacia la trascendencia de la misión. No admite la autorreferencialidad: o se refiere a Jesucristo o se refiere al pueblo a quien se debe anunciar. Sujeto que se trasciende. Sujeto proyectado hacia el encuentro: el encuentro con el Maestro (que nos unge discípulos) y el encuentro con los hombres que esperan el anuncio.

Por eso, me gusta decir que la posición del discípulo misionero no es una posición de centro sino de periferias: vive tensionado hacia las periferias… incluso las de la eternidad en el encuentro con Jesucristo. En el anuncio evangélico, hablar de “periferias existenciales” des-centra, y habitualmente tenemos miedo a salir del centro. El discípulo-misionero es un des-centrado: el centro es Jesucristo, que convoca y envía. El discípulo es enviado a las periferias existenciales.

 

2. La Iglesia es institución pero cuando se erige en “centro” se funcionaliza y poco a poco se transforma en una ONG. Entonces, la Iglesia pretende tener luz propia y deja de ser ese “misterium lunae” del que nos hablaban los Santos Padres. Se vuelve cada vez más autorreferencial y se debilita su necesidad de ser misionera. De “Institución” se transforma en “Obra”. Deja de ser Esposa para terminar siendo Administradora; de Servidora se transforma en “Controladora”. Aparecida quiere una Iglesia Esposa, Madre, Servidora, facilitadora de la fe y no tanto controladora de la fe.

 

3. En Aparecida se dan de manera relevante dos categorías pastorales que surgen de la misma originalidad del Evangelio y también pueden servirnos de pauta para evaluar el modo como vivimos eclesialmente el discipulado misionero: la cercanía y el encuentro. Ninguna de las dos es nueva, sino que conforman la manera cómo se reveló Dios en la historia. Es el “Dios cercano” a su pueblo, cercanía que llega al máximo al encarnarse. Es el Dios que sale al encuentro de su pueblo. Existen en América Latina y El Caribe pastorales “lejanas”, pastorales disciplinarias que privilegian los principios, las conductas, los procedimientos organizativos… por supuesto sin cercanía, sin ternura, sin caricia. Se ignora la “revolución de la ternura” que provocó la encarnación del Verbo. Hay pastorales planteadas con tal dosis de distancia que son incapaces de lograr el encuentro: encuentro con Jesucristo, encuentro con los hermanos. Este tipo de pastorales a lo más pueden prometer una dimensión de proselitismo pero nunca llegan a lograr ni inserción eclesial ni pertenencia eclesial. La cercanía crea comunión y pertenencia, da lugar al encuentro. La cercanía toma forma de diálogo y crea una cultura del encuentro. Una piedra de toque para calibrar la cercanía y la capacidad de encuentro de una pastoral es la homilía. ¿Qué tal son nuestras homilías? ¿Nos acercan al ejemplo de nuestro Señor, que “hablaba como quien tiene autoridad” o son meramente preceptivas, lejanas, abstractas?

 

4. Quien conduce la pastoral, la Misión Continental (sea programática como paradigmática), es el Obispo. El Obispo debe conducir, que no es lo mismo que mandonear. Además de señalar las grandes figuras del episcopado latinoamericano que todos conocemos quisiera añadir aquí algunas líneas sobre el perfil del Obispo que ya dije a los Nuncios en la reunión que tuvimos en Roma. Los Obispos han de ser Pastores, cercanos a la gente, padres y hermanos, con mucha mansedumbre; pacientes y misericordiosos. Hombres que amen la pobreza, sea la pobreza interior como libertad ante el Señor, sea la pobreza exterior como simplicidad y austeridad de vida. Hombres que no tengan “psicología de príncipes”. Hombres que no sean ambiciosos y que sean esposos de una Iglesia sin estar a la expectativa de otra. Hombres capaces de estar velando sobre el rebaño que les ha sido confiado y cuidando todo aquello que lo mantiene unido: vigilar sobre su pueblo con atención sobre los eventuales peligros que lo amenacen, pero sobre todo para cuidar la esperanza: que haya sol y luz en los corazones. Hombres capaces de sostener con amor y paciencia los pasos de Dios en su pueblo. Y el sitio del Obispo para estar con su pueblo es triple: o delante para indicar el camino, o en medio para mantenerlo unido y neutralizar los desbandes, o detrás para evitar que alguno se quede rezagado, pero también, y fundamentalmente, porque el rebaño mismo tiene su olfato para encontrar nuevos caminos.

 

No quisiera abundar en más detalles sobre la persona del Obispo, sino simplemente añadir, incluyéndome en esta afirmación, que estamos un poquito retrasados en lo que a Conversión Pastoral se refiere. Conviene que nos ayudemos un poco más a dar los pasos que el Señor quiere para nosotros en este “hoy” de América Latina y El Caribe. Y sería bueno comenzar por aquí.

 

Les agradezco la paciencia de escucharme. Perdonen el desorden de la charla y, por favor, les pido que tomemos en serio nuestra vocación de servidores del santo pueblo fiel de Dios, porque en esto se ejercita y se muestra la autoridad: en la capacidad de servicio. Muchas gracias.


La Parroquia en el Magisterio de la Iglesia

LA “PARROQUIA” EN EL MAGISTERIO CONTEMPORÁNEO DE LA IGLESIA

 

Ø  Concilio Ecuménico Vaticano II: Constitución Sacrosanctum Concilium, n. 42

Como no le es posible al obispo, siempre y en todas partes, presidir personalmente en su Iglesia a toda la grey, debe por necesidad erigir diversas comunidades de rieles. Entre ellas sobresalen las parroquias, distribuidas localmente bajo un pastor que hace las veces del obispo, ya que de alguna manera representan a la Iglesia visible establecida por todo el orbe.

 

Ø  Concilio Ecuménico Vaticano II: Decreto Apostolicam Actuositatem, n. 10

 

La parroquia ofrece un modelo clarísimo del apostolado comunitario porque reduce a unidad todas las diversidades humanas que en ella se encuentran y las inserta en la universalidad de la Iglesia. Acostúmbrense los seglares a trabajar en la parroquia íntimamente unidos a sus sacerdotes; a presentar a la comunidad de la Iglesia los problemas propios y del mundo y los asuntos que se refieren a la salvación de los hombres, para examinarlos y solucionarlos conjuntamente, y a colaborar según sus posibilidades en todas las iniciativas apostólicas y misioneras de su familia eclesial.

 

Ø  Juan Pablo II,  Eclesia in America n. 41

 

La parroquia es un lugar privilegiado en que los fieles pueden tener una experiencia concreta de la Iglesia. Hoy en América, como en otras partes del mundo, la parroquia encuentra a veces dificultades en el cumplimiento de su misión. La parroquia debe renovarse continuamente, partiendo del principio fundamental de que «la parroquia tiene que seguir siendo primariamente comunidad eucarística». Este principio implica que «las parroquias están llamadas a ser receptivas y solidarias, lugar de la iniciación cristiana, de la educación y la celebración de la fe, abiertas a la diversidad de carismas, servicios y ministerios, organizadas de modo comunitario y responsable, integradoras de los movimientos de apostolado ya existentes, atentas a la diversidad cultural de sus habitantes, abiertas a los proyectos pastorales y superparroquiales y a las realidades circunstantes».

Una atención especial merecen, por sus problemáticas específicas, las parroquias en los grandes núcleos urbanos, donde las dificultades son tan grandes que las estructuras pastorales normalmente resultan inadecuadas y las posibilidades de acción apostólica notablemente reducidas. No obstante, la institución parroquial conserva su importancia y se ha de mantener. Para lograr este objetivo hay que «continuar la búsqueda de medios con los que la parroquia y sus estructuras pastorales lleguen a ser más eficaces en los espacios urbanos». Una clave de renovación parroquial, especialmente urgente en las parroquias de las grandes ciudades, puede encontrarse quizás considerando la parroquia como comunidad de comunidades y movimientos. Parece por tanto oportuna la formación de comunidades y grupos eclesiales de tales dimensiones que favorezcan verdaderas relaciones humanas. Esto permitirá vivir más intensamente la comunión, procurando cultivar no sólo «ad intra», sino también con la comunidad parroquial a la que pertenecen estos grupos y con toda la Iglesia diocesana y universal. En este contexto humano será también fácil escuchar la Palabra de Dios, para reflexionar a su luz sobre los diversos problemas humanos y madurar opciones responsables inspiradas en el amor universal de Cristo. La institución parroquial así renovada «puede suscitar una gran esperanza. Puede formar a la gente en comunidades, ofrecer auxilio a la vida de familia, superar el estado de anonimato, acoger y ayudar a que las personas se inserten en la vida de sus vecinos y en la sociedad». De este modo, cada parroquia hoy, y particularmente las de ámbito urbano, podrá fomentar una evangelización más personal, y al mismo tiempo acrecentar las relaciones positivas con los agentes sociales, educativos y comunitarios.

Además, «este tipo de parroquia renovada supone la figura de un pastor que, en primer lugar, tenga una profunda experiencia de Cristo vivo, espíritu misional, corazón paterno, que sea animador de la vida espiritual y evangelizador capaz de promover la participación. La parroquia renovada requiere la cooperación de los laicos, un animador de la acción pastoral y la capacidad del pastor para trabajar con otros. La parroquia en América debe señalarse por su impulso misional que haga que extiendan su acción a los alejados».

 

Ø  Juan Pablo II, Dies Domini, n.35

 

  "Entre las numerosas actividades que desarrolla una parroquia ninguna es tan vital o formativa para la comunidad como la celebración dominical del día del Señor y de su Eucaristía".

 

Ø  Juan Pablo II, Christifideles Laici, nn. 26-27

 

La comunión eclesial, aun conservando siempre su dimensión universal, encuentra su expresión más visible e inmediata en la parroquia. Ella es la última localización de la iglesia; es en cierto sentido, la misma Iglesia que vive entre las casas de sus hijos y de sus hijas.

Es necesario que todos volvamos a descubrir, por la fe, el verdadero rostro de la parroquia; o sea, el «misterio» mismo de la Iglesia presente y operante en ella. Aunque a veces le falten las personas y los medios necesarios, aunque otras veces se encuentre desperdigada en delatados territorios o casi perdida en medio de populosos y caóticos barrios modernos, la parroquia no es principalmente una estructura, un territorio, un edificio; ella es «la familia de Dios, de unidad», es «una casa de familia, fraterna y acogedora», es la «comunidad de los fieles». En definitiva, la parroquia está fundada sobre una realidad teológica, porque ella es una comunidad eucarística. Esto significa que es una comunidad idónea para celebrar la Eucaristía, en la que se encuentran la raíz viva de su edificación y el vínculo sacramental de su existir en plena comunión con toda la Iglesia. Tal idoneidad radica en el hecho de ser la parroquia una comunidad de fe y una comunidad orgánica, es decir, constituida por los ministros ordenados y por los demás cristianos, en la que el párroco -que representa al Obispo diocesano- es el vínculo jerárquico con toda la Iglesia particular.

Ciertamente es inmensa la tarea que ha de realizar la Iglesia en nuestros días; y para llevarla a cabo no basta la parroquia sola. Por esto, el Código de Derecho Canónico prevé formas de colaboración entre parroquias en el ámbito del territorio y recomienda al Obispo el cuidado pastoral de todas las categorías de fieles, también de aquéllas a las que no llega la cura pastoral ordinaria. En efecto, son necesarios muchos lugares y formas de presencia y de acción, para poder llevar la palabra y la gracia del Evangelio a las múltiples y variadas condiciones de vida de los hombres de hoy. Igualmente, otras muchas funciones de irradiación religiosa y de apostolado de ambiente en el campo cultural, social, educativo, profesional, etc., no pueden tener como centro o punto de partida la parroquia. Y sin embargo, también en nuestros días la parroquia está conociendo una época nueva y prometedora.

Como decía Pablo VI, al inicio de su pontificado, dirigiéndose al Clero romano: «Creemos simplemente que la antigua y venerada estructura de la Parroquia tiene una misión indispensable y de gran actualidad; a ella corresponde crear la primera comunidad del pueblo cristiano; iniciar y congregar al pueblo en la normal expresión de la vida litúrgica; conservar y reavivar la fe en la gente de hoy; suministrarle la doctrina salvadora de Cristo; practicar en el sentimiento y en las obras la caridad sencilla de las obras buenas y fraternas».

Por su parte, los Padres sinodales han considerado atentamente la situación actual de muchas parroquias, solicitando una decidida renovación de las mismas: «Muchas parroquias, sea en regiones urbanas, sea en tierras de misión, no pueden funcionar con plenitud efectiva debido a la falta de medios materiales o de ministros ordenados, o también a causa de la excesiva extensión geográfica y por la condición especial de algunos cristianos (como, por ejemplo, los exiliados y los emigrantes). Para que todas estas parroquias sean verdaderamente comunidades cristianas, las autoridades locales deben favorecer: a) la adaptación de las estructuras parroquiales con la amplia flexibilidad que concede el Derecho Canónico, sobre todo promoviendo la participación de los laicos en las responsabilidades pastorales; b) las pequeñas comunidades eclesiales de base, también llamadas comunidades vivas, donde los fieles pueden comunicarse mutuamente la Palabra de Dios y manifestarse en el recíproco servicio y en el amor; estas comunidades son verdaderas expresiones de la comunión eclesial y centros de evangelización, en comunión con sus Pastores». Para la renovación de las parroquias y para asegurar mejor su eficacia operativa, también se deben favorecer formas institucionales de cooperación entre las diversas parroquias de un mismo territorio.

Ahora es necesario considerar más de cerca la comunión y la participación de los fieles laicos en la vida de la parroquia. En este sentido, se debe llamar la atención de todos los fieles laicos, hombres y mujeres, sobre una expresión muy cierta, significativa y estimulante del Concilio: «Dentro de las comunidades de la Iglesia -leemos en el Decreto sobre el apostolado de los laicos- su acción es tan necesaria, que sin ella, el mismo apostolado de los Pastores no podría alcanzar, la mayor parte de las veces, su plena eficacia». Esta afirmación radical se debe entender, evidentemente, a la luz de la «eclesiología de comunión»: siendo distintos y complementarios, los ministerios y los carismas son necesarios para el crecimiento de la Iglesia, cada uno según su propia modalidad.

Los fieles laicos deben estar cada vez más convencidos del particular significado que asume el compromiso apostólico en su parroquia. Es de nuevo el Concilio quien lo pone de relieve autorizadamente: «La parroquia ofrece un ejemplo luminoso de apostolado comunitario, fundiendo en la unidad todas las diferencias humanas que allí se dan e insertándolas en la universalidad de la Iglesia. Los laicos han de habituarse a trabajar en la parroquia en íntima unión con sus sacerdotes, a exponer a la comunidad eclesial sus problemas y los del mundo y las cuestiones que se refieren a la salvación de los hombres, para que sean examinados y resueltos con la colaboración de todos; a dar, según sus propias posibilidades, su personal contribución en las iniciativas apostólicas y misioneras de su propia familia eclesiástica». La indicación conciliar respecto al examen y solución de los problemas pastorales «con la colaboración de todos», debe encontrar un desarrollo adecuado y estructurado en la valorización más convencida, amplia y decidida de los Consejos pastorales parroquiales, en los que han insistido, con justa razón, los padres sinodales.

En las circunstancias actuales, los fieles laicos pueden y deben prestar una gran ayuda al crecimiento de una auténtica comunión eclesial en sus respectivas parroquias, y en el dar nueva vida al afán misionero dirigido hacia los no creyentes y hacia los mismos creyentes que han abandonado o limitado la práctica de la vida cristiana.

Si la parroquia es la Iglesia que se encuentra entre las casas de los hombres, ella vive y obra entonces profundamente injertada en la sociedad humana e íntimamente solidaria con sus aspiraciones y dramas. A menudo el contexto social, sobre todo en ciertos países y ambientes, está sacudido violentamente por fuerzas de disgregación y deshumanización. El hombre se encuentra perdido y desorientado; pero en su corazón permanece siempre el deseo de poder experimentar y cultivar unas relaciones más fraternas y humanas. La respuesta a este deseo puede encontrarse en la parroquia, cuando ésta, con la participación viva de los fieles laicos, permanece fiel a su originaria vocación y misión: ser en el mundo el «lugar» de la comunión de los creyentes y, a la vez, «signo e instrumento» de la común vocación a la comunión; en una palabra ser la casa abierta a todos y al servicio de todos, o, como prefería llamarla el Papa Juan XXIII, ser la fuente de la aldea, a la que todos acuden para calmar su sed.

 

Ø  Código de Derecho canónico:

 

Define la parroquia como «una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio» (canon 515). Y establece que «como regla general, la parroquia ha de ser territorial, es decir, ha de comprender a todos los fieles de un determinado territorio; aunque, donde convenga, se constituirán parroquias personales...» (canon 518).

 

Ø  II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano: Documentos Finales de Medellín (1968)

 

XV: "Pastoral de conjunto"

 

I. Hechos

 

1. En nuestro continente, millones de hombres se encuentran marginados de la sociedad e impedidos de alcanzar la plena dimensión de su destino, sea por la vigencia de estructuras inadecuadas e injustas, sea por otros factores, como el egoísmo o la insensibilidad. Por otra parte, en él se está imponiendo la conciencia de que es necesario poner en marcha o activar un proceso de integración en todos los niveles: desde la integración de los marginados a los beneficios de la vida social, hasta la integración económica y cultural de nuestros países.

 

2. La Iglesia debe afrontar esta situación con estructuras pastorales aptas, es decir, obviamente marcadas con el signo de la organicidad y de la unidad. Ahora bien, cuando se examina la realidad desde este punto de vista, se constatan algunos hechos de signo positivo y otros de signo negativo.

 

3. Entre los primeros podemos mencionar:

a) La conciencia bastante difundida, aunque a veces imprecisa y vaga, de las ideas de "Pastoral de conjunto" y de "Planificación pastoral", como también diversas realizaciones efectivas en estas líneas;

b) La vitalización de las vicarías foráneas, la creación de zonas y la constitución de equipos sacerdotales, por exigencias de acción pastoral conjunta;

c) La celebración de Sínodos y la constitución, ya comenzada en muchos lugares, de los Consejos presbiteral y pastoral propiciados por el Concilio;

d) El deseo de los laicos de participar en las estructuras pastorales de la Iglesia;

e) La importancia adquirida por las Conferencias Episcopales y la misma existencia de la Conferencia General del Episcopado Latinoamericano y del CELAM.

 

4. Entre los hechos de signo negativo figuran los siguientes:

a) Inadecuación de la estructura tradicional en muchas parroquias para proporcionar una vivencia comunitaria;

b) Sensación bastante generalizada de que las curias diocesanas son organismos burocráticos y administrativos;

c) Desazón en muchos sacerdotes, proveniente de no encontrar un lugar claro y satisfactorio en la estructura pastoral; esto ha sido a menudo un factor decisivo en algunas crisis sacerdotales, como también, por analogía de situaciones, en las crisis de un número considerable de religiosos y laicos;

d) Actitudes particularistas de personas o instituciones en situaciones que exigen coordinación;

e) Casos de aplicación desacertada de la Pastoral de conjunto o de la Planificación, sea por improvisación o incompetencia técnica, sea por excesiva valoración de los "planes", sea por una concepción demasiado rígida y autoritaria de su puesta en práctica.

 

II. Principios doctrinales

 

5. Toda revisión de las estructuras eclesiales en lo que tienen de reformable, debe hacerse, por cierto, para satisfacer las exigencias de situaciones históricas concretas, pero también con los ojos puestos en la naturaleza de la Iglesia. La revisión que debe llevarse a cabo hoy en nuestra situación continental, ha de estar inspirada y orientada por dos ideas directrices muy subrayadas en el Concilio: la de comunión y la de catolicidad.

 

6. En efecto, la Iglesia es ante todo un misterio de comunión católica, pues en el seno de su comunidad visible, por el llamamiento de la Palabra de Dios y por la gracia de sus sacramentos, particularmente de la Eucaristía, todos los hombres pueden participar fraternalmente de la común dignidad de hijos de Dios, y todos también, compartir la responsabilidad y el trabajo para realizar la común misión de dar testimonio del Dios que los salvó y los hizo hermanos en Cristo.

 

7. Esta comunión que une a todos los bautizados, lejos de impedir, exige que dentro de la comunidad eclesial exista multiplicidad de funciones específicas, pues para que ella se constituya y pueda cumplir su misión, el mismo Dios suscita en su seno diversos ministerios y otros carismas que le asignan a cada cual un papel peculiar en la vida y en la acción de la Iglesia. Entre los ministerios, tienen lugar particular los que están vinculados con un carácter sacramental. Éstos introducen en la Iglesia una dimensión estructural de derecho divino. Los diversos ministerios, no sólo deben estar al servicio de la unidad de comunión, sino que a su vez deben constituirse y actuar en forma solidaria. En especial, los ministerios que llevan anexa la función pastoral, episcopado y presbiterado deben ejercer siempre en espíritu colegial, y así obispos y presbíteros, al tener que actuar siempre como miembros de un cuerpo (colegio episcopal o presbiterio, respectivamente), "ejemplar" de comunión: "forma facti gregis".

 

8. Es esencial que todas las comunidades eclesiales se mantengan abiertas a la dimensión de comunión católica, en tal forma que ninguna se cierre sobre sí misma. Asegurar el cumplimiento de esta exigencia es tarea que incumbe particularmente a los ministros jerárquicos, y en forma especialísima a los obispos, quienes, colegialmente unidos con el Romano Pontífice, su Cabeza, son el principio de la catolicidad de las Iglesias. Para que dicha abertura sea efectiva y no puramente jurídica, tiene que haber comunicación real, ascendente y descendente, entre la base y la cumbre.

 

9. De todo lo dicho se desprende que la acción pastoral de la comunidad eclesial, destinada a llevar a todo el hombre y a todos los hombres a la plena comunión de vida con Dios en la comunidad visible de la Iglesia, debe ser necesariamente global, orgánica y articulada. De aquí, a su vez, se infiere que las estructuras eclesiales deben ser periódicamente revisadas y reajustadas en tal forma que pueda desarrollarse armoniosamente lo que se llama una Pastoral de conjunto: es decir, toda esa obra salvífica común exigida por la misión de la Iglesia en su aspecto global, "como fermento y alma de la sociedad que debe renovarse en Cristo y transformarse en familia de Dios".

 

III. Orientaciones pastorales

Renovación de estructuras pastorales

 

Comunidades cristianas de base

 

10. La vivencia de la comunión a que ha sido llamado, debe encontrarla el cristiano en su "comunidad de base": es decir, una comunidad local o ambiental, que corresponda a la realidad de un grupo homogéneo, y que tenga una dimensión tal que permita el trato personal fraterno entre sus miembros. Por consiguiente, el esfuerzo pastoral de la Iglesia debe estar orientado a la transformación de esas comunidades en "familia de Dios", comenzando por hacerse presente en ellas como fermento mediante un núcleo, aunque sea pequeño, que constituya una comunidad de fe, de esperanza y de caridad. La comunidad cristiana de base es así el primero y fundamental núcleo eclesial, que debe, en su propio nivel, responsabilizarse de la riqueza y expansión de la fe, como también del culto que es su expresión. Ella es, pues, célula inicial de estructuración eclesial, y foco de la evangelización, y actualmente factor primordial de promoción humana y desarrollo.

 

11. Elemento capital para la existencia de comunidades cristianas de base son sus líderes y dirigentes. Éstos pueden ser sacerdotes, diáconos, religiosos, religiosas o laicos. Es de desear que pertenezcan a la comunidad por ellos animada. La detección y formación de líderes deberán ser objeto preferente de la preocupación de párrocos y obispos, quienes tendrán siempre presente que la madurez espiritual y moral dependen en gran medida de la asunción de responsabilidades en un clima de autonomía.

Los miembros de estas comunidades, "viviendo conforme a la vocación a que han sido llamados, ejerciten las funciones que Dios les ha confiado, sacerdotal, profética y real", y hagan así de su comunidad "un signo de la presencia de Dios en el mundo".

 

12. Se recomienda que se hagan estudios serios, de carácter teológico, sociológico e histórico, acerca de estas comunidades cristianas de base, que hoy comienzan a surgir, después de haber sido punto clave en la pastoral de los misioneros que implantan la fe y la Iglesia en nuestro continente. Se recomienda también que las experiencias que se realicen se den a conocer a través del CELAM y se vayan coordinando en la medida de lo posible.

Parroquias, vicarías foráneas y zonas.

 

13. La visión que se ha expuesto nos lleva a hacer de la parroquia un conjunto pastoral vivificador y unificador de las comunidades de base. Así la parroquia ha de descentralizar su pastoral en cuanto a sitios, funciones y personas, justamente para "reducir a unidad todas las diversidades humanas que en ellas se encuentran e insertarlas en la universalidad de la Iglesia".

 

14. El párroco ha de ser, en esta figura de la parroquia, el signo y el principio de la unidad, asistido en el ministerio pastoral por la colaboración de representantes de su pueblo, laicos, religiosos y diáconos. Mención especial merecen los vicarios cooperadores, quienes aun estando bajo la autoridad del párroco, no pueden ser ya considerados como simples ejecutores de sus directivas, sino como sus colaboradores, ya que forman parte de un mismo y único presbiterio.

 

15. Cuando una parroquia no puede ser normalmente atendida o contar con un párroco residente, puede ser confiada a los cuidados de un diácono o de un grupo de religiosos o religiosas, a ejemplo de lo que se ha hecho en algunas regiones con resultados muy positivos.

 

16. La comunidad parroquial forma parte de una unidad más amplia: la de la vicaría foránea o decanato, cuyo titular está llamado a "promover y dirigir la acción pastoral común en el territorio a él encomendado". Si varias vicarías foráneas vecinas son suficientemente homogéneas y caracterizadas en su problemática pastoral, conviene formar con ellas una zona, que podría quedar bajo la responsabilidad de un vicario episcopal.

 

Ø  III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano:

Documento de Puebla

 

110. Se nota que la organización pastoral de la parroquia, sea territorial o personal, depende ante todo de quienes la integran, de la unión que existe entre ellos como comunidad humana.

 

111. La parroquia rural se encuentra identificada generalmente en sus estructuras y servicios con la comunidad existente. Ella ha tratado de crear y coordinar Comunidades Eclesiales de Base que correspondan a los grupos humanos dispersos por el área parroquial. Las parroquias urbanas, en cambio, desbordadas por el número de personas a las que deben atender, se han visto en la necesidad de poner mayor énfasis en el servicio cultual litúrgico y sacramental. Cada día se hace más necesaria la multiplicación de pequeñas comunidades territoriales o ambientales para responder a una evangelización más personalizante.

 

631. La parroquia va logrando diversas formas de renovación, adecuadas a los cambios de estos últimos años. Hay cambio de mentalidad entre los pastores; se llama a los laicos para los consejos de pastoral y demás servicios; constante actualización de la catequesis, presencia mayor del presbítero en el seno del pueblo, principalmente por medio de una red de grupos y comunidades.

 

632. En la línea de la Evangelización, la parroquia presenta una doble relación de comunicación y comunión pastoral: a nivel diocesano se integran las parroquias en zonas, vicarías, decanatos; al interior de sí misma, se diversifica la pastoral según los distintos sectores y se abre a la creación de comunidades menores.

 

633. Con todo, subsisten aún actitudes que obstaculizan este dinamismo de renovación: primacía de lo administrativo sobre lo pastoral, rutina, falta de preparación a los sacramentos, autoritarismo de algunos sacerdotes y encerramiento de la parroquia sobre sí misma, sin mirar a las graves urgencias apostólicas del conjunto.

 

644. Es necesario continuar en las Parroquias el esfuerzo de renovación superando los aspectos meramente administrativos; buscando la participación mayor de los laicos, especialmente en el Consejo de Pastoral; dando prioridad a los apostolados organizados y formando a los seglares para que asuman, como cristianos, sus responsabilidades en la comunidad y en el ambiente social.

 

649. La parroquia realiza una función en cierto modo integral de Iglesia, ya que acompaña a las personas y familias a lo largo de su existencia, en la educación y crecimiento de su fe. Es centro de coordinación y de animación de comunidades, de grupos y de movimientos. Aquí se abre más el horizonte de comunión y participación. La celebración de la Eucaristía y demás sacramentos hace presente de modo más claro, la globalidad de la Iglesia. Su vínculo con la comunidad diocesana está asegurado por la unión con el Obispo que confía a su representante (normalmente el párroco), la atención pastoral de la comunidad. La parroquia viene a ser para el cristiano el lugar de encuentro, de fraterna comunicación de personas y de bienes, superando las limitaciones propias de las pequeñas comunidades. En la parroquia se asumen, de hecho, una serie de servicios que no están al alcance de las comunidades menores, sobre todo en la dimensión misionera y en la promoción de la dignidad de la persona humana, llegando así, a los emigrantes más o menos estables, a los marginados, a los alejados, a los no creyentes y, en general, a los más necesitados.”

 

650. Se debe insistir en una opción más decidida por la pastoral de conjunto, especialmente con la colaboración de las comunidades religiosas, promoviendo grupos, comunidades y movimientos; animándolas en un esfuerzo constante de comunión, haciendo de la Parroquia el centro de promoción y de servicios que las comunidades menores no pueden asegurar.

 

651. Han de impulsar las experiencias para desarrollar la acción pastoral de todos los agentes en las parroquias y alentar la pastoral vocacional de los ministerios ordenados, de los servicios laicales y de la vida religiosa.

 

Ø  IV Conferencia General del Episcopado de Latinoamérica y el Caribe:  Documento de Santo Domingo

 

1.2.2. La Parroquia

 

58. La parroquia, comunidad de comunidades y movimientos, acoge las angustias y esperanzas de los hombres, anima y orienta la comunión, participación y misión. "No es principalmente una estructura, un territorio, un edificio, ella es "la familia de Dios, como una fraternidad animada por el Espíritu de unidad"... La parroquia está fundada sobre una realidad teológica porque ella es una comunidad eucarística..."La parroquia es una comunidad de fe y una comunidad orgánica en la que el párroco, que representa al obispo diocesano, es el vínculo jerárquico con toda la Iglesia particular" (ChL26).

Si la parroquia es la Iglesia que se encuentra entre las casas de los hombres, ella vive y obra entonces profundamente insertada en la sociedad humana e íntimamente solidaria con sus aspiraciones y dificultades.

La parroquia tiene la misión de evangelizar, de celebrar la liturgia, de impulsar la promoción humana, de adelantar la inculturación de la fe en las familias, en las CEBs, en los grupos y movimientos apostólicos y, a través de todos ellos, a la sociedad.

La parroquia, comunión orgánica y misionera, es así una red de comunidades.

 

59. Sigue todavía lento el proceso de renovación de la parroquia en sus agentes de pastoral y en la participación de los fieles laicos.

Es urgente e indispensable dar solución a los interrogantes que se presentan a las parroquias urbanas para que éstas puedan responder a los desafíos de la Nueva Evangelización. Hay desfase entre el ritmo de la vida moderna y los criterios que animan ordinariamente a la parroquia.

60. Hemos de poner en práctica estas grandes líneas:

- Renovar las parroquias a partir de estructuras que permitan sectorizar la pastoral mediante pequeñas comunidades eclesiales en las que aparezca la responsabilidad de los fieles laicos.

- Cualificar la formación y participación de los laicos, capacitándolos para encarnar el Evangelio en las situaciones específicas donde viven o actúan.

- En las parroquias urbanas se deben privilegiar planes de conjunto en zonas homogéneas para organizar servicios ágiles que faciliten la Nueva Evangelización.

- Renovar su capacidad de acogida y su dinamismo misionero con los fieles alejados y multiplicar la presencia física de la parroquia mediante la creación de capillas y pequeñas comunidades.

 

Ø  V Conferencia General del Episcopado de Latinoamérica y el Caribe:

 DOCUMENTO DE APARECIDA

 

5.2.2 La Parroquia, comunidad de comunidades

 

170. Entre las comunidades eclesiales, en las que viven y se forman los discípulos misioneros de Jesucristo, sobresalen las Parroquias. Ellas son células vivas de la Iglesia y el lugar privilegiado en el que la mayoría de los fieles tienen una experiencia concreta de Cristo y la comunión eclesial. Están llamadas a ser casas y escuelas de comunión.

Uno de los anhelos más grandes que se ha expresado en las Iglesias de América Latina y El Caribe, con motivo de la preparación de la V Conferencia General, es el de una valiente acción renovadora de las Parroquias a fin de que sean de verdad “espacios de la iniciación cristiana, de la educación y celebración de la fe, abiertas a la diversidad de carismas, servicios y ministerios, organizadas de modo comunitario y responsable, integradoras de movimientos de apostolado ya existentes, atentas a la diversidad cultural de sus habitantes, abiertas a los proyectos pastorales y supraparroquiales y a las realidades circundantes”.

 

171. Todos los miembros de la comunidad parroquial son responsables de la evangelización de los hombres y mujeres en cada ambiente. El Espíritu Santo, que actúa en Jesucristo, es también enviado a todos en cuanto miembros de la comunidad, porque su acción no se limita al ámbito individual, sino que abre siempre a las comunidades a la tarea misionera, así como ocurrió en Pentecostés (cf. Hch 2, 1-13).

 

172. La renovación de las parroquias, al inicio del tercer milenio, exige reformular sus estructuras, para que sea una red de comunidades y grupos, capaces de articularse logrando que sus miembros se sientan y sean realmente discípulos y misioneros de Jesucristo en comunión.

Desde la parroquia, hay que anunciar lo que Jesucristo “hizo y enseñó” (Hch 1, 1) mientras estuvo con nosotros. Su Persona y su obra son la buena noticia de salvación anunciada por los ministros y testigos de la Palabra que el Espíritu suscita e inspira. La Palabra acogida es salvífica y reveladora del misterio de Dios y de su voluntad. Toda parroquia está llamada a ser el espacio donde se recibe y acoge la Palabra, se celebra y se expresa en la adoración del Cuerpo de Cristo, y, así, es la fuente dinámica del discipulado misionero. Su propia renovación exige que se deje iluminar siempre de nuevo por la Palabra viva y eficaz.

 

173. La V Conferencia General es una oportunidad para que todas nuestras parroquias se vuelvan misioneras. Es limitado el número de católicos que llegan a nuestra celebración dominical; es inmenso el número de los alejados, así como el de los que no conocen a Cristo.

La renovación misionera de las parroquias se impone tanto en la evangelización de las grandes ciudades como del mundo rural de nuestro continente, que nos está exigiendo imaginación y creatividad para llegar a las multitudes que anhelan el Evangelio de Jesucristo. Particularmente, en el mundo urbano, se plantea la creación de nuevas estructuras pastorales, puesto que muchas de ellas nacieron en otras épocas para responder a las necesidades del ámbito rural.

 

Ø      CONGREGACIÓN PARA EL CLERO:

         “EL PRESBÍTERO, PASTOR Y GUÍA DE LA COMUNIDAD PARROQUIAL”

 

N° 18: La parroquia es una concreta communitas christifidelium, constituida establemente en el ámbito de una Iglesia particular, y cuya cura pastoral es confiada a un párroco como pastor propio, bajo la autoridad del Obispo diocesano[ Christus Dominus, n. 30; C.I.C., can. 515 § 1]. Toda la vida de la parroquia, así como el significado de sus tareas apostólicas ante la sociedad, deben ser entendidos y vividos con un sentido de comunión orgánica entre el sacerdocio común y el sacerdocio ministerial, y por tanto, de colaboración fraterna y dinámica entre pastores y fieles en el más absoluto respeto de los derechos, deberes y funciones ajenos, donde cada uno tiene sus propias competencias y su propia responsabilidad. El párroco «en estrecha comunión con el Obispo y con todos los fieles, evitará introducir en su ministerio pastoral tanto formas de autoritarismo extemporáneo como modalidades de gestión democratizante ajenas a la realidad más profunda del ministerio»[ Congregación para el Clero, El presbítero, maestro de la palabra, ministro de los sacramentos y guía de la comunidad ante el tercer milenio cristiano (19 de marzo de 1999), n. 3]. A este respecto, mantiene pleno vigor la Instrucción interdicasterial Ecclesiae de Mysterio, aprobada por el Sumo Pontífice, cuya aplicación íntegra asegura la correcta praxis eclesial en este campo fundamental para la vida misma de la Iglesia.

El vínculo intrínseco con la comunidad diocesana y con su Obispo, en comunión jerárquica con el Sucesor de Pedro, asegura a la comunidad parroquial la pertenencia a la Iglesia universal. Se trata, por tanto, de una pars dioecesis[ C.I.C., can. 374 § 1] animada por un mismo espíritu de comunión, por una ordenada corresponsabilidad bautismal, por una misma vida litúrgica, centrada en la celebración de la Eucaristía, y por un mismo espíritu de misión, que caracteriza a toda la comunidad parroquial. Cada parroquia, en definitiva, «está fundada sobre una realidad teológica, porque ella es una comunidad eucarística. Esto significa que es una comunidad idónea para celebrar la Eucaristía, en la que se encuentran la raíz viva de su edificación y el vínculo sacramental de su existir en plena comunión con toda la Iglesia. Tal idoneidad radica en el hecho de ser la parroquia una comunidad de fe y una comunidad orgánica, es decir, constituida por los ministros ordenados y por los demás cristianos, en la que el párroco —que representa al Obispo diocesano— es el vínculo jerárquico con toda la Iglesia particular»[ Juan Pablo II, Exhort. ap. postsinodal Christifideles laici (30 de diciembre de 1988), n. 26] .

En este sentido, la parroquia, que es como una célula de la diócesis, debe ofrecer «un claro ejemplo de apostolado comunitario, al reducir a unidad todas las diversidades humanas que en ella se encuentran e insertarlas en la universalidad de la Iglesia»[ Conc. Ecum. Vat. II, Decr. Apostolicam actuositatem, n. 10]. La communitas christifidelium, en la noción de parroquia, constituye el elemento esencial de base, de carácter personal, y, con tal expresión, se quiere subrayar la relación dinámica entre personas que, de manera determinada, bajo la guía indispensable de su propio pastor, la componen. Por regla general, se trata de todos los fieles de un territorio determinado; o bien, solamente de algunos fieles, en el caso de las parroquias personales, constituidas sobre la base del rito, la lengua, la nacionalidad u otras motivaciones concretas[ Cfr. C.I.C., can. 518].

 

Ø  Declaración del Episcopado Argentino, Documento de San Miguel:

Sobre la adaptación a la realidad actual del país, de las conclusiones de la II Conferencia General del Episcopado Latinoamericano (Medellín)

 

XV. Pastoral de Conjunto

 

Parroquias

 

Debemos seguir el proceso de transformación de la estructura parroquial, ya sugerida por el plan nacional de pastoral. Una pastoral de conjunto de nivel diocesano, regional y nacional encontrará allanado su camino si supone una acción conjunta a nivel parroquial.

Debemos alcanzar una mejor integración de la parroquia con las estructuras pastorales que complementan su pastoral.

 

Ø  CEA: Líneas Pastorales para la Nueva Evangelización

 

Nuestras parroquias  necesitan  renovarse y convertirse

 

43 Entre todos los medios creados por la Iglesia para evangelizar al hombre y su cultura, guarda un lugar destacado la parroquia. Y si bien ésta es insuficiente para abordar todos los problemas de la evangelización en el presente, resulta aún indispensable,[1] porque su misión coincide con la misión de la Iglesia: las parroquias son el instrumento para que la Iglesia esté visible, encarnada y operante entre los hombres.

Por naturaleza la parroquia está llamada a ser una "comunión de fe y, una comunidad orgánica"[2] de comunidades, de familias y de personas; especialmente una comunidad misionera, dado que la parroquia es para todos los que integran su jurisdicción, tanto para los ya bautizados, como para los que todavía ignoran, prescinden o rechazan a Jesucristo. Para ello cuenta con asociaciones de apostolado, entre las que se destaca la Acción Católica.

Las respuestas a la Consulta al Pueblo de Dios han insistido en que la parroquia necesita de una profunda conversión, para evangelizar e integrar efectivamente a todos. Sólo renovándose logrará darlo todo: acogida cordial, testimonio de santidad evangélica, predicación y escucha de la Palabra de Dios,  itinerario catequístico integral, celebraciones festivas de la fe, abundancia de vida sacramental, cultivo de la piedad popular, formación permanente de los fieles, eficacia de la Caridad  organizada, promoción efectiva de la dignidad del pobre y del enfermo, vigorosa presencia misionera y ayuda espiritual ofrecida a todos, con la misma predilección de Jesús hacia los más pobres y sencillos.

Es preciso, por lo mismo, despojar a la parroquia de personalismos exagerados. El ministerio ordenado es un servicio incondicional y disponible para todos.[3] La Palabra de Jesús "el que quiere ser el primero debe hacerse el último de todos y el servidor de todos",[4] ha de evangelizar a los ministros, para  que confíen más en los laicos, los ayuden a capacitarse y estimulen en su misión. Por ello, para concretar tan profunda conversión de las parroquias, es imprescindible hacer realidad que los fieles bautizados asuman un destacado protagonismo evangelizador, adulto y responsable.

 

44 Por su parte, la renovación que hoy la parroquia necesita, exige paciente y sincera transformación interior, conjuntamente con una modificación operativa. En efecto, en ella ha de poderse vivir una fuerte experiencia de reconciliación, comunidad, fraternidad y solidaridad. Sólo así la parroquia será, por la acción del Espíritu Santo, un creativo y fecundo polo irradiador de la misión evangelizadora que Cristo confirió a cada uno en el momento del Bautismo.

No podemos olvidar, o desconocer, que todos los bautizados tienen derecho a encontrar en su parroquia una comunidad que los acoja, y les brinde una efectiva y afectiva ayuda fraterna y  una tarea en la que puedan desarrollar la misión que cada uno ha  recibido del Señor. Así, muchos podrán crecer, incesantemente, en la vida de oración y de generosa entrega a Dios en el servicio a sus hermanos, hasta llegar a la santidad.

La modificación operativa exige expandir la presencia física de la parroquia a toda su jurisdicción, especialmente hacia los ambientes más humildes y alejados, mediante: la multiplicación de capillas, centros de catequesis, lugares de oración y formación cristiana, y la oportuna creación de comunidades eclesiales de base, el envío de misioneros parroquiales y la realización de  misiones populares.

De este modo se ofrecerá a todos la nueva evangelización, y esperamos que también se despierten numerosas vocaciones  misioneras, dispuestas a llevar la Buena Noticia de Jesús a otras regiones y pueblos del mundo que todavía no la conocen.

 

Ø     CEA: Navega mar adentro

 

72. Para asegurar la vitalidad de esta pastoral ordinaria y orgánica sobre todo hemos de retomar con energía el proceso de la reforma y conversión de nuestras parroquias. Cada parroquia ha de renovarse en orden a aprovechar la totalidad de sus potencialidades pastorales para llegar efectivamente a cuantos le están encomendados. Con todos sus organismos e instituciones, ha de asumir decididamente un estado permanente de misión, en primer lugar dentro de su propio territorio, dado que la parroquia es para todos los que integran su jurisdicción, tanto para los ya bautizados como para los que todavía ignoran a Jesucristo, lo rechazan o prescinden de Él en sus vidas

 

92. La caridad pastoral de la Iglesia, que entre sus recursos cuenta con una gradual pedagogía, tiene la misión de conducir a sus hijos hacia una cada vez más plena vida cristiana. En efecto, muchos no participan en la vida de las comunidades cristianas, debilitándose su sentido de pertenencia y el crecimiento en la fe. Ante esta realidad de fragilidad espiritual, cada vez más acentuada, tenemos que poner un particular empeño para que, mediante un vigoroso anuncio del Evangelio, ningún bautizado quede sin completar su iniciación cristiana, facilitando la preparación y el acceso a los sacramentos de la Confirmación, la Reconciliación y la Eucaristía. Con suave pero firme persuasión pastoral, hemos de invitar a participar de una vida cristiana que se distinga por el arte de la oración, y ponga su mirada en alcanzar la plenitud de la participación eucarística, sobre todo en la celebración dominical. En tal sentido, las familias, parroquias, colegios, movimientos y otros organismos eclesiales, han de ofrecer los ámbitos concretos donde los bautizados puedan nutrirse de la Palabra de Dios y descubrir fácilmente la atrayente belleza del seguimiento de Cristo en sus diversas manifestaciones.

 

ACCIONES DESTACADAS:

 

2) Acompañar a todos los bautizados hacia el pleno encuentro con Jesucristo

 

94. En esta acción destacada queremos indicar dos acentos complementarios:

a)        Acoger cordialmente a quienes se acercan a nuestras comunidades: algunos cristianos participan en diversas celebraciones y así expresan su sentido de pertenencia a un pueblo que vive y celebra la fe comunitariamente. Otros se acercan más ocasionalmente a solicitar algún servicio pastoral o asistencial. Ambas son oportunidades invalorables para ofrecer el rostro cordial de la Iglesia y aprovecharlas como lo que son: encuentros privilegiados para la evangelización. Resaltar su importancia y con espíritu de acogida valorar esos encuentros, abre las puertas a un proceso de insospechables consecuencias para la vida cristiana.

 b) No podemos contentarnos con esperar a los que vienen: Dios tomó la iniciativa de nuestra salvación, amándonos primero. Por tanto, imitando al Buen Pastor que fue a buscar a la oveja perdida, una comunidad evangelizadora se siente movida continuamente a expandir su presencia misionera en todo el territorio confiado a su cuidado pastoral y también en la misión orientada hacia otros pueblos. Para ello, cabe destacar la importancia de las misiones populares y de los misioneros de manzana; la creación de comunidades de base y de  grupos de oración en las casas; la multiplicación de capillas, centros de culto y de catequesis; los movimientos eclesiales. Otra manera de llegar a todos puede canalizarse a través de una pastoral sectorial que ayude a vivir la fe en los lugares de trabajo, de estudio, de recreación y deportes. Ambientes importantes como los que ofrecen los medios de comunicación social también han de ocupar esmerada atención por parte de los agentes de pastoral.

 



    [1]      Cf Pablo VI, Discurso al clero Romano, 24.6.1963: AAS 55 (1963), 674.

    [2]      Juan Pablo II, Christifideles Laici, 26.

    [3]      "El sacerdocio no es una institución que existe «junto» al laicado o bien «por encima» del mismo. El sacerdocio de los obispos  y de los presbíteros, igual que el ministerio de los diáconos, es «para» los laicos y, precisamente por  esto, posee su carácter «ministerial», es decir, «de servicio»": Juan Pablo II, Carta a los sacerdotes con ocasión del Jueves Santo de 1990, 12.4.1990, 3: ORe 25.3.1990, 169.

    [4]      Mc 9,35.


La Parroquia en América Latina (CISOC)

LA PARROQUIA EN AMÉRICA LATINA

Centro de Investigaciones Socioculturales CISOC-Bellarmino

 

El presente informe es un resumen del documento elaborado por el Centro de Investigaciones Socioculturales CISOC-Bellarmino a petición del Consejo Episcopal Latinoamericano CELAM. El trabajo original fue publicado bajo el título “La Parroquia en el Tercer Milenio” (Documentos de Trabajo N° 5, CELAM, Bogotá, 1999)*.

 

Siguiendo el mismo esquema del documento original se expone a continuación lo esencial de sus tres capítulos y de cada uno de los puntos contenidos en ellos.

 

1.   Antecedentes

 

En este primer capítulo se entrega un marco conceptual que ayuda a comprender algunas de las características de la parroquia en Latinoamérica, tanto por su historia, como por los cambios que introduce el nuevo Código de Derecho Canónico a la institución parroquial, teniendo en cuenta además, lo que han expresado los Obispos sobre la parroquia en las diferentes Conferencias Generales del Episcopado Latinoamericano.

 

1.1. Origen e historia de la parroquia latinoamericana

 

En general, fueron pocas las innovaciones que se hicieron al instalar la parroquia en América en relación a la que se conocía en Europa. De hecho, debido a este empeño por trasladar de manera íntegra esta estructura a las nuevas tierras, se fue inhibiendo la posibilidad de buscar alternativas pastorales novedosas, distintas al modelo parroquial de la península ibérica, configurado en Europa a partir de la Baja Edad Media. Es este modelo de parroquia el que en definitiva se sanciona y se le da estatuto jurídico en 1563, en el Concilio de Trento. Allí se establece la concepción beneficial y territorial de la parroquia y se determina el oficio pastoral del párroco: predicar, explicar las lecturas de la Misa y conocer a sus ovejas, además de residir entre ellas. Es el modelo de parroquia urbana que traen los primeros conquistadores, modelo que viene estructurado en base a la concepción de un territorio delimitado, con un templo para la celebración del culto en el centro de esa circunscripción o territorio, un párroco destinado a esa tarea por el Obispo, y contando para realizar su tarea con ciertos bienes fundacionales.

 

Sin embargo, este modelo que sirve para los primeros conquistadores reunidos en pequeñas ciudades fue agotándose al no responder a nuevas realidades. De aquí nacen las tierras de misiones para los indígenas, y las “doctrinas”. La evangelización de las zonas rurales se veía limitada por diversos aspectos, como por ejemplo, la inexistencia de una buena red de templos para el culto, la falta de sacerdotes, y la imposibilidad de obtener apoyo para los gastos de subsistencia del sacerdote por medio del cobro a los indígenas. El modelo de parroquia urbana, de gran utilidad para atender a una realidad que se caracterizaba por los agrupamientos más o menos homogéneos de pequeños pueblos se muestra insuficiente para hacer frente al desafío de evangelizar y cuidar la fe de los indígenas, con una dispersión de sus asentamientos que no permitía una buena atención en la forma como la parroquia lo hacía en el continente europeo.

 

En el caso de España, la Santa Sede había otorgado a los Reyes Católicos las nuevas tierras descubiertas, junto a la misión de llevar los beneficios del Evangelio a quienes ahí habitaban. De esta manera, la cristiandad llegada a América empezaba en la Corona y mientras el Supremo Consejo de Indias organiza y administra el episcopado en el Nuevo Mundo, se le encomienda a algunos conquistadores ‑los “encomenderos”‑ la tarea de velar por el bien material y espiritual de los indios, pudiendo a cambio, cobrar tributos. Para cumplir con la obligación de dar instrucción religiosa a los indígenas los encomenderos consiguen ayuda de los “curas doctrineros”.

 

El cura doctrinero se encargaba de dar atención espiritual y cuidado de la fe a los indios encomendados. A partir de esto, aparecen las primeras doctrinas o “parroquias de indios”, que en términos generales, podríamos asegurar que son el primer esbozo de una parroquia típicamente latinoamericana, ya que si bien realiza las mismas actividades que las parroquias de centros urbanos, tienen una conformación diferente de la que conocían los peninsulares. Las primeras funciones de estas parroquias de indios fueron las de preocuparse por impartir la catequesis cristiana -la doctrina- la administración de sacramentos, especialmente el bautismo, la confirmación y el viático con la extremaunción, y junto a esto, la Misa dominical y la comunión. Todas estas labores son comunes con la parroquia que hoy conocemos; pero la doctrina, a diferencia de la parroquia, no contaba con un territorio claramente delimitado ni con un templo propio, sino sólo con una capilla privada en la casa del encomendero. La doctrina no posee casa parroquial ni tiene un santo patrono como titular.

 

Con el paso del tiempo, las encomiendas se fueron transformando en haciendas, cuyas doctrinas pasaban a dar origen de hecho a parroquias. Se trata de parroquias con gran autonomía, que sirven en ocasiones como punto de partida para la fundación de villas y ciudades, y que se convierten en puntos de referencia indispensable de los centros poblados. Ellas son la presencia concreta de la Iglesia en el territorio colonial, y avanzado el periodo colonial, la parroquia fue al mismo tiempo centro de la unidad religiosa y base de la unidad social.

 

Hasta avanzado el siglo XX, la parroquia presta un sinnúmero de servicios, muchos de los cuales son, actualmente, parte de las tareas propias del Estado, como por ejemplo, llevar el registro de nacimientos y defunciones, la creación de colegios y centros de recreación y expansión de la cultura, la preocupación por la salud pública y la dotación de asistencia para los grupos marginados y grupos de edad más vulnerables. Es decir, la parroquia cumplía en nuestros países, tareas civiles, promocionales y sociales que le eran reconocidas, y no es difícil entender que, como se verá más adelante en este informe, todavía algunos tipos de parroquia continúen desarrollando una multiplicidad de funciones, y que los párrocos sigan siendo figuras con gran relevancia social, en quienes recae una gran cantidad de expectativas.

 

 

1.2.    La parroquia en el Código de Derecho Canónico

 

En el nuevo Código de Derecho Canónico hay una evolución respecto del anterior, en la concepción y los énfasis de la Parroquia. En este nuevo Código, la Parroquia es descrita como: “Una determinada comunidad de fieles constituida de modo estable en la Iglesia particular, cuya cura pastoral, bajo la autoridad del Obispo diocesano, se encomienda a un párroco, como su pastor propio”. (can. 515,1). La palabra “comunidad” expresa una interacción dinámica entre muchas personas, bajo la unidad de un mismo pastor. Es interesante notar que se ha preferido esa expresión en lugar de aquella otra, “porción” (del pueblo de Dios), que describe a la diócesis y que pareciera denotar un carácter más estático y físico (cf. canon 369).

 

Aunque el Código no lo expresa de este modo, la parroquia es, en cierto modo, “Iglesia”. Esto corresponde a la enseñanza del Concilio Vaticano II, del cual el Código es su complementaria aplicación. (cf. Sacr. Concilium (Liturgia) Nº 42,1); Lumen Gentium (Iglesia) Nº 26,1; 28,2). Esto tiene especial importancia, pues al ser ella misma “Iglesia”, se destaca por sobre las demás comunidades eclesiales. En ella están presentes las atribuciones, los deberes y derechos de la Iglesia misma, de modo que en la parroquia la Iglesia se hace actual y visible a los fieles y al mundo.

 

En virtud del mismo Derecho, la parroquia tiene personalidad jurídica (cf. can. 515,3), cuyo sustrato básico no es el territorio ni el templo ni el oficio parroquial, sino la comunidad de los fieles, entendida de modo institucional. Si el fundamento de la personalidad jurídica de la parroquia es la comunidad parroquial, también lo es de los derechos patrimoniales, pero no a la manera de una asociación civil, en la que los bienes económicos son, o pueden ser, participados proporcionalmente por los socios; en el caso de la parroquia los bienes son de la comunidad entendida institucionalmente, de tal modo que ningún fiel puede atribuirse para sí una parte de dichos bienes patrimoniales. Cabe señalar, por último, que de acuerdo al Código, el párroco es el administrador y único responsable del patrimonio parroquial (can. 537) aun cuando cuente con la ayuda del “Consejo de asuntos económicos”.

 

Respecto del párroco, en los can. 515,1 y 519 aparecen -igual que en otros muchos- las expresiones “pastor” y “cura pastoral”. Pastor como quien procura el bien sobrenatural de cada fiel y de la comunidad en cuanto tal, mediante el ejercicio de la triple función de enseñar, santificar y regir (cf. can.528, 1; can. 528,2; can. 529; can. 530). Por su parte, la “cura pastoral” puede entenderse en un sentido vertical o jerárquico-potestativo, asociado a la función de pastor (se advierte al hablar de los sacramentos que son “administrados” y “recibidos”), como también, como encargo a los fieles, que en virtud del sacerdocio bautismal que han recibido (cf. Lumen Gentium 10) participan de un modo peculiar y diverso del sacerdocio ministerial o jerárquico, en la triple función de Cristo, de enseñar, santificar y regir. Esta doctrina se halla explicitada en múltiples lugares del Código, y como consecuencia, hay que tener presente que todo fiel católico es depositario de la misión misma de la Iglesia.

 

1.3.    La parroquia en el Magisterio Latinoamericano

 

A lo largo de las conferencias generales del Episcopado Latinoamericano realizadas en Río de Janeiro (1955), Medellín (1968), Puebla (1979) y Santo Domingo (1992), se pueden encontrar dos grandes líneas que conducen las reflexiones y orientaciones sobre la parroquia:

 

§  el paso desde una concepción más bien jurídica a una más bien pastoral de la institución parroquial, y

§  el reconocimiento e incentivo de la corresponsabilidad de los laicos en el servicio.

 

En Río de Janeiro, la parroquia comienza a ser comprendida como comunidad que anima y coordina la acción pastoral. Es cierto que las orientaciones pastorales de Río de Janeiro van casi exclusivamente dirigidas al párroco, y en un lenguaje más bien apologético, sin embargo, nacen aquí las primeras insinuaciones de lúcidas iniciativas renovadoras, tales como la coordinación diocesana y nacional de la catequesis, el recurso a las ciencias auxiliares (la pedagogía, la estadística y la administración económica), la primera invitación a descentralizar la parroquia y pedir la colaboración de los fieles laicos, así como también la preocupación misionera y una explícita sensibilidad y compromiso por la cuestión social.

 

En Medellín, bajo el lema “La Iglesia en la actual transformación de América Latina a la luz del Concilio”, la Iglesia toma conciencia en su magisterio acerca de la gravísima situación de injusticia social, a la que con voz profética, criticó como una situación de “violencia institucionalizada” (DM 2,16). La parroquia, de este modo, levanta su mirada al entorno y se descubre llamada a ser responsable de las reivindicaciones de los más pobres del Continente. Medellín llama también a multiplicar las “comunidades cristianas a escala humana”, de tal modo que se pueda diversificar la presencia de la Iglesia en muchos sitios diferentes. Así crece la participación más activa de los fieles laicos y se comparten las funciones de animación y de coordinación del ministro ordenado. Todo esto, en un contexto de Pastoral de Conjunto que vitaliza a la parroquia, al Decanato, a la Vicaría zonal y a la Iglesia diocesana. Entonces, la figura y el rol del párroco se entenderán como un servicio de la comunión y de la corresponsabilidad, tanto que se llega a delegar esta función en situaciones extremas.

 

La III Conferencia General del Episcopado Latinoamericano reunido en Puebla que versa sobre la “Evangelización en el Presente y en el Futuro de América Latina”, tendrá como referente primordial y permanente de su reflexión a los pobres de América Latina. Se formula aquí, desde una rica eclesiología de diálogo comprometido con el pueblo latinoamericano, la famosa y siempre actual “opción preferencial por los pobres”. Puebla visualiza la renovación parroquial a través de dos opciones pastorales de envergadura: las Comunidades Eclesiales de Base (CEBs) y la Catequesis. El anuncio de la Palabra y del contenido evangélico, realizado y vivido desde las comunidades cristianas. La Parroquia es una comunidad que se alimenta, discierne y anuncia la Palabra de Dios y colabora en la construcción del Reino de Dios. Subyace en esta línea fuerte de renovación, el método pastoral que ocupa los pasos del “Ver”, “Juzgar” y “Actuar”, al que se le agregarán, para hacer más dinámica la vida comunitaria, el “Evaluar” y “Celebrar”.

 

La IV Conferencia General del Episcopado Latinoamericano, realizada en Santo Domingo, busca recoger y actualizar la herencia de los encuentros anteriores. Su reflexión la realiza en el marco de la conmemoración de los quinientos años de la Evangelización del Continente y cuando termina un milenio cristiano y se inicia otro. También cuando nuestros pueblos, duramente golpeados por diversos problemas, anhelan de la Iglesia una palabra de esperanza. Eso quiere ser el Documento de Santo Domingo: una palabra de esperanza. Un mensaje renovado de Jesucristo, fundamento de la promoción humana y principio de una auténtica cultura cristiana.” (DSD “Presentación”). Así lo expresa el título del Documento, que da cuenta de los contenidos del mismo: “Nueva Evangelización, Promoción humana, Cultura cristiana.” Y su lema: “Jesucristo, ayer, hoy y siempre”. Dialogando con el mundo y no condenando; denunciando responsable y proféticamente, pero en el contexto del anuncio salvador y misericordioso; renunciando a su aislamiento y peregrinando con todos los hombres y mujeres de buena voluntad, creyentes o no creyentes, que buscan una sociedad más justa, fraterna, libre y solidaria; siempre en movimiento y reestructurándose, no sólo para hacer mejor su servicio evangelizador, sino sobre todo, para dejarse llevar y conducir por el Espíritu Santo.

 

En este contexto, la parroquia no se entiende por sí sola ni para sí misma. Ella existe en una Iglesia de comunión y está llamada a ser “comunidad de comunidades y movimientos”. Es espacio de madurez de las personas, las familias y las asociaciones cristianas, que en un proceso gradual de crecimiento y profundización de sus relaciones, buscan ser sujetos y no objetos de la historia, para que así puedan, entre todos, hacer de este Continente un pueblo fraterno y solidario, digno y libre. Es una parroquia que se entiende en una orgánica -Pastoral de Conjunto- siempre en movimiento y en diálogo con Dios, entre sí y con el mundo, fuertemente misionera y de carácter marcadamente solidario.

 

Por último, no se puede dejar de mencionar la Exhortación Apostólica Ecclesia en America, en la que S.S. Juan Pablo II invita a las parroquias americanas a comunicar a todos, sin excepción, la experiencia del encuentro personal que en comunidad se ha tenido con Cristo. Personal, porque Jesucristo es “la respuesta definitiva a la pregunta sobre el sentido de la vida, a las interrogantes fundamentales que asedian hoy a tantos hombres y mujeres del Continente Americano.” (E.A. 10). Así, la línea central de la Exhortación ayuda a enriquecer y renovar la tarea de la parroquia, en el sentido que si en ella y desde ella se da un auténtico encuentro personal con el Señor “llevará también consigo la renovación eclesial” (E.A. 7).

 

En Ecclesia in América, se recoge íntegramente la eclesiología de comunión del Concilio Vaticano II y del magisterio latinoamericano, quedando de manifiesto la clara coherencia de la tradición magisterial. El Papa  nos recuerda que la parroquia ha de ser siempre fraterna y solidaria, en especial con los más pobres, y también, que es clave la renovación parroquial en las grandes ciudades, siguiendo el modelo de comunidad de comunidades y movimientos. Ella “es un lugar privilegiado en que los fieles pueden tener una experiencia concreta de Iglesia”. La parroquia debe “renovarse continuamente”, pero “partiendo del principio fundamental de que ella tiene que seguir siendo primariamente comunidad eucarística. Este principio implica que las parroquias están llamadas a ser receptivas y solidarias, lugares de la iniciación cristiana, de la educación y la celebración de la fe, abiertas a la diversidad de carismas, servicios y ministerios, organizadas de modo comunitario y responsable, integradoras de los movimientos de apostolado ya existentes, atentas a la diversidad cultural de sus habitantes, abierta a los proyectos pastorales y superparroquiales y a las realidades circundantes.” (E.A. 41).

 

2.   Situación actual y perspectivas de la Parroquia Latinoamericana

 

En este capítulo se hace un análisis, de acuerdo a la documentación recolectada, sobre la realidad de la parroquia latinoamericana, considerando los diferentes tipos de parroquias que coexisten en el Continente, algunas iniciativas de renovación parroquial, y las principales fortalezas y debilidades que se pueden apreciar en las parroquias.

 

2.1. Distintas configuraciones parroquiales

La diversidad de las parroquias latinoamericanas es tan rica como amplia; por lo mismo, tratar de dar cuenta de ella es una tarea difícil. Para eso, se deben elegir ciertos criterios ordenadores, que en este caso han sido los siguientes: a) Las disposiciones canónicas, b) El grado de renovación y c) La ubicación sociodemográfica. Con esto se construyen modelos o tipos de parroquias, advirtiendo eso sí, que se trata de un recurso metodológico útil para exponer rasgos que puedan diferenciar una estructura de otra, presentándolos de manera polar –en algunos casos exagerados- para que el lector pueda identificar las diferencias existentes entre estas entidades o tipos, aunque sea difícil encontrar tipos puros en la realidad.

 

a)    Tipos de parroquias según las disposiciones canónicas:

 

La posibilidad de construir tipologías en torno a la parroquia está dada en primera instancia por lo que dispone el Código de Derecho Canónico respecto a los criterios para erigir parroquias. Las disposiciones del Código señalan que existen dos criterios básicos para determinar la diversidad tipológica de las parroquias:

 

§  el primero es el criterio de territorialidad o no de las parroquias

§  el segundo tiene en cuenta las personas a quienes se encomienda la parroquia y los modos de encomendarla

 

En cuanto a la territorialidad, el principio general sigue siendo el de la parroquia vinculada a un territorio. Sin embargo, cuando las necesidades pastorales lo ameriten, se pueden constituir parroquias personales en razón: 1° del rito; 2° la lengua; 3° de la nacionalidad de los fieles de un territorio; 4° por otra determinada razón como, por ejemplo, la condición social o profesional de los fieles (parroquia castrense, parroquia universitaria. etc.) (can. 518).

 

En cuanto a la forma en que es encomendada la parroquia, el Código reconoce una serie de alternativas que van desde una parroquia encomendada plenamente a un presbítero como párroco titular de una determinada comunidad de fieles, territorial o personal, parroquias encomendadas no plenamente a un diácono, o a una comunidad (de laicos, de Instituto de vida consagrada, de Sociedad de vida apostólica) pero designando a un presbítero con las potestades propias del párroco, hasta una o varias parroquias encomendadas solidariamente a varios presbíteros, a condición que uno de ellos actué como moderador y representante legal.

 

Aunque la realidad latinoamericana no lo refleje, el Código ofrece diversas posibilidades de parroquias según la necesidad del territorio o ambiente, considerando, por otro lado, la realidad que presenta el clero en cuanto a posibilidades de atención de lo que se le encomienda, y abriendo inclusive otras fórmulas que permitan una buena atención pastoral.

 

b)    Tipos de parroquias según su grado de renovación:

 

Hablar de “parroquias tradicionales” es hacer referencia a parroquias marcadas profundamente por el espíritu preconciliar, o que en algún sentido no han asumido la invitación realizada por el Concilio Vaticano II en pos de la renovación de las estructuras eclesiales. Estas parroquias enfocan su actividad enfatizando lo sacramental y devocional, por lo que su tarea pastoral descansa básicamente en la celebración del culto. En materia de capacidad de planificación y manejo de elementos de gestión parroquial, se advierte que estas parroquias carecen de planes pastorales que guíen sus iniciativas y, en general, no cuentan con una estructura de resolución y toma de decisiones que permita la participación de los laicos. En lo referido a la dimensión misionera, ésta tiende a ser escasa y centrada en el templo, y con ello, la vida parroquial tiende a cerrarse en sí misma. Esto, por lo general, aleja a la parroquia de las preocupaciones de las personas del territorio. La parroquia, en definitiva, es el grupo de fieles que participa del culto y acude a recibir algún sacramento, teniendo gran importancia el discurso doctrinal.

 

Dentro del continuo tradición-renovación se visualiza un tipo que podríamos calificar de “intermedio”, donde prima una pastoral que intenta adecuar su línea pastoral al Concilio, siendo fiel a sus postulados y acogiendo sus desafíos. En este tipo parroquial predomina la catequesis con un claro acento bíblico. En lo que se refiere a su actitud y acción misionera, en ella se desarrolla una preocupación por las personas alejadas, preocupación que está centrada fundamentalmente en la dimensión de práctica religiosa de las personas, por ello intenta desarrollar su evangelización a través de la liturgia. En la dimensión solidaria, este tipo de parroquias desarrollan una sensibilidad social de carácter moderado, que basa su accionar en medidas de tipo asistencial, traspasando los límites del templo para atender las demandas de quienes viven en el territorio parroquial, acercándose a ellos por medio de actividades de fraternidad, con posibilidad de abrirse también a reivindicaciones sociales y de derechos humanos. Debido a lo anterior, hay un sentido más claro de la relación fe-cultura e Iglesia-mundo. Consecuentemente, la comunidad parroquial se ve compelida a llevar adelante acciones en estos campos a través de la promoción de “obras” parroquiales. En cuanto a la manera en que se distribuyen las responsabilidades, éstas recaen fundamentalmente en la persona del párroco, quien busca apoyo y cierto nivel de asesoría en grupos de laicos que conforman equipos dedicados a temas pastorales y relacionados con la administración del templo.

 

El tipo parroquial llamado “parroquia postconciliar” o “renovada” es el último que visualizamos dentro del continuo tradición-renovación. En él prima una pastoral de clara inspiración misionera, con un mensaje evangelizador que pone en el centro la posibilidad liberadora de la Palabra de Dios. Su acción evangelizadora tiene un gran acento en el desarrollo de un carisma acogedor y esperanzador para quienes sufren y son menospreciados. La parroquia trata de tener una fuerte conexión con el mundo y se hace presente como una organización más, que se pone al servicio de la causa de Jesucristo y de la transformación del mundo, en sintonía con las características del Reino prometido. En concordancia con lo anterior, la parroquia renovada es permanentemente solidaria con todos los hermanos, es humilde y servidora de los más humildes, con un gran sentido de vinculación entre fe y vida. En este tipo parroquial la catequesis de adultos tiene tanta o más centralidad que la catequesis de niños, y está marcada por una clara inspiración catecumenal. La Eucaristía se celebra en un ambiente de participación, a veces con estímulo al diálogo entre los participantes, y siempre con un activo involucramiento de los asistentes. La participación y la responsabilidad están repartidas entre quienes asisten a las actividades de las diversas áreas pastorales de la parroquia, se cultiva con ello un alto sentido de la corresponsabilidad en los laicos. En este tipo parroquial la orientación de la participación es horizontal y busca formar a las personas que cooperan con la parroquia sin tomar distancia ni hacer reparos a la participación, generando con ello un gran sentido de comunidad entre los fieles. Todo esto se lleva a la práctica a través de una red de comunidades que trabajan unidas bajo una concepción eclesiológica de comunión y participación.

 

c)    Tipos de parroquias según su ubicación sociogeográfica:

 

La “parroquia rural”, en términos generales, está situada en zonas geográficas de extensión diversa pero muy poco pobladas, donde las condiciones socioeconómicas son especialmente difíciles para sus habitantes. Se trata de sectores donde a menudo existe un profundo y arraigado sentimiento religioso y fervor popular que se manifiesta en procesiones, fiestas patronales, etc. En estas parroquias suele darse gran importancia a los sacramentos, lo que en alguna medida contribuye a que ésa sea su dimensión más desarrollada. Otro aspecto que las distingue es el amplio sentido de la solidaridad entre los hermanos, que hace surgir iniciativas de ayuda, que aunque no todas perduren en el tiempo, concitan el interés de muchas personas por participar. En cuanto al desarrollo de la vida interna de este tipo de parroquias, se observa, en algunos casos, la tendencia a conformar comunidades eclesiales de base, CEBs, especialmente en lugares donde la presencia sacerdotal resulta difícil o intermitente, siendo habitual que muchas comunidades estén a cargo de dirigentes laicos, y que sean ellos quienes se responsabilizan de dar vida a la comunidad de creyentes en las temporadas de ausencia del párroco. El mismo hecho de que estas parroquias estén en lugares poco poblados y lejanos de los centros urbanos, contribuye a una cierta autonomía de las comunidades, con bajos niveles de integración a la vida diocesana. El párroco rural es una autoridad socialmente reconocida y consultada en el sector, a quien se recurre como intermediario entre la población y el poder civil.

 

Otro tipo de parroquia -que está ligado de manera estrecha con la parroquia rural, pero que a su vez posee características propias- es la “parroquia indígena”. Ella se sitúa en lugares apartados de los centros urbanos, debido fundamentalmente a la marginación social y espacial de las poblaciones indígenas. Esta situación, unida a las malas condiciones socioeconómicas en que vive la mayoría, hacen que la Iglesia base su accionar en dos pilares fundamentales: la promoción humana y de acción social, y la propagación de la fe católica en forma explícita. En el ámbito de lo social, algunas parroquias han desarrollado programas de promoción humana: capacitación de dirigentes, capacitación en tecnologías agropecuarias, educación, atención de salud, apoyo a organizaciones sociales, creación de entidades culturales, proyectos de desarrollo local, así como de atención y defensa jurídica de los derechos de los indígenas. En cuanto a la propagación de la fe, en las parroquias indígenas sobresalen las misiones, visitas pastorales, misas, bautizos, matrimonios, y la catequesis escolar. Esta combinación de esfuerzos tiene por objeto dar mejores y más integrales respuestas a la dura realidad socioeconómica de las poblaciones indígenas y, por otro lado, dar una respuesta adecuada a la amplia y rica religiosidad indígena. Tal como en las parroquias rurales, en muchos casos el aislamiento de las comunidades indígenas y la falta de sacerdotes que las atiendan, impulsan con frecuencia a generar acciones de corresponsabilidad y autonomía de los laicos para dar respuesta a la vida de fe de la comunidad de creyentes en la temporada de ausencia del párroco.

 

El otro tipo de parroquia distinguible es la “parroquia urbana”. Este tipo de parroquia se desarrolla en el contexto de ciudades en constante y a menudo desmedido crecimiento poblacional, que suele establecer verdaderas segregaciones entre los grupos sociales que habitan la ciudad. Es posible distinguir un primer subtipo de parroquia urbana, compuesto por “parroquias de centro urbano”, que no necesariamente se ubican en los sectores céntricos de las ciudades, pero sí, donde predominan sectores sociales típicamente medios y altos. A veces se trata de ambientes conformados por zonas comerciales y de servicios con una mayoría de personas que trabaja en el lugar pero no habita en él, y en otros casos, están compuestos por áreas residenciales de nivel medio y alto. Esta localización tiene incidencia en el trabajo de las parroquias, ya que su población tiende a relacionarse de manera esporádica, individual o íntima con la parroquia, planteando un gran desafío para la formación y consolidación de un sentido comunitario. El otro subtipo de parroquia urbana es el de las “parroquias periféricas”. Se trata en este caso, de parroquias situadas en sectores socioeconómicos de nivel bajo y medio bajo, que a menudo coinciden con territorios que han sido ocupados por la creciente expansión de las ciudades. En la mayor parte de los casos son sectores cuya población -varias decenas de miles de personas- es atendida pastoralmente desde una sede parroquial y desde sectores parroquiales correspondientes a CEBs, con sus capillas. En todos estos casos, las parroquias cumplen un importante rol comunitario y solidario. Las parroquias urbanas periféricas suelen ser, en algunos casos, verdaderos centros de prestación de servicios sociales y asistenciales, y en muchas ocasiones, ellas sirven como agentes de orientación y derivación de la población del sector que busca solucionar algunas necesidades sociales básicas.

 

2.2.    Iniciativas de renovación parroquial

 

La renovación pastoral surgida del Concilio Vaticano II, como también las transformaciones propuestas por el Episcopado Latinoamericano han dado lugar a múltiples iniciativas de renovación de la Parroquia en el Continente. Conscientes de la imposibilidad de dar cuenta exhaustiva de cada una de estas iniciativas, en el documento original se ofrece una síntesis de algunas de estas experiencias –unas de carácter local, otras bastante generalizadas-, que no agotan la riqueza de la totalidad de propuestas renovadoras, pero que ilustran algunas tendencias dominantes de renovación*. Basta señalar aquí que en esas experiencias se destaca como una constante, el papel fundamental de los laicos como sujetos activos en el proceso renovador. En la medida en que los laicos han sido consultados, incorporados y capacitados para el trabajo pastoral, la parroquia y el propio párroco han visto favorecida su labor. También es destacable que en general, las iniciativas renovadoras exitosas siguen procesos que no son espontáneos sino que son conscientemente planificados, contando para su diseño y realización, con el aporte de las ciencias sociales y de la administración, puestas al servicio del trabajo pastoral. En este sentido, resulta alentador prever una creciente valoración de los aportes profesionales a los esfuerzos de renovación parroquial del futuro.

2.3. Fortalezas y debilidades de la parroquia latinoamericana

 

Siendo la parroquia necesaria aunque insuficiente, ella acumula a lo largo de sus más de quince siglos de existencia, una serie de fortalezas, como ser la entidad eclesial de mayor presencia y difusión, un lugar próximo y fácil de reconocer, y la institución que entra en contacto con un mayor y más diverso grupo de creyentes. Se trata de un lugar donde se acoge a personas con diferentes niveles de participación. La parroquia incluye practicantes ocasionales y no practicantes, que buscan ritos y a veces consuelo, lo que la convierte en un gran puente de contacto entre la Iglesia y el “mundo”. Ella es un terreno donde la tarea misionera resulta, en este sentido, algo cotidiano.

 

Aun cuando es imposible contar con un diagnóstico acabado sobre la realidad de la parroquia latinoamericana, a través de las distintas publicaciones revisadas se puede esbozar, sin ánimo de generalizar, un análisis de las diferentes dimensiones de la parroquia. Para ello, se ha diseñado un esquema de análisis capaz de abarcar las muy diversas tareas y aspectos que incluye la parroquia. Es difícil ser exhaustivos con las categorías, pues en la vida parroquial todo ocurre interconectadamente. Se trata más bien de una opción metodológica que no pretende ser un modelo ni una figura estática de las actividades a incorporar en el quehacer parroquial. Esta categorización tiene el valor de ordenar la información recopilada y ayudar al análisis de la misma.

 

A continuación presentamos el esquema que contiene cinco dimensiones, algunas de las cuales se subdividen en una serie de aspectos, los cuales serán desarrollados en este capítulo.

 

 

DIMENSIONES

ASPECTOS

Dimensión kerigmática

Catequesis

Acción misionera

Acción profética

Dimensión litúrgica y espiritual

Vida espiritual y de oración

La eucaristía

Los sacramentos

Dimensión solidaria

 

Dimensión del ejercicio de la autoridad

 

Dimensión organizacional-comunitaria

Comunidades y movimientos

Estructura y vida orgánica

La parroquia y la pastoral de conjunto

 

 

a)    Dimensión kerigmática:

 

En la parroquia tiene lugar el anuncio del Mensaje cristiano, la proclamación de la Palabra de Dios, y su enseñanza. En ello cumplen un papel clave la catequesis, la acción misionera, la tarea profética de discernir el paso de Dios en los acontecimientos históricos, y la posibilidad de entrar en diálogo con las diferentes culturas.

 

En la parroquia latinoamericana, la catequesis aparece como una de las actividades protagónicas, que más laicos involucra, y de las más organizadas. Se cuenta en el Continente con una catequesis cada vez más bíblica, más organizada y más inculturada, también más creadora de comunidad. Además, casi todas las diócesis disponen de institutos para la formación de los catequistas, e incluso las universidades católicas ofrecen en algunos lugares cursos y programas para catequistas. De todas maneras, esto último representa un desafío sobre el que hay que insistir, puesto que se debe mejorar la calidad de la formación con miras hacia una catequesis que sea verdadera educación en la fe y no una mera preparación para los sacramentos.

 

El ámbito de la evangelización misionera, por su parte, parece ser una de las áreas más descuidadas y que más inquietud genera en las parroquias del Continente. La misión se consideró durante mucho tiempo algo restringido a las zonas rurales y muy asociada a la entrega de sacramentos, pero ella renace como fuerte anhelo en el último tiempo. Se aprecia una cierta ansia misionera especialmente en los laicos. También nos encontramos con una fuerte demanda de los laicos en orden a que los sacerdotes salgan de la parroquia, demanda en la que se funden el deseo misionero con el deseo de que la Iglesia conozca más de cerca la realidad, se abra y dialogue con aquellos que se han alejado.

 

En cuanto a la acción profética, podemos reconocer que la Iglesia Latinoamericana, interpelada por hechos como la desigualdad económica y los problemas de derechos humanos, ha desarrollado una práctica de discernimiento colegiado y de crítica social, que en alguna medida se ha ido traspasando a las comunidades. Esto que puede considerarse una fortaleza, sin embargo, tiene sus detractores, especialmente por la forma como a veces se ha dado el proceso. En años recientes pareciera que de manera creciente se tiende a evitar temas contingentes, como también, a evitar prácticas que incluyan el diálogo y el discernimiento sobre la realidad social, retornando en alguna medida a una parroquia más tradicional en este plano.

 

Por otra parte, hay que señalar que falta un mayor desarrollo del diálogo con las diferentes culturas y la capacidad para adaptar la forma del mensaje cristiano a las realidades indígenas y a condiciones emergentes, en especial, a la forma de vida en las grandes ciudades. También hay que decir que una franca debilidad de las parroquias en este plano es su escasa disposición hacia un verdadero ecumenismo. Hay gran confusión sobre los distintos grupos religiosos que operan, y en general, pareciera que tanto laicos como sacerdotes no consideran como algo importante el trabajo conjunto con grupos evangélicos.

 

b)    Dimensión litúrgica y espiritual:

 

Siguiendo las orientaciones del Concilio Vaticano II, la parroquia está llamada a actualizar el Misterio Pascual en la celebración de la Eucaristía y los sacramentos, a velar por la formación espiritual de los fieles y a ayudarlos a descubrir la riqueza y los beneficios de la oración. Sin embargo, en el documento de Santo Domingo, los obispos latinoamericanos señalaban que “se ha perdido la práctica de la dirección espiritual” (DSD 39), lo que no es sino reflejo de una acción pastoral llena de programas y actividades, con pocas ocasiones para el contacto gratuito entre el sacerdote y los fieles, y para el contacto íntimo con Dios. Un signo de esperanza, sin embargo, es que los fieles piden espacios para el retiro espiritual, y el auge de los grupos de oración a nivel parroquial.

 

Con respecto a la Eucaristía, aun cuando el documento de Santo Domingo señala que “no se ha logrado plena conciencia de lo que significa la centralidad de la liturgia como fuente y culmen de la vida eclesial” y que “se pierde en muchos el sentido del día del Señor” (DSD 39), no se puede desconocer que la Misa dominical es la actividad que más gente congrega, y con la que más se identifica a la actividad parroquial. Para una mayoría de quienes participan, la celebración eucarística es una ceremonia atractiva, que tiene que ver con su vida, y que les ayuda a crecer en la fe. Las opiniones son un poco más críticas al referirse a las homilías, pero de todas maneras, se trata de apreciaciones bastante positivas. Suele existir, eso sí, el deseo de que las ceremonias sean menos frías, y que se mejore la acogida de quienes participan en la Eucaristía. Existe también el deseo de una mayor participación de los distintos agentes y grupos pastorales en la preparación de la Misa, es decir, de mayor cercanía con la celebración.

 

Por último, cabe consignar que se constata en distintos documentos y artículos una visión bastante crítica respecto de la dimensión sacramental de la parroquia, concentrando su atención, básicamente, en la deficiente formación y la baja disposición consciente hacia el significado de los sacramentos. Pareciera que a un sector importante de la Iglesia latinoamericana le inquieta que haya una gran masa de cristianos que limita su participación en la parroquia a la celebración de los sacramentos, que incluso muchas veces son considerados como meros eventos sociales. Asimismo, llama la atención la dificultad de algunos párrocos para considerar estas celebraciones como verdaderas oportunidades para la evangelización misionera, y la escasa confianza en la acción de la Gracia, si no es mediada por una extensa formación teórica dada en cursos y charlas.

 

c)    Dimensión solidaria:

 

Pareciera que la generalidad de las parroquias latinoamericanas, tanto por su historia, como también por el hecho de estar confrontadas a la fuerte desigualdad social en el Continente, mantienen algún tipo de actividad solidaria, que va desde sencillos grupos de caridad, hasta verdaderos programas de desarrollo social, pasando por clubes de ancianos, comedores, grupos de alcohólicos, talleres de manualidades, etc. Más aún, pareciera observarse actualmente una revaloración y revitalización del trabajo social parroquial a raíz de la implementación en América Latina de un modelo económico neoliberal que disminuye la presencia del Estado en materias sociales.

 

Se puede considerar como una fortaleza de la parroquia latinoamericana en sí misma, el hecho de contemplar como algo ineludible el trabajo por los necesitados. Ahora bien, como aspectos débiles dentro de esta fortaleza -y reconociendo una gran diversidad de estas experiencias tanto en sus temáticas, como en su envergadura, nivel de organización y profesionalización- se puede mencionar, además de la orientación paternalista de mucha de la acción social, la fuerte tendencia a la improvisación, al espontaneísmo, y a no prever las consecuencias y los pasos futuros de muchas iniciativas, en especial cuando se trata de grupos de riesgo, como jóvenes marginados, delincuentes o drogadictos. A menudo se trata de acciones generadas por un grupo pequeño, y que cuesta que sean asumidos por la comunidad parroquial plena, poniendo en riesgo su continuidad.

 

d)    Dimensión del ejercicio de la autoridad:

 

De acuerdo al nuevo Código de Derecho Canónico, el párroco es pastor propio de la parroquia, representante jurídico de la misma y administrador de sus bienes (can. 519 y 523). Competen al párroco las funciones de enseñar, santificar y regir, con la cooperación de los colaboradores consagrados y laicos, sirviendo como pastor de la comunidad y en todo el territorio parroquial.

 

La función de enseñar es asumida en buena forma por los párrocos, y compartida con laicos y con otros agentes pastorales en lo referido a la catequesis. La función de santificar, que es una función propiamente sacerdotal, es comprendida y aceptada fácilmente por los fieles, y los sacerdotes se sienten preparados para ella, aunque no siempre les agrada ejercerla cuando se trasforma en algo rutinario o cuando se trata de ritos de tipo más bien social. En cuanto a la función de regir, que implica el ejercicio de la autoridad, parece ser la que mayores problemas genera en los párrocos.

 

Encontramos que el tema de la autoridad sacerdotal en la parroquia, y del gobierno colegiado de la misma, se encuentran todavía en transición. Los párrocos tienen dificultades para hacer real la participación del laicado sin desmerecer su papel de conductores y de responsables últimos de la comunidad. También hay dificultades para que la participación laical no se transforme en una hipertrofia de reuniones que empobrezcan los espacios de encuentro gratuito entre los fieles y su pastor. Por otra parte, es aun extraño que los ministros ordenados y los laicos asuman como equipo el cuidado pastoral de los fieles. Diáconos permanentes y religiosas tienden a desempeñar tareas muy circunscritas, mientras la mayoría de los colaboradores se sienten más “disponibles” que realmente corresponsables.

 

e)    Dimensión organizacional y comunitaria:

 

Uno de los planteamientos más importantes en cuanto a la parroquia, luego del Concilio Vaticano II y el desarrollo de una “Eclesiología de Comunión y Participación”, es aquél que define a la institución parroquial como una red de comunidades, noción que ha tenido gran impacto en toda Latinoamérica. Sin embargo, hoy estamos lejos del optimismo y la fuerza con que hace algunos años se defendía la opción de las comunidades de base. Actualmente se observa desánimo, inseguridad respecto al futuro de las comunidades. Muchos líderes se alejan de las Comunidades Cristianas de Base, CCBs, mientras algunas se encierran en sí mismas. Hay también una fuerte autocrítica, ya que si bien hubo concientización, las CCBs no alcanzaron a promover una transformación cultural amplia y profunda. Además, su alcance en las clases populares fue limitado. Se dice que no lograron la autonomía buscada del laico en la Iglesia, continuando la dependencia excesiva de Iglesia institucional.

 

Al contrario de lo que ocurre con las Comunidades Cristianas de Base, en los últimos años se observa un importante crecimiento de los movimientos apostólicos, que representan una respuesta pastoral sobre todo para sectores socioeconómicos medios y altos de la sociedad. Al igual que las CCBs, ellos mantienen relaciones ambivalentes con la parroquia; y aunque las características de este vínculo dependen claramente del movimiento de que se trate, muchos párrocos reconocen el efecto catalizador de los movimientos, aunque algunos mantienen un cierto recelo hacia ellos. Persiste el temor de que éstos les quiten gente que participa en la pastoral ordinaria, que los recarguen de trabajo, y también temor ante su proselitismo y la tendencia de algunos movimientos a constituir círculos cerrados que no se integran totalmente al resto de la comunidad parroquial.

 

Mirando hacia el interior de la parroquia, como fortalezas en lo referente a su funcionamiento se pueden citar la mayor tendencia a trabajar en equipo de los sacerdotes, el mutuo apoyo e intercambio de experiencias, la incorporación de laicos en cargos directivos y el diseño de planes pastorales parroquiales -elaborados participativamente- que dan continuidad al trabajo a pesar de los cambios de sacerdotes. También hay que señalar una cierta tendencia a la descentralización en capillas o CEBs, que dinamizan la pastoral, especialmente en parroquias populares muy extensas. La creación de Consejos Parroquiales en gran parte de las parroquias también es una fortaleza que merece ser destacada.

 

Como debilidades, se puede señalar que existe, entre el personal consagrado, cierto temor o incluso rechazo a una racionalidad de tipo administrativa en general, y especialmente, en lo que se refiere a la administración financiera. Otra debilidad es la insuficiente definición de los cargos, es decir, de las funciones y de las atribuciones de las personas y grupos que trabajan en la parroquia. Ello suele generar ambigüedades, superposición de funciones, y retraso en las decisiones. Esto incluye tanto al personal consagrado como a los laicos con alguna responsabilidad en la pastoral.

 

Ahora bien, mirando desde la parroquia hacia afuera, se observa un lento caminar hacia aquello que los documentos magisteriales proponen como una necesaria “pastoral de conjunto”. Encontramos que las funciones de los organismos intermedios -decanatos y zonas- son a menudo ambiguas. No existe claridad tampoco sobre su conformación y sus atribuciones y, en general, carecen de recursos propios. A ello se debe sumar la tensión que a veces existe entre una pastoral parroquial ordinaria y los eventos extraordinarios provenientes de las diócesis. Aun cuando se reconoce que muchos de estos eventos animan y ayudan a potenciar la pastoral parroquial, son frecuentes las quejas de sacerdotes en cuanto a la superposición de planificación y organización de acciones por parte de organismos centrales, que absorben y entraban la pastoral parroquial.

 

Por otra parte, los vínculos entre los colegios de Iglesia y las parroquias son escasos, salvo cuando son escuelas parroquiales o cuando pertenecen a una misma Congregación religiosa. Aun así, los párrocos suelen mirar con recelo que los colegios asuman tareas que les parecen exclusivas de las parroquias, tales como la catequesis, o ciertas pastorales juveniles.

 

En síntesis, queda pendiente, como una gran tarea para las diócesis, la de diseñar organismos que signifiquen un real aporte a una pastoral de conjunto.

 

3. Propuestas para una Parroquia Latinoamericana

      de cara al Tercer Milenio

 

Utilizando el mismo esquema de dimensiones de la parroquia utilizado para exponer sus “fortalezas” y “debilidades”, en este capítulo se proponen algunas líneas de renovación parroquial. Es importante aclarar, eso sí, que estas proposiciones buscan ser respetuosas de la diversidad, y que por lo tanto, ellas deben entenderse como contribuciones para un discernimiento comunitario que debería realizarse en cada realidad particular.

 

3.1.    Dimensión kerigmática de la parroquia

 

a)    La catequesis:

 

La parroquia es un buen medio de evangelización y de catequesis inculturada, y puede serlo aún mejor si se deja renovar según las orientaciones del Vaticano II, la Evangelii Nuntiandi de Pablo VI, las Exhortaciones Apostólicas Tertio Millenio Adveniente y Ecclesia in América de Juan Pablo II y el magisterio latinoamericano. Para ello, toda la institución y estructura parroquial han de estar configuradas al servicio de la evangelización y no al revés. Esto implica que la catequesis sea un proceso ordenado, gradual, progresivo y permanente de educación en la fe, atento no sólo a las edades de los participantes, sino a sus particularidades y circunstancias. Es fundamental la apertura a las características siempre cambiantes del hombre y la sociedad

 

Se debe tener en cuenta que en la nueva cultura urbana hay vastos sectores de personas de las grandes ciudades que están sometidos a una vida cotidiana esforzada, con grandes distancias a recorrer y enfrentados a duros trabajos y presiones. Ellos buscan la religión como goce. No quieren vivir lo religioso como un deber más, ya que el deber está asociado a las horas de trabajo y otras obligaciones de la vida laical. Por otra parte, existe una demanda de realización afectiva, de libertad, de espiritualidad personal, y un rechazo al activismo, al dogmatismo, y a la fría racionalidad doctrinal. Hoy día las verdades se discuten, se deliberan, se cuestiona a las autoridades con sus verdades impuestas. Hay un “ethos” democrático que la parroquia está desafiada a incorporar como parte de ella misma.

 

b)    La acción misionera:

 

La parroquia existe para irradiar, para ir al encuentro del otro, para salir de sí misma, para la misión. Sin esta dimensión, la parroquia está destinada al inmovilismo sectario y a morir como institución.

 

La acción misionera se entiende hoy desde el espíritu de la “Gaudium et Spes” del Vaticano II. Una Iglesia y una parroquia que quieren dialogar con el hombre de hoy y con todas las culturas, desde los grandes valores que la humanidad en su conjunto ha ido conquistando, y asumiendo las aspiraciones más universales de todos los hombres sin exclusiones, y buscando siempre la mutua colaboración para solucionar, en comunión y participación, los grandes problemas del mundo entero. Es el servicio al hombre, sobre todo a los pobres. El servicio a su dignidad y a los valores que engrandecen y reconcilian con Dios, con la creación, entre sí y consigo mismos.

 

Una parroquia en diálogo, es capaz de denunciar lo negativo, pero reconociendo también lo positivo, así su crítica no se confunde con mera reticencia a lo nuevo. Una parroquia también capaz de dar testimonio ante el mundo con sus acciones. Que sale del templo, pero que también acoge con rostro materno y misericordioso a quienes sufren o se han alejado.

 

c)    La acción profética:

 

La Palabra anuncia y denuncia al mismo tiempo. Ella, por la fuerza de la misericordia de Dios, hace ver el pecado personal y social y toca el espíritu y la voluntad para encaminarlos hacia la dignidad y la reconciliación. Por eso la tarea de la parroquia siempre se evaluará, en definitiva, por su capacidad de convertir a las personas y de cambiar las estructuras y situaciones que las humillan.

 

Para el ejercicio de la acción profética la Iglesia invita a aprender juntos a discernir los signos de los tiempos, práctica cristiana de la primera hora, realizada por el mismo Jesús, que ayuda a descifrar, en los acontecimientos históricos y en las personas, lo que el Espíritu de Dios nos quiere enseñar e invitar a asumir como seguimiento de Cristo en medio de las realidades temporales. Nada fácil es el discernimiento cristiano y duros conflictos ha suscitado en el Continente americano. Pero no existe razón alguna para no seguir descubriendo su riqueza y la urgencia de su aplicación, más aun, a medida que la sociedad se hace más compleja, que la información se multiplica ante nuestros ojos. Así, la práctica de una profunda reflexión personal y comunitaria es algo cada vez más necesario. En ella hay que destacar la importancia de las homilías, aquel momento en que el sacerdote, como ministro de la Palabra, entra en contacto con una gran cantidad de fieles cada semana. Prédicas preparadas, capaces de tocar el corazón de quienes las oyen, representan uno de los caminos por excelencia para promover la reflexión y el discernimiento cristiano.

 

3.2.    Dimensión litúrgica y espiritual

 

a)    Vida espiritual y de oración:

 

En la época actual, uno de los aspectos de la vida religiosa que ha sido revalorizado positivamente es el de la "vida espiritual" y la capacidad de "hacer oración". En este sentido la relación íntima con Dios no está mediada tanto por elementos intelectuales o normativos, sino por un carácter más afectivo y simbólico. Las personas buscan experimentar alegría, libertad interior, gratuidad y plenitud de vida, como alternativas a la productividad y el deber. Esto sugiere revisar la orientación de la vida espiritual de muchas parroquias, para dar suficientes oportunidades de que los fieles sean conducidos a encuentros más profundos con su fe.

 

Claramente la parroquia alcanzará un mayor protagonismo en la medida en que sea capaz de absorber y dar buen cauce a la necesidad de los fieles de recibir una educación de la fe, de “aprender a orar”- De esta manera, la parroquia acentúa su inspiración espiritual. El gran desafío es que ella sea un centro de espiritualidad, sin abandonar el servicio ni la fraternidad comunitaria.

 

b)    La Eucaristía:

 

La Eucaristía como celebración central en la parroquia está llamada a ser una experiencia de verdadero crecimiento espiritual. Para muchas personas la celebración de la Eucaristía dominical es su principal y a veces única forma de participación en la Iglesia. Por lo mismo, es fundamental que exista una preparación cuidadosa de la celebración.

 

La cultura emergente desafía la dimensión estética de nuestras celebraciones. La belleza es un valor apreciado por las personas. A lo ya señalado sobre la inclusión de formas de expresividad, espontaneidad y alegría, es necesario incorporar la belleza en todos los momentos de la celebración de la Eucaristía. Atender a las diversas formas de expresión y compromiso religioso, hacer participar a los miembros de la comunidad en la preparación de la Eucaristía, promoviendo en la catequesis y otras instancias de formación una mejor compresión de la liturgia, y tratando de evitar la monotonía, la repetición y el excesivo alargue de sermones y ritos, se puede avanzar para hacer de la Eucaristía una celebración verdaderamente viva.

 

c)    Los sacramentos:

 

La historia de la parroquia Latinoamericana deja ver que por muchos años la dimensión sacramental fue considerada de un modo restrictivo. Con el transcurso del tiempo se ha superado esta concepción reduccionista -a veces mágica- de los sacramentos, lográndose una mayor apertura evangelizadora y catequética. Sin embargo, todavía se puede hacer bastante para que los sacramentos sean una verdadera experiencia religiosa.

 

Ciertamente que para muchos cristianos y no cristianos, la celebración de los sacramentos o la formación catequística pre-sacramental son la puerta de ingreso o de su reencuentro con la Iglesia a través de la parroquia. En muchos casos, la cercanía a los sacramentos hace renacer la vida activa en la fe. En ese sentido, se debe ver en los sacramentos una verdadera oportunidad misionera para la parroquia, para entrar en diálogo con muchos niños, jóvenes, hombres y mujeres de hoy, y para irradiar un testimonio cristiano en ellos. Esto requiere desarrollar una profunda espiritualidad sacramental, sin intentar que desde el extremo de una concepción popular, social o mágica de los sacramentos se pase al otro extremo de la obligatoriedad de instancias agobiantes de formación. Esto supone creatividad y la firme creencia en la acción de la Gracia de Dios.

 

3.3.    Dimensión solidaria

 

La parroquia latinoamericana del próximo siglo está llamada a sostener y fortalecer la dimensión social que ha sido consustancial a su historia. Una parroquia que no se agota hacia adentro, que vive en el amor fraterno, que se declara servidora del hombre de hoy; y que se muestra sensible a su entorno, que presta servicios y se compromete con los problemas, anhelos y sufrimientos de las personas, para ser signo visible del Reino del amor de Dios en medio de los hombres.

 

Esta dimensión solidaria plantea a lo menos tres grandes desafíos: a) hacer de la acogida y la solidaridad un estilo y una actitud de vida al interior de la parroquia, b) ser un lugar de sensibilización social y educación en la fraternidad, y c) realizar obras de misericordia y de promoción humana.

 

En lo que se refiere a un estilo de funcionamiento solidario, es vital lograr que la parroquia sea un espacio donde no se renuncia a crear una cultura cooperativa, que tomando en cuenta el deseo de autonomía de los individuos, es acogedora y próxima, para que las personas sientan el calor humano y salgan de la frialdad anónima, sobre todo, de la gran urbe. Más que nunca en estos tiempos se hace patente la necesidad de que la parroquia sea una experiencia de gratuidad y alegría para quienes participan; del encuentro amoroso con Dios, más allá de la lógica de la eficacia y la productividad. No se trata, de ninguna manera -como a veces se ha supuesto ingenuamente- de despreocuparse de la planificación y del desarrollo eficiente de las actividades, sino de encarar en forma colaborativa las tareas y dificultades, de apoyarse mutuamente y de responder como comunidad a quienes pasan por un mal momento.

 

El segundo desafío es la creación de una cultura evangélica, en que la fraternidad es un mandato que surge de la condición de ser hijos del mismo Dios. Este desafío convierte a la parroquia en un lugar de sensibilización social, donde más allá de un ambiente solidario, se promueva el compromiso social de los creyentes. Esto enlaza la tarea solidaria de la parroquia con la acción profética y también con la catequesis, porque la educación de la fe es también orientación en temas como los derechos y el respeto de la persona humana, y porque el acompañamiento de los fieles implica ayudarlos a abrirse a realidades de miseria que desconocen. La Iglesia, por medio de sus parroquias distribuidas a lo largo y ancho de los países del Continente, ha construido redes de solidaridad. Ella tiene una credibilidad que facilita a los cristianos de mayores recursos solidarizar con los más pobres por su intermedio. Seguir siendo un puente para la solidaridad es una vocación que las parroquias continuarán asumiendo en el próximo tiempo. Esto reafirma también la importancia de establecer caminos de solidaridad entre parroquias. Sabemos que hay diócesis que han logrado implementar, con bastante éxito, procedimientos de redistribución de los ingresos entre las parroquias. Estas iniciativas son una expresión concreta y visible del compromiso con la comunidad eclesial más amplia y de promoción de una cultura cristiana solidaria.

 

En tercer lugar, hay que destacar aquel aspecto más visible y difundido de la tarea solidaria de la parroquia, es decir, la realización de acciones de misericordia y de promoción humana. En este plano, vemos que la parroquia está llamada a mejorar su labor solidaria superando la orientación paternalista, la improvisación y el aislamiento con el que se suelen desarrollar estos programas, para apoyar una liberación evangélica integral, que se orienta a que toda persona sea sujeto de su historia, en igualdad de oportunidades y dignidad.

 

3.4.    Dimensión del ejercicio de la autoridad

 

Tal como se decía a propósito de las “fortalezas” y “debilidades” de la parroquia, vemos que muchas veces el ejercicio de la autoridad en ella, se ve tensionado por el tránsito desde una autoridad tradicional hacia un modelo de comunión y participación. Ante esto, parece conveniente que los párrocos y demás agentes pastorales se abran hacia las experiencias y aprendizajes que provienen de las ciencias sociales y administrativas.

 

Desde allí, constatamos que un buen líder es alguien que es capaz de inspirar a otros, porque conoce el camino, y porque cree en él. Es también un constructor y conductor de equipos, sabe delegar y dejar que otros actúen con autonomía. Motivar a otros supone la capacidad de involucrarlos, de integrarlos en el trabajo, de responsabilizar y acompañar esa responsabilidad. Las parroquias requieren de sacerdotes que sean formadores de laicos con pensamiento crítico e independiente, capaces de pensar por ellos mismos, creativos, innovadores y que se atrevan a contra-argumentar, si es preciso, a sus superiores. Un párroco no se debe conformar con tener personas “disponibles” en la parroquia, sino que buscar que ellas sean “corresponsables” con su misión.

 

Una autoridad se hace creíble cuando conoce su trabajo, es competente y puede mostrar resultados. Alguien visible, cercano y que predica con el ejemplo. Capaz de organizar el trabajo en equipo, atendiendo tanto a los desafíos que presenta el difícil manejo de las relaciones interpersonales, como también la productividad y los resultados concretos de la tarea que el equipo haya asumido. Estimulando a que las personas se desarrollen, y den, paulatinamente, lo mejor de sí. En ese sentido, la formación de un verdadero pastor implica su capacitación en el discernimiento de las funciones posibles de asumir por otros, entregando así una cuota de poder y de participación en la toma de decisiones.

 

Ahora bien, es interesante constatar cómo todas estas recomendaciones “laicas” son perfectamente aplicables al liderazgo cristiano; se diría que más bien, que éste último las incorpora, agregando otros elementos que enriquecen al liderazgo del ministro ordenado. Estas características surgen de un modelo: Jesús. La Iglesia cuenta con una fuente de sabiduría extraordinaria en la vida de Jesús, que hablaba con autoridad aun sin contar con una autoridad formal, que supo escoger colaboradores y supo delegar en ellos su misión, que recordaba cada cierto tiempo que trabajaba para el Padre y no para sí mismo, que supo ser tierno pero también firme, que se concebía como un “buen pastor” –que conoce a sus ovejas- y no un mero administrador.

 

3.5.    Dimensión comunitaria y organizacional

 

Actualmente las parroquias del Continente tienen que abordar el gran desafío de construir una comunidad abierta, viva, atrayente y funcional. Abierta a trabajar con otros organismos pastorales y comunidades en la construcción del Reino de Dios, enfatizando la corresponsabilidad y el protagonismo laical; atrayente como testimonio de amor, pero también eficaces para la evangelización. En esta línea, algunos de los aspectos importantes a destacar son la pastoral de conjunto, la parroquia como comunidad de comunidades y movimientos, y el tema de las estructuras y la vida orgánica parroquial.

 

a)    Pastoral de conjunto:

 

Hay que considerar que la sociedad en general tiende a la globalización y al intercambio, existiendo muchos polos de información, participación y servicios. La parroquia no puede marginarse de este proceso de apertura e integración. No debe visualizarse a sí misma como una comunidad aislada, autosuficiente y exclusiva, sino que se hace cada vez más necesario un trabajo en conjunto con otros organismos eclesiales. El trabajo en conjunto en un decanato, zona, o entre parroquias y colegios, permite la necesaria complementación entre organismos que tienen distintas riquezas y recursos.

 

b)    Comunidad de comunidades y movimientos:

 

Es crucial que la Iglesia adopte un modelo sinodal, un modo de organización en el que diversos grupos, comunidades y movimientos caminen juntos, conservando su fisonomía propia. Esto requiere la superación de juicios preconcebidos, y en cambio, actitudes abiertas y pluralistas que valoren los aportes de cada uno y busquen efectivamente el diálogo. Requiere de parroquias dispuestas a “dejar hacer” y a “ayudar a hacer” a las diferentes comunidades que coexisten bajo su techo. En función de estos objetivos, la parroquia debe diversificarse internamente para abrir espacios a distintos grupos y movimientos, y abrirse externamente a los alejados. Requiere también de liderazgos visionarios y de estructuras que permitan que la parroquia no pierda la identidad que le es propia, para que exista una relación de cooperación entre grupos que comparten una misión común.

 

La comunidad parroquial debería ser un verdadero testimonio de amor, donde las personas con diferentes niveles y tipos de participación puedan sentirse acogidas, valoradas y respetadas. Un espacio de cercanía, perdón, reconciliación, esperanza y alegría, como signos de la presencia de Jesús. En ese sentido, la definición de “comunidad de comunidades y movimientos” no agota el funcionamiento de la parroquia. Hoy es preciso contar con templos y oficinas parroquiales abiertos, disponibles para responder a las demandas y mostrar el rostro maternal de la Iglesia. La parroquia debiera ser también un espacio abierto para la reunión, donde pueda expresarse la sociabilidad comunitaria, incluso para actividades que no sean explícitamente religiosas, de modo que en ella tanto practicantes ocasionales como no practicantes puedan sentirse comprendidos y acogidos.

 

c)    Estructura y vida orgánica de la parroquia:

 

La concepción comunitaria de la parroquia no debería contraponerse con una visión donde es crucial la efectividad de los equipos de trabajo. Acorde con la búsqueda de efectividad, se pueden formular tres sugerencias principales: a) flexibilidad de las estructuras; b) claridad de funciones y relaciones; y c) participación y corresponsabilidad.

 

La flexibilidad tiene que ver con la adecuación de la estructura parroquial a las condiciones reales de las personas y recursos con que cuenta. Una vez más, hay que decir que no existen modelos únicos y universales de organización; por el contrario, ellas deben adecuar se estructuración y funcionalidad a la realidad de las personas y de los grupos.

 

El segundo criterio a tener en cuenta para el diseño de las estructuras pastorales es la claridad de funciones y relaciones. Se trata, básicamente, de que las personas y grupos que trabajan en la parroquia sepan qué se espera de ellos, cuáles son sus tareas, responsabilidades, dependencias y atribuciones. Muchos de los conflictos interpersonales que aparecen en el trabajo parroquial tienen su origen en la ambigüedad de la asignación de tareas y responsabilidades. Es recomendable que la parroquia elabore un plan o proyecto que permita una adecuada organización al servicio de la evangelización, y ayude a compartir objetivos comunes, visiones y metas. Muchas veces, se crean estructuras, cargos, se realizan jornadas o se programan reuniones sin que esto se desprenda de una planificación que les dé sentido. Esta planificación debe contener objetivos concretos, acotados, y alcanzables, que por supuesto no agotan la gran misión evangelizadora, pero permiten evaluar avances y desempeños, lo que es muy importante en la motivación de los equipos. La posibilidad de realizar evaluaciones del trabajo pastoral, es un aspecto de enorme relevancia.

 

En cuanto al tercer criterio, de participación y corresponsabilidad, se puede sostener como norma general, que la mayor participación incrementa la efectividad del trabajo parroquial y favorece el involucramiento y el sentido de corresponsabilidad de los laicos. Ayudar a asumir responsabilidades es un proceso educativo que debiera ser estimulado en las parroquias, convencidos de que, como todo proceso de aprendizaje, requiere de paciencia y persistencia.

 

Por último, no se puede eludir la importancia de la corresponsabilidad en lo que se refiere al financiamiento y la administración económica de la parroquia, la que debe integrar la contribución económica en el marco de una eclesiología que impulse la participación activa y responsable de los laicos en la Iglesia. En el buen sentido de la palabra, se trata de que se “apropien” de la parroquia y, por lo mismo, se sepan responsables de ella y cooperadores en la continuación del trabajo redentor de Jesucristo. Ello exige como contraparte, en el administrador, competencia y transparencia.

 

En síntesis, en materia de estructura y organicidad, la parroquia evangelizadora y misionera debería aprender a trabajar en equipo y fortalecer la participación y la corresponsabilidad laical en los diferentes ámbitos de la vida parroquial. Es un mandato de los tiempos y una exigencia de coherencia con una Iglesia que asume, de verdad, la eclesiología de comunión y participación.

 



*       Este trabajo tuvo como objetivo central la elaboración de un texto que reúne y sintetiza los documentos eclesiales y estudios pastorales sobre la Parroquia, realizados preferentemente en los últimos cinco años en América Latina. Para lograr su propósito, CISOC-Bellarmino orientó la búsqueda bibliográfica pasando revista a las principales bibliotecas de Chile que contienen información sobre la materia. Junto a eso, solicitó información a todas las Conferencias Episcopales de América Latina y a todos los Centros de Estudios de Pastoral y personas que fueron sugeridas por el CELAM. También se solicitó la colaboración que estuviera disponible en diversas Diócesis de los mismos países. De todas maneras, sabemos que la información que se pudo obtener por esa vía es parcial, y entendemos que ese informe es un primer gran esfuerzo de análisis de la realidad de la parroquia latinoamericana, sujeto de ser discutido y enriquecido en el futuro.

 

        Al mismo tiempo que se  recolectaba y revisaba bibliografía proveniente de distintos puntos del Continente, se elaboró y corrigió un esquema para el análisis de la información, y para la presentación del texto mismo. Finalmente, se llegó al siguiente esquema, que se mantiene también en esta síntesis:

 

1. Antecedentes

1.1. Origen e historia de la parroquia latinoamericana

1.2. La parroquia en el Código de Derecho Canónico

1.3. La parroquia en el magisterio latinoamericano

 

2. Situación actual y perspectivas de la parroquia latinoamericana

2.1.  Distintas configuraciones parroquiales.

2.2. Iniciativas de renovación parroquial

2.3. Fortalezas y debilidades de la parroquia latinoamericana

 

3. Propuestas para una parroquia latinoamericana de cara al tercer milenio

3.1.    Dimensión kerigmática de la parroquia

3.2.    Dimensión litúrgica y espiritual

3.3.    Dimensión solidaria

3.4.    Dimensión del ejercicio de la autoridad

3.5.    Dimensión comunitaria y organizacional

* CELAM: “La Parroquia en el Tercer Milenio”. Documento de Trabajo Nº 5 Op. Cit. Páginas 56 a 66.


La Santidad según el Cura Brochero

La Santidad según el Cura Brochero

 

1.            "Ser Santo" es identificarse con la misión

 

Un sacerdote sobre una mula no es nada, pero si lo impulsa la fuerza del amor puede hacer verdaderos milagros de cariño en sus fieles. Brochero decía: "El sacerdote que no tiene mucha lástima de los pecadores es medio sacerdote. Estos trapos benditos que llevo encima no son los que me hacen sacerdote; si no llevo en mi pecho la caridad, ni a cristiano llego".(1)

La caridad es lo que lleva en su corazón el Cura Brochero y esa es su fuerza y secreto... Esta caridad lo lleva a sentirse "amigo" de todos, de sus paisanos y feligreses, pero también de sus hermanos sacerdotes.

Brochero tiene clara conciencia de que su unión con Cristo pasa no solamente por la vida de oración sino que ésta debe estar íntimamente unida con la acción apostólica. Sabe que la vocación sacerdotal implica que Dios lo quiere "contemplativo en la acción" y que, precisamente, en la acción apostólica es donde él desarrollará su camino de unión con Cristo y de transformación espiritual.(2)

Es vivir en la sencillez de lo cotidiano la fe, la esperanza y la caridad. Ahí está todo. En definitiva, los santos serán los que “han manifestado su fe con obras, su amor con fatigas y su esperanza en nuestro Señor Jesucristo con una firme constancia” (1Tes. 1, 3). Pero esta santidad implica un camino cuyo punto de partida está en el deseo mismo de ser santos: “Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, porque serán saciados” (Mt. 5, 6). La justicia de la que aquí se habla es la justicia del Reino, que la Biblia identifica con la santidad. Y la promesa contenida en la bienaventuranza es para aquellos que tienen un vivo deseo (“hambre y sed”) de ser santos.   

              El hombre santo es el que se identifica con su misión. Soy santo en la medida que me adhiero a una misión que en el corazón de Dios, es santa para mí. Cuando encuentro mi sitio y meto el corazón en mi misión, se me hace carne la santidad de la misión que Dios tiene encomendada para mí. Por supuesto que no se da nunca una coherencia perfecta, excepto en la Virgen.  Siempre hay una brecha - y a veces un abismo - entre ese proyecto amoroso que descansa en Dios y mi adhesión libre a Él.

Pero lo importante es que todos somos misionados. En el Corazón del Señor hay un proyecto santo para mí. La santidad es ese diálogo, ese "tire y afloje" misterioso, por momentos muy gozoso, por momentos doloroso entre un proyecto y una libertad que se adhiere a él fielmente. El Cura Brochero lo tiene bien claro, por eso su santidad se identifica con su misión: su misión de pastor.

 

2.            "Ser Santo" llevando a otros a la Santidad

 

Pero el verdadero pastor no puede santificarse aisladamente.

La caridad pastoral es “el principio interior, la virtud que anima y guía la vida espiritual del presbítero”, siendo su contenido esencial “la donación de sí, la total donación de sí a la Iglesia, compartiendo el don de Cristo y a su imagen…” No es sólo aquello que hacemos, sino la donación de nosotros mismos lo que muestra el amor de Cristo por su grey. La caridad pastoral determina nuestro modo de pensar y de actuar, nuestro modo de comportarnos con la gente “…Esta caridad pastoral del sacerdote no sólo fluye de la Eucaristía, sino que encuentra su más alta realización en su celebración, así como también recibe de ella la gracia y la responsabilidad de impregnar de manera “sacrificial” toda su existencia… Esta misma caridad pastoral constituye el principio interior y dinámico capaz de unificar las múltiples y diversas actividades del sacerdote”.(3)

              El verdadero pastor se santifica llevando a la santidad a su rebaño. Realidad incontestable, pero que no siempre en la actualidad se tiene en cuenta en el trajinar de las actividades parroquiales, muchas veces marcadas por el activismo y la dispersión. La organización de la parroquia y todas sus obras tienen como última meta la santidad de sus miembros. Y porque nadie puede quedar excluido de la Vida Eterna, la parroquia se hace "misionera" para que "todos tengan Vida y la tengan en abundancia" (cfr. Jn. 3, 15; 15, 8). 

              La caridad pastoral debe impulsar y estimular así “al sacerdote a conocer cada vez mejor la situación real de los hombres a quienes ha sido enviado; ha discernir la voz del Espíritu en las circunstancias históricas en las que se encuentra; a buscar los métodos más adecuados y las formas más útiles para ejercer hoy su ministerio. De este modo,  la caridad pastoral animará y sostendrá los esfuerzos humanos del sacerdote para que su actividad pastoral sea actual, creíble y eficaz”.(4)

              El Cura Brochero hizo de esto la opción fundamental de su “plan pastoral”. Por tal razón, eligió los Ejercicios Espirituales de San Ignacio de Loyola como “método pastoral” para llevar sus feligreses a Dios, confiando en que la gracia divina realizaría el resto, cambiando el corazón de los fieles y haciendo que la vida cristiana se manifestara en la realidad cotidiana de la familia y la sociedad.

              Pero no se limitó a los más cercanos, los que vivían en las poblaciones, buscó a todos - incluso haciendo caminos donde no había más que senderos - para que nadie se quedara sin recibir esos "baños del alma" como gustaba denominar a los Ejercicios.

              Como diría el mismo San Ignacio: “Los Ejercicios Espirituales son todo lo mejor que yo en esta vida puedo pensar, sentir y entender, así para el hombre poderse aprovechar a sí mismo como para fructificar, ayudar y aprovechar a otros muchos.”(5)

              Por ello, comenzó a llevar a sus feligreses a la Casa de Ejercicios de Córdoba, y más tarde concibió la idea de hacer en Villa del Tránsito una Casa de Ejercicios. El R.P. José María Bustamante, Superior de la misión jesuítica de Córdoba, nos ha dado un testimonio impactante:

              «El Señor Brochero, que sabe por experiencia cuán grande es la eficacia de los Santos Ejercicios para comunicar la verdadera luz del Cielo a las inteligencias y hacer que la gracia triunfe en los corazones más rebeldes, no vaciló un instante en adoptar esta arma poderosa para la santificación de los fieles encomendados a su cuidado... muchos, aunque no tan pobres, pero a pretexto de su pobreza u otras razones aparentes, se excusaban de ir a los Santos Ejercicios. Él, entonces, les daba cuanto necesitaban y les allanaba todas las demás dificultades, deshaciendo así los ardides del Demonio y triunfando de los corazones más obstinados. Débese notar, además, que a estos sacrificios unía también otros actos heroicos de virtud de una constancia inquebrantable. ¡Cuántas veces se le vio de rodillas a los pies de ciertos pecadores, que duros a sus paternales amonestaciones y lágrimas, se resistían a recibir el bien que - en nombre del Santo Cristo que tenía en sus manos - les ofrecía!».(6)

      La pastoral de los Ejercicios Espirituales implementada por el Cura Brochero ha tenido como principal catalizador a la Casa de Ejercicios, verdadera institución de la conversión.

      Él, con su intervención pastoral, ha hecho posible que la conversión fuera patrimonio de todos. Sus Ejercicios no pertenecen a una élite. Sin perder el valor de la personalización, en tanto que hay propuestas diferenciadas según grupos y personas, ha logrado una verdadera “democratización” de los Ejercicios y la conversión. Esta pastoral no se ha dirigido a algunos elegidos de ocasión, sino a la masa del pueblo. Y han participado de ellos representantes de todas las clases sociales, aunque con mayor disposición de parte de los más humildes.

      Los Ejercicios constituyen un verdadero movimiento en torno a la conversión y logran que ésta actúe sobre la globalidad de la experiencia humana. Los Ejercicios, en realidad han sido la herramienta del Cura Brochero para esculpir en el alma de las personas, las comunidades y la sociedad toda, el espíritu cristiano y sus consecuencias en todos los órdenes de la vida.  

Por eso, los Ejercicios han buscado, tal vez sin declararlo demasiado, una verdadera integración entre la fe y la vida, entre la fe y la cultura. Los Ejercicios han influido, tal vez más todavía, han creado en Traslasierra una cultura nueva fundada en el evangelio que todavía hoy tiene su fruto. (7)

 

  1. “Ser Santo” desde y con la Eucaristía

 

Cristo crucificado es la fuerza de la vida y el amor más grande de José Gabriel Brochero. Y el que busque otra razón, aunque sea para la construcción de una acequia, se equivoca si no dice que la causa es Cristo: "Todo lo hago por amor al corazón de Cristo".

En la cruz Jesucristo entrega la vida por sus amigos y por sus enemigos... Entrega su Cuerpo y derrama su Sangre para el perdón de nuestros pecados...

José Gabriel Brochero lo vive así... Su amistad de padre y hermano; su amistad de sacerdote con la gente se sostiene en el amor de Cristo, al que Brochero quiere mirar crucificado... rumiando siempre en su corazón agradecido: “Cristo lavó mis pecados con su sangre...”(8)

Así lo vive el Cura Brochero y ese es el secreto de su corazón de sacerdote, de Cura, de amigo: la amistad del mismo Cristo que da su vida por nosotros.

Para ser fiel a esta amistad, a este amor de Cristo, el Cura Brochero como sacerdote se vale del Sacramento del Amor. Nunca dejó su Misa diaria.

El Cura Brochero mira en su corazón a Cristo crucificado que lavó sus pecados en su sangre y lo abraza todos los días en la Eucaristía... Sabía que ahí lo tenía bien cerca...

Cuentan que en el caso de pecadores que no querían arrepentirse, se pasaba toda la noche en oración frente al sagrario pidiendo por esa persona y terminaba dándose azotes en penitencia por su conversión. Así hablaba y trataba con su amigo Jesucristo en la Eucaristía nuestro cura Brochero.

En sus viajes salía con el tiempo suficiente, con una sola razón: poder celebrar la Misa en cuanto aclarara en el primer rancho conocido, para tratar con Jesucristo en ese Sacramento del Amor. Entre sus elementos más preciados llevaba sobre la mula los elementos indispensables para la Misa.

En la Eucaristía el Cura Brochero veía realizadas todas las aspiraciones más sublimes del ser humano: “La gran obra de Cristo, que vino a realizar al descender a este mundo, fue la redención de la humanidad. Y esta redención en forma concreta se hizo mediante un sacrificio. Toda santidad viene del sacrificio del Calvario, él es el que nos abre las puertas de todos los bienes sobrenaturales. Todas las aspiraciones más sublimes del hombre, todas ellas, se encuentran realizadas en la Eucaristía”.(9)

Para el Cura Brochero, la Eucaristía realizaba todas las aspiraciones humanas; en ella estaba la fuente de la santidad y veía realizada la felicidad del ser humano a la que todos los hombres aspiran, la felicidad que es posesión de Dios.

Por todo esto no nos extraña el cariño y la ternura con la que el Cura Brochero habla de la Eucaristía:

"El que Dios amó al hombre desde toda la eternidad es verdad tan clara y demostrada, que el dudarlo sería el colmo de la locura, el último esfuerzo de la impiedad y el último grado de la ingratitud. El amor eterno de Dios está escrito en todas las maravillas de la creación. Ese amor brilla en toda la naturaleza...

Sin embargo, todas esas pruebas de amor eran como un rasguño y sombra, compa­rados con la prueba de amor que Dios quería dar al hombre, enviando a su Hijo... Porque sería la dicha para todos; sería nuestro consuelo; porque en virtud de ese amor se haría esclavo, gustaría nuestras penas y lágrimas... y se asimilaría en todo, al hombre, a fin de que el hombre se hiciera como Dios y participase de su infinito amor. ¡Oh, amor sin ejemplo!, ¡Oh, caridad propia de Dios hecho hombre...!

¿Son necesarias más pruebas de amor? ¿Es posible la ingratitud del hombre que se ve tan amado? Así es, pues ante el amor de nacer por nosotros, no lo recibimos en Belén. Ni se lo hospedó en Jerusalén y le hicimos una guerra cruel. 

Pero esto no disminuyó su amor... Cuantas más ingratitudes, su amor se agiganta y rebalsa por todas partes, y revienta, si se puede expresar así, y hace entonces un milagro de amor, que pudo en admiración y espanto a los mismos ángeles. Y este milagro fue instituir el sacramento de la Eucaristía. Porque la Hostia consagrada es un milagro de amor; es un prodigio de amor; es una maravilla de amor... Es la prueba más cabal de su amor infinito hacia mí, hacia usted, hacia el hombre. 

…Como el padre en su última hora se despide con ternura de sus hijos... Así Jesu­cristo con ternura. Y quería quedarse con nosotros... y después de pensarlo ve que lo puede realizar por medio de la Santa Eucaristía, y obra ese milagro de amor...

Esto no lo comprendo si no es entrando al Corazón de Jesucristo y viendo que la fuerza del amor como que lo enajenaba de sí de tanto amor... alocado por la fuerza del amor...

Quiere quedarse con nosotros para darnos esfuerzo en la vida y que lleguemos así a la vida eterna...". (10)    

Como San Alberto Hurtado el Cura Brochero podría hacer suya aquella realidad: “¡Mi vida es una Misa prolongada!”.(11)

 El Cura Brochero se hizo Eucaristía; su vida fue un celebrar el misterio de la presencia escondida de Cristo que se muestra en el pan y en el vino. Pero su vida fue también hacerse Eucaristía dándose a los demás al modo que Cristo se da como alimento en el pan y en el vino. La Eucaristía es viático de peregrinos y el Cura Brochero fue consuelo de las mujeres y de los hombres cristianos en camino hacia al Padre, peregrinos de la Patria Celestial.

 

  1. “Ser Santo” con María, la Purísima

 

Cuando recorremos los caminos del Valle de Traslasierra en la Provincia de Córdoba, nos imaginamos al Cura Brochero andando por esas soledades sobre su mula malacara, con soles fuertes y también con mucho frío, agregándole a los churquis con el pasuqueo de su mula el polvo de la tierra, de esos caminos secos...

Lo imaginamos solo, porque si hoy todavía hay que andar mucho entre una casa y otra, mucho más en aquel tiempo, para llegar a todos, para que nadie se quedara sin Cura.

Sin embargo el Cura Brochero no andaba solo. Andaba con las cosas para la Misa, que le permitía tratar mano a mano con ese Señor, que según él mismo decía "lavó mis pecados con su sangre", y andaba con el rosario, que le permitía tratar con la Santísima Virgen María a la que él llamaba cariñosamente "mi Purísima".

Para estos ojos de la carne solamente va un Cura en mula por los caminos soledosos de polvo y churquis... pero para los ojos del alma marcha una verdadera procesión. Un Cura que lleva sobre las andas; sobre las andas de su corazón a Cristo Crucificado y a la Virgen Purísima, la Santísima Madre de Dios.

Sobre su mula malacara va Brochero "desgranando rosarios", como él mismo decía. Conversando de Dios y de la gente con la virgen Purísima... "Trabajo -dice- pidiendo ayuda a Dios y a mi Purísima".(12) 

Hay varios testimonios que corroboran esto:

Rosario Pereyra, dirigida espiritual desde los 13-14 años por Brochero, refiere que “le consta [...] que el Siervo de Dios era muy devoto de la Santísima Virgen e inculcaba esta devoción a sus parroquianos con prácticas diversas, especialmente con el rezo del mes de María y predicación frecuente sobre el tema”.(13)

Del trato familiar que procuraba personalmente y por parte de sus feligreses con la Virgen, nos habla un testimonio que dice: “Era sin duda un hombre de fe profunda en Dios y en la Santísima Virgen, a quién tiernamente le llamaba ‘Mi Mamita’, ‘Mamita Virgen’ ”.(14)

Zoraida de Recalde dice que Brochero “tenía gran devoción a la SSma. Virgen María, predicaba con alegría sobre los misterios de la SSma. Virgen e inculcaba una filial devoción a la Madre de Dios, especialmente en advocación de la Purísima y de la Virgen del SSmo. Rosario”.(15)

Y además, “en tal forma estaba arraigado el rezo del santo Rosario en los hogares que diariamente se lo hacía [...] con la asistencia de todas las personas de la casa, incluso los domésticos: tal costumbre debe destacarse como fomentada por el Siervo de Dios”.(16)

 

Hasta el final de su vida en su habitación de la casa de Aguirre, ciego ya y leproso, el Cura Brochero seguirá "desgranando rosarios" y rezando de memoria la Misa de la Virgen, su Purísima.

En la Plática sobre la Eucaristía nos descubre los deseos de su corazón:

 

“Oh María, Madre nuestra!

Alcánzanos la gracia de reconocer los tesoros y riquezas

que tu Hijo nos dejó en ese Sacramento de amor.

 

Alcánzanos las fuerzas necesarias

para llegar a él con mucha frecuencia

a enriquecemos con sus virtudes.

 

Séanos, Madre nuestra,

muy doloroso el apartamos de este Sacramento,

como es doloroso al niño el separarse de los pechos de la madre

que lo alimenta con su propia sangre. .

 

Porque desde hoy queremos amar a tu Hijo

para volverle amor por amor.

 

Si tú nos ayudas, Madre nuestra,

no nos ha de costar el amor a tu Hijo

que tanto nos amó y es tan digno de ser amado.

 

Si amamos a los autores de nuestros días,

a nuestros hermanos, a nuestros parientes,

a nuestros amigos y a nuestros bienhechores,

¿cómo no amaremos a nuestro Salvador divino,

[más] que nuestro buen padre, nuestro hermano querido,

nuestro amigo fiel, y nuestro bienhechor temporal y eterno?

y vos, dulcísimo Salvador:

hacénos conocer la grandeza del don que nos dejaste en la Hostia consagrada,

y el infinito amor que nos manifestaste en ella,

para recibirte con frecuencia en ella y unirnos contigo, a fin de participar de vuestra misma vida,

de vuestra misma divinidad y de vuestra misma gloria.”(17)

 

  1. “Ser Santo” junto a los pobres y  pecadores

 

     En la sinagoga de Nazareth, Jesús quien "siendo rico se hizo pobre" (2Cor.8, 9)­ se aplica la profecía de Isaías: "El Espíritu del Señor está sobre mÍ... El me envió a llevar la Buena Noticia a los pobres" (Is. 61, 1-2, cf. Lc 4, 18), Y entre los signos mesiánicos que Jesús da a los enviados de Juan Bautista enumera que "el Evangelio es anunciado a los pobres" (Lc 7, 22).

 

              Por tal razón, desde su mismo inicio la Iglesia anuncia el Evangelio a los más necesitados –los desdichados -, y son los pobres, los enfermos y los sufrientes quienes reciben espontánea­mente el anuncio del Reino de Dios instaurado en Jesucristo.

              Después del Concilio Vaticano II, fieles a esta relación mutua connatural entre la misión de la Iglesia y los pobres, los Obispos argentinos -como todo el Episcopado de Latinoamérica asumió con renovado vigor dicha predilección evangélica:

              "La opción no excluyente pero preferencial por los pobres, los débiles y los enfer­mos -afirma la Conferencia Episcopal Argentina- constituye una exigencia de la solida­ridad. Sólo ella puede dar respuesta a la urgente necesidad de justicia. Opción preferen­cial y solidaria que ha de movilizar a todo evangelizador, convirtiendo su estilo de vida y su anuncio, en un mensaje liberador... Esta opción preferencial, unida al ejercicio activo de la solidaridad, constituyen el signo de la credibilidad de la evangelización nueva. Brotan del Evangelio y han de conducir a él”.(18)

     Para el Cura Brochero su opción por los más necesitados no fue una postura ideo­lógica ni estereotipada. Vivió austeramente y murió pobre, entregando la mayor parte de su tiempo a la atención de los enfermos, a ayudar a los indigentes y a buscar a los pecadores. Su ejemplo ilumina a quienes hoy desean seguir las huellas de Cristo -que fue enviado a evangelizar a los pobres- como signo de la auténtica evangelización.(19)

              Por otra parte, la caridad pastoral implica una cierta manera de “estar ante el otro” y de relacionarnos con el. Por eso aquello que Simone Weil afirma de la relación con el desdichado, puede ayudarnos a descubrir el tipo de relación que desde la caridad pastoral, hemos de establecer – a imagen de Cristo Pastor – con el que sufre:

              “Los desdichados no tienen en este mundo mayor necesidad que la presencia de alguien que les preste atención. La capacidad de prestar atención a un desdichado es cosa muy rara, muy difícil; es casi – o sin casi – un milagro. Casi todos los que creen tener esta capacidad, en realidad no la tienen. El ardor, el impulso del corazón, la piedad, no son suficientes… La plenitud del amor al prójimo estriba simplemente en ser capaz de preguntar: “¿Cuál es tu tormento?”. Es saber que el desdichado existe, no como una unidad más en una serie, no como ejemplar de una categoría social que porta la etiqueta “desdichados”, sino como hombre, semejante en todo a nosotros, que fue un día golpeado y marcado con la marca inimitable de la desdicha. Para ello es suficiente, pero indispensable, saber dirigirle una cierta mirada. Esta mirada es, ante todo, atenta; una mirada en la que el alma se vacía de todo contenido propio para recibir al ser al que está mirando tal cual es, en toda su verdad. Sólo es capaz de ello quien es capaz de atención”.(20)

              Convencido de que “el testimonio evangélico al que el mundo es más sensible, es el de la atención a las personas y el de la caridad para con los pobres y los pequeños, con los que sufren. La gratuidad de esta actitud y de estas acciones, que contrastan profundamente con el egoísmo presente en el hombre, hace surgir unas preguntas precisas que orientan hacia Dios y el Evangelio”.(21)

              El Cura Brochero fue a Villa del Tránsito en el Valle de Traslasierra con una actitud fundamental de inserción y encarnación, y una firme voluntad de inculturación. El no implanta un modelo de Iglesia “preestablecido”. Más bien, modela la novedad del rostro de la Iglesia cuando la establece en su territorio. Nada de lo que ha hecho, deja de tener la impronta cultural de su zona.

              En su acción evangelizadora ha jugado algunas cartas clave: la promoción y la dignidad de todos los hombres y enfáticamente de la mujer; el diálogo y la sintonía con todos; el logro de la conversión de los corazones; la recuperación y la reconciliación del marginado; una fundamental actitud de solidaridad o lo que es lo mismo, el empeño constante  por el bien común; la intimidad con la “Purísima” y el “Divino Capitán”, como motores de la fe, la esperanza y el amor; todo para que el Evangelio, la buena noticia de una salvación histórica y escatológica, personal y comunitaria, sea el único patrimonio de todos los hombres.(22) 

 

  1. "Ser Santo": servidor de la misión de Cristo hasta el final

 

      En la Misión que cada uno recibe se cifra esencialmente la forma de santidad. Esa misión, esa manera cómo ha de entregarse cada uno a la comunidad depende del Espíritu y hay que preguntárselo, para ir encontrando ese sitio o ese modo desde donde Dios quiere que yo ame y sirva: si lejos o cerca, si sano o enfermo, si triunfante o perdedor, si hablando o callando. A través de la oración, de su inspiración, del discernimiento, de los acontecimientos de la vida, el Señor me irá "ubicando". Condición previa para esto es la renuncia evangélica, la "indiferencia" como la llama San Ignacio, el estar dispuesto a "venderlo todo y seguirlo", y ''entrar por la puerta estrecha". Esos son los santos. Y el Pueblo Fiel sabe quiénes son sus santos.(23)

      La petición más radical del hombre religioso, que resume en sí la gloria de Dios, el orden del mundo y el fin de la vida, es “hágase tu voluntad”. Cambiando el impersonal pasivo a voz activa, concreta y personal, “quiero hacer tu voluntad”. Y para poder cumplir la voluntad de Dios, tengo que conocerla. Esa es mi obligación, mi privilegio y mi deseo. Buscar para saber, y saber para actuar. Aprender a tomar las mil decisiones diarias, pequeñas y grandes, fáciles y difíciles, de sorpresa o de rutina, que integran mi vida, con atención y fe, con conocimiento de causa y alegría de ejecución. Si son las decisiones las que hacen la vida quiero que mis decisiones sean lo mejor que puedan ser. Quiero dominar el arte de elegir. Quiero saber escoger.(24)

  El Pueblo fiel sabe por instinto que los santos son los grandes regalos que Dios le hace, no sólo como patronos a quienes se puede invocar..., sino también como grandes luminares de consuelo y de fervor que Dios ha colocado en medio de su Iglesia. Son para el pueblo sobre todo una nueva forma de imitación de Cristo en la vida de todos los días, son una imagen y ejemplificación del Evangelio en la vida diaria.

   El Cura Brochero es una respuesta evangélica a nuestros tiempos. Dios quiere que se vea su santidad para la edificación del Pueblo de Dios.

  El santo es un fenómeno teológico que encierra en sí una doctrina viva, fecunda y adaptada a la época... En el santo lo capital, no es su acción heroica sino la decidida obediencia con la que se entregó a su misión y el no poder entender su existencia despegada de ella.

              El Cura Brochero así expresaba esta realidad: "En fin mi amigo, yo y usted y todos los hombres somos de Dios en el cuerpo, y en el alma. Él es el que nos conserva los cinco sentidos del cuerpo, y las tres potencias del alma: el mismo Dios es quien inutiliza algunos o todos los sentidos del cuerpo, y lo mismo hace con las potencias del alma. Yo estoy muy conforme con lo que ha hecho conmigo relativamente a la vista y le doy muchas gracias por ello. Cuando yo pude servir a la humanidad me conservó íntegros y robustos mi sentido y potencia: hoy que ya no puedo... Dios Nuestro Señor me da la ocupación de buscar mi último fin y de orar por los hombres pasados, por los presentes y por los que han de venir hasta el fin del mundo."(25)

      El testimonio de Brochero Pastor no muere, porque “ha podido pispar que vivirá por siempre en el corazón de muchos de nosotros, porque la vida de los muertos está en el recuerdo de los vivos”(26).

      Hemos compartido, hasta aquí, algunos secretos del alma de un hombre que buscó santificarse en la vida parroquial y ahora, tal vez podamos seguirlo por este difícil pero atrayente camino apostólico.

      El reporter del diario “El Interior” narra la visita del Gobernador Juárez Celman a la zona de Villa del Tránsito. Recuerda que durante el almuerzo ofrecido en la estancia de Ramón F. Moreno a toda la comitiva, se formó una grande y oscura tormenta. Enseguida comenzó a llover fuertemente. El Cura Brochero, organizador de la expedición, sabe que quedan seis largas leguas de camino por la sierra escarpada bajo la lluvia, y que otros compromisos pastorales suyos no podrán esperar. Por eso, con clara decisión personal, suspende la amable sobremesa. Y, levantándose con inapelable firmeza, dice una frase, que entonces fue escuchada por el Gobernador y todos los jinetes que lo seguían, y que muy bien podía repetir hoy para cada uno de nosotros:

      “¡El que sea hombre que me siga!”.(27)

 

 

                                                            P. Julio Merediz S.J.

                                                                              Vicepostulador de la Causa de Canonización

                                                                                      José Gabriel del Rosario Brochero

 

 

(1) Castellani, Leonardo: “Crítica literaria – Notas a caballo de un país en crisis” (Dictio-Bs. As. 1974)

(2) Cfr. Ponza, Carlos: “La espiritualidad sacerdotal en las cartas del Cura Brochero”, 1995

(3) Juan Pablo II: “Pastores dabo vobis”, 23

(4) Juan Pablo II: Ibidem, 72

(5) Ignacio de Loyola: Carta a Manuel Miona, Venecia, 16-11-1536

(6) Bustamante José María S.J.: Carta al Superior de la Misión Argentino-Chilena, 24-07-1881

(7) Cfr. Llanos, Mario O.: “La acción pastoral del SV José G. Brochero”, pág. 143

(8) Plática de Dos Banderas, “El Cura Brochero, cartas y sermones” (CEA), pág. 59

(9) Benedicto XVI, Carta Encíclica “Deus Caritas est”, 17

(10) Plática de la última Cena, “El Cura Brochero, cartas y sermones” (CEA), pág. 87

(11) San Alberto Hurtado, “Un disparo a la eternidad” (Santiago, 2002), pág. 293

(12) Carta a José Mayo, 5/6/1893. “El Cura Brochero, cartas y sermones” (CEA), pág. 266

(13) Positio super virtutibus, Vol. II, Romae, 1997. pág. 120

(14) Ibidem, pág. 109.

(15) Ibidem, pág. 171.

(16) Ibidem, pág. 234.

(17) Plática de la última Cena, “El Cura Brochero, cartas y sermones” (CEA), pág. 87

(18) CEA: “Lineas Pastorales para la Nueva Evangelización”, 55

(19) Cfr.: Juan Pablo II: Homilía en Viedma (Argentina), 7-04-1987

(20) Weil, Simone: “A la espera de Dios”; citado por Recondo José M., Revista “Pastores”, 31, pág. 68

(21) Juan Pablo II: “Redemptor Missio” (1990), 42

(22) Cfr.: Llanos, Mario O.: Ibidem, pág. 214

(23) San Ignacio de Loyola: Ejercicios Espirituales, 23

(24) Cfr.: González Vallés, Carlos S.J.: “Saber escoger” (Sal Terrae, Santander 1986) pág. 30

(25) Cartas del Cura Brochero: 6-10-1910; 28-10-1913

(26) Carta del Cura Brochero: 8-11-1905

(27) El Interior: “Desde la sierra”, 9-03-1883; citado por Llanos, Mario O.: Ibidem pág 216

 


Las Parroquias Urbanas

Las Parroquias Urbanas

Aportes para una reflexión pastoral de las parroquias urbanas

Introducción

 

1.    Reunidos en San Miguel, del 27 al 29 de agosto del 2013, un grupo de laicos, religiosas, diáconos, sacerdotes y obispos[1], hemos reflexionado sobre las parroquias urbanas y la  evangelización, teniendo muy presente los nuevos desafíos que nos presenta la urbe. Lo hicimos a partir de diversas experiencias de parroquias de algunas de nuestras 11 diócesis.

 

2.    Estamos seguros de que las parroquias son parte de la historia de la salvación, del plan maestro por el cual Dios quiso encarnar su Amor y hacerlo a través de una Iglesia viva que se fue implantando en esta extensa geografía que hoy llamamos conglomerado urbano Buenos Aires-Gran Buenos Aires.

 

3.    Las parroquias son un don de Dios para su pueblo. Reconocemos y agradecemos la entrega generosa de tantas y tantos agentes de pastoral que, a lo largo de la historia y hoy mismo, no dejan de conmovernos con su sabiduría, su creatividad, su flexibilidad, su resistencia, su paciencia, su fe, esperanza y amor, que han hecho que el Reino de Dios se dilate y esté realmente presente en medio de esta enorme zona urbana, en la que por diversos motivos estamos emparentados.

 

4.    Durante el encuentro, en una respetuosa y fecunda reflexión pastoral compartida, escuchamos experiencias valiosas[2], compartimos el diálogo en grupo, aportamos nuestras ideas, intuiciones, inquietudes, para concluir en este escrito que desea expresar el fruto de estos días de reflexión.

 

5.    Nos preguntamos: ¿cómo hacer que la parroquia sea más evangelizadora en medio de las nuevas dinámicas urbanas?[3] ¿Cuáles son hoy las fortalezas adquiridas desde la experiencia? ¿Qué es lo caduco? ¿Hacia dónde debemos caminar?

 

6.    Ante la complejidad de la realidad urbana, entendemos que debemos evitar el peligro de simplificar las respuestas. Esa misma complejidad nos afecta y desafía a proponer una evangelización creativa y diversa que asuma dicha complejidad. Pensamos en la pluralidad de culturas, el reto por colaborar en la construcción de la sociedad, el mundo de la información y de la comunicación, los imaginarios, las ciudades invisibles, etc.[4].

 

7.    Nos propusimos hacer en una reflexión más abarcativa y global, sin entrar en las divisiones estructurales o funcionales de las parroquias que respondieran a un esquema previo, o en temas muy específicos. Quisimos hacer una primera aproximación que nos ayudara a descubrir lo que hoy “el Espíritu dice a las Iglesias”[5].

 

8.    Consideramos que dentro del conjunto de temas reflexionados, dos han sido las líneas más destacadas y que orientan la renovación de todos los modos de parroquias urbanas: las nuevas actitudes de los agentes de pastoral (laicos, religiosos, diáconos, sacerdotes y obispos) y la “misionariedad”[6].

 

9.    Hacemos nuestra la invitación que nos hace el Papa Francisco, entonces hablamos de misionariedad como “misión programática y paradigmática”, es decir, vivir en clave misionera tanto la habitual actividad pastoral, como también la renovación interna de la Iglesia y el diálogo con el mundo de la ciudad.

 

10.  Destacamos entonces que estas dos líneas: “nuevas actitudes” y “misionariedad” deberían marcar el estilo comunitario y pastoral que necesitan alcanzar hoy las parroquias urbanas.

 

11.  Lo concluido no está cerrado y tiene como fin ayudarnos a futuras reflexiones. Para una mejor lectura proponemos el siguiente orden:

a.   Las potencialidades con que hoy cuentan las parroquias urbanas

b.   Aquello que hoy consideramos caduco y que debemos poner en cauce de transformación

c.   Hacia dónde deberían caminar las parroquias urbanas

d.   Otros temas

e.   A modo de propuesta

 

4.   

5.   

6.   

7.   

8.   

9.   

10.   

11.   

12.  Finalmente, intentamos hacer nuestra la llamada que se nos hiciera en Aparecida, a vivir la conversión pastoral, entendiéndola como conversión personal, comunitaria e institucional, conversión teológica, pastoral y teologal,  para la renovación misionera de las comunidades[7].

 

1.   Las potencialidades con que hoy cuentan las parroquias urbanas

 

13.  Consideramos que el desarrollo de la pastoral postconciliar ha ubicado en general a nuestras parroquias en una muy buena dinámica de adaptación, actualización, aggiornamiento. Creemos que nuestras comunidades tienen mucha vida, que se manifiesta por ejemplo, en la generación de parroquias comunidad de comunidades[8], que se proponen interactuar activamente en el medio en que se encuentran. Por eso, en los múltiples ensayos pastorales aplicados en esta línea de solidaridad con la realidad, notamos una formidable riqueza.

 

14.  Frente a la realidad urbana se perciben aires de descentralización parroquial. En algunos casos se habla de que ya no hay templo: la comunidad es el templo. Así, se da mayor importancia a la cercanía, a la pastoral del encuentro, valorando la projimidad y lo gestual.

 

15.   Un potencial especial lo encontramos en la santuarización de algunas parroquias. El santuario no es creado por el hombre, sino que le dan vida los mismos fieles movidos por su fe y su devoción. “A los santuarios los hace el pueblo.” Encontramos aquí una fuente fecunda de fe y un semillero para la evangelización. En medio de la urbe, brotan entonces estos lugares santos que posibilitan a los que transitan por la ciudad un alto en el camino de la vida, para tocar al santo, para pedir, para agradecer, recibir la bendición, la eucaristía y la reconciliación, celebrada con máxima piedad.  Se crea en esas parroquias santuarizadas, un canal de escucha, de diálogo, de encuentro, de anuncio, de amor y de gracia.

 

16.  Saber viva a la ciudad, tomar conciencia de que hay comunidades vivas, movidas por el Espíritu Santo, parroquias abiertas que salen, que buscan estar al servicio de las personas, ayuda a romper los moldes antiguos. La urbe está colmada de hermanas y hermanos preocupados, lastimados, invisibilizados, doloridos, sufrientes, y las parroquias procuran responder, consolar y sanar poniéndose al servicio de la escucha, de la caridad, de la solidaridad. Hay muchas formas pastorales creativas por la que se ofrecen gestos sinceros y significativos.

 

17.  Frente al fenómeno que hoy llamamos multiculturalidad[9], frente a las diversas formas con las que nuestro pueblo encara la vida y en las que se apoya para encontrarle sentido a sus luchas cotidianas, se requieren respuestas pastorales diversas. Desde un buen aprovechamiento del lenguaje secular se nos abre la posibilidad para un diálogo provechoso que genere de manera empática espacios de encuentro verdadero.

 

18.  Vemos como potencialmente positivo el uso que ya se realiza de la vía pública, la radio, la televisión, los diarios, la web, redes sociales y otros, como vías alternativas de comunicación empática.  

 

2.   Aquello que hoy consideramos caduco y que debemos poner en cauce de transformación

&